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Capítulo 1:
Atravesé la calle hasta la parada de autobús más cercana. Estuve 5 minutos esperando, dando pequeñas patadas impacientemente, hasta que un autobús amarillo se paró delante de mí.
Subí al vehículo, dejé el dinero justo sobre el mostrador y me senté en uno de los sillones dobles libres. Los últimos pasajeros subieron y el autobús se puso en marcha.
Posé mi vista en la calle. Era una noche fría. Las farolas iluminaban con una tenue luz las calles vacías. Era viernes y eso se notaba en los bares, en los que la música sonaba alta y las voces y gritos se escuchaban con facilidad.
Que tonta había sido.
No podía quitarme esa conversación de la cabeza.
¿Por qué?
Sacudí la cabeza. Será mejor que lo olvide. Pero no pude evitar dejar escapar una lágrima, que me la atrapé con el dorso de la mano. Pero enseguida más y más lágrimas siguieron a la primera, por lo que me di por vencida y dejé que cayeran despacio y en silencio. ¿Por qué detenerlas? No me importaba ahora ya mi aspecto en absoluto. Dejé que mis sentimientos se adueñaran de mi, por lo menos hasta que llegara a casa. Hasta entonces, tendría tiempo de inventarme una excusa coherente y creíble para que mi madre no se preocupe. O, simplemente trataría de evitar encontrarme con ella.
Algunos minutos más tarde, el automóvil volvió a parar y nuevos pasajeros subieron, hasta que el autobús estuviera lleno por completo.
El único sitio libre era el sillón al lado mía. El último pasajero subió apresurado y se sentó en el asiento. Era un chico alto. Bastante alto, Tenía el pelo castaño y rizado y ojos verdes. Se pasó la mano por el pelo y se quitó el abrigo, que lo colocó en su regazo, después de un breve suspiro.
Noté como el chico ojeaba de vez en cuando hacia mí. Exhalé un breve suspiro y decidí pasarme la mano por la cara y apartarme las lágrimas medio secas de ella, pensando en el mal aspecto que tendría ahora mismo, queriendo desaparecer para no tener que pasar por momentos incómodos como ese. Me tapé la cara con las manos, intentando retener con todas mis fuerzas las lágrimas que aún no habían tenido la oportunidad de caer y sin dejar de repetirme lo tonta que estaba siendo.
Por una vez que me pongo maquillaje -pensé.
Ese pensamiento, sólo hizo que las lágrimas cayeran más deprisa. Me las atrapé con rapidez y con sutileza, intentando no llamar demasiado la atención con mis leves gemidos, casi inaudible.
-Humm...Perdona, ¿podría decirme qué hora es, por favor? -preguntó él, tímido, educado.
-Claro -murmuré.
Me remangué la manga hasta quedar cubierto el reloj.
-Las 23:36 -dije mirándole.
-Gracias -me sonrió. Parecía aliviado.
Puse la manga en su sitio y miré hacia la ventana.
Era guapo. Resoplé levemente.
Me dejé llevar por el tiempo y el momento, obervando la calle que me llevaría a mi casa, la ruta que ya me sabía casi de memoria, inundada de recuerdos y de pensamientos estúpidos que no ayudaban demasiado a animar mi ánimo, que se hundía cada vez más.
Pasó el tiempo y llegó el momento de su parada. Se levantó momentos antes de que el autobús se detuviese para ponerse el abrigo.
El vehículo paró y él me dedicó una última sonrisa, antes de desaparecer.
Volví la mirada hacia la ventana, casi frustrada ante la pasada acción. ¿Por qué demonios me habia sonreído? No le conocía. ¿Qué pasa? ¿Una chica no puede llorar en un autobús?
Resoplé mentalmente y simplemente, lo dejé pasar.
Saqué un pañuelo del bolsillo y me lo pasé por la cara, sin importarme un solo poco el maquillaje que posiblemente me cubriría todas las mejillas.
Se acabó. Jamás volvería a llorar por un chico, daba igual el daño que me hiciera. No merecía la pena. El pensamiento me enfureció bastante y ahora no sólo estaba triste por la pérdida, si no furiosa. Más de lo que estaba antes.
Respiré hondo y fruncí el ceño, con la mirada aún fija en la calle.
El vehículo paró despacio delante de la parada que me correspondía y la más cercana a mi casa. Suspiré tras levantarme de mi asiento.
Pero algo me llamó la atención.
Una pequeña caja metálica negra yacía sobre el sillón azul. Alargué la mano para ver mejor lo que era y enseguida lo descubrí.
Era un teléfono móvil. Un iPhone, más bien.
Perfecto. Alcé las cejas al verlo y desencajé la mandíbula. Más que perfecto. ¿Por qué tenía que ser siempre tan buena con todo el mundo? No conocía a ese chico, no tenía por qué cogerlo. A pesar de esos pensamientos, agarré el teléfono antes de que el vehículo se volviera a poner en marcha. Empecé a caminar en dirección a mi casa esperando no tener que arrepentirme de esto más tarde, resoplando de nuevo, solo que con más intensidad.

[Unas horas antes...]
Caminé deprisa sobre la hierba mojada, observando continuamente el reloj
Las 17:43. Mierda. Apresuré mi caminata y llegué exhausta a una heladería en frente del parque. Allí estaba. Daniel. Nada mas verlo, sonreí. Lo quería, no cabía duda. Me acerqué corriendo hacia él.
-Siento muchísimo el retraso-dije entre jadeo y jadeo-. No encontraba la zapatilla izquierda.
-Eh, princesa, a mí no me tienes que dar explicaciones-dijo interrumpiéndome y poniendo el dedo índice sobre mis labios. Sonrió.
Me acerqué a él y le besé, él me siguió el beso.
-¿Entramos?
Asentí.

~

Después de horas y horas hablando, dimos un largo paseo por las orillas del río Támesis. La verdad es que Londres era precioso de noche, todas sus luces y focos iluminaban cada rincón de la ciudad y la convertía en un lugar culto e interesante. Siempre me había cautivado esa ciudad, incluso desde antes de cuando me mudé allí, enamorándome ya de ante mano con fotos e imágenes que buscaba casi todos los días, para informarme de más y más cosas sobre la ciudad que prefería ya desde siempre, sin siquiera haberla visto en vivo y en grande.
Los dos nos paramos ante el río, pasó su brazo por mis hombros y me besó la frente.
-¿Tienes frío? ¿No quieres ir a algún bar?-preguntó arropándome con sus brazos.
Reflexioné por unos minutos.
-No, no hace frío como suele hacer de costumbre. Prefiero quedarme aquí, muy pocas veces hace esta temperatura a mitades de marzo.
-Sí, tienes razón. ¿Y no quieres nada para beber? Puedo ir en un segundo, el bar está aquí al lado.
-Hm.. mejor voy yo, ¿te parece? Me da algo de miedo quedarme aquí sola -dije y solté una risita.
Le di un beso y le sonreí, mirando a sus profundos ojos marrones.
-¿Qué quieres para beber?
-Un Capuchinno
-Muy bien, quédate aquí ahora vuelvo.
Me sonrió y me soltó la mano.

~

El bar que había elegido estaba alborotado. Gente de entre 15 y 21 años, o incluso gente más mayor, bailaba al ritmo de la música con sus bebidas en las manos. Me hice paso entre la gente y me acerqué a la barra. Todos los camareros estaban ocupados con algo importante, así que esperé mi turno con paciencia, mirando de reojo la decoración del bar.
Algunos minutos más tarde, una chica joven con el pelo negro liso y un piercing negro también en la nariz, me atendió.
-Dos capuccinnos, por favor.
La chica asintió sin expresión en el rostro y unos largos minutos después apareció con una bandeja de cartón y dos vasos del mismo material. Dejé el dinero justo en la barra y agarré la bandeja.
Dí unos saltitos con mis zapatillas nike y llegué a donde estábamos antes. Me detuve unos pasos antes, sin hacer ruido. Vi a dos siluetas. Juntas. Muy juntas. Demasiado juntas
Dejé la bandeja en un banco cerca de allí y me acerqué sigilosamente.
Se me heló la sangre cuando vi que era Daniel con otra chica.
Levanté las cejas, casi divirtiéndome sarcásticamente con a escena.
-¿Dan?-dije.
La pareja se separó bruscamente y él me miró a los ojos.
-J-Jane..-tartamudeó.
La chica me miraba espantada, pero no pude reconocer quién era.
Fruncí los labios y me crucé de brazos, mirandolo perpleja.
-Jane, y-yo..
-¿En serio, Dan? -le interrumpí con brusquedad-. ¿Tan tonto eres?
La chica salió corriendo arrastrando sus pesados tacones. Resoplé y rodeé los ojos, que empezaban a inundarse de lágrimas.
Resoplé. No podía creer que las lágrimas ya estaban preparadas.
-No..No es lo que parece, Jane, sólo escúchame...
-¡Estoy harta, Dan! -grité y se me escapó una lágrima y me la cogí con la mano al instante.
No iba a mostrarle que estaba débil.
-Escúcha, Jane.
-Me parece que tienes mucho arte para conseguir que esa chica no se atragantara con tu lengua juguetona -puse los puños sobre las caderas.
-¡No la estaba besando!¡Te lo juro!
-¡Lo he visto, Dan! ¿Crees que soy tonta?
-No....no.
-Vete a la mierda, Daniel
Me giré para irme, pero él me agarró de la muñeca
-Me encanta cuanto te enfadas -susurró atrayéndome hacia el y hundiéndo su nariz en mi pelo
Me dí la vuelta de nuevo y le miré a los ojos.
-Ah, ¿si? -agarré el capuchinno sin apartar la mirada de sus ojos , le quité el tapón y eché el contenido sobre él, empapandole toda la cara, el pelo y parte de su camiseta- ¿También te encanto así?Ahora sí, me dí la vuelta y caminé lejos de allá, aún sin decidir cuál era mi paradero. 
Y ahora sí, deje caer la primera lágrima de la noche. Me dejé llevar, y acabé en la parada de autobús más cercana.

Comentarios

  1. Pero, el exnovio, se llama Daniel o josh???
    --Raquel

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  2. Daniel, es q tube q cambiarle el nombre por una razon q ya descubriras xDD Un Beso guapa ;)

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  3. Me gusta, escribes muy bien...LO TUYO SON LAS PALABRAS!!!

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