veintidós

Nada más abrir los ojos supe que no iba a ser un buen día. La luz blanca que presidía la habitación resintieron mis pupilas e hizo que el dolor atravesara mi cabeza sin pudor ni conciencia. Me llevé una mano a la frente cerrando los ojos con fuerza de nuevo, esperando a que el dolor aminorase un poco antes de dar una vuelta en la cama. Alargué el brazo dispuesta a sacudir a Harry hasta despertarle para compartir ese sufrimiento todavía con los ojos cerrados, pero no había nadie a mi lado. Abrí un ojo para comprobar que, en efecto, estaba sola en la habitación. Con un gruñido, rodé por mi cuerpo hasta quedar boca arriba para frotarme la cara una vez más con ambas manos. Cogí mi teléfono encima de la mesilla de noche para mirar la hora, aunque quedé distraída con la cantidad de notificaciones que bailaban sobre la pantalla. Me puse pálida al segundo. Sólo había tenido un +99 de notificaciones en Twitter una vez anteriormente, ni siquiera me atreví a entrar.

Aunque lo que hizo que se me paralizara el corazón eran los mensajes de Dan.

Dan: te lo advertí

Ignorando el dolor de cabeza, salí de la cama casi de un brinco. Recogí la primera camiseta que vi por el suelo para ponérmela antes de salir de la habitación, donde me encontré a Harry en la cocina. Me acerqué mirando el suelo, sintiendo el arrepentimiento subirme por el pecho, seguido por la vergüenza y el sentimiento de culpa cogidos de la mano. Me senté en el taburete insegura.

—Buenos días —dije con voz queda.

—¿Quieres algo para beber?

—Agua, por favor.

No era capaz de mirarle a los ojos, por mucho que no estuviese segura de que lo hubiese visto o no. Ni siquiera yo lo había visto todavía, ya que estaba aterrorizada por ello. Dejé el teléfono encima de la encimera y sujeté el vaso que me tendía con una sonrisa.

—¿Resaca?

Me encogí de hombros y apoyé la frente en mi puño.

—Me duele la cabeza, eso es todo —dije, alzando la mirada y sonriendo un poco.

Él se rió y yo continué bebiendo hasta que el vaso quedó vacío. Me aclaré la garganta y me rasqué el brazo, de nuevo sin ser capaz de mirarle. Sabía que tenía que enfrentarme a la situación. Tenía que enterarse por mí, por nadie más. Me aclaré la garganta.

—Así que..., ¿has entrado en Twitter hoy? —pregunté, pensando que sería buena idea mirarle por fin, aunque en cuanto le vi la cara juguetona, apoyado contra la encimera con las manos, no pude evitar apartarla con rapidez de nuevo.

—Sí. Lo he visto.

Solté un pequeño gruñido y apoyé la cabeza en la superficie fría de la mesa entre mis brazos doblados.

—Lo siento mucho —dije sin levantar la cabeza y con los ojos cerrados con fuerza, como si así pudiese esconderme de él y de la vergüenza.

—No me habías dicho que era eso lo que tenía Dan contra tuya.

Me incorporé y me coloqué el pelo detrás de la oreja.

—Ya, yo tampoco sabía que me ibas a coger el teléfono y a decirle todo eso —respondí, mirando hacia mi móvil—. Yo sólo iba a mandarle a la mierda temporalmente, iba a esperar a que se me pasara la borrachera para pedirle perdón.

—Jane, no iba a permitir que continuara haciéndote eso. No pasa nada, esas fotos iban a salir tarde o temprano —dijo tranquilo, como si no fuera nada.

Me quedé callada.

Qué sencillo era para él decir aquello. Él saldría sin un rasguño en su piel ante lo que estaba ocurriendo. Yo no estaba destinada al mismo desenlace. A él lo iban a seguir apoyando en sus decisiones, mientras a mí me caerían literalmente litros y litros de mierda encima, como de costumbre.

—No te preocupes, esta tarde lo negaré y ya está. No hay que darle más vueltas.

Esa vez sí que le miré a la cara con una ceja alzada. Él me miraba sereno y divertido, como si aquella situación no le importara en absoluto. Sin verse afectado. Sin siquiera intentar entender que a mí me afectara. Me crucé de brazos.

—¿Negarlo? Ya no hay nada que negar, Harry. Hay fotos, literalmente, fotos que demuestra que no somos solo amigos —dije eso con tanta rabia que casi me levanto de la silla.

Se encogió de hombros, aunque evitó mi mirada como pudo, por mucho que yo buscaba furtivamente que se atreviese a mirarme a los ojos.

—Tendrán que creérselo.

Dejé caer la mano en la mesa y casi demandé que me mirase a la cara. Me alzó una ceja.

—No hay nada que creer —repliqué con voz segura, clavando mis ojos en los suyos—. Estaríamos mintiendo. Esto es lo que hay. Lo mínimo que podemos hacer es admitirlo y así puedo dejar de esconderme de esta forma.

Él suspiró y se frotó la cara con las manos.

—No creo que sea buena idea.

—¿Por qué no? Si vamos a estar haciendo el tonto como hasta ahora, por lo menos lo podemos hacer oficial. Así me odiarían con alguna razón... aunque no me puedo ni imaginar lo que me están odiando en este momento...

El chico resopló y apartó la mirada.

—No seas exagerada.

De nuevo, alcé las cejas echando la espalda atrás, sin creer lo que me estaba diciendo.

Sin añadir nada más, pensé que ellas hablarían mil veces mejor de lo que yo podría hacerlo. No pensé en nada más que en sujetar mi teléfono y en abrir twitter. Me aclaré la garganta, y comencé a leer:

—"No me lo puedo creer, Jane lo ha vuelto a hacer; ha conseguido centrar toda su atención en ella. Posiblemente haya sido ella la que ha filtrado las fotos, esa zorra sin talento". Ah, qué maja, me ha puesto un emoticono y todo —dije sin poder evitar reírme un poco.

Alcé la mirada para ver su reacción, aunque él seguía con la mirada fijada en el suelo. Me aclaré la garganta una vez más y continué leyendo.

—"Dios mío, esta chica ni siquiera con la boca pegada a Harry consigue ser guapa. ¿Soy la única que ha imprimido las fotos y ha pegado una foto suya encima de la de esta cerda? Lo recomiendo furtivamente".

Esa vez ni me esforcé en ver su reacción, sino que su silencio fue una afirmación de que no había sido suficiente para él.

—"Muérete, Jane Carter. Ni siquiera me voy a romper la cabeza por poner otra cosa; lleva mintiéndonos durante meses, sólo merece morir. ¿Alguien que haga un acto caritativo?"

Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.

—Acabo de leer los tres primeros twits que he encontrado, ni siquiera me he tenido que esforzar en buscar. Estaban los primeros en mis notificaciones, Harry. Antes me odiaban, ahora me quieren muerta.

Suspiró.

—Espero que sepas que no hay nada que yo pueda hacer contra eso.

Me pasé una mano por la cara y dejé el móvil encima de la mesa. Suspiré.

—Lo sé. Pero por lo menos demos una razón "coherente" para que me odien, ¿no? Quiero decir, ahora sólo estoy quedando como la mala.

Se quedó callado de nuevo con la mirada baja y evitando mirarme a los ojos. Dejé caer los hombros y volví a frotarme los ojos con un gruñido.

Sabía desde el principio que me estaba metiendo en una situación complicada, y que no saldría tan fácil de allí. Con el primer twit en el que me mencionaron, la primera publicación en la que usaron mi nombre. Aquello era más grande de lo que nunca me hubiese podido imaginar. Su mundo giraba tan deprisa en comparación con el mío que ya no podía ver lo que estaba pasando a mi alrededor, mientras él poco a poco me soltaba la mano, dejándome a la deriva y sin responsabilizarse si me mareaba o no. Intentaba culparle a él por no poder sujetarme con fuerza, aunque sabía que era culpa mía.

Aún así, me dio igual.

Me entraron unas ganas de llorar increíbles, y el tembleque ya instaurado de por sí en mi cuerpo por el alcohol de la noche pasada sólo empeoró con la situación. Sentí vértigo de pronto, un miedo incontrolable por perderle si seguía con esta conversación durante más tiempo.

Y como una tonta, intenté arreglarlo, cuando muy en el fondo sabía que no tenía cómo.

—Mira... —dije, suavizando la voz y bajando la mirada—. No te estoy pidiendo ser tu novia ni nada parecido, ¿de acuerdo? Pero por lo menos ayúdame un poco. Di algo, porque ahora mismo sólo me estoy llevando la mierda yo.

Se pasó una mano por el pelo y frunció los labios.

—Hablaré con Simon, a ver qué puedo hacer.

Esas palabras me dolieron todas y cada una de ellas como clavos en el estómago.

Le dio igual que mi voz se rompiera después de hacer esfuerzos sobrehumanos para no echarme a llorar ahí mismo. Sabía qué es lo que me estaba pasando, sabía que había dicho eso para ver su reacción, y aún así había decidido que esas eran las palabras adecuadas para responderme.

Realmente no quería hacerlo oficial, no quería tenerme ahí a su lado. Quería seguir siendo él mismo y tontear con otras chicas delante mía sin que le importase cómo me sentaría. Quería tenerme ahí, comiendo de su mano cada vez que se le antojase, mientras firmaba autógrafos y dejaba que otras chicas se muriesen por sus huesos, gritando su nombre en coro, mientras yo estaba en el fondo de todo, tejiendo mis esperanzas. Para que viniera él y las arrancara de mis manos, y luego lo arreglaría con un beso.

Sabía que ese iba a ser el mejor momento para confesar todo aquello que llevaba experimentando durante los últimos meses, aunque por alguna razón las palabras se quedaron atascadas una vez más en mi garganta, y tuve que tragarlas con un líquido amargo, que se quedó en el fondo de mi estómago durante mucho tiempo.

—Ya hemos hablado de esto —dijo, rodeando la mesa para ponerse a mi lado, sujetando mis muslos y acercándome a él con delicadeza, acariciándome la mejilla—. No quiero perderte.

Así, puf. Solucionado. Aunque esa vez aparté la cara antes de que pudiese besarme.

Él se lo tomó con una pequeña risa, y me pellizcó la mejilla con una sonrisa.

Esa vez no me callé cuando salí de su casa, todavía con su camiseta blanca bajo mi abrigo. Sabía que los fotógrafos estarían esperando aquel momento jugoso, aunque aquella vez ni siquiera se estaban esforzando por esconderse. Estaban esperando en fila india, asomando sus cabezas para verme aparecer, esperando a que besase cada una de sus cámaras con mi presencia, con mi dulce silencio que les encantaba. El enfado hacía burbujas en mi garganta, mi sangre estaba a punto de hervir, y por mucho que me estaba clavando las uñas en las manos para intentar tranquilizarme, la tensión del momento me subió por la garganta y me mordí la lengua.

—¡¿Podéis dejarme en paz de una puta vez?!—chillé dándome la vuelta con brusquedad sintiendo al fotógrafo siguiéndome en silencio.

El hombre se quedó callado mientras dio un paso atrás. Hasta pude reconocerle la cara, aunque estaba esbozando una mueca de incertidumbre ante mi ataque de rabia repentino, acostumbrado a mi dulzura y a que siempre hacía que no existían.

Bajé los hombros y con los labios fruncidos, cerré los puños y me di la vuelta para seguir mi camino hacia la boca del metro que siempre cogía.

Pensé que en las siguientes semanas las cosas mejorarían a mi favor, aunque como siempre en este tipo de situaciones, no podía estar más equivocada. Es más, las cosas estaban a punto de ponerse muy feas.

Tardaron realmente poco en empezar a hablar mal de mí también en las revistas, las pocas veces que lo hacían. Siempre habían sido amables conmigo en toda aquella trayectoria completamente de locos que había vivido, aunque parece ser que en cuanto comencé a mostrarme reacia ante la situación de forma mucho más literal, fueron los primeros en darle gasolina a las palabras dirigidas hacia mí en las redes sociales.

Las fotos me perseguían allá donde iba, las cuales había tenido durante ahora varios meses como fondo de pantalla y que tan feliz me habían hecho anteriormente. Ahora sólo me recordaban una y otra vez de que todo era una falsa ilusión que me había atrapado durante demasiado tiempo. No quería estar conmigo. No estaba dispuesto a dejarlo todo caer y aclarar las cosas con todo el mundo, y agarrarme de la mano en público. Le gustaba que las cosas estuviesen borrosas y que la gente hablara y especulara, por mucho que ahora hubiesen pruebas reales. Tampoco me atrevía a pedírselo. No de nuevo, y arriesgarme a que no se tomara la situación en serio. Una vez más.

Sólo quería que dejase de importarme tanto. Quería aprender a disfrutar tanto como lo estaba haciendo él.

Aunque era complicado, teniendo un ejército detrás repitiéndome una y otra vez lo poco que valía. Él no me quería en su vida de la misma manera en la que yo lo quería a él, y era hora de que empezara a asumirlo.

—Dan es un hijo de puta —decía Ellen tumbada encima de mi cama.

Puse los ojos en blanco.

—Dan aquí no pinta nada.

Se encogió de hombros.

—Si no fuera por él no estarías en esta situación.

—Ellen, llevo en esta situación meses. Si no fuera por Dan no me hubiese dado cuenta. No quiere estar conmigo.

Ellen torció una sonrisa y me apartó un mechón de pelo detrás de la oreja.

—¿Y qué vas a hacer?

Gruñí y me dejé caer a su lado en mi cama.

—No lo sé.

Hizo una pausa para bajar la mirada y morderse los labios con nerviosismo.

—¿Qué es lo que más te molesta de todo?

Me pasé una mano por los ojos.

—Que estoy continuamente pidiendo perdón.

—¿A qué te refieres?

—Pedía perdón casi todos los días cuando estaba con él, sólo porque tuviese que verme con otro chico. Por mucho que no somos exclusivos. Pedía perdón.

—¿Por qué?

—Porque estoy enamorada de él.

Se quedó callada y bajó la mirada.

Hasta ella sabía que estaba hasta el fondo de mierda.

Al final en eso se resumían mis problemas. Era capaz de soportarlo todo con tan sólo estar con él, porque realmente él no estaba haciendo nada malo. No podía pedirle nada. No era justo.

Aun así, lo quería tanto que empezaba a dolerme. Pero

ya no me valía la pena.

Pensaba atrás hacia toda esa utopía en la que estaba viviendo el año anterior, convenciéndome a mí misma de que todo aquello terminaría cuando lo hiciera el programa, que dejarían de hablar de mí y que iba a querer estar conmigo. Esa vez miraba hacia mi pasado con una sonrisa burlona y a punto de la carcajada. Realmente era así de ingenua, ignorando los ataques de ansiedad casi diarios y lo fatal que había dormido, sólo con un par de orgasmos de premio, con mi corazón saltando en el pecho de felicidad cada vez que me miraba o me acariciaba de forma casual. Él sabía qué es lo que estaba haciendo conmigo, lo podía ver en su sonrisa cuando me la dirigía hacia mí, y me engañaba a mí misma pensando que era yo la que lo hacía temblar de felicidad.

De pronto me bajé de la atracción en la que me había subido con pasos firmes, sujetándome a las barras mientras bajaba las escaleras con los gritos desesperados a mi espalda, y el mundo dejó de dar vueltas. Los árboles por fin se quedaron firmes sobre la tierra, las personas que pasaban a mi lado dejaron de estar distorsionadas por la velocidad, y el sonido habitual de una ciudad grande me transmitió calma y tranquilidad.

Pude ver las cosas con claridad.

Aunque mi corazón seguía latiendo deprisa cada vez que escuchaba su voz al otro lado del teléfono, todavía no podía controlar esas sonrisas repentinas que esbozaba al pensar en él. Seguía estando horriblemente enamorada de él. Aunque me quité las gafas rosas de un tirón, con un sollozo de dolor, las manos temblorosas y las lágrimas amontonadas en mis ojos, y de pronto las señales que siempre habían estado ahí se vieron rojas, como siempre habían sido. Claras y altas. El rosa me había impedido verlas, pero nunca nadie las había movido.

El mundo era espantosamente feo cuando me quise dar cuenta. El camino de la fantasía por el que estaba caminando era mil veces más bonito en rosa, pero vi que las espinas de las rosas que me estaba clavando en los tobillos poco a poco me estaban rajando la piel, y las piedras del sendero estaban afiladas, apuntando amenazadoras hacia mí. Tenía que dar la vuelta.

Quedé con él una última vez una semana antes de que empezase el tour que lo separaría de mí durante más de dos meses.

Sentada en el sofá a su lado pude ver cómo luchaba por no sujetarme la pierna y colocarme encima suya para acariciarme el muslo, con una sonrisa juguetona en los labios.

—¿Cuándo os vais?

—El jueves.

—¿A dónde?

—Birmingham. LG Arena.

Asentí frunciendo los labios.

—Vaya. Nunca he estado, pero parece una arena grande.

Suspiró una pequeña risa, apoyando los codos en sus rodillas y bajando la mirada.

Me quedé callada un segundo.

—Buena suerte —dije al final.

Giró la mirada hacia mi dirección y esbozó una sonrisa. Se acercó a mí sin dejar de sonreír y me sujetó la barbilla para darme un beso en los labios. Me costó algo no reírme, aunque con el corazón en brincos, traté de seguirle el beso, dejando que enredase sus dedos en mi pelo de nuevo. Sin poder evitarlo se me puso la piel de gallina, y un dolor desgarrador en el vientre me hizo separarme de él. Se apoyó en el respaldo a mi lado.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó, casi apoyando su cara en mi hombro.

—Mm —contesté afirmativamente, sin atrever a mirarle de nuevo.

Odiaba ser tan vulnerable cuando se trataba de él, aún después de darme cuenta de tantas cosas, sabiendo que aquello iba a tener que terminar tarde o temprano.

—¿Quién es el tercero?

Fruncí el ceño. Casi no me podía creer que, con todo lo que llevaba ocurriendo entre nosotros durante las últimas semanas, lo que le preocupase fuera quién era la otra persona con la que me había acostado. Esbocé una sonrisa antes de soltar una carcajada.

Levantó la cabeza y me miró divertido.

—¿Qué? —dijo con una risa.

—¿Vas en serio?

—Sí, ¿por qué te parece tan raro?

Volví a reír.

—¿Por qué quieres saberlo? —respondí, bajando la mirada hacia él, que me miraba apoyado de nuevo en mi hombro.

Se encogió de hombros y cruzó los brazos.

—Tengo curiosidad.

—No te lo quiero decir.

Se incorporó y me miró incrédulo con una sonrisa.

—¿Por qué no?

—Porque no son tus asuntos, Styles —dije devolviéndole la mirada tentadora, esbozando la misma sonrisa que me estaba dirigiendo él.

Alzó una ceja y puso los ojos en blanco.

—Venga ya. Siempre me has contado este tipo de cosas.

Me encogí de hombros.

—Tú nunca me cuentas nada. ¿Con cuántas personas te has acostado tú?

Se quedó callado por unos segundos y soltó una carcajada sin responder a mi pregunta.

—¿Lo ves?

—Sabes que sólo han sido dos —respondió al final, rebajando la sonrisa un poco y volviendo a dejarse caer contra mí, sin separar sus ojos de los míos, ahora por encima mío. Pasó un brazo por mis hombros.

Tuve que cerrar los ojos temporalmente al sentir su olor corporal colarse en mi nariz, y separar la cara de su pecho unos milímetros.

—Sí, claro —murmuré mirando al frente.

—¿Qué? —dijo pellizcando mi mejilla para que girara la cabeza hacia él, todavía con el tono juguetón en la voz.

—No te creo —me atreví a decir de nuevo, mirándole durante unos segundos escasos.

Hizo una pausa.

—¿Por qué no? —dijo, y noté cómo su tono juguetón ya no estaba tan presente en su voz.

Ni siquiera sabía por qué no. No tenía ni idea de qué decirle, y su cambio sutil de tono de voz me estaba empezando a asustar, mi vulnerabilidad me hacía cosquillas dolorosas debajo de las uñas. Me encogí de hombros todavía con una sonrisa en los labios, ignorando su cambio ligero de postura.

—No lo sé.

—Espera —me interrumpió, girando su cuerpo hacia mí y obligándome con los dedos a mirarle. Sus ojos brillaban—. ¿De verdad piensas que te mentiría con algo así? —dijo serio esta vez.

Tuve que apartar la mirada y suspirar dejando caer los hombros, aunque sentía su mirada sobre mí como dos losas.

—Tienes razón. Lo siento. Sé que no me mentirías. Es sólo que... —hice una pequeña pausa buscando las palabras adecuadas—, te vi en la fiesta de tu cumpleaños hablar con Cher y... tu cuerpo estaba haciendo eso que haces cuando te gusta alguien—

—¿Mi cuerpo? —preguntó confuso con el ceño fruncido, interrumpiéndome.

Negué con la cabeza restándole importancia.

—No sé cómo explicarlo, ¿vale? Pensé que había tensión entre vosotros, y estaba confusa.

—¿Estás celosa de nuevo por Cher?

Suspiré.

Estaba agotada. Realmente agotada.

—¿Por qué es tan malo?

Suspiró y giró su cuerpo para volver a recostarse en el sofá pasándose una mano por el pelo.

—Jane...

—No, en serio —le interrumpí—. ¿Por qué es tan malo que esté celosa? Tu estabas celoso todo el tiempo cuando estaba con Dan. Y sabías que no quería estar con él.

—Eso fue distinto. Mira qué hizo contigo, estabas completamente bajo su hechizo.

—Te pedí perdón muchísimas veces, Harry. Tú sabías que estaba celosa, y me echabas a mí la culpa.

—Yo no me he acostado con Cher —escupió con voz ronca.

Me quedé callada. El nudo en la garganta estaba empezando a hacerme daño.

No podía creer que realmente me hubiese dicho aquello.

Bajó la mirada y se humedeció los labios. Me cogió la mano.

—No lo he dicho en serio. Lo siento. No debería haber dicho eso.

—No, no deberías haberlo dicho.

Ambos nos quedamos callados durante unos segundos. Yo realmente no sabía qué es lo que debía decir después de aquello. El pecho me ardía con fuerza mientras subía y bajaba irregularmente. Me costó a horrores no llevarme una mano a las costillas para, aunque sea, intentar amortiguar un poco el dolor.

En mi cabeza resonaban sin parar las palabras que Yina me había chillado a la cara meses atrás, cuando se le ocurrió desprestigiarme de esa forma delante de todo el mundo y llamándome todo aquello. Los últimos meses habían servido para que dejase de comer durante días enteros, mi autoestima nunca había estado tan baja en mi vida, después de leer todo lo que estaban diciendo acerca de mi imagen, nunca antes me había sentido tan horriblemente mal en mi propia piel. Realmente cómo me veía nunca había sido algo que me había molestado en el pasado, pero no te puedes hacer una idea de qué pueden hacer unas cuantas personas online. Por mucho que uno de los chicos más guapos del momento me mandaba mensajes diarios deseándome las buenas noches. Y aunque eso hubiese sido lo único. Mi reputación era de las más desprestigiadas que podía tener, me juzgaban acerca de mi vida sexual, lluvias de insultos que me tachaban de cosas con las que ya había tenido que lidiar en mi pasado, aunque esa vez, tan claro y tan obvio que podrían habérmelo escrito en la frente. Guarra. Zorra. Falsa. Aprovechada. Busca Fortunas, Busca Fama, por mucho que tan sólo tenia malditos dieciséis años. Fácil. Puta. Y un larguísimo etcétera que le seguía a la lista, palabras que siempre había ignorado, que nunca me había tomado en serio por mucho que me costase a horrores hacer oídos sordos. Estaba escrito en mi tarjeta de identidad.

Pero aquello que dijo él me partió el corazón de una forma que lo pude sentir en el pecho.

Crack.

Rompió el silencio con un suspiro.

—Creo que... Creo que puedes ponerte celosa. Tienes razón, no es nada malo. También creo que puedes acostarte con las personas que quieras.

Cerré los ojos.

Crack.

—Sólo lo estás empeorando —susurré y le miré a los ojos.

Apartó la mirada y suspiró de nuevo.

Se acercó a mí y me volvió a coger la mano con las suyas, bajando la mirada hacia lo que había unido y midiendo sus siguientes palabras como debería haber hecho hacía un par de segundos. Aprendiendo de sus errores.

No como yo.

—Lo siento, Jane.

—Está bien.

—Todo esto es nuevo para mí también.

—Lo sé.

Rodeó mis hombros con sus brazos y me atrajo hacia él, dificultando mi trabajo de mantener las lágrimas en su sitio. Cerré los ojos con fuerza y esa vez no me contuve al inspirar una buena dosis de su olor, dejando que me meciera entre sus brazos, que se preocupara por mí aunque fuera mentira. Me gustaban los sueños después de todo, después de haber vivido en una ilusión rosa y fantástica desde que le conocí. La realidad era tan dolorosa que en los siguientes segundos sólo deseaba una y otra vez poder fundirme en él y no volver a pisar la tierra nunca más. Me sentía segura con sus dedos presionándome las costillas y sus labios en mi frente, por mucho que estaba viendo el suelo bajo mía a kilómetros de mí, acercándose a una velocidad extrema. No quería volver a la vida real.

—Sé que no arreglo nada con un abrazo —escuché su voz entre sus costillas, más grave que de costumbre, murmurándolo suavemente en mi oído.

Mi piel se puso de gallina al instante. Como un acto reflejo. Casi dolorosamente.

—No hay nada que arreglar.

No había nada. No había relación, no había nada que romper, todo estaba basado en habladurías y en lo que él decía y yo decía. No era real. Y a pesar de ello, era horriblemente real que no lo fuera.

Tal vez fuera tan sólo una forma de mantener mi mente en calma, darle un pequeño suspiro a mi corazón que no daba abasto. No tenía ni idea qué es lo que estaba pasando ni qué es lo que pasaría en el futuro. Cómo seguiría aquello adelante, si iba a hacerlo, si me quedaban fuerzas para tratar de arrastrar algo que probablemente no llegaría más lejos que aquello. Con palabras escritas en mi frente cada vez que pisaba la calle, mi nombre en mayúsculas sobre mi ropa, la gente seguía girando las miradas cuando pasaba, gritándome cosas con su silencio lleno de prejuicios. Mientras él me observaba luchar sola, el chico que prefería que me acostara con otras personas antes de decirme que me quería. Ya no me quedaban fuerzas.

Hoy en día, todavía no sé cómo hice para aguantar las lágrimas hasta después de salir de su piso, para acabar sentada en las escaleras de su portal llorando a sollozo limpio contra mis rodillas, cuestionándome las cosas más que nunca, y el corazón roto entre mis costillas.

veintiuno

Cher Lloyd me ayudaba a poner los vasos de plástico encima de la mesa, y yo tenía que hacer acopio de todas mis fuerzas para no ponerme a chillar cada vez que me dirigía la palabra. Cher también se pasaba ocasionalmente por el piso algún que otro viernes, y ya había hablado con ella más de una vez de una forma totalmente natural, pero aún así, había veces que mi subconsciente me recordaba de forma totalmente arbitraria que mi nuevo círculo de amigos incluía gente que salía por la tele y de las que hablaba la gente en sus cotilleos.

En el minuto uno en el que Harry y Yina entraron por la puerta yo ya estaba sirviéndome una copa de vino de lo nerviosa que estaba. No tenía ninguna razón en particular por la que ponerme nerviosa, pero mi estómago estaba extrañamente inquieto. Tal vez era porque hacía mucho que no estaba con Yina en una misma habitación y compartiendo de nuevo la noche con ella, y no estaba del todo segura de cómo habían acabado las cosas entre nosotras, aunque sospechaba que no demasiado bien, ya que los besos que me dio en las mejillas al saludarme fueron secos e incómodos. De todas formas no me dio demasiado tiempo a rallarme por aquello ya que el abrazo que me dio Harry segundos más tarde me dejó sin respiración, por mucho que no tuviese nada en particular, era el simple hecho de volver a sentir sus manos bajarme por la espalda, que provocaba una ola de imágenes que me resultaba difícil de controlar. Como pasaba usualmente.

Las personas estaban rodeando la mesa de la que habíamos guardado las sillas en la habitación de Louis para crear más espacio, hablando entre ellos animadamente mientras yo me encargaba de la música dando sorbos a mi vaso de plástico. Ellen como siempre estaba hablando con Cher y con Jess alzando la voz más de lo que debería, aunque parecía que estaban disfrutando las tres de la conversación. Sujeté mi vaso y decidí acercarme a donde estaban Aiden y Harry hablando apoyados contra el sofá mientras Yina soltaba sus características carcajadas estridentes, y la cara de Louis al escucharla reírse de esa manera hizo que tuviera que reírme yo también. Liam acariciaba el borde de su vaso con un dedo mientras me miraba acercarme a ellos dando un sorbo al mío.

—Qué raro verte bebiendo ya tu segundo vaso tan pronto —apuntó Liam con una sonrisa.

Yo fingí una risa mientras el grupo reía con el comentario, sobre todo Harry, que me pellizcó una mejilla juguetón. Yo le aparté la mano mirándole con las cejas alzadas y una sonrisa.

—Qué graciosos sois, de verdad —respondí.

—Yo ni siquiera he empezado a beber y tu ya arrastras las palabras —añadió Harry con una risa.

Le puse mi vaso en la mano y con una sonrisa desafiante, me metí el dedo en la boca para luego meterlo en el vaso que ahora sujetaba Harry, y removí el líquido con él.

—Para ti, mi regalo de cumpleaños —dije con una sonrisa satisfecha cruzándome de brazos.

La gente a mi alrededor rió, y las carcajadas de Louis y de Harry se entremezclaban entre ellas.

—¿De verdad piensas que esto me molesta? —respondió segundos antes de llevarse el vaso a la boca y dar un trago sin separar sus ojos de los míos.

—Literalmente te ha comido la boca —añadió Louis y yo tuve que soltar una carcajada, sin evitar ponerme colorada.

Se rieron todos de nuevo y hasta Yina soltó una carcajada, que me sorprendió.

—Tienes razón. Dame eso—dije alargando el brazo para quitarle de nuevo el vaso y darle un trago yo.

Harry soltó una carcajada y me desafió con la mirada antes de volver a quitarme el vaso de las manos, y darme un beso en la mejilla. Yo aparté la cara juguetona y le saqué la lengua para burlarme. Sus ojos brillaban al no dejar de sonreírme, apoyándose de nuevo en la pared y cruzándose de brazos.

—¿De dónde es ese acento? —preguntó Aiden cambiando sutilmente de tema.

—Ugh no le preguntes por el acento, por favor —se quejó Zayn.

—No soy americana si eso es lo que te preguntas. Soy española —respondí pasando de él.

—Sí que suenas americana.

—Lo sé. Es la mayor desgracia que me ha pasado.

Me acerqué al grupo de chicas y le puse el brazo por encima a Jess, cuyas mejillas estaban algo sonrojadas.

—¿No ha podido venir Lena? —pregunté.

Bajó la mirada y negó con la cabeza algo decaída y se encogió de hombros.

—Oh. No te preocupes, ya vendrá otro día.

Ella de nuevo me lo agradeció con la mirada como si le acabase de salvar la vida.

Para intentar calentar el ambiente, decidimos jugar un beer-pong encima de la mesa de la cocina en distintos grupos de tres personas. Naturalmente Ellen, Jess y yo formábamos un grupo, mientras que Liam, Zayn y Niall formaron otro, Aiden, Harry y Louis formaban el siguiente y por falta de gente, Yina y Cher tuvieron que conformarse la una con la otra. Hacía un rato que estábamos jugando, y el equipo de Harry ya había conseguido eliminar el primer grupo de chicos, y mientras tanto colorar las mejillas de Niall después de alcoholizarle.

Ellen se estaba colocando delante de la mesa con la pelotita naranja en las manos, frotándola entre ellas y soplando repetidas veces dentro de su puño para tener suerte. Era una exagerada, se estaba sacando las tabas del cuello y todo, aunque después de un par de vasos de cerveza, la cosa tenía gracia. Aiden apoyaba la mano en el otro lado de la mesa, con la espalda curvada y mirándola a los ojos para tratar de ponerla nerviosa, con los ojos entrecerrados y los labios curvados en una sonrisa. Aún así, Ellen no subía la mirada hacia él, sino que seguía haciendo sus rituales con la pelota.

—Tira de una puta vez —decía Louis, expectante.

Ellen soltó una bocanada de aire dramáticamente y tiró la pelota con cuidado, para que rebotase contra la mesa y después contra el borde de uno de los vasos, aunque no dentro como era el objetivo. Los tres chicos soltaron gritos de victoria mientras nosotras tres otros gritos de derrota, y Ellen se llevaba las manos a la cabeza con un gemido de frustración.

—Tenéis que beber —dijo Harry señalando nuestros vasos.

Con una pequeña carcajada, sujeté mi vaso y bebí un trago. Harry sujetaba la pelota esta vez, y yo con dos pasos ágiles, me puse en el otro extremo de la mesa, poniéndome cara a cara con él. La luz caía desde arriba, y la cara del chico quedó medio sombreada por su pelo, aunque yo no tardé nada en encontrar sus ojos. Tenía mi estrategia perfecta; tenía que ponerle nervioso. Le miré directamente a los ojos, mientras él sin ningún signo de dirección planeada, comenzó a estudiar los vasos en los que tendría que encestar la pelotita. Me coloqué el pelo bien y apoyé los codos en la mesa de modo que enseñaba justo lo que necesitaba del escote para ponerle nervioso. Él se aclaró la garganta y esbozó una pequeña sonrisa, aunque en ningún momento subió la mirada hacia mis ojos. Con dos movimientos, la pelota rebotó en la mesa y entró de lleno en el vaso que tenía delante de la cara.

Me incorporé mientras de nuevo el equipo de enfrente celebró su victoria con gritos, mientras que el resto miraba y aplaudía sus habilidades.

Sin añadir nada, sujeté el vaso de encima de la mesa, saqué la pelota de ella y sin separar mis ojos de Harry, que ahora ya sí me miraba, bebí el contenido de un trago. Cuando aparté la mirada pude ver por el rabillo del ojo cómo aprovechaba para sonreír y colocarse bien el pelo.

Sequé la pelota en mis vaqueros.

—Me toca —dije, y sin siquiera darle tiempo a colocarse para ver cuál era mi resultado, lancé y con elegancia, la pelota rebotó en la mesa y entró limpiamente en el vaso de plástico.

Harry se quedó atónito por mi rapidez y sin dejarle tiempo a reaccionar, alcé mis brazos en victoria y dejé que el resto de chicas me abrazaran. Sinceramente no sabía cómo había hecho aquello, pero había conseguido que la sala saltara en chillos de incredulidad ante lo que acababa de hacer, y hubiese pagado lo que fuera por volver a ver la cara de Harry, visto que su chulería no había funcionado.

Aún así, esta vez sin mirarme a los ojos, sujetó el vaso y tuvo que tragar su contenido de una, para después soltar una carcajada.

Louis y Jess se colocaron en sus sitios y como era de esperar, Louis no tuvo ningún problema en encestar la condenada pelota en uno de los vasos, que Jess tragó con un ojo cerrado por la fuerza del ron que habíamos decidido servir para el juego. Tampoco fue ninguna sorpresa cuando Jess no encestó la suya y de nuevo como penitencia tuvimos que beber las tres bajo, de nuevo, sus celebraciones.

—Y ganamos, de nuevo —enfatizó Louis de nuevo, frotándose la pelotita en el pecho con chulería.

Niall estaba rojo de la risa.

—Ya veremos —dijo Cher, acercándose a la mesa y arrebatándole la pelota de la mano.

Yina soltó una carcajada y ambas se colocaron en el sitio que habíamos ocupado nosotras, mientras que los tres chicos aprovechaban la pequeña pausa para servirse más cerveza en sus vasos.

—Bueno, como sois dos, dejaremos que los chicos elijan entre vosotras por turnos —dijo Zayn, que se había declarado árbitro al perder la primera ronda.

—Empiezo yo —dijo Harry, dando un paso al frente.

Segundos más tarde, Cher le lanzó la pelota con ojos desafiantes, y Harry la sujetó con elegancia por mucho que posiblemente no se lo hubiese visto venir, aunque resolviéndolo con agilidad.

—Elige —no sólo la mirada de la chica era desafiante, sino que el tono que usaba en la voz era claramente una declaración de reto.

Harry no separaba sus ojos de ella, y después de una pequeña pausa en la que parecía que estaban ellos dos solos en la sala, dejó salir una pequeña risa aspirada y cruzó los brazos.

—Está bien. Quiero jugar contra ella.

La garganta se me estaba cerrando por momentos. No sabía muy bien qué era aquello que estaba pasando entre ellos, pero me sentí horriblemente desplazada, como si de pronto yo sobrase del todo, viendo cómo las chispas entre sus miradas casi podían empezar a arder en cualquier momento.

Harry se humedeció los labios y apartó la mirada de la chica, que sonreía satisfecha con el resultado que había conseguido. Yo sacudí la cabeza por acto reflejo, borrando todos los pensamientos malos que mi subconsciente me lanzaba en mi dirección. La vista se me nubló por unos segundos y entonces es cuando me di cuenta de lo borracha que estaba. Respiré hondo por un segundo, y cuando me quise dar cuenta, Harry ya había encestado la pelotita en el vaso del lado de Cher, como de costumbre. Ella con una sonrisa ladeada, aunque no dejándose intimidar, bebió siguiendo las instrucciones como una buena chica, y después de secar la pelota, se dispuso a lanzarla.

Decidí que aquello no quería verlo, de pronto. Mi cuerpo se movió con una rapidez estratosférica hasta el baño más cercano que encontré y simplemente me quedé allí hasta que mi cuerpo decidiese que ya era suficiente.

No entendía muy bien qué era exactamente lo que estaba pasando y sobre todo, desde cuándo estaba pasando. Los titulares de las revistas que mencionaban su nombre cada vez que el mío era mencionado me salpicaron la mente con crueldad, y cómo Jess me decía con voz suave que todos aquellos rumores se los inventaban para dar más publicidad al programa me retumbaba en los oídos. Sabía muy en el fondo que el rumor de Cher podía ser otra cosa más que un rumor y mi instinto siempre me había dicho que probablemente no fuese una mentira. Sabía que podría haber algo. Aunque, de pensarlo a verlo con mis propios ojos, fue como si alguien me hubiese dado una patada en el pecho con todas sus fuerzas. Su forma de mirarla y cómo eran capaces de evadirse del resto de gente por mucho que estuviesen rodeados de personas y fueran el centro de atención en tan sólo un momento minúsculo. Cómo lo hacía delante mía. Cómo se esperaba a que yo pudiese soportarlo, o como si le diese igual que lo hiciera o no.

Tenía que relajarme. Posiblemente no estaba pasando nada. Posiblemente estaba muy borracha y mi mente había decidido simplemente hacerme ver cosas para hacerme daño. Posiblemente estaba exagerando.

Respiré hondo un par de veces y salí de baño ahuecándome el pelo con los dedos.

Cuando llegué los chicos ya habían ganado y estaban celebrando su victoria, como yo había supuesto desde el principio.

Con una sonrisa en la cara y pretendiendo que los celos que estaba sintiendo no estuviesen ahí, sujeté la pelota y señalé a Zayn con el dedo.

—Contra vosotros no he jugado. Quiero jugar contra vosotros.

Harry, Aiden y Louis se estaban moviendo hasta el sofá para continuar con su conversación con Cher y Yina, que hablaban con volumen y muchas carcajadas.

—Tía, yo quiero estar un rato con Aiden —me dijo Ellen, poniéndose a mi lado.

Gruñí. Dirigí mi mirada hacia los sofás e ignoré lo mejor que pude el salto que dio mi estómago cuando vi que Harry y Cher se habían sentado juntos en el sofá.

—¿Yina? —dije llamándola, y automáticamente giró la cabeza para mirarme—, ¿quieres jugar otra ronda?

La chica asintió con efusividad y se acercó de nuevo a la mesa.

Niall frotaba la pelota entre sus manos para continuar con el juego, aunque yo estaba demasiado centrada en el sofá de detrás del grupo de chicos que estaban al otro lado de la mesa. Naturalmente estaban hablando los cinco entre ellos, aunque pude ver cómo ella reía con cada comentario que hacía el chico de rizos, y cómo él se esforzaba para que ella se riera. Como hacía conmigo.

Tuve que centrarme bien, Yina me tendía la pelota, aunque me importó poco cuando no encesté y tuvimos que beber las tres de nuevo. Jess me estaba mandando miradas con motivo de venir en mi ayuda, aunque pude esquivarlas con agilidad, llevándome el vaso a la boca más veces de lo necesario.

No podía dejar de mirarlos, por mucho que mi mente me dijera que sólo me estaba imaginando cosas, yo sabía que la manera en la que le estaba acariciando el brazo no lo eran, yo había estado alguna vez en su situación, intentando no doblarme bajo su roce. Justo como estaba haciendo ella, a juzgar por la mirada que le dirigía.

Estaba tan enfrascada en ellos dos que ni siquiera me había dado cuenta de que Yina se había puesto extrañamente cerca mío. Sacándome de mi ensoñación de un tirón, descrucé los brazos mientras le dirigía una sonrisa a la chica de rizos, que me miraba expectante.

Ella, sin decir ninguna palabra todavía, señaló a la pareja con la barbilla y me miró como si el momento que más había ansiado acabase de llegar.

—Ahora sabes lo qué se siente.

Parpadeé un par de veces sin saber qué era exactamente lo que tenía que responderle. Como una estúpida y sintiendo el alcohol darme una patada en la espinilla de pronto, empecé a titubear, costándome pensar de pronto, dejando las palabras amontonarse en mi garganta. Ella también lo estaba viendo, lo que lo hacía horriblemente real.

—No tienes que decirme nada —me interrumpió—. Sólo que sepas lo que duele.

De pronto mi mente hizo un clic y me incorporé de la encimera en la que estaba apoyada. Dando un último trago a mi bebida, llené mi vaso de cerveza y valentía. Al darme cuenta de que el juego había concluído hacía un rato, sujeté el vaso que acababa de llenar y me acerqué al resto del grupo, tratando de pasar del nudo de mi garganta al sentarme en el suelo, justo en frente del sofá en el que estaban sentados Harry, Cher, Ellen y Aiden. Trataba de no mirar recelosa el sitio en el que estaba sentada Cher, ya que ese hubiese sido mi sitio si no fuese por ella. Simplemente me crucé de piernas y dejé el vaso de plástico en la mesilla que nos separaba. Jess se sentó al lado mía y me sonrió para darme apoyo moral, aunque yo ya sabía lo que estaba haciendo, por lo que aparté la mirada y la ignoré.

Hasta ella lo estaba viendo.

Mis pensamientos quedaron interrumpidos cuando Ellen se incorporó de pronto con el teléfono en la mano y con una cara de horror en el rostro que, curiosamente, me hizo estallar en carcajadas cuando la vi.

—Jane, no te rías. Esto te concierne —me dijo, levantando la mirada de su móvil para dirigírmela con seriedad.

—¿Concierne? —dije todavía con risas colgando de mis labios, notando que la sala estaba riendo con mi felicidad repentina.

Harry incluso colocó el brazo que tenía en el respaldo detrás de Cher en su regazo. Ellen seguía con su rostro serio.

—¿Qué pasa? —respondí, tranquilizándome un poco.

—Es un artículo que habla de ti y de Dan.

Resoplé y Jess a mi lado soltó una carcajada.

—¿Y qué dice? —preguntó ella por mí.

—Prácticamente, no se cree nada de lo que estais haciendo —dijo, esperando a que aquello fuera todo.

Notando cómo todas las miradas en la sala, ahora en silencio, se posaban en mí, decidí que era un buen momento para mantener la atención centrada en mí.

—Léelo —dije sorprendentemente.

Mi cabeza decidió que era un buen momento para que el gato saliera de su jaula una vez por todas.

Ellen me dirigió una mirada de nuevo, advirtiéndome de lo que estaba a punto de hacer, aunque yo se la devolví dándole todo mi consentimiento. Se aclaró la garganta dándome un último aviso, aunque yo no la paré.

—"Supongo que todas nos acordamos de Jane, la chica que no lo tuvo muy difícil en supuestamente robarle el corazón a nuestro Harry. Sabemos que últimamente, para nuestro desconcierto, la hemos pillado más de una vez del brazo de un desconocido, que según nuestras fuentes más cercanas se trata de un antiguo novio que tuvo la rubia. De todas formas, nos extraña lo cariñosos que se muestran en las siguientes fotos que os adelantamos", ¿quieres verlas, Jane?

Acababa de dar un trago a mi vaso, por lo que traté de no reírme muy fuerte por miedo a que la bebida se me fuese por otro lado.

—Creo que voy a pasar, gracias.

Jess de nuevo se hizo cómplice de mis risas, aunque Ellen, como el resto, pasó de nosotras y siguió leyendo el artículo:

—"¡Demasiado pegajosos para nuestro gusto! De todas formas, no temáis (¿o sí?), que sabemos a ciencia cierta de que esa relación es ¡totalmente falsa! Lo sabemos gracias a que pillamos a nuestra rubia de nuevo saliendo del complejo de apartamentos de Harry con una sonrisa de oreja a oreja. No os preocupéis, nosotros sabemos que es falso, ¡y vamos a darte todos los detalles paso a paso y foto a foto! La prueba número uno que nos demuestra que esta relación es falsa es la cara que pone Jane en cada una de las fotos que tenemos de ellos dos cuando están juntos. Quiero decir, ¡miradle! Parece que acaba de salir de una dolorosa depilación láser!" —Ellen tuvo que hacer una pausa para soltar una carcajada, mientras inclinaba el teléfono para enseñar a Harry la foto que posiblemente la página había facilitado.

Después de que todo el mundo se hubiese acercado a ella para ver la maldita foto, la cual a mí no me hacía especialmente ilusión ver, ya que podía imaginarme la cara que llevaba, Ellen siguió leyendo, ahora con un humor algo más ligero:

—"Cosa que nos lleva a la prueba número dos: la cara que pone cada vez que está con Harry. Esto puede que escueza un poco, pero no podemos negar que parece perfectamente feliz cada vez que le mira, ¡y nosotras no podemos estar más de acuerdo! Sabemos que esa es exactamente la cara que pondríamos nosotras si Harry nos mirase de esa forma." —De nuevo Ellen le enseñó el teléfono a Harry, y yo tuve que apartar la mirada cuando él me la quiso dirigir a mí—. "La prueba número tres no es más que otra de las afirmaciones que todo el mundo nos ha señalado, y es el hecho de que el chico desconocido no es nadie menos que su ex, posiblemente haya historia entre ellos, ¡pero eso es todo! La prueba número cuatro nos parece algo redundante destacados los hechos, aunque no hemos podido evitar compartirla con vosotras las lectoras; ¡Jane está completamente enamorada de Harry! Otra cosa está por ver si es correspondido o no...".

Menos mal que Ellen y Jess ya habían estallado en risas para facilitarme el trabajo, que pude ocultar lo colorada que me había puesto con unas cuantas carcajadas. Incluso Niall estaba rojo de la risa, aunque no fui capaz de escuchar sus risas por encima de las de Yina, que estaba hasta dando palmas del ataque de risa que le estaba dando. Trataba de no mirar demasiado a Harry, pero también pude verle reír levemente, cosa que quisiera que hubiese sido un alivio. Lo cierto es que verle reírse ante aquello no ayudó a que mi corazón recompusiera su postura, sino hizo que se hundiera algo más en mi pecho. Tuve que dar otro trago del alcohol para distraer la mente.

—Qué adorable —dije, esbozando la mejor sonrisa falsa que me salía cuando estaba borracha.

—¿Lo estás? —preguntó Liam de la nada, y el corazón se me subió a la boca por unos segundos.

Tragué saliva antes de responder.

—¿A qué te refieres?

—A lo de la relación. Si lo estás falsificando, quiero decir.

—Oh —tuve que reírme, ya que estaba horriblemente aliviada—. No hay ninguna relación, para empezar. Es un amigo —hice una pausa para suspirar—. Sólo quiere hacer que lo parezca.

Zayn esbozó una mueca con las cejas.

—¿Por qué?

—Porque es gilipollas.

La gente de la sala me miraba con incertidumbre en las miradas, a excepción de Ellen, que se la escuchaba reírse por el fondo suavemente.

—No entiendo nada —dijo Niall, incorporándose en el sofá en el que estaba sentado.

Hice un gesto con la mano para restarle importancia. Harry ni siquiera me miraba.

—No quiero hablar del tema, es una gilipollez.

—Ugh —Cher gruñó, y yo me di cuenta de que no la había visto reaccionar hasta entonces—. Putos periodistas, son lo peor. Un día te quieren y al día siguiente te dejan en bragas.

—Sí, bueno. No son los periodistas los que me suelen lanzar la mierda, en realidad. Son unos pesados, pero por lo menos hablan bien de mi, los días que voy depilada —respondí.

Por suerte dejaron el tema zanjado y volvieron a la conversación anterior, donde de nuevo volví a distanciarme de ellos por completo, ahora preocupada por las consecuencias que tendría después de que ese artículo se hubiese publicado. Casi notaba el icono del twitter temblar en la pantalla de mi teléfono cuando Ellen me mandó el enlace de la página para que se la pudiese enviar a Dan, el cual no tardó ni dos minutos en contestarme.

Dan: ....de acuerdo

Dan: entonces tendremos que hacer que se lo crean


Yo: yo creo que ya vale, no?


Dan: no

Dan: lo único que vas a tener que hacer es hacerlo más creíble

Dan: tienes que esforzarte más

Dan: cuando quedemos puedes besarme, por ejemplo

Dan: creo que ya es hora

Puse los ojos en blanco y dejé el teléfono en el suelo sin responderle. Me levanté del suelo para llenarme el vaso y tuve que esforzarme por no caerme al levantarme tan de golpe.

Aquello era lo último que necesitaba en esos momentos. Parecía que por mucho que intentase pasármelo bien a pesar de todo, el destino se había propuesto joderme la noche, por alguna u otra razón.

Yina se puso al lado mía mientras terminaba de servirme, y antes de que pudiera acomodarse, yo ya estaba poniendo los ojos en blanco y dando un trago enorme.

—Vaya, menuda noche estás teniendo, ¿eh? —preguntó con el puño en su cintura y una ceja alzada.

—Tú no lo estás mejorando —murmuré antes de dirigirle la mirada y una sonrisa falsa.

Ella se encogió de hombros.

—Déjame disfrutar un poco, ¿quieres?

Fruncí los labios y me crucé de brazos al ponerme en frente suya. La rabia me subía por la garganta.

—¿Sabes una cosa, Yina? Yo nunca te he hecho nada malo —solté, intentando no gritar demasiado, ya que prefería que la conversación fuera privada—. Ni siquiera te conocía y ya estabas mirándome mal. Está bien si quieres que tu excusa sea que los dos os conocéis desde que sois pequeños y que tenéis una relación rara de cojones, pero deja de ser tan desesperada, por dios. Estoy harta de tus niñerías, supéralo de una vez.

Tenía todavía esa mirada de superioridad en los ojos, como si a pesar de que yo tuviera razón y ella lo supiera, no quitaba el hecho de que él seguía haciéndole caso a otra chica que no fuera yo, cosa que la satisfacía enormemente.

De todas formas, se esforzó para dejarlo claro.

—A mí no lleva ignorándome toda la noche.

Solté una pequeña risa.

—Mira, Yina. La gran diferencia que hay entre tú y yo ahora mismo, es que yo voy a terminar la noche con él.

Sujeté el vaso todavía mirándole a los ojos y me separé de ella para volver a mi sitio de antes, con una sonrisa de satisfacción en la cara después de verle la cara desencajada al decirle aquello.

Como si me hubiesen chutado la adrenalina por vena, fui capaz de no dirigir ni una sola mirada al sofá infernal de enfrente mía y de pasar directamente a mi teléfono, donde Dan me había escrito unas tropecientas veces.

Ni siquiera leí lo que me había puesto, simplemente tecleé con rapidez.

Yo: Dan, querido

Yo: vete a la mierda

Yo: estoy harta de ti

Sabía que aquello acarrearía consecuencias y posiblemente severas, aunque mi yo borracha estaba muy orgullosa de la decisión que había tomado en aquel momento. El móvil vibró un par de veces en mis manos todavía, aunque lo ignoré super bien.

Al alzar la mirada con una sonrisa restaurada, Ellen tenía la lengua tan metida hasta el fondo de la garganta de Aiden que no pude evitar soltar una carcajada. Les lancé un papel que encontré en el suelo.

—¡Id aun hotel o algo! —les grité, y Ellen me lanzó la peor mirada de odio que le había visto.

Dan: no puedes hacer eso

Dan: sabes que lo voy a hacer

Me acerqué a Jess a gatas por el suelo, que hablaba con el resto de chicos en el otro sofá del salón. Me quedé sentada en el suelo. No les estaba escuchando, aunque me reía a veces para que pareciera que estaba siguiendo la conversación, cuando lo cierto es que estaba haciendo esfuerzos extraterrestres para ignorar el teléfono vibrar una y otra vez en mi bolsillo. Me estaba llamando.

Alguien me había dado unos golpecitos en el hombro y cuando miré hacia arriba, Harry me tendía una mano. La cogí para ayudar a levantarme.

—¿Qué pasa? —dije, poniéndome un mechón de pelo detrás de la oreja.

No estaba haciendo ningún esfuerzo por soltarme la mano, por lo que yo tampoco la moví ni un centímetro, disfrutando secretamente de su roce de nuevo.

—¿Podemos hablar un momento?

—Claro —respondí, y segundos después tiraba de mí para que le siguiera hacia la entrada del piso.

Me apoyé en la pared y mi seguridad de hacía unos segundos se estaba esfumando por momentos. Me sujeté el codo. Él me miraba con una sonrisa.

—¿No estaré interrumpiendo algo, no? —pregunté al notar su silencio.

No sabía muy bien por qué dije aquello, pero sólo quería dejar constancia de que les estaba viendo hacer manitas desde que ella había llegado. De todas formas no se lo tomó a malas y se rió levemente.

—Deja de decir gilipolleces.

Me uní a sus risas y tuve que morderme el labio con sutileza.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—En realidad no quería hablar de esto ahora mismo. Pero no dejo de darle vueltas.

—Está bien.

—Se trata de Dan.

—Ah —puse los brazos detrás mía contra la pared y bajé la mirada durante unos segundos—. Vale, sí. Dime.

La verdad era que con todo aquello que estaba pasando no me había dado cuenta de que no había recibido una reacción al tema de Harry, y el hecho de que me hubiese apartado para hablar de ello me resultaba satisfactorio cuanto menos, por mucho que tuviese los oídos taponados y la cabeza embotada por el alcohol. No pude evitar sonreír un poco.

—Bueno, yo sólo quiero saber si lo que dice el artículo es verdad...

—Ya sabes que sí. Quiero decir, sabes que Dan y yo sólo somos amigos y que no hay nada.

Me vi interrumpida cuando volví a sentir el teléfono vibrar en el bolsillo trasero, al sacarlo para silenciarlo de nuevo, ignoré como pude la llamada entrante del pesado de Dan y rezando porque Harry no se hubiese dado cuenta.

—¿Te está llamando?

Solté un gruñido.

—Sí, le he pasado el artículo.

—¿Está enfadado? —preguntó con cuidado.

Me encogí de hombros.

—Suele enfadarse cuando le mando a la mierda.

Nos reímos los dos y comencé a sentir cómo las palabras empezaban a pesarme en la boca. Suspiré.

—La verdad es que... bueno. No me gusta pasar tiempo con él. Es demasiado doloroso.

Apoyó la mano en la pared detrás mía y traté de no ponerme nerviosa al tenerle de nuevo tan cerca mío. Me lazaba dudas con los ojos, y cuando estuvo a punto de preguntarme, le interrumpí.

—Me está chantajeando.

Hubiese hecho lo que fuera necesario por mantenerlo tan cerca de mí todo el tiempo que pudiese, sentirle respirar contra mi piel y su pelo casi rozándome las mejillas. Aunque aquello que dije sólo hizo todo lo contrario, y mis entrañas sabían perfectamente que aquella iba a ser la consecuencia. Mi teléfono comenzó a vibrar de nuevo dentro de mi mano.

—¿Qué?

—Está bien, ya está. Ya me va a dejar en paz, en serio. Sólo está así porque ha visto que no funciona.

—¿Cuánto tiempo lleva haciéndolo?

Suspiré.

—No lo sé, mitades de noviembre, igual algo más tarde.

—¡Mitades de noviembre! Jane, ¿por qué no me lo has contado?

—Estabas centrado en el programa, no te quería distraer con tonterías así. Además, pensé que no iba a funcionar. Luego terminó y las cosas se calmaron para mí, y hasta hace unos días me había dejado en paz porque pensó que se habían olvidado de mí. Ha vuelto a acosarme desde que me sacaron esa estúpida foto el viernes pasado. Pero ya está, me he cansado y le he mandado a la mierda. Ya está.

Se cruzó de brazos.

—¿Con qué te estaba chantajeando?

—¿Qué?

—Que con qué te estaba chantajeando. Tiene que haber sido algo gordo si te hacía pasar tanto tiempo con él.

Negué con la cabeza.

—De verdad que da lo mismo, Harry. Posiblemente sea un farol, no tiene importancia, de verdad.

Solté un gruñido enorme cuando volví a ver cómo Dan estaba llamándome por tercera vez en lo que llevábamos de minuto. Antes de que pudiera hacer algo al respecto, Harry me quitó el teléfono de las manos y contestó por mi.

—Sí, hola, ¿Dan?

Me llevé la mano a la boca.

—Sí, sí, soy yo. Escucha... ¿te quieres callar un momento? Gracias. Entiendo que estás teniendo problemas de comprensión. La forma en la que Jane me lo ha contado, me queda lo suficientemente claro que sus intenciones con sus palabras son que te vayas a la mierda y que la dejes en paz de una puta vez. Yo no tengo ningún problema en repetírtelo las veces que haga falta, así que ¿quieres dejar a Jane en paz o necesitas más información adicional?... Sí, bueno, tu opinión me da bastante igual, así que hasta luego, un placer conocerte.

Le miraba con la boca abierta en una sonrisa mientras me tendía el móvil de vuelta, aunque él no parecía del todo divertido, se pasaba la mano por el pelo y fruncía el ceño al alzar la mirada para mirarme. Quise retenerme, aunque luego me di cuenta de que no tenía por qué hacerlo, mordiéndome el labio. Tardé dos milisegundos en meterme el móvil de nuevo en el bolsillo y en rodear su cuello con mis brazos para besarle con una sonrisa en los labios. Parece que le pillé de sorpresa, aunque a pesar de ello él tampoco tardó en poner sus manos en mi cintura y apretar mi piel bajo sus dedos.

—¿De nada? —dijo cuando me separé algo de él, sin soltar mis manos detrás suya.

—Oh, no te estaba dando las gracias, sólo me has puesto muy cachonda.

Nos reímos los dos a centímetros el uno del otro, y a mí me costaba a horrores no volver a sonreírle en la boca.

Por desgracia, Jess se materializó de la nada cruzando la esquina en la que nos habíamos escondido con una sonrisa picarona en los labios y sin parecer tener ningún reparo en interrumpir. Aún así, rebajó la sonrisa un poco y se aclaró la garganta.

—Perdón. ¿Interrumpo?

—No.

—¿Qué pasa?

Ella volvió a ampliar la sonrisa y se puso las manos detrás de la espalda.

—Vamos a jugar a algo. ¿Queréis uniros?

Después de aceptar y haciendo amago de volver al salón a hacer vida social algo más, Harry me dio un último apretón en la mano y un beso en la mejilla.

Me volví a sentar en el suelo donde estaba antes junto a Jess. Ellen pareció que me estaba esperando, ya que en el momento en el que senté el culo, se puso a mi lado con brillo en los ojos.

—¿Qué ha pasado? ¿Has hablado con Dan?

Fruncí el ceño y negué la cabeza mirándola incrédula.

—Ellen, déjalo ya. Todo está bien.

Parecía algo decaída cuando le respondí aquello, aunque en seguida volvió a incorporarse y a sentarse en el sofá de donde venía.

Mientras tanto, Cher ya había empezado a explicar las reglas del juego, con Harry de nuevo a su lado.

—Todos vuestros nombres están puestos en la aplicación de mi móvil, y cada vez va poniendo distintos retos, preguntas y cosas así. Si alguien decide no responder o no obedecer a lo que dice la aplicación, hay un número de tragos en penitencia. Habéis entendido, ¿no?

Después de que todo el mundo asintiera, colocó bien el teléfono para aclararse la garganta y empezar a leer. Aunque, antes de que siquiera abriera la boca, ya se había atragantado con su risa.

—Si alguna vez han publicado un artículo sobre ti en el periódico bebes tres tragos —dictó.

La sala estalló en carcajadas. Era realmente irónico, aunque por suerte nos lo tomamos todos con humor, y prácticamente cada uno de los presentes de la sala tuvo que cumplir con lo que decía la maquinita.

Cher soltó una carcajada antes de leer el siguiente.

—Harry, enseña fotos de personas desnudas en tu teléfono o bebe dos tragos.

El chico frunció el ceño y se llevó el vaso a los labios sin pensárselo dos veces.

—No tengo ninguna —aclaró encogiéndose de hombros—. Pero si tuviera, tampoco las enseñaría, psicópatas.

—Mentiroso —dijo Ellen a su lado.

—Las suyas propias no cuentan —comentó Liam entre risas.

Solté una carcajada, aunque quedó camuflada por el resto de risas que llenó la sala. Harry ni siquiera parecía afectado ante las acusaciones, sino que reía junto a nosotros.

—Vale —continuó Cher—. Las chicas tenemos que beber nuestra talla de sujetador. O sea, si tienes una A bebes un trago, si tienes una B bebes dos, etcétera.

Vi a Ellen haciendo cuentas con los dedos para después beber tres tragos y tuve que soltar una carcajada. Puse los ojos en blanco.

—¿Qué se hace si no tengo? —pregunté en un murmullo, completamente en serio, aunque con una sonrisa.

Pude ver cómo Harry soltaba una carcajada, aunque Ellen puso los ojos en blanco.

—Tu sólo bebe.

—Ellen —siguió Cher con el móvil en alto, después de beber—, tienes que juzgar a todos los que estén peor vestidos que Yina y tendrán que beber dos tragos cada uno.

Ellen se rió.

—Literalmente, nadie —dijo mi amiga con segundas intenciones, aunque Yina lo único que hizo fue soltar una carcajada—. No, ahora en serio —continuó Ellen pasando de ella, paseando la mirada por la sala—, no creo que nadie vaya mal vestido hoy, la verdad. Pero Aiden, esa chaqueta podrías haberla dejado en casa.

El chico la sonrió y le sacó la lengua burlón antes de beber dos tragos al que le había condenado. Sabía que probablemente Ellen no pensara de esa manera, sino que se trataba de otra de sus muchas maneras de ligar y tontear con él. Ella le lanzó un beso en el aire.

—Cada uno que beba tantas veces como personas se tirarían en esta sala —rompió el silencio de nuevo Cher.

Puse los ojos en blanco y di un trago. La verdad es que esas preguntas tan clichés me estaban aburriendo un poco, aunque me di cuenta de que todo el mundo bebió de su vaso —a excepción de Liam y Niall— por lo menos una vez.

Louis, al poner su vaso sobre el regazo después de beber, analizó el panorama con una carcajada.

—Así que nadie puede hacer un trío aquí —comentó.

Solté una carcajada antes de ver cómo Jess a mi lado bebía sutilmente dos tragos.

La miré con interrogantes en la mirada, aunque ella me la esquivó con una sonrisa en los labios y un pequeño baile con los hombros para acomodarse el pelo detrás de la espalda. Puede ser que estuviese un poco distraída con el hecho de que Harry tan sólo había bebido una vez también, y no dos como yo me habría esperado. O incluso tres. Era bastante abrumador la situación en la que me encontraba. Aunque muy satisfecha con el resultado, para qué mentir. Mi autoestima se vio complementada con un subidón y no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa.

—Jane —continuó Cher, levantando la mirada para mirarme—, estás en un aprieto. Tienes que elegir verdad o reto. Elegimos nosotros.

Gruñí y acerqué mi vaso a los labios.

—Verdad —dije antes de beber un trago.

—¿Con cuántas personas te has acostado? —preguntó ni dos segundos más tarde de comentar mi decisión.

Ni siquiera me había dado tiempo a tragar mi bebida.

—Qué rapidez —solté una carcajada.

Titubeé por un segundo sabiendo que no debería estar tardando tanto en contestar si la respuesta no era tan difícil, aunque con algo de miedo de decir en voz alta. Realmente no necesitaba que nadie se empezase a preguntar quién era esa tercera persona y cuándo había ocurrido tal suceso, sobre todo ciertas personas en la sala.

—Tres —dije a pesar de todo aquello que me rondaba la cabeza.

—¿Tres? —preguntó casi chillando Yina, aunque segundos más tarde se volvió a apoyar en el sofá pretendiendo que no había dicho nada.

—Pareces muy sorprendida, Yina —comentó Louis, probablemente recordándole acerca de todo lo que me dijo en Cheshire.

Se puso colorada y yo solté una carcajada, ignorando como podía a Jess sentada a mi lado, haciendo preguntas mudas. La ignoré del mismo modo que ella me ignoró a mí.

—Ugh, me aburro un montón —dijo Ellen interrumpiendo, gracias a dios, lo que estaba sucediendo—. Juguemos a otra cosa.

Louis en seguida se levantó del sofá como si alguien lo hubiese llamado y fue en dirección a la cocina para volver segundos más tarde con una botella vacía en la mano. La dejó encima de la mesilla del salón y la señaló con una sonrisa en el rostro como si hubiese descubierto América, alzando las cejas orgulloso.

—Vamos a jugar a la botella.

Gruñí de nuevo.

—¿En serio?

—Sí, Jane. Y no estoy preguntando —me guiñó un ojo y se dejó caer en el sofá.

Le sonreí y le saqué la lengua.

Ellen se incorporó del sofá al ver que nadie quería dar la iniciativa y puso los dedos sobre el plástico.

—Yo empiezo.

Miró a Louis para su aprobación, que asintió levemente. La castaña bajó la mirada a sus dedos y giró la botella con elegancia. El morro, cuando dejó de dar vueltas, apuntaba sin ninguna duda a Liam.

Ellen le dedicó una seductora mirada con las cejas algo curvadas y se acercó a él para darle un pequeño beso en los labios. Al separarse, Louis la miraba con el ceño fruncido.

—¿Qué coño ha sido eso? Dale un beso en condiciones, ya no somos niños.

Ellen, en vez de molestarse, soltó una carcajada, y antes de dedicarle una mirada a Aiden, sujetó la cara de Liam entre las manos y enredó la lengua con la suya de tal manera que hasta pude verlo.

Aparté la mirada metida en un coro de gritos de los chicos alrededor suya, y algún que otro aplauso.

Ellen se separó de él y volvió a sentarse. Liam ni siquiera se veía afectado por lo que acababa de pasar, aunque tuvo que secarse los labios con los dedos y no dejaba de sonreír, ignorando las risas y burlas de Niall y Zayn que estaban sentados a su lado.

—No quiero besitos de niños, ¿ha quedado claro? —recalcó una vez más Louis.

Aiden sujetó la botella, que acabó apuntando a Cher.

Ella soltó una carcajada y se levantó del sofá al mismo tiempo que lo hizo el chico, y de pie, ambos juntaron los labios casi tiernamente. Ella tiró de su cuerpo para ponerlo contra el suyo y enredó los brazos en su cuello hasta ponerse de puntillas, haciendo que los gritos y los aplausos volviesen a reinar la sala. De nuevo, tuve que apartar la mirada.

Odiaba ese tipo de juegos. Pero si algo odiaba más, era ver a gente besarse.

Yina sujetaba la botella entre los dedos hasta que llegó a parar en frente de Louis. Dejé escapar el aliento que sin saber muy bien por qué había retenido en los pulmones, aunque aliviada cuanto menos. No me apetecía volver a tener que pasar por aquello, y muchísimo menos quería que la morena tuviese algo que echarme en cara.

De nuevo, tenía que andar de puntillas para no acabar con el corazón rajado. Alerta ante todo.

Louis paseó la mirada entre los componentes de la sala.

—Ah no, no, pero yo no juego —dijo sin preocupaciones, con un tobillo encima de la rodilla observando el juego con tranquilidad.

Los abucheos le llovieron de todos los lados, hasta que al final sonrió y levantó las palmas de las manos para relajar a la gente.

Cuando llegó el turno de Jess llevaba una de las sonrisas más pícaras que había visto en nadie. Giró la botella y estratégicamente volvió a caer en Cher, que ni siquiera estaba prestando atención.

—Tira otra vez —dijo Yina.

Jess le dirigió la mirada sin decir nada, aunque Ellen en seguida se incorporó con los brazos en jarras.

—¿Por qué? —casi gritó.

—Somos muchos, es imposible que no caiga de vez en cuando con alguien de nuestro género. No se va a caer el mundo —dije yo, algo más calmada.

Yina le dirigía la mirada exclusivamente a Jess, que permanecía callada en todo momento.

—¿Tú qué dices?

—Yina, vas a tener que besar a chicas y nosotros vamos a tener que besar a chicos —intervino Louis—. Bienvenida al 2011.

Ella parpadeó y se encogió de hombros.

Jess, cuando por fin todo el mundo se hubo calmado, se levantó del suelo con una mirada triunfal en los ojos y caminó hasta donde estaba sentada Cher, que no se lo vino venir. Con una sonrisa, Jess apoyó una mano en el respaldo del sofá antes de colocar los dedos en el mentón de Cher y darle un tierno beso en los labios, aunque sin dejar de ser apasionado, y más sincero de lo que pensé que sería.

Cuando se separó, Cher realmente parecía ensimismada, aunque Jess ni siquiera le dirigió la mirada cuando volvió a sentarse a mi lado en el suelo.

Me puse de rodillas en el suelo al ver que mi turno ya había llegado. Nunca había jugado a ese juego en mi vida, si soy sincera, y estaba algo nerviosa. Cuando por fin empezó a girar, la idea de tener que besar a alguien no me atraía para nada, ya que consideraba a todos los que estaban en la sala —o por lo menos a la mayoría— demasiado amigos como para querer comerles la boca.

Puedes adivinarlo si quieres. En serio. Apuéstate algo.

Efectivamente. Los chicos del sofá al lado mía soltaron carcajadas cuando vieron que la botella apuntaba directamente a Harry, que ya empezaba a sonreír.

—Venga ya —se quejaba Ellen.

—Ella sí que debería tirar de nuevo —comentó Liam, señalando la botella.

Louis se estaba descojonando.

Alcé la ceja y lancé una mirada a todos los que me estaba mirando antes de levantarme del suelo y rodear la mesilla que estaba en medio.

—Callaos y observad. Tal vez podáis aprender algo —dije.

Sin separar mi mirada de la de Harry, que bajaba la suya por mi cuerpo, apoyé las rodillas en el sofá en el que estaba sentado para poder estar más cerca suya, casi sentándome encima. Puse los dedos en su nuca antes de atraerle hacia mí para presionar mis labios sobre los suyos, tardando menos de dos segundos en dejarle entrar de esa forma que ya tan acostumbrada estaba. Sentí su mano apretándome la cadera, sabiendo perfectamente qué es lo que habría planeado pellizcar en el caso de no haber estado tan rodeados de gente. Clavé sutilmente mis uñas en su cuello, deseando que captara el mensaje; lo muchísimo que deseaba que pudiese hacer todo aquello que estaba dibujándose en su mente. Pellizqué su labio inferior con los dientes antes de separarme de él. Su mirada estaba encima de la mía cuando me levanté del sofá, viendo la lujuria soltando chispas por sus ojos.

Me volví a sentar en el suelo algo temblorosa, sintiendo lo que estaba pasando a mi alrededor con una bruma, sin realmente escuchar lo que estaban diciendo. Sabía que Ellen se estaba riendo a pesar de todo lo que se había quejado, y que Cher compartía las risas con Louis sentado a su lado en el otro sofá. También sabía perfectamente que Harry todavía no había conseguido apartar la mirada de encima mía, y que ya no me la dirigía de forma tan inocente.

Ni siquiera le presté atención a Niall cuando tuvo que juntar los labios con Yina, en la habitación no quedaba otra cosa más que él en frente mía y las luces difuminadas con el ambiente tenso que casi podía rozar con los dedos. Sus ojos vacilaban entre mis ojos y mis labios, deteniéndose en cada detalle de mi cuerpo, y en cómo se ajustaba mi ropa a él. Yo le dejaba que disfrutara de mí a distancia, mientras de nuevo colocaba un brazo en el respaldo del sofá, no sin antes pasarse una mano por el pelo. Casi inconscientemente tuve que morderme el labio. Era perfectamente consciente qué es lo que acababa de hacer y por qué, con un objetivo bastante claro en mente. Lo estaba consiguiendo casi a la perfección.

Sutilmente, aunque con una pequeña sonrisa en el rostro, el chico me apuntó con los ojos a la puerta de su habitación. Tuve que apartar la mirada para evitar soltar una carcajada, y pude transformarla en una pequeña risa. Cuando volví a alzar los ojos, pude ver que él también reía ligeramente, aunque luego bajó la barbilla para dejarme claro que no estaba bromeando.

Había pulsado el botón adecuado, sonreí satisfecha.

Nos comunicamos los siguientes segundos a base de miradas, hasta que yo asentí para que supiera que me estaba muriendo por encerrarme en esa habitación con él.

Aparté la mirada cuando se incorporó en el sofá y se bajó la camiseta antes de levantarse. Murmuró algo para el grupo que no pude escuchar y caminó hasta la puerta para cerrarla detrás suya.

Cuando se marchó fue cuando me di cuenta de que Ellen me estaba mirando. Me levanté del suelo para sentarme a su lado, y ella me apretó el brazo nada más sentarme con una sonrisa.

—Anda, ve.

—No vengo a pedirte permiso.

Las dos nos reímos y me dio un beso en la mejilla.

—Protección, señorita. Que nos conocemos.

Puse los ojos en blanco con una sonrisa antes de levantarme del sofá. Choqué la mano con Louis cuando pasé por su lado y me guiñó un ojo, mientras sentía la mirada de Yina clavada en mi espalda. Ni siquiera me paré a mirarla, ella sabía que yo llevaba la razón.

Sabía cómo hacer que me desease con tan sólo mirarle y humedecerme los labios.

Ahora ella lo sabía. Ella y toda la sala. Nadie se estaba preguntando por qué.

Fuera lo que fuese lo que tuviese con Cher, el poder lo tenía yo. En la punta de los dedos, en la punta de la lengua, de mis pestañas y mis labios.

Nada más cerrar la puerta detrás mío, él ya había puesto los puños contra la puerta para atraparme con su cuerpo contra la madera. Ni siquiera me asusté, bajé la mirada inmediatamente a sus labios, y conforme me besaba escuché cómo cerraba el pestillo.

Sin separar sus labios de los míos, me sujetó de los muslos y me obligó a subirme a su torso para que pudiese transportarme como había hecho otras veces hacia su cama. Me abrió las piernas con sus caderas al subir por encima mía, con una mirada juguetona en los ojos y preparado para recorrer sus labios por mi cuello.

—¿Por qué has tardado tanto? —preguntó con voz ronca, mientras tiraba de mi camiseta por mi cabeza.

Me reí suavemente antes de que mi voz quedara interrumpida por un gemido que me arrancó al notar sus labios por mis costillas. Repartía poco a poco sus mordiscos por mi piel, sujetándome las muñecas contra el colchón para impedir que me moviera.

Sus rizos me tocaban la frente cuando de nuevo subió su mirada para estudiarme los ojos, escucharme más de cerca, con el ceño fruncido y su nariz rozando la mía.

—¿Tanto me quieres? —ronroneé contra sus labios.

Esbozó una sonrisa segundos antes de volver a entrelazarse conmigo, volviendo a presionar el play y dejando por fin que bajase las manos por su pecho hasta luchar con el cinturón de sus vaqueros, sin dejar que su lengua parara de jugar con la mía.

Con dedos ágiles, mirada predecible y lengua juguetona, consiguió inmovilizarme durante unos cuantos minutos mientras hacía conmigo todo lo que llevaba soñando desde la última vez que pude tenerle entre mis piernas. La tensión sexual se deshizo en un hilo moldeable a nuestros cuerpos, él dejando sus marcas por mi piel, yo tratando de no arañarle demasiado fuerte cuando decidía susurrarme en el oído.

El juego que me propuso no tenía reglas y un sólo objetivo que los dos estábamos muriendo por cumplir a base de risas. Sus dedos cada vez apretándome más las caderas contra él. Su aliento contra mi cuello, mis dedos clavados en su espalda y su pecho, mi pelo enredándose con el suyo. Las carcajadas intercambiadas por gemidos. Desató toda una odisea por mi piel, las olas subiendo y bajando conforme se curvaba bajo su roce, con suavidad y ferocidad a la vez, su voz grave en mis oídos terminando el trabajo de ponerme en punta por completo. Me juraba con la voz quebrada y esbozada en una sonrisa que se encargaría él mismo de cortarme las uñas, mientras hacía lo posible por que mi carcajada saliera en forma de suspiro, cerrando los ojos con fuerza y pasándole un dedo por los labios. Antes de volver a sonreír satisfecho y morderme la clavícula.

Borró de mi mente con sus caderas las miradas que había compartido con ella escasos minutos antes, que tanto me habían desencajado, para de nuevo sujetarme la cara y obligarme a centrarme en lo que estaba sucediendo. No me importaba, sólo quería que pasara sus dedos una vez más por mi cintura y me hiciera curvar la espalda de placer. Valía la pena, me mordía el labio al verle cerrar los ojos con una mano en mi pecho y una sonrisa torcida y disfrutando de mí, rompiéndose en un gemido. Nos deshacíamos entre sus sábanas y le dejaba que enredara sus dedos en mi pelo, escuchando su aliento calmado entremezclado con los latidos de su corazón en su pecho, tranquilizándose poco a poco, como la nana perfecta para quedarme dormida.

parte iii: veinte

Fue doloroso, el final. La sensación de la brisa suave entre el pelo pronto se transformaría en vientos huracanados sin ningún control. Ahogándome en el agua que me rodea, mientras me tiran hasta abajo miles de dedos, y el agua helada empieza a clavarse en mi piel como cuchillas afiladas. No es un final feliz.

El 2011 comenzó con un agradable sabor de boca, a pesar de todo. Los chicos habían aprovechado el mes de enero para instalarse en sus nuevas casas en Londres, y yo no quería admitir lo feliz que eso me hacía. Aquello significaba que podía visitarles todas las veces que quería y pasar el menor tiempo posible en mi casa. Mis padres se estaban divorciando, por lo que en casa el ambiente era, desde luego, evitable. Así que, sobre todo los viernes, iba directa al apartamento de Harry y Louis después de clase, sin ni siquiera cambiarme el uniforme, y nos pasábamos la tarde jugando a videojuegos. Ellos estaban muy liados con la preparación del tour que empezaría a mitades de febrero y otros compromisos que sólo su nombre y su marca les permitía hacer. Aunque, por lo menos, los fines de semana los tenían libres, permitiéndome a mí pasar tiempo con ellos.

Las cosas habían mejorado para mí. No mucho, no voy a decir que del todo, pero sí que sentí que el aire entraba en mis pulmones, y no se quedaba atascado en mi garganta. Cuando terminó el programa parece ser que hasta los medios de comunicación se habían tomado un descanso de unas cuantas semanas, dando la oportunidad a los concursantes de descansar en sus respectivas ciudades con sus familias. Y por tanto también a mí, de la que dejaron de hablar en seguida. Sabía que aquello probablemente no duraría mucho y que el oasis de tranquilidad pronto se vería envuelto en una tormenta de arena, por lo que trataba de disfrutar al máximo. Además de que los ataques de ansiedad habían disminuido considerablemente y me había bajado la regla.

Hasta Dan se había dado cuenta de que ya no valía la pena segur haciendo lo que estábamos haciendo, ya que nadie nos prestaba atención, lo que fue un gran alivio para mí, así podría dejar de sentirme culpable cada vez que me lo pasaba mínimamente bien cuando estaba con él, cosa que pasaba más habitualmente de lo que quisiera admitir. Aún así el chico, que parecía que también estaba disfrutando de mi compañía como nunca, seguía mandándome mensajes diarios, a los cuales no tardaba tanto tiempo en contestar. De todas formas, una vez empecé a pasar más tiempo con Harry esa sensación se fue como había venido, ya que por fin mi cuerpo tuvo un buen repaso después de no verle durante casi un mes y mis sentimientos se acordaron por qué ese chico conseguía ponerme tan en punta cada vez que estaba con él.

Febrero se acercaba con rapidez y Louis llevaba una semana entera mandándome mensajes acerca de la fiesta sorpresa que le quería hacer a Harry por su cumpleaños, incluso cuando estábamos los tres juntos tirados en el sofá.

🌻👽Louis🌻👽: Crees que le gustará la tarta de chocolate?

Yo: no sé

Yo: las tartas de chocolate no decepcionan nunca, de todas formas

🌻👽Louis🌻👽: Pregúntale

Me aclaré la garganta y presté atención al juego que estaba jugando Harry en la pantalla, concentrado en sus actos. Tuve que esforzarme en no distraerme con sus dedos en el mando de la consola.

—¿Harry?

—Hm —respondió sin separar los ojos de la pantalla.

—¿Te gusta la tarta de chocolate?

Tardó unos segundos en responder, tratando de no perder concentración y sin dejar de jugar. Ambos esperamos pacientemente.

—Sí, está bien, ¿por qué?

Me encogí de hombros por mucho que supiera que no me podía ver.

—Curiosidad.

🌻👽Louis🌻👽: Gracias

🌻👽Louis🌻👽: He hablado con Yina para invitar a algunos amigos suyos de su pueblo

🌻👽Louis🌻👽: Pero me ha dicho que ellos ya lo van a celebrar allí la semana que viene

🌻👽Louis🌻👽: Así que estaremos los de siempre

Yo: pero Yina viene

Yo: no?

🌻👽Louis🌻👽: Sí

🌻👽Louis🌻👽: Me lo confirmó ayer

🌻👽Louis🌻👽: También vendrán Aiden y Cher

Yo: genial

Harry pausó el juego y yo solté el móvil para devolverle la mirada que me estaba dirigiendo con una sonrisa.

—No iba a decir nada —comentó—, pero ya sé que estáis organizando una fiesta.

Louis y yo soltamos unos gruñidos de decepción, aunque sonrientes. La verdad era que muy sutiles tampoco habíamos sido.

—¿Cómo lo has sabido? —preguntó Louis mientras yo me reía.

Harry le dedicó una sonrisa llena de reproche, y alzó una ceja como si fuera obvio.

—Porque no soy estúpido —dijo y volvió a colocar las manos en el mando para continuar con su jugada.

Louis y yo nos miramos y él se unió a mis risas.

Por casualidad, miré mi reloj y me levanté de un brinco del sofá, distrayendo a Harry que me dedicó una mirad rápida.

—Mierda, me tengo que ir —dije mientras tiraba de la falda del uniforme.

Le di un beso en la mejilla a Harry y otro a Louis, que estaba sentado en el otro sofá.

—¿A dónde vas? —preguntó extrañado, ya que normalmente los viernes me quedaba hasta tarde.

Me coloqué la mochila en la espalda y me dirigí hasta la puerta.

—Ethan me está esperando en la puerta de mi casa, y tengo un cuarto de hora en metro antes de llegar.

—Deberías decirle que se pasase alguna vez por aquí, hablas mucho de él y ni siquiera nos has presentado —sugirió Louis cuando ya había abierto la puerta para marcharme.

Hice una mueca con los labios.

—Ya veremos. Nos vemos el viernes, ¿vale? Harry, sorpréndete aunque sea, ¿eh? —dije, y cerré la puerta antes de que pudiesen responder.

Personalmente no tenía ningún problema en tener que presentarles a mi amigo, pero simplemente sabía que no se iban a llevar bien. Sabía por alguna razón que posiblemente serían amables los unos con los otros, aunque lo harían porque estaba yo de por medio, y de lo contrario, nunca serían amigos. Además que a mí me ponía en una situación incómoda, ya que Harry no conocía mi historia con Ethan y realmente prefería que aquello quedase así. Ethan por su parte también me decía muchas veces que quería conocerle, pero sabía que muy en el fondo lo hacía sólo para hacerme feliz, ya que de ninguna manera iba a querer conocer al culpable de que no estaba con él en ese preciso momento.

Pensaba que la pausa que habíamos hecho el uno del otro iba a ser mejor sobre todo para él, pero sabía que estar en su ausencia no me había aportado nada positivo a esos últimos meses infernales que había vivido. Al reencontrarme con él en ese corto periodo que tuve de tranquilidad, sentí que volvía una parte de mí. Él juraba que había superado todos los sentimientos que tenía hacia mí y yo le creía, aunque le había pillado más de una vez mirándome esperando que no me diese cuenta.

No le podía culpar. Superar a alguien es lo más duro que he tenido que hacer.

Prácticamente corrí desde la salida del metro hasta mi casa, maldiciendo los estúpidos zapatos que nos obligaban ponernos y las medias que estaban continuamente bajándose. Llegué sin aliento hasta la puerta de mi casa, donde tuve que apoyarme en las rodillas para poder respirar bien de nuevo.

Ethan se rió al verme.

—Eres una exagerada.

—Cállate —dije, incorporándome y sacando las llaves de casa de la mochila, todavía recuperando el aliento.

Me miró con el ceño fruncido.

—¿Vienes ahora de clase?

Abrí la puerta y dejé caer la mochila en el descansillo, sin esperar a quitarme esos zapatos infernales.

Negué con la cabeza.

—Tenía que hacer una cosa antes de venir, y se me ha pasado por completo que había quedado contigo —mentí conforme subíamos las escaleras hacia mi habitación.

No me gustaba particularmente hablar de Harry cuando estaba con Ethan, por mucho que sabía que probablemente no le importaría que lo hiciese, pero de alguna manera pensaba que le haría daño innecesariamente. Sabía que el día en el que podría hablarle de él de nuevo estaba próximo, y cuando llegase lo sabría.

Me tumbé en la cama y tiré el teléfono lejos de mí.

—Ugh, necesito un móvil nuevo —me quejé.

—La verdad es que llevas años con esa blackberry.

—¿Crees que debería aprovecharme de que mis padres se estén divorciando para conseguir uno nuevo?

El chico se sentó en la cama y soltó una carcajada.

—No seas hija de puta.

Me encogí de hombros.

—¿Qué tal lo llevas, por cierto?

—En realidad estoy bastante contenta de que por fin se hayan decidido en hacerlo, porque los últimos meses han sido infernales.

Yo lo recordaba mucho más caótico de lo que había sido en realidad por todo lo que estaba pasado al mismo tiempo en mi vida, si encima le añadía que mis padres se comportaban como críos cuando estaban en la misma habitación. Sabía que mi padre había tenido que dormir en la habitación de invitados durante un tiempo antes de que le pidiera el divorcio a mi madre. Realmente estaba contenta, ya que mi madre se había ido a vivir temporalmente con una amiga hasta que por fin se decidía si quedarse en Inglaterra o marcharse de nuevo a España, por lo que había mucha calma en la casa. Emma estaba en trámites de irse de casa para ese verano, por lo que sólo quedaríamos mi padre y yo, así que era bastante seguro de que mi madre se bajaría al sur.

—Y así dejo de ver a mi madre por fin, últimamente está insoportable.

No me llevaba nada mal con mi madre, al contrario. Pero estaba pasando por una fase difícil con ella, después de años enteros pensando que era una persona distinta a la que ellos estaban acostumbrados que fuera. De pronto tuvieron que convivir con alguien que no conocían, y la máscara que me ponía de chica buena al estar en su presencia dejó de hacer efecto. Tuve que enfrentarme a charlas enteras acerca de que yo fumase y todo eso, después de que ella tuviese que enterarse mediante programas de cotilleo y por las fotos que enseñaban de mí en ellos. Mi madre estaba muy decepcionada conmigo, ya que parecía que no le entraba en la cabeza que era una adolescente como otra cualquiera, que me acostaba con chicos y fumaba marihuana de vez en cuando.

De todas formas tuve que tener cuidado al decir esa frase, ya que Ethan tuvo que criarse con su padre abusivo y con una madre dada a la fuga. Sabía que esa frase podría hacerle mucho daño.

—Bueno —dijo, cambiando de tema con rapidez—, ¿has estado con Harry últimamente?

Me senté con las piernas cruzadas y apoyando la espalda en el cabecero de la cama.

—¿Por qué? —pregunté.

Él se encogió de hombros.

—Por saber, hace mucho que no te oigo hablar de él.

Me encogí de hombros yo también y aparté la mirada.

—Bien. Quedamos de vez en cuando, se acaba de mudar a Londres, así que...

Me sonrió.

—¿Al final te lo tiraste o no?

Hice una mueca con la nariz con desaprovación de lo que acababa de decir, ante lo que tuvo que reírse.

—¿Qué? ¿Cómo quieres que lo llame si no? ¿Hacer el amor?

—¡Ew, no! Eso es todavía peor —dije haciendo gestos con la mano y empeorando mi cara de asco mientras reía incómoda.

Él soltó también una carcajada.

—Responde a la maldita pregunta.

—¿Por qué quieres saberlo?

Alzó las cejas.

—Porque soy tu amigo y siempre me contabas estas cosas, quiero asegurarme de que ya no es raro para ti —insistió mientras le miraba sonriente.

Suspiré.

—Está bien. Sí, al final me "lo tiré" —respondí, haciendo las comillas en el aire con los dedos—. ¿Por qué me lo preguntas, de toda formas? Pensé que ya lo sabías.

—Ya lo sabía, sólo quería ponerte incómoda.

Le pegué en la rodilla.

—Gilipollas.

Se rió.

—¿Cuántas veces?

Resoplé.

—No lo sé, no mantengo la cuenta...

—Eres una mentirosa...

Gruñí y eché la cabeza hacia atrás en frustración sin dejar de sonreír.

—Vale, está bien. Tres veces. Creo.

—¿Crees? —pronunció en una risa.

—Digamos que han habido tres sesiones, ¿vale? Así es más fácil.

Soltó otra carcajada. Asintió en aprobación y frunció los labios en señal de orgullo hacia mí.

—Guay, ¿y planeas más "sesiones" o estás ya satisfecha?

—¡Satisfecha! Creo que no voy a estar satisfecha nunca, Ethan.

Los dos rompimos en carcajadas y yo tuve que hacer que ignoraba el hecho de que me había puesto rojísima sólo en pensar en la siguiente oportunidad que tendría. Ethan había soltado una carcajada tan potente que tuvo que continuar sus risas tumbado sobre mi cama.

—Bueno —dijo sin incorporarse—, ¿y qué clase de relación tienes ahora con él?

—¡Ethan, deja ya de interrogarme!

—¿Qué pasa? He tenido que saber de tu vida a través de las malditas revistas los últimos meses, quiero que me pongas al día.

—Ugh —gruñí.

Esas preguntas realmente me incomodaban bastante, ya que no quería admitir en voz alta que no teníamos ninguna clase de relación, y que ninguno de los dos se había atrevido a preguntar al otro. Ni se había hablado del tema después de la charla que ambos tuvimos en los estudios, ni había indicios de que se hablaría en el futuro, por mucho que cada viernes que pasaba en su casa me dirigía miradas que no me eran difíciles de descifrar, y subía su mano por mi rodilla cada vez que Louis salía de la imagen. Después de eso, simplemente lo dimos por concluido y zanjado, y preferíamos pasárnoslo bien sin necesidad de ponernos una etiqueta. Por lo menos así me lo dejaba ver él, y yo no me permitía a mí misma darle más vueltas. Me lo estaba pasando horriblemente bien, no tengo por qué mentir, aunque poco a poco, por mucho que hubiese querido evitarlo, me empezó a saber a poco. Por mucho que tenía claro que probablemente me tendría que conformar con lo que teníamos. Si ignoraba todo lo malo y lo fatal que lo había pasado últimamente.

La blackberry vibró encima de la cama donde lo había lanzado, casualmente al lado donde estaba Ethan tumbado. Sujetó el teléfono y antes de tendérmelo, miró la pantalla y esbozó una mueca extrañado. Se lo arrebaté de las manos e hice como si no hubiese visto el mensaje.

—¿Te vuelves a hablar con Dan? —preguntó, y el tema le pareció tan serio como para levantarse y mirarme a los ojos.

—Acabas de decir que te has tenido que enterar de mi vida privada por las revistas, ¿y me estás diciendo que no te has enterado de que vuelvo a hablarme con Dan?

Ethan me miró sin responder, lo suficientemente serio como para saber que no me dejaba hacer bromas al respecto. Suspiré y me encogí de hombros.

—Es una larga historia.

—Cuéntame, yo no tengo prisa, ¿tu tienes prisa?

Dejé caer los hombros en rendición.

—Mira, te lo cuento sólo si me súper prometes que no vas a hacer nada.

Se me quedó mirando un rato incrédulo ante mis palabras, listo para cualquier cosa que le podría decir acerca de Dan. Fuera lo que fuere, no le iba a hacer gracia.

—Jane, no puedo hacer eso, sabes que—

—Pues entonces no te lo cuento —dije, volviéndome a encoger de hombros.

Ethan gruñó y se pasó las manos por la cara.

—Prometo escucharte hasta el final, si eso te vale. No puedes hacer que te prometa algo que posiblemente—

—Vale, ¡vale! Está bien —cogí aire y me preparé para lo que viniese—. Mira, hace unos meses, esto seguro que lo sabes. Hace unos meses me empezaron a perseguir los periodistas. En plan, fue una locura, ¡periodistas en la salida de clase!

—Jane —me interrumpió Ethan, al verme subirme por las ramas.

—El caso es que Dan llega un día a mi casa y me dice que ha leído los artículos y todo eso, y me enseña unas fotos mías y de Harry y me dice "seguro que las revistas me pagan bien de dinero por esto", o algo así, no me acuerdo muy bien. Él también quería salir en las revistas y que la gente hablase de él. Yo pensaba que lo sabías... —en ese tipo de situaciones, donde me ponía incómoda y nerviosa al mismo tiempo, tendía a ponerme a hablar sin parar y generalmente no tenía sentido.

Ethan me miraba incrédulo. Saboreó unas cuantas palabras en su boca antes de decidirse cuáles eran las más adecuadas para la situación.

—¿Ese hijo de la grandísima puta te está chantajeando?

—Bueno, técnicamente ya no. Porque, bueno, los periodistas ya me dejan en paz.

—Jane —dijo y yo me mordí la uña nerviosa.

—Ethan, escúchame. No puedes hacer nada, ¿de acuerdo? Déjale en paz, no me quiero arriesgar a nada. Haz como que no sabes nada y listo.

—Si yo con él no tengo nada que hablar, hace mucho que no lo veo —añadió, bajando la mirada para que no pudiese ver que se había puesto rojo del enfado.

—Entonces déjalo, ¿vale? Esto es algo que lo tengo que arreglar con él, son mis asuntos. Tú sólo podrías empeorarlo.

El chico suspiró y se quedó callado un momento, que yo aproveché para mirar el mensaje que me había enviado hacía unos momentos.

18:47 Dan: cuándo quieres volver a quedar?

18:47 Dan: podríamos ir a patinar sobre hielo

18:47 Dan: creo que todavía está en el centro

Tuve que quedarme callada durante unos minutos y observar la foto que venía encima de todos los mensajes con los que me había bombardeado. La foto era de esa tarde, con mi pelo recogido en una coleta ondeando detrás mía por las prisas que llevaba, cerca del complejo de apartamentos donde vivían los chicos.

Habían vuelto. Estaban de nuevo escondidos en los arbustos, activándose con el movimiento, presos de su ambición y listos para escribir sus artículos y asegurarse de que todo el mundo hablase del mismo tema; de cómo yo había vuelto a la imagen y a pasearme de la mano de la publicidad. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaban fotografiándome de nuevo, posiblemente por mi culpa, que había vuelto a cruzar la calle sin mirar hacia los dos lados.

Sin quererlo solté un gruñido, a lo que Ethan volvió a prestarme atención y me quitó el móvil de las manos, cosa que no le resultó difícil, ya que prácticamente lo dejé encima de la cama para ponerme una mano en la frente.

—Jane, tienes que parar. Te está utilizando, te está haciendo daño. No está contigo porque quiera estar contigo.

Sabía que todo lo que estaba diciendo era cierto. Lo sabía demasiado bien. Ethan tenía razón, tenía que haber alguna manera para salir de ahí lo antes posible, antes de que volviese a encerrarme en su red pegajosa llena de cadáveres de anteriores víctimas, mientras me decía al oído que nadie me iba a querer como lo hacía él.

Realmente enero había sido un cacao de emociones no mucho mejor que los anteriores meses que había vivido. Esos sentimientos que pensaba haber enterrado con mucha tierra hicieron lo que pudieron para empezar a escarbar entre ella para intentar salir, mientras yo hacía lo posible por saltar encima de la tumba con cada vez más fuerza y esfuerzo, para que de pronto Harry me tirase del brazo para distraerme con sus caricias y sonrisas, ayudándome a regar las flores que había conseguido que plantara. Seguía total y rematadamente enamorada de él, de eso no cabía ninguna duda. No conseguía que pensara en cualquier otra cosa cuando estaba con él. Pero con tantas distracciones, no me estaba dando cuenta de que las raíces que había enterrado, empezaban a mostrar sus primeras hojas. Y tenía que hacer lo que hiciera falta para que aquello parara, con algo más que distracciones.

—¿Lo sabe Ellen?

Fruncí el ceño.

Estaba harta de que cada vez que pronunciaba el nombre de Dan, apareciera Ellen de la nada. Como si estuviese involucrada de alguna manera que yo no estaba viendo. O que me estaban ocultando.

Me crucé de brazos.

—Sí. Pero, ¿qué tiene Ellen que ver aquí? —dije algo a la defensiva.

Ethan se encogió de hombros y apartó la mirada de la mía.

—Pensé que si lo sabría ya habría hecho algo para pararlo.

—Le pedí que no lo hiciera. Como te estoy pidiendo a ti. Déjame solucionarlo a mí, ¿vale? —dije al final, poniendo los ojos en blanco y dejando el tema ir.

Yo: ughhh

Yo: de verdad dan?

Yo: otra vez

Yo: la gente se está cansando ya, no se lo traga

Yo: deberíamos dejarlo estar

Yo: si no se van a cansar de mí nunca

Yo: ya has conseguido tu minuto de fama, pues ya está

Yo: déjame en paz de una vez

Dan: es una pena que no dependa de ti nada de esto

Dan: buen intento

Dan: te parece bien el sábado?

Yo: *sigh*

Yo: vale, bien

Yo: pero el sábado no puedo, tengo una fiesta el viernes y no quiero estar con mala cara

—Prométeme que tendrás cuidado —me dijo después de esperar pacientemente a que dejase de hablar con él.

Sonreí y me acerqué a él para darle un abrazo, dejándome que me besara la cabeza.

—Siempre lo tengo.