Capítulo 5

Antes
{Narra Jane}
La llamada al timbre me sacó de un tirón de entre las páginas de un libro. Suspiré exasperada ya que desde que me había sentado no había tenido oportunidad de poder leer una cara de una de las páginas seguidas a causa de continuas distracciones. 
Al estar sola en casa, como era habitual, me vi obligada a levantarme y a abrir la puerta para ver quién tenía el valor de acercarse a mí después de todo lo sucedido. 
La única que me visitaba era Jess, pero sólo porque era mi amiga, porque el resto de personas que me conocía no me soportarían de la manera en la que estaba en esos momentos. 
Tenía que reconocerlo. Estaba totalmente insoportable. 
Arrastrando los pies, me acerqué a la puerta y con mirada vacilante abrí la puerta, a decir verdad bastante intrigada. 
Relajé los hombros cuando me encuentro a su familiar mirada radiante a la puerta de mi casa. 
-¡Ellen! ¿Por qué has llamado a la puerta? -pregunté bastante desilusionada. 
Ella suelta una risa que suena a disculpa. 
-Me he dejado las llaves dentro de casa. Lo siento. 
Resoplé a la vez que la dejé entrar en casa, con los hombros caídos y los ojos en blanco.
-Entonces, ¿para qué te dimos la llave, si nunca vas a usarla? ¡Tienes un bolso enorme como para no entrarte unas llaves! 
-Lo sé y lo siento. 
A fuera diluviaba de nuevo, como era costumbre y más en estas épocas del año, pero Ellen parecía totalmente seca, de arriba a abajo, como si no hubiera pisado la calle. Seguí sus pasos con la mirada hasta que alcanzó el sofá y se dejó caer con un suspiro de alivio. Ceñí. 
-¿Qué tal las compras? -dije yo, intentando sacarle la información. 
Había algo que no cuadraba del todo. 
Ella vacila al instante, boqueando con la boca para intentar responder algo coherente a mi pregunta, mirándose los pies algo nerviosa. 
-Eh. Bien bien, había un montón de gente en el centro comercial -respondió mientras asentía enérgicamente con la cabeza y con los labios es un mohín-. Por cierto, Yina me ha mandado un mensaje, llegó ayer a Inglaterra, ¿no es genial?
La verdad es que la vuelta de Yina me importaba poco. Por mucho que yo lo intentara, Yina y yo nunca llegamos a ser amigas de verdad, ya que siempre había algún que otro roce entre nosotras. Y suponía que ella pensaba lo mismo. 
Por lo que pasé de su comentario y me centré en cosas que me importaban de verdad.
-Genialísimo. Es martes, ¿por qué tendría que haber gente un martes en el centro comercial? -no entendía el comentario que me acababa de dar, ¿para qué me interesaba a mí cuánta gente había? Incoherente. 
Apartó la mirada rápidamente de mis ojos y la posó en sus zapatos de nuevo, tratando de encontrar una respuesta de nuevo. 
Al final no añadió nada más, sólo se encogió de hombros y me sonrió con inocencia. 
-¿Dónde están tus bolsas? ¿No me vas a enseñar lo que te has comprado? 
-No... si al final no me he comprado nada... 
-¿Y has estado toda la tarde en el centro comercial para luego volver a casa con las manos vacías? -puse los brazos en jarras- Va, dime qué has estado haciendo hasta ahora. 
-Ya te lo he dicho. He pasado la tarde en el centro comercial. Estaba planeando comprarme cosas, pero resulta que tengo la tarjeta anulada....
Levanté las manos y las choqué contra mis muslos, volviéndome a incorporar en el sofá. 
-Está bien. Si no me quieres contar qué está pasando no es problema mío. Ya te las arreglarás, supongo. ¡Pero déjame leer al menos! 
Ellen soltó un bufido exagerado y sin añadir palabra, subió las escaleras pisando fuerte para que escuchara cada uno de sus pasos, como una niña pequeña enfurruñada. Puse los ojos en blanco. 
Coloqué el libro sobre el cojín que yacía en mi regazo y volví a introducirme en la historia que tenía el placer de leer. 
Leer era una de las pocas cosas que podía hacer sin tener necesidad de ponerme a moquear de nuevo, o de que las imágenes se colaran en mi mente sin permiso para hacerme daño, para ponerme mal de nuevo, ya que me metía en una historia que no era la mía, con amigos que no eran mis amigos pero que los quería como si realmente lo fueran, aunque no existiera realmente. Poder imaginarme otras historias de otras personas era simplemente perfecto. Me alejaba de toda la mierda que me rodeaba en esos instantes y me hacían perder la noción del tiempo y del resto del mundo. Me hacía olvidar mis problemas y eso era lo que realmente amaba de leer. 
Estaba a punto de terminar la página, cuando el timbre de la puerta volvió a sonar. 
Fruncí el ceño furiosa. 
Gruñí antes de levantarme con la cabeza echada hacia atrás. 
-¡¿Por quéeeeee?! -grité desesperada, sin realmente esperar una respuesta. 
Dicho aquello me levanté del sofá con los brazos colgando y abrí la puerta ya sin ganas ni curiosidad ni nada. Estaba enfadada con todo el mundo en esos momentos. 
-¡Hola Jane! -me sonríe con su típica sonrisa blanca y perfecta. 
-Me has interrumpido -dije exasperada como nunca. 
Jess relajó la sonrisa un poco, y me miró con algo de preocupación. 
-¿Interrumpirte qué, vida? -adoraba que me llamara “vida”, pero no colaba. 
Levanté el brazo y le dejé ver el libro que tenía entre los dedos. 
-Vaya, lo siento de veras. 
-No importa, entra -le abrí la puerta más para que pudiera entrar y la cerré de un leve portazo. 
-¡Ellen! ¡Ha venido Jess! ¡Será mejor que bajes si no quieres que suba y te pegue! -grito desde el pie de la escalera. 
Sin expresión en el rostro, me acerqué a Jess que ya había tenido ocasión de sentarse en el sofá y de mirarme con su sonrisa de niña buena, como siempre. Al escuchar mis gritos hacia mi mejor amiga-casi hermana, parpadeó confusa. 
-¿Has tenido un mal día? 
-Semana. Mes. Año. Vida en general -le corrijo.
-Oh, vamos, no digas eso. Sólo es un pequeño bache, seguro que lo superas. Seguro que las tres lo hacemos. 
Escuché en el piso de arriba de la casa de mis padres el portazo de la puerta de la habitación que Ellen estaba usando éstas últimas semanas. Bajó las escaleras algo más tranquila y con una sonrisa algo forzada en la cara, como pareciendo contenta por la visita de Jess. 
Después de saludarla y de darle dos besos como siempre hacía Ellen, se sentó a su lado y me dio la espalda, como si la conversación fuera privada y yo no estaba invitada a escucharla. Aún así, me acerqué a donde estaban ellas y me senté en el suelo en frente suya. 
Ellen siempre actuaba de esa manera cuando sabía que yo tenía la razón pero seguía induciendo ella tenía la opinión correcta sobre cualquier asunto. Ellen nunca había cambiado desde que yo la conocí. 
Mientras mi mente andaba en otra parte, ellas dos ya habían iniciado la conversación. 
-Hoy he estado en la firma de One Direction en el centro comercial de aquí cerca. 
Me puse tensa. 
-Oh, espera, que casi prefiero estar leyendo que estar escuchando esta conversación -dije, e hice ademán de levantarme, pero Jess tiró de mí y me obligó a sentarme de nuevo-. Jo. ¡No me interesa Jess! 
-Sí que lo haces. Tú espera. 
Ellen también parecía incómoda, pero no lo dejaría mostrar con tanta facilidad, por lo que sólo se limitó a asentir pareciendo interesada. Conocía a Ellen demasiado bien para saber que estaba casi o más incomoda que yo. Pero hice como si no hubiera notado nada. 
Bufé enseguida. 
-¿Por qué tenemos que hablar de esto? Sabes que es un temo que trato de evitar. Mala amiga. 
-Que te calles. El caso es que llegué bastante tarde, así que tuve que esperar mucho para llegar hasta la mesa. Quería darles una sorpresa así que... Pero justo antes de el descanso que ellos se tomaban, pues una chica morena subió al podio, pasó del resto de chicos, y fue directita hacia Harry. ¡Y le pegó! 
-¡¿Le pegó?! -gritó indignada Ellen- Qué mala fan. Deberíamos de quemarla. 
Jess asintió mirándole con los ojos como platos, como si  estuviera totalmente de acuerdo con ella. Yo me limité a encogerme de hombros. 
-Sigo sin saber por qué me cuentas esto. 
-Sht. Después de eso, la chica se fue sin siquiera recoger su foto y parecía realmente enfadada, indignada o yo qué sé. Pero no se marchó, los guardias le dejaron pasar en una puerta y no la vi salir en ningún momento hasta que me fui de allí. 
-¡Me importa una mierda Jess! 
-¡Que te calles coño! Cuando ellos tomaron su descanso de “media hora”,-hizo el gesto de las comillas con los dedos- que en realidad es más de media hora, entraron en la misma puerta de la que entró la chica. Y al volver, volvieron todos menos Harry. Ninguno de los demás me quiso contar el por qué. 
Entonces sí que estaba enfadada. ¿Qué intentaba decirme Jess? ¿Que Harry ya lo había superado? ¿Que ya tenía una nueva novia? ¿Que ya no le importaba? Echaba humo por las orejas del enfado. 
Decidí no añadir ni una sola palabra más ante el tema. No comprendía la necesidad de la que se suponía que era mi mejor amiga de herirme con ese tema. 
Ellen vacilaba su mirada ente yo y Jess, que no hacía más que mirarme y asentir como si acabara de contar el cotilleo más fuerte de todo Londres, pareciendo orgullosa de su comentario. Al final Ellen acabó de chasquear la lengua y miró con mala cara a Jess. 
-¿Era esto necesario Jess? ¡Sabes que ella está muy sensible con el tema! -exclamó en un susurro. 
Entonces sí que bufé con fuerza exagerada. 
-¿Queréis dejar de hablar de mí como si no estuviera delante? 
Ellen giró la mirada y me miró con el ceño fruncido. 
Jess suspiró. 
-Está bien, Jane. Lo siento, pensé que quizás te hubiera gustado saberlo -se encogió de hombros-. Lo que en realidad quería contaros es que he quedado con Zayn esta noche -se mordió la lengua sonriendo, y dando una visión de excitación y alegría. 
-Aw, pues espero que os lo paséis genial esta noche. Si me disculpáis, creo que voy a ir a llorar a mi habitación -añadí, levantándome del suelo y cogiendo mi libro. 

~

Al final Jess y Ellen trasladaron la conversación a su habitación, posiblemente para no molestarme. La verdad es que no me agradaba demasiado leer en mi habitación ya que me desconentraba con demasiada facilidad y tampoco tenía la luz adecuada para hacerlo, por lo que prefería mil veces leer en el sofá del salón. Por lo que, cuando escuché que la puerta de la habitación de Ellen se cerraba con un sordo golpe, salí de mi habitación con pasos sigilosos esperando que ellas no me escucharan bajar las escaleras, todavía con los ojos rojos. 
No entendía a Jess. ¿Por qué se había propuesto a hacerme daño? ¿Qué ganaba yo conociendo esos datos? Sí, ahora él era famoso y seguramente ya habría pasado página. Incluso ya tendría nueva pareja a la que hacer feliz. Yo sólo pasaría a la lista de ex novias. 
Siempre había pensado que Jess me apoyaría en esto. Recordaba que ninguna de las tres mencionara el tema a no ser que fuera de esencial importancia, y no encontraba la importancia de esta situación y no entendía por qué Jess no lo veía. 
Y, como era inevitable, había pasado los momentos que ellas habían compartido hablando de su futura cita con Zayn, llorando sola en mi habitación con la música baja sonando a través de los débiles altavoces, mientras me repetía a mí misma lo tonta e inútil que era. ¿Es que nunca me limitaba a hacer nada bien? ¿Nada? 
Os echo tanto de menos. A ambos. 
No entendía el futuro que el destino tenía planeado para mí. ¿Qué se suponía que yo había hecho para merecer aquello? No sólo había perdido a una de las personas más importantes para mí, si no también a mi mejor amiga. El último tiempo que había pasado con Lena me había demostrado que ella era luchadora y fuerte, y yo en el fondo sabía que lo iba a conseguir. Me hizo darme cuenta de que las últimas semanas había sido egoísta con el resto, y eso hizo que me centrara más en el resto de personas que me rodeaba, con Lena incluida. Y lo hice. Pasé todas las tardes con ella antes de que la metieran interna, y me sentía orgullosa de aquello. Incluso le confesé cosas que no me sentía a gusto confesandole a otras personas como Ellen, por ejemplo. Y ella me lo agradecía. Y sabía que Lena lo estaba pasando mal, muy mal. Y aún así,  yo nunca dejé de confiar en ella. 
Y fue por eso que la noticia me cayó tan bajo. 
Recordaba el mismo día que mi madre entró por la puerta de casa, y me pidió con mucho cuidado que llamara a Jess, ya que tenía una noticia que darnos. Yo no dudé un segundo en ir hasta su casa para decir que me acompañara a casa. Yo no tenía ni idea de lo que mi madre podría decirnos esa tarde, ni si era algo bueno o malo, por lo que andaba algo preocupada por la situación. Jess mostraba los mismos signos de desconcierto en el rostro cuando la llamé, pero no parecía tan preocupada como yo lo estaba. Mi madre esperó a que las tres estuviéramos sentadas en el sofá tranquilas para dar la noticia. Las tres palidecimos casi al instante, sin saber realmente como tomarnos aquel asunto. La que mejor se lo tomó de las tres fue claramente Ellen, ya que había tenido que soportar otras dos muertes mucho más graves que la de una amiga. Y yo me encerré en mi habitación durante los siguientes dos días. 
En seguida me di cuenta de que estaba volviendo a pensar en negativo, por lo que aparté ese pensamiento rápidamente de mi cabeza. No me sorprendí cuando tuve que apartar algunas lágrimas que aún colgaban de mis pestañas. 
Odiaba tener que enfrentarme a la lágrimas prácticamente cada minuto del día, y tener que encerrarme en mi habitación para llorar tranquila. Sólo esperaba pasar ese “bache” cuando antes posible. 
Con un suspiro, me senté en el sofá y me sentí aliviada. Estuve varios segundos con la cabeza apoyada en el sofá, tratando de tranquilizarme. Cogí mi libro y justo cuando me había acomodado para volver a introducirme en la historia, el timbre de la puerta volvió a sonar. 
-¡¿Pero qué broma es esta?! -grité esta vez mucho más alto que anteriormente. -¡Pero es que ni un minuto me dejan! 
Grité tan alto que seguro que quienquiera que estaba fuera podría haberme escuchado con mucha facilidad.
Escuché cómo la puerta de arriba se habría. 
-¿Ocurre algo? -preguntó Ellen desde arriba. 
Puse los ojos en blanco mientras gruñía. 
-¡Métete en tus asuntos, Ellen! Sólo han llamado a la puerta. 
-¡Pues ábrela y deja de quejarte! 
Bufé desde mi sitio y le hice caso. Con los brazos colgando y con pocas ganas, me levanté del sofá y me acerqué a la puerta arrastrando los pies. 
Tal vez sería Emma, que, como de costumbre, también habría olvidado las llaves. 
Parecía que en esa casa yo era la única responsable desde que papá se fue. 
Abrí la puerta.
-¿Por qué no has...? -comencé diciendo, pero me obligué a mí misma callar al ver que no era Emma la que estaba en mi puerta.
-Hola -dijo demasiado tranquilo y sin ninguna expresión específica en el rostro. 
Fuera seguía lloviendo muchísimo, y una ola de frío me golpeó la cara cuando abrí la puerta, aún llevando mi gordo jersey de punto rojo oscuro, el cabello de mi nuca se erizó. Y no precisamente por el tiempo. 
No sabía muy bien cómo reaccionar. 
-¿Qué.. qué haces aquí? 
Estaba completamente mojado. De su chaqueta negra salían gotas de agua por todos lados, y sus rizos habían desaparecido a causa del agua, las gotas de lluvia resbalaban por su rostro y goteando hasta el suelo por la barbilla. Aunque no parecía tener frío en absoluto. 
-He.. he venido a-
-Por Dios, Harry, entra, vas a coger una pulmonía -le interrumpí, y me aparté de la puerta para dejarle entrar. 
Que hubiera pasado todo aquello entre nosotros no quería decir que no me importara. 
Él me hizo caso casi al instante, con un leve asentimiento con la cabeza, con miedo de mirarme directamente a los ojos. Justo cuando estaba quitándose el abrigo, totalmente mojado, escuché los pasos apresurados de alguna de las dos de arriba por el techo, una puerta abrirse y cerrarse y más pasos bajando la escalera con rapidez. 
Ellen se asomó por el pie de la escalera con una sonrisa llena de curiosidad y con un brillo especial en los ojos, y cuando vio a Harry de pie en medio del salón, su sonrisa desapareció por completo. 
Decidí que no quería estar en medio de la discusión que estaban a punto de enredar, por lo que cogí su abrigo y lo llevé a la cocina para que secara bien, colgándolo encima del radiador.  
Pero, antes de eso, enterré mi rostro en la parte interior del abrigo y lo abracé por un instante. 
Aún no me podía creer que él estaba ahí, esperando para hablar conmigo. Sólo esperaba que no fuera otro de esos estúpidos sueños que había tenido todas las noches de las tres pasadas semanas. 
Me di cuenta de que estaba actuando como una niña, por lo que solté el abrigo y me dirigí al salón de nuevo. 
Cuando volví, una escena que no me sorprendió demasiado se dibujó ante mí. 
Ambos estaban discutiendo como había adivinado, pero sólo Ellen hablaba, él sólo se limitaba a asentir sin prestar demasiada atención. 
-¡Estás loco! 
-Claro que sí, Ellen. 
No pude evitar dejar escapar una sonrisa tonta al verla. Era todo tan familiar, como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Ellos peleaban muy a menudo, siempre estaban haciéndolo por cualquier tontería que a cualquiera de los dos se le ocurría sacar. Y siempre había disfrutado de sus peleas tontas. Y esa vez no fue diferente. 
-¿No podías esperar unos días más? ¡Ahora va a sospechar de mí! 
Harry boqueó para responderla de un modo sarcástico como él siempre hacía, pero yo le interrumpí. 
-¿Sospechar de qué? -ninguno de los dos sabía que yo estaba escuchando la conversación, por lo que se sobresaltaron al verme y a Ellen se le tensó la mandíbula. 
Me crucé de brazos esperando una respuesta, ya que ninguno de los dos parecía dignarse a responderme. 
Seguía sin saber qué era lo que Ellen me ocultaba. 
-Verás, -empezó a decir él- tu querida amiga Ellen ha venido esta tarde a-
Ella le interrumpió con un fuerte resoplido, cruzándose también de brazos y girando sobre sus talones, para mirarme a mí directamente. 
-Ni caso, Jany. No sabe lo qué dice. 
-¡Ellen estoy harta! -grité exasperada, acercándome a ella hasta quedar cara a cara. Ella se sobresaltó- Estoy harta de que me andes mintiendo todo el día, de que me ocultes cosas siendo mi mejor amiga. Que me hagas daño con tus comentarios fuera de contexto de los que sabes que puedes herirme. ¡No eres la única en esta casa, Ellen! Puede que no lo hagas a posta siempre, pero cuando las dices ya es demasiado tarde, ya que el daño ya está hecho. Y puedes decirle a Jess lo mismo. Vale que tú nunca te hayas enamorado, ¡pero deja de reírte de mí como si fuera una niña pequeña! 
Después de decirle aquello, me sentí totalmente liberada, como si una fuerte presión se bajara de mis hombros por fin. Pero aún sentí cómo las lágrimas me subían por la garganta. Respiré hondo para intentar evitar romper en llanto. 
Cuando Ellen intentó responderme con cualquier excusa que le podía servir, pero la interrumpí levantando la mano. 
-Vete a ver a Jess. Seguro que te necesita mucho más que yo. 
Ella, con el rostro desencajado y melancólico, me dedicó una última mirada y se apresuró a subir las escaleras. 
Antes de darme la vuelta para hacer frente a Harry, atrapé unas pocas lágrimas que ya habían salido de su sitio sin que yo les diera permiso. Me aseguré de que no había ninguna más que seguían a estas. 
Cuando me di la vuelta me sorprendió mucho encontrarme con la cálida sonrisa de Harry que hacía sentirme desconcentrada. 
-¿Os peleáis mucho? -dijo, con las manos hundidas en los bolsillos, con la sonrisa torcida todavía presente en su rostro. 
-Bueno. Ahora resulta que soy su nueva “madre”. 
Ambos estábamos a dos pasos cortos. Él parecía no tener ya casi ningún reparo por mirarme a los ojos directamente, pero yo aún no me sentía del todo tranquila. 
Me sentía demasiado culpable. 
Decidí romper el hielo antes de que aquello se volviera violento de verdad. Me aclaré la garganta antes de empezar a hablar. 
-Qué... ¿Qué querías decirme, Harry? -dije temblando tanto que temí que mis rodillas no lo soportarían mucho tiempo y que caería al suelo por ello. 
-En realidad no he venido a decirte nada, Jane -dije, dejándome más perdida que antes. 
Con movimientos rápidos y antes de que yo pudiera responder cualquier cosa a aquello, él dio unos pocos pasos hacia delante, sacando las manos rápidamente de sus bolsillos para enredarlas con movimientos suaves al rededor de mi cintura. No me dio tiempo a replicar ya que sentí sus labios sobre los míos con sutilidad. Casi no me enteré de sus movimientos durante segundos. 
En esos instantes me sentí insegura, pero antes de que pensara lo contrario a lo que yo hacía, respondí con un beso mío también. Sentí su sonrisa a través de mis labios, que entonces ardían bajo su piel extrañamente cálida y suave. Su tacto era mil veces mejor de la que yo la recordaba. Hacía mucho tiempo que no sentía su aroma sobre mis propios labios, hacía mucho tiempo que no me atraía hacia su cuerpo como él hacía. 
Hacía demasiado tiempo que lo veía. 
Y sentí miedo de repente. Tanto miedo, que las lágrimas ya salían independientes de mis ojos, entonces cerrados. Salían a mucha velocidad, y me sentí cohibida bajo la escena. Tuve que separarme de él para tratar de detenerlas. Pero no pude. 
Él no me hizo preguntas, sólo me atrajo hacia sí,  yo hundí mi rostro en su pecho. 
-Lo siento tanto, Harry. Sé que debería de habértelo dicho en cuanto me enteré, pero él me prohibió hacerlo. Me amenazó y no supe qué hacer -mis palabras salían tan rápido como las lágrimas y no había forma de hacerlas parar. 
Harry reaccionó apartando mi cara de su pecho y cogiéndola entre sus manos, apartando las lágrimas con sus pulgares. 
-No tienes que disculparte por nada. No te disculpes. 
No le escuché. 
-Lo siento de veras, no sabía qué hacer y...
-Jane. En serio, no te disculpes. 
Asentí y aparté la mirada hacia el suelo, sin saber qué más hacer para dar a entender de que había esperado ese mismo momento como tres semanas más tarde. 
No supe otra cosa que pasar las manos por su cintura y volver a abrazarlo. Había vuelto a crecer desde la última vez que le vi, y yo seguía estando demasiado pequeña para colgarme de su cuello. 
No sé cuanto tiempo pasó estando nosotros quietos y sin hacer nada más que disfrutando del sonido de la respiración del otro. 
-Te quiero, Jane. 

Comentarios

  1. Este capítulo es genial, como todos los demás. Una amiga mia me dijo que habia visto una novela y que estaba bien. Cuando la vi dije que o me daría tiempo a leerla. Pero me enganchó de tal forma que me leia tres capitulos por dia. Lo prinero que hacia nada mas levantarme era leer un capitulo. Hoy he querido pasar al siguiente pero no podia jajajajaja. Enserio escribes genial y tu novela es perfecta. Con tu novela me he llegado ha imaginar como que estaba dentro de la historia, que era mi historia. Me hace ecperimentar sesentimientos que no había sentido antes.Espero que subas capitulo pronto, un beso :)

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  2. Mauri, no se cuantas veces te voy a decir esto, pero, en serio, eres increíble, como escritora y como persona. Este capítulo es fantástico, he llegado a tal punto de creer que yo soy Jane… ¿sabes? A mi los libros me produce la misma sensación que a ella, porque me adentro en otro mundo, en otra persona, y eso no me pasa con todos los libros o novelas, pero con la tuya si. Cuando ha entrado Harry en casa, estaba alucinada y después de eso, la discusión, las disculpas, el beso, no he podido reprimir las lágrimas y he llorado como una niña pequeña y sin exagerar. Mauri, como te dije en la carta, gracias por hacer lo que haces, tu fuiste mi inspiración y mi apoyo aunque no lo sepas, eres mi ídola, y al menos quiero que sepas como se llama esa novela que empece a escribir gracias a ti, es esta: http://mividaperfectaonedirection.blogspot.com no te obligo a que te pases o la leas, es solo para que lo sepas :3 Te Quiero <3

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