Capítulo 6

Ahora. 
{Narra Jane}
Pongo la copa de cristal sobre la barra. 
-Aquí tienes -digo con la mejor sonrisa que tengo en el rostro, mirando al hombro que me mira de arriba a abajo antes de coger la bebida que le acabo de preparar. 
-Gracias, preciosa -me responde, sin quitar ojo de mi pronunciado escote. 
Yo vuelvo a sonreír. 
El bar esta noche está especialmente lleno. Mejor para mí, y para el negocio, está claro. Cuanta más gente, más propina para mi persona, y un jefe contento. 
Miro mi reloj y veo que sólo queda una hora para que pueda ir a mi casa para pasar la noche entre palomitas y una buena película para ver.
En la barra me acompañan tres personas más, dos chicas y un chico con los que no tengo apenas relación a parte de laboral. Nunca he parado a hablar con ninguno de ellos y tampoco tengo mucho interés en hacerlo. Dudo que ellos sí. 
Mucha gente al entrar en el local me preguntan a ver si aquí entran famosos muy a menudo. Yo siempre les respondo lo mismo: “menos mal que no”. Ellos me miran ceñudos, pero yo me limito a ceñirme a mi respuesta. De vez en cuando algún que otro guionista o actor poco conocido entra al local y farda de su nombre, como si fuera el hombre más importante de Inglaterra. A veces les conocía y trataba de hacerlos felices con cualquier comentario inventado como: “Eh, me encantó tu última película”, o lo que sea sólo para tratar de conseguir propina. Más veces que menos, lo conseguía y me sentía especialmente satisfecha. 
Aunque nunca he entendido la necesidad de saber por qué necesitaban esa información. Normalmente para pedir una foto, autógrafo o lo que sea del “famoso” para poder colgarla en sus redes sociales para ser nombrada la nueva “suertuda” de entre su círculo de amigos. Pero sigo sin entender esa reacción. 
Más de una vez he tenido que necesitar la ayuda de alguna de mis compañeras para deshacerme de un cliente pesado. El uniforme del trabajo nos obliga a ponernos camisetas negras de tirantes gordos que se ciñen al cuerpo casi demasiado. A las chicas nos hace ponernos pronunciados escotes y recogernos el pelo en una coleta alta para atraer más la atención. Nunca me he gustado a mí misma con el pelo recogido, pero al cabo del tiempo, me he acostumbrado a verme así, y lo mismo me pasó con el escote. Al final te acabas acostumbrado a las continuas miradas y piropos sutiles que se cuelan “sin querer” de la boca del cliente, ya sea joven o entrado en edad. Pero más de una vez una de las chicas entraba en pánico al ver que algún que otro señor molesto le está obstaculizando el poder atender a más clientes. Por lo que tiene que ir el único hombre de la barra a ayudar a deshacerse de él sin hacerle demasiado daño y poder asegurarnos su retorno. A mí me ha pasado más de una vez. 
Me gusta el trabajo que hago para ganar dinero. Es fácil, cómodo y me pilla medianamente cerca de la boca del metro que yo cojo para ir hasta mi casa. Y me pagan mejor de lo que yo me hubiera imaginado, que me ayuda a cubrir gastos y para darme algún que otro capricho. 
Me sobresalto cuando me doy cuenta de que una chica pelirroja y menuda me habla desde el otro lado de la barra. Yo me acerco a ella con la mejor sonrisa fraternal que soy capaz de esbozar. 
-Dime cielo -digo captando su atención de nuevo. 
-Erm, dame dos vozkas negros con limón y una piña colada, por favor -me responde, y me sonríe angelicalmente. 
Recorro el bar con la mirada y encuentro su grupo de amigas, que parecen muy concentradas en mi respuesta. 
-Claro. ¿Puedo ver tu carnet de identidad?
La chica baja la vista y se aparta un mechón de pelo rojo tras la oreja. Hecha un manojo de nervios, rebusca en su bolso y saca la cartera de él. Con vacilación me tiende la tarjeta y ya no me sonríe. 
Miro y busco el sitio en donde indica la edad de la chica: 16. 
Tuerzo el labio y miro la puerta que da al interior de la zona privada, buscando al jefe con la mirada. Luego vuelvo a mirar el carnet. 
Se lo tiendo rápidamente y me pongo a ello tan rápido como puedo. Cojo tres vasos de plástico de un litro y subo la mano para coger la botella de cristal. La chica me indica cuánto quiere que le eche y luego le añado el resto. Coloco los tres recipientes encima de la barra. La chica sonríe de oreja a oreja. 
-Son 15 libras. Por favor, no corras la voz -susurro bajo para que sólo ella pueda escucharme. 
Saca el dinero de su cartera también y me lo agradece como unas cinco veces seguidas, cogiendo los vasos difícilmente. 
No estoy muy orgullosa de mis actos anteriores, pero por una vez no sucederá nada. Beber no es lo mismo a emborracharse. La primera vez que yo bebí fue gracias a Ellen, que consiguió ya que ella era mayor de edad y se le permitía beber. Pero antes de que ella se acercara, fui yo a ver si me vendían a mí, y me atendió la mujer más fría y seca que hube conocido. Fue una experiencia horrible y no quería que la gente de esa edad lo pasara mal. Simplemente no vendería más a ese grupo de amigas y listo. 
La noche pasa deprisa desde entonces. Cada vez que miro el reloj ya ha pasado un cuarto de hora, por lo que sólo me quedan diez minutos para irme a casa. La música que están poniendo me agrada de una forma sorprendente. Puede que haya cambiado en una mayoría de mí misma, pero los gustos de música seguían siguiendo los mismos. Nunca me había gustado la música que se bailaba en las discotecas, pero esta es realmente buena y bailable al mismo tiempo. No me iré de aquí antes de saber qué música está poniendo el DJ de esta noche. Cada viernes viene un DJ diferente y ya sé que éste puede venir más a menudo. 
-¿Jane? -escucho desde el otro lado de la barra mientras atiendo a una mujer de unos treinta años con su grupo de amigos. 
Les tiendo las bebidas que me piden y giro la cabeza para ver quién es el que ha llamado mi nombre. Tal vez es sólo una chica del local que necesita mi ayuda, pero veo que las dos están demasiado ocupadas con otros asuntos. Además de que la voz sonaba masculina. 
Recorro la barra y al final me tropiezo con una mirada verde sonriente, que me mira contento de verme. 
-¡Jane! No me esperaba encontrate en un local como estos. 
Mi sorpresa no podía ser mayor. La sonrisa que surge en mi rostro es tan amplia que con mirarle desde aquí arriba no me parece suficiente, por lo que abro la pequeña portezuela que separa la zona privada con la pública y me fundo con él en un cálido abrazo. 
-¡Ethan! Oh, madre mía. ¿Hace cuánto que no nos vemos?
Estoy realmente contenta de volver a verle una vez más, aunque la última vez que le vi no me traían demasiados buenos recuerdos. 
-Dos años seguro. Te fuiste a la universidad y no dejaste rastro alguno. Me alegro tantísimo de verte. 
-Yo también Ethan, en serio. -Bajo la mirada a mi reloj- ¿Estás solo? 
Vacila unos instantes antes de contestarme. 
-Sí, bueno. Me apetecía conocer un poco más Londres, ¿sabes? He venido sólo, sí. 
Su sonrisa sigue siendo exactamente la misma. Sus ojos siguen siendo verdes y grandes y la piel sigue siendo más oscura que todos los ingleses que conozco. Su pelo sigue siendo del mismo color, pero su peinado es mucho más atractivo de lo que era antes. Antes estaba como más controlado, pero ahora parece que no se lo ha peinado nunca, lo que me resultaba extremadamente atractivo. 
-Salgo en cinco minutos, si quieres podemos ir a dar una vuelta y adelantar sucesos, ¿qué te parece?
La sonrisa que esboza parece de alivio. 
-Claro, me encantaría. 
Sonrío yo también y vuelvo a meterme dentro de la barra para quitarme el corto delantal negro que sólo sirve para guardar el abrebotellas y un bolígrafo con un bloc para apuntar cosas. 
Entro dentro del baño y me quito la escotada camiseta negra para enfundarme en una camisa amarilla fosforita también de tirantes y transparente por detrás. Me siento algo mejor cuando me suelto la coleta alta que me tira de la piel y me lo coloco en su sitio para tener una imagen aceptable. 
Antes de marcharme, le pido a una de mis compañeras que me apunte el nombre del DJ que toca esta noche, y ella asiente con una sonrisa en el rostro, como pareciendo entusiasmada. 
Busco a Ethan entre la multitud y cuando lo encuentro ambos salimos del local. 
No me doy cuenta de que dentro del local hace mucho calor hasta que salgo a la calle, donde el fresco de la noche me relaja al instante. Me hace dar la sensación de que respiro aire limpio de nuevo. 
-¿Qué te parece si te enseño mi nuevo piso? Seguro que te encanta -propongo-. Pero está un poco lejos...
Ethan deja escapar una pequeña risa y antes de que me diera cuenta, él ya ha entrelazado sus dedos con los míos. No me revuelvo, ni rechisto. 
Entonces recuerdo la imagen de Zoey. Ella estará en casa, y seguro que a él no le hace demasiada gracia. 
Gimo decepcionada. 
-Vaya. Mi compañera de piso estará ahí...
Noto cómo se remueve incómodo. 
-Bueno. Mi piso está aquí cerca, a pocas manzanas de aquí. Nos costará un cuarto de hora llegar. 
-¿Tienes un piso en el centro? Ah, claro. Se me olvidaba de que vienes de una familia rica -digo eso y espero que él lo tome como una afirmación. 
Ambos comenzamos a caminar, aún con las manos unidas y me dejo llevar por sus pasos, ya que no sé dónde se encuentra su apartamento. 
Él disiente con la cabeza como si estuviera en desacuerdo con lo que le acabo de decir. Yo me río ante su gesto, ya que siempre que le decía eso se sentía ofendido, o por lo menos, molesto. Y yo lo sé demasiado bien y me da placer hacerle rabiar con ese tipo de cosas. 
-No estoy en una familia rica. Acomodada es la palabra. 
-Ya, claro. Yo también tengo una familia acomodada, y no tengo un piso en el centro. No sabía que te gustara el centro. 
El barrio en el que anteriormente vivíamos estaba bastante apartado del centro y siempre pensé que él seguiría viviendo en el mismo lugar. Yo, en cambio, quería irme cuanto antes posible. 
A mí me hubiera gustado vivir en el centro también, pero nos pillaba demasiado lejos de nuestra universidad y los precios estaban por las nubes, por lo que nos tuvimos que conformarnos con lo que tenemos. Y no vivo infeliz. Es más, me gusta mucho más la periferia que el centro. 
-No me disgusta. Ya sabes. Está cerca de todo lo que necesito. Por la noche ya no me gusta tanto ya que el ruido es atronador. Pero por el resto está genial. 
Yo asiento, sin saber qué más añadir. 
Sin darme cuenta, algunas imágenes del pasado se cuelan en mi mente, pero las aparto rápidamente antes de echarles un vistazo. 
El pasado es el pasado.
El resto del pequeño paseo lo pasamos entre otro tipo de conversaciones también llenas de recuerdos de cuando éramos más jóvenes. Y los dos tratamos de evitar las razones de por qué dejamos de hablarnos el uno al otro. No es algo de lo que me guste hablar especialmente, y puedo imaginar que a él tampoco le hace demasiada gracia. 
Pasamos el rato tratando de averiguar cosas el uno del otro para conocer a la persona que teníamos delante, e intentando dejar atrás los dos niños infantiles que ambos éramos en el pasado. Y me gusta mucho más el Ethan de ahora, que el de antes. 
Ethan en estos momentos me demuestra que ha madurado, que no todo lo que hizo en el pasado le hace sentirse orgulloso o a gusto consigo mismo. El Ethan que tengo delante no es el chico que conocí en el instituto hacía tres años. Ahora él trabaja como trabajo temporal en una editorial ordenando los libros, o alguna cosa de esas. Como siempre dijo que haría, estudia arquitectura y está entrado a todas horas en los estudios. 
El nuevo Ethan me fascina. Siempre dijo que iba a estudiar arquitectura, pero yo jamás pensé que lo decía en serio. No me entraba la imagen de Ethan pasándose las tardes estudiando para tratar de alcanzar la nota media en cualquier examen. Pero ahora veo que hace lo que propone, y eso me agrada a un nivel alto. 
Llegamos a su apartamento y, al observar la fachada del bloque, puedo deducir que no es de los más baratos de Londres, precisamente. Tiene pinta de ser un bloque para importantes hombres de negocios con bastante dinero saliendo de sus bolsillos. 
Entramos al vestíbulo y subimos en ascensor hasta el piso veinte. 
Sus padres son más ricos de lo que yo pensaba. 
Cuando abre la puerta de madera negra de su piso, me encuentro con algo excesivamente elegante y moderno. 
El salón se extiende en un gran espacio abierto, cubierto de una moqueta blanca y suave bajo la presión de los pies descalzos. El salón se separa de la cocina únicamente por una barra de granito negro, en donde tres taburetes de metal color plata acompañan a ésta. El salón está decorado con gusto, con muebles de colores negro, gris y blanco. Ventanales grandes y pulcros atraviesa el salón entero hasta llegar hasta la cocina, en donde cesa por el comienzo de los armarios, negros también, de ésta. 
No puedo evitar mirar el espacio maravillada. 
-Definitivamente, tus padres son más ricos de lo que yo pensaba.
-La escritura y el piso lo pagaron ellos, pero el alquiler lo pago yo. Ven, te enseñaré algo -dice, después de que yo deje mi bolso en la entrada, también los sandalias. 
Me agarra con suavidad el brazo y me lleva a las ventanas del salón. Una de ellas parece ser una puerta de cristal corredera, que da a un pequeño balcón. 
Cierra la puerta tras él y se coloca a mi lado. 
Contemplo, una vez más, con la boca abierta las vistas que el balcón ofrecía. Todo Londres se ve desde aquel pequeño balcón. Todas las luces de los coches y de los edificios brillan como pequeñas luciérnagas en la noche desde aquí arriba. Se ve el río Támesis, y también los puentes que lo cruzan de un lado a otro. Es precioso. Me pregunto cómo serán las vistas de día. 
-¿Te gusta? -pregunta él con voz acaramelada. 
-Wow. Es precioso, en serio. Seguro que aquí traes a todos tus ligues. Les enseñas el piso, luego el balcón. Y luego miras el cielo, le enseñas cualquier estrella al azar y le dices: “¿Ves esa estrella?, pues ahora es tuya”. 
El me mira ceñudo y sonriendo al mismo tiempo como si no entendiera muy bien lo qué le quería decir con eso. 
Yo me encojo de hombros como respuesta. 
-A mí me lo han hecho. 
Él parece que prefiere no hablar sobre aquello. 
-Vamos, que todavía no te he enseñado todo el piso. 
-¿Hay más? -pregunto mientras él vuelve a coger mi mano y me arrastra dentro del apartamento. 
Atraviesa el salón y encuentro que al lado de la cocina hay unas pequeñas y blancas escaleras de caracol que suben a un segundo piso. Paso de hacer más preguntas y le sigo hasta arriba con el corazón martilleándome en el pecho. Sé muy bien qué es lo que me va a enseñar. 
Me enseña el piso de arriba y se ahorra el dormitorio para lo último. 
Me introduce dentro de él y se apoya en la puerta, dejándola abierta. 
-Me gusta mucho tu piso. Pero es como muy... soso. Pon algo de color o.. un cuadro a color. 
-Tranquila. Por el día es muchísimo más colorido. 
No es propio de mi hablar sobre decoraciones, y no entiendo muy bien qué hago hablando sobre aquello cuando en realidad lo único que no quiero hacer es hablar. 
Le miro desde mi perspectiva y él me devuelve la mirada desde su sitio, donde la puerta sigue abierta. 
Sonrío con una sonrisa torcida y al final me doy cuenta que si yo no empiezo, aquí no va a suceder nada. 
Con el paso de los años he crecido algo más, pero él sigue siendo media cabeza más alto que yo. Como siempre había sido. 
Sé que al volver a casa, Zoey me volverá a echar la bronca, pero no es eso exactamente lo que me preocupa. 
Me acerco a él sin precipitarme demasiado y me coloco a su lado, apoyada en la jamba de la puerta. 
-Ethan. Sabes que yo no busco nada serio ahora mismo, ¿o no? 
Parece que la pregunta le sobresalta. 
Se encoge de hombros mientras una sonrisa burlona se cuela entre sus labios.
-Bueno. Siempre estás ahí para sorprenderme.
Sonrío contenta con su reacción y soy un paso hacia delante para poder besar sus labios. No parece sorprenderle, ya que él acaricia tiernamente mi espalda y me da la posibilidad de poder hundir mis dedos en su pelo. 
Sé lo que voy a hacer, y es la primera vez de la que sé que en la mañana siguiente, no me arrepentiré. 

Comentarios

  1. OH DIOS Y HARRY QUE!? COMO PUEDE HACER CASO A ESTE CABRON DESPUÉS DE TODOOO :0 DIOS pobre Harry.. :( jajajajajajaja siguiente me encaantaaa!

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  2. Holaaaa, te he nominado a los Liebster Awards, más información en mis blogs; http://almasqueexpresansentimientos.blogspot.com.es/ y http://forestofbamboos.blogspot.com.es/
    :)

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  3. Hola.
    Has sido nominado al premio Liebster Adwards, más información en mi blog http://notecallesdileteamo-1d.blogspot.com.es/2013/10/libiester-award.html

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  4. No entiendo como puede hacer caso a este idiota después de lo que la hizo. Madre mia pobre Harry. Me ha gustado mucho, siguiente :))

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  5. PERO QUE PASA CON HARRY?
    Bueno, hace tiempo que leo tu novela y es la primera vez que comento. Lo siento mucho mucho mucho por no haber comentado antes. Pero quería decirte que tu novela me encanta y que por muchos capítulos que escribas sigues haciendo que la novela enganche. Esta historia me ha hecho reir y llorar. Escribes genial y el cápitulo también genial.

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