40~

Capítulo 40:
{Narra Ellen}
-¡No me sueltes! ¡Me caigo!
-Tranquila, te tengo.
Las pequeñas e inestables ruedas del patín avanzaban despacio por el suelo liso y suave, aunque mojado por la lluvia que hace un segundo acababa de cesar-. Estaba inestable encima de ese cacharro infernal, Ethan me sujetaba con fuerza las caderas mientras empujaba cada vez más fuerte para coger velocidad. Dan no paraba de reír con mi cómica situación sobre su propio patinete, solo que él se deslizaba con agilidad sobre el suelo.
Fruncí el ceño y lo ignoré lo mejor que pude.
-Suéltame. Odio este cacharro.
-Como quieras.
Una vez en suelo firme, me acerqué a un banco cercano y me senté, observando el móvil y leyendo un nuevo mensaje entrante.
-¡Viene Jane! ¡Qué ganas de verla de nuevo! -dije sin disimilar la sonrisa.
-Pues que venga -Dan se encogió de hombros, pareciendo indiferente y continuando con sus peligrosas acrobacias.
En cambio, Ethan se mantuvo frío y expectativo.
-No viene sola, Ethan.
-¿Con quién viene?
-Con todos.
-¿Con todos? ¿Quiénes son todos?
-¿Quieres los nombres?
Suspiró.
-Ya sabes a qué me refiero.
-Sí. Harry también está. Pero también estará el resto.
-Pues nada. Me marcho.
-¿Te marchas? Qué cobarde.
-¿Y qué quieres que haga, Ellen?
-Quedarte y afrontar las consecuencias. ¿Piensas que vas a poder evitar a Jane o a Harry siempre? ¿Es ese tu plan? Pues habértelo pensado antes de cagarla con todo esto. Tienes que hablar con ella.
-¿Yo? Yo lo he dicho todo. No tengo nada más que decirle.
-Ethan, tienes que disculparte. No tenías ningún derecho a besarle de esa manera.
Puso los ojos en blanco y se pasó la mano por el pelo, apartando la mirada.
-Lo hecho, hecho está. Y no puedo cambiar nada.
-Sí puedes. Discúlpate y todo será como antes. Ya conoces a Jane.
-Ellen, no lo entiendes -se sentó a mi lado y miró hacia delante, sin expresión-. Yo no quiero que las cosas sean como antes. Quiero algo más.
-Pues lo siento mucho, pero vas a tener que joderte. Jane tiene novio y por fin es feliz. Y no voy a dejar que nadie lo arruine y mucho menos tú. Ella se merece esto y mucho más y quiero que esto funcione. Ya arruiné su felicidad una vez, Ethan, y no quiero que se repita. Así que no intentes nada con ella.
-¿O qué?
-¿Quieres que te amenace?
Me miró de nuevo sin expresión en el rostro y fruncí los labios.
-Ya vienen. Voy a saludarles.
Esbocé la mejor sonrisa y corrí hacia ellos.
Abracé a Jane con fuerza.
-¡Jany! Cuánto tiempo.
-Hola, Ellen -me saludó con una sonrisa.
-Chicos -saludé y besé a cada uno de los chicos en las mejillas-. ¿Y Liam y Zayn? -fruncí el ceño.
-Liam se ha quedado en el estudio con una de las bailarinas y Zayn está ahí atrás con Jess, supongo que ya vendrán.
-¿Cómo habéis llegado hasta aquí vivos? He oído que volvéis a las chicas locas.
-Las distraemos fácilmente -dijo Louis con un matiz de orgullo en la voz.
Sonreí al respecto.
-Eh, Ellen. Adivina a quién me he encontrado en el estudio.
-¿A quién? ¿La conozco? ¿Es chica?
Jane asintió.
-A Mara.
-¡Mara! ¿Qué hace ahí?
-Baila.
-¡Baila!
Otra que había cumplido su sueño.
El sueño de Mara siempre había sido bailar. Soñaba con bailar en grandes eventos. Y no lo hacía nada mal, iba a varias academias 8 horas semanales y apenas la veíamos los fines de semana por las actuaciones.
Y ahora bailaba en el Factor X.
Decidimos dejar de esperar a Zayn y a Jess y dirigirnos directamente al sitio en donde estaba antes.
-Oh, no. Mierda -susurró Jane, parándose en seco.
Me giré con un leve suspiro y me morí el labio, mirándola.
Convencer a Jane que arreglara las cosas sería mucho más difícil.
-¿Qué ocurre? -pregunté con una sonrisa bastante mal lograda.
Jane señaló el skate con la mirada e intentando quitarle importancia, sin querer dramatizar.
Rodeé los ojos y sonreí de nuevo, como si no me importara.
-¿Te sorprende? Ellos siempre están aquí si no lleve.
Harry siguió su mirada y tensó la mandíbula. Louis y Niall parecían divertidos con la situación, lo que hizo que soltara una carcajada. Jane me dedicó una mirada feroz y seria, sin una pizca de gracia en ella, lo que hizo que me pusiera seria.
-Creo que nosotros dos nos vamos a buscar a Zayn, a lo mejor lo han secuestrado. Ahora volvemos -Louis agarró el brazo de Niall y tiró de él, subiendo de nuevo hasta el paseo.
-Jane, sé que no debo meterme, pero deberías de hablar con él -dije.
Con un pequeño suspiro, se pasó la mano por el pelo y miró a Harry, que asintió sonriendo.
-Sí. Tienes razón.
-Claro que sí. Venga, te esperamos aquí.
Frunció las labios, le dio un pequeño beso a Harry y con pasos inseguros se fue acercando a Ethan, que seguía sentado en el banco con los codos apoyados en sus rodillas.
-¿Cómo lo has hecho? -le pregunté.
-¿El qué?
-Convencerla de esa manera. A mí me hubiera costado toda la tarde convencerla. Y tú, con una sola mirada. ¿Cómo lo has echo?
Se encogió de hombros.
Los dos nos quedamos en silencio viendo como Jane hablaba con Ethan con tranquilidad. Me mordí el labio al verlos.
-Ellos dos me odian, ¿verdad? -preguntó sereno, rompiendo el silencio y sin apartar la mirada de ella.
-Bueno. Ya sabes como sois. Tan jodidamente posesivos siempre. Así que... ya te haces una idea. Además, si tienes en cuenta que los dos están loquitos por ella, la cosa cambia.
Suspiró.
-¿Qué tendrá que enamora tanto?
Chasqueé la lengua y me encogí de hombros.
Eso me preguntaba yo también.
¿Por qué todo el mundo andaba detrás de ella? Y, en buena parte, lo entendía perfectamente; era guapa y cariñosa todo el tiempo y con todo el mundo. Era incapaz de hacer daño a nadie y era amable con todos, aunque le odies casi a muerte, ella nunca podía odiar a nadie, y si lo hacía, era por una muy buena razón.
Y no podía evitar ponerme verde de envidia por ello.


{Narra Lena}
Byron no se quedó. Y nunca lo haría.
Las lágrimas no dejaban de caer mientras miraba por la ventana.
Bien sabía que ya había pasado tiempo suficiente para haberlo olvidado más o menos. Pero me era prácticamente imposible.
Y aquella noche no dejaba de repetirse en mi mente y cuanto más lo recordaba, más me desgarraba las entrañas, como si me arrancaran la piel una y otra vez.

La emoción recorría mi cuerpo de vena en vena.
Mientras ponía el último plato en su sitio, Byron aguardaba impaciente en el salón, mordiendo con nerviosismo sus dedos. No pude mas que sonreír ante la situación.
Yo también estaba nerviosa ante su reacción.
Ladeé la cabeza y me dirigí hacia él. Me dejé caer a su lado, suspirando y rompiendo sus pensamientos.
-Sabes que no te estoy obligando a nada -susurré.
Giró la cabeza y me miró. Sonrió y se mordió el labio.
-Lo sé. Es sólo que... es muy repentino.
-Y pensar que hace dos semanas te odiaba. No pensé que podrías afectarme de esta manera.
Me sonrió de nuevo.
-Ya sabes que no me gusta hablar de ello.
-Sí, lo sé.
Bajó la mirada hacia su muñeca y observó el reloj. Dejó escapar otro suspiro, cerrando los ojos y echándose hacia atrás.
El timbre de la puerta hizo que diera un brinco en mi asiento, y mi estómago a la vez. El corazón empezó a latirme más deprisa en el pecho, con tanta potencia que temía que Byron pudiese escucharlo. La boca se me secó cuando Byron me miró a los ojos y me tendió la mano para ir juntos a abrir la puerta.
-¡Lena mi niña! -exclamó mi madre, nada más entrar, abrazándome con fuerza y cubriendo mi cara con besos pegajosos.
Y una reacción parecida tuvo la madre de Byron, que también lo abrazaba, obligándonos a ambos que soltáramos las manos.
-¿Qué tal todo? ¿Habéis peleado mucho? -preguntó mi padre, después de besarme la frente.
Dirigí la mirada hacia él y tropecé con la suya. Ambos sonreímos tímidos.
Sí, papá, pero no de la manera que tú crees
Me sonrojé.
-Sólo al principio -dijo él, ocultando su sonrisa.
-Venga hijo, coge tus cosas, despídete. Nos vamos.
Me mordí el labio con fuerza.
-Erm.. no mamá.
-¿Cómo dices?
Con un suspiro leve, se acercó a mí y volvió a entrelazar sus dedos con los míos. Me miró a los ojos y volvió su mirada hacia sus padres, decidido. Yo no podía dejar de morderme el dedo meñique.
-Quiero que se quede aquí -dije por él.
Mi padre me miraba ceñudo y las dos madres se intercambiaban miradas llenas de pánico. En cambio, su padre sonreía. Mi madre abrió la boca para hablar, pero yo la interrumpí.
-Mamá. Ya sé que vas a decir. Y no, no me he vuelto loca. Loca sí, pero por él. En estas dos semanas me he dado cuenta de que he estado ciega y de que él nunca quiso hacerme daño. Y no creo que vaya a volver a hacerlo.
Las dos volvieron a mirarse, ahora con más pánico todavía que antes.
-Lena, cielo. ¿Me acompañas un segundo? Tenemos que hablar del tema.
-¿Cuál es el problema, mamá? No puede ser tan grave para decirlo aquí delante de él.
Suspiró.
-Cielo..
-No, mamá.
Suspiró otra vez y juntó las manos.
-Es un poco más complicado de lo que tú crees....
-Díselo ya. Son mayores para poder afrontarlo -espetó mi padre con seriedad mirando al frente sin expresión.
No podía estar más confusa.
-¿Decirnos el qué? -preguntó Byron pasándose la mano por el pelo.
-Tú y Lena podríais ser hermanos.

39~


Capítulo 39:
{Narra Yina}
-¡Brooke! ¡Despierta que llegamos tarde! -grité por tercera vez, sacudiendo fuertemente su hombro y perdiendo por completo cualquier paciencia, haciendo que la chica gruña y suspirara de nuevo. 
Chasqueé la lengua. 
-¿Qué hora es? -murmuró, frotándose los ojos. 
-Las 7:45. Así que o espabilas, o llegarás tarde de nuevo . Yo no pienso esperarte más veces -dije, cepillándome el pelo. 
-Vale, vale. Pero relájate un poco que estas alterada -se levantó de la cama. 
Suspiré.
-Tienes razón. Lo siento. Es que ayer me encontré a Nathan por el pasillo y prácticamente, me ignoró. 
-¿Te ignoró? Qué cabrón. 
-Eso digo yo -me pasé una vez más la plancha por el pelo y la desenchufé. Me recogí el pelo en una coleta alta. 
-Yi, ¿cuántas veces voy a tener que decirte que no te planches el pelo? Tienes unos rizos preciosos. 
-Pues a mí no me gustan y punto. Y date prisa que las clases empiezan en 10 minutos. 
-¿Y el desayuno? 
-Habértelo pensado mejor antes de estar ayer a la noche hasta las tantas viendo la película. 
-¡Pero era gratis! ¿Cuántas veces más van a poner una peli gratis en el Max? 
-Nunca más.
-Pues eso. Tenía que aprovechar -se acercó, agarró el cepillo y comenzó a cepillarse el pelo.
-Vete buscando a Leo o volveremos a llegar tarde por no encontrar su maldito zapato. 
Rodeé los ojos. 
-Está bien. Pero date prisa. 
Cogí las llaves de la habitación y salí al pasillo, donde las alumnas ya salían de sus habitaciones listas para una nueva sesión se clases intensivas, con los libros de estudio en los brazos y la mayoría con ojeras de tanto estudiar. 
Apresuré el paso para llegar a la habitación de Leo . Llamé sin vacilación alguna golpeando la puerta con fuerza para que me escuchara bien desde el interior. 
-¡Leo! ¡Date prisa o llegaremos tarde! 
Suspiré.
Se ve que yo era la única puntual decente. 
-¡Ya voy! -gritó de vuelta. La puerta se abrió enseguida. 
-Por fin. Vamos. 
Leo, con los libros en los brazos, me siguió a nuestra habitación, en donde Brooke todavía estaba peinándose el pelo. Chasqueé la lengua de nuevo acercándome a ella, le arranqué el peine de las manos y la obligué a acompañarnos. 
Una vez de camino hacia el edificio de estudio, ya caminábamos las tres más tranquilas y relajadas, siguiendo a toda la gente que se dirigía al mismo. 
-¿Habéis oído lo de la profesora de Literatura? -preguntó retórica Leo, tan cotilla como sus rachas marcaban. 
Así era Leo. A veces, le daban rachas de cotilleo extremo y deseaba  enterarse de las cosas que sucedían en el centro. Y, otras veces y más usuales, no le interesaba en absoluto y, básicamente, las odiaba. 
Se podría decir, que era un poco bipolar. 
Los ojos de Brooke se abrieron de curiosidad. 
-¿Qué ha pasado?
-Ha cogido la baja por depresión. 
-¡Depresión!
-¿En serio?
Leo asintió. 
-Por lo visto, hace dos semanas, Fred McEldry....
Volví a rodear los ojos y suspiré, haciendo ademán de no escucharlas. No era lo que más me interesaba en estos momentos. 
-¿Y ahora quién va a darnos Literatura? -pregunté centrándome en lo más importante. 
-Empollona -murmuró Brooke. 
-Y yo que sé. Supongo que pondrán alguna profesora de guardia o lo que sea. Pero espera que sea tarde. No me gusta Literatura ni un solo poco. 
-Pues no te confíes. En universidades como estas los cambios suelen ser rápidos. No suelen permitir que los alumnos pasen mucho tiempo sin dar clase si es por culpa del profesor o del mismo centro. 
Las tres entramos en el edificio, ya alborotado, en donde enseguida nos encontramos con las cotorras, que, como siempre, estaban radiantes. 
-Adivina qué -preguntó Saddie emocionada.
-¿Qué? -dijo Leo, suspirando y restándole importancia.
-¡Soy la encargada de la decoración del baile de invierno! -exclamó emocionada-. ¿No es genial?
-¡Sí, es chupi guay! -se burló Brooke, imitando su voz. 
-Eres mala -murmuró Fer-. Eso lo ha deseado desde que llegó aquí.
-¿Baile de invierno? Estamos en noviembre todavía. 
-Hay que hacer presupuestos, Yina. Todavía hay mucho que hacer. 
-Y ha cambiado las reglas; ahora no serán los chicos quien nos pidan a nosotras. Será al revés. 
-¿Qué dices? ¡Te pego! A mí me encantaba verles arrastrándose. ¡Y yo no me arrastro por un chico!
-Chicas, tenemos que correr si no queremos llegar tarde. Otra vez. 
-Qué más da. El profesor de guardia no me conoce. 
-¡Qué corras!
Con un gruñido, agarré a Leo y a Brooke de los brázos y prácticamente las arrastré hasta el aula que nos correspondía.
Al entrar a clase, por suerte, el profesor aún no había llegado. Avanzamos en la clase y fuimos directas al final, ya que suponíamos que la profesora habitual no iba a venir. Adam, que hablaba tranquilamente con una de las compañeras, sonrió al vernos y vino hacia nosotras. 
-¿Os habéis enterado? -preguntó, sentándose en la mesa. 
-Sí, qué fuerte. 
-¿Fuerte? Voy a hacerle a ese McEldy un altar. Odiaba a esa profesora. Me tenía manía. 
-Ya me he dado cuenta, la tía te echaba unas miradas que matan.
-Cambiando de tema, a que no sabéis quién me ha pedido para el baile. 
-¡Anya! -explotó Brooke, oprimiendo una risa. 
-Qué vergüenza... he tenido que decirle que no a la chavala. 
-¿Por qué?
-Yina, es gay. 
-Ah, es verdad. 
Los tres siguieron a conversación sin callar ni un momento, con temas encima de la mesa que no me interesaban lo más mínimo.
Las cosas con Brooke mejoraron con el tiempo, al día siguiente de lo que ocurrió con Nathan, apenas le dirigía la palabra. Ella me pedía casi de rodillas que la perdonada y que tuvo que haber pensado más en mí. Y con el tiempo no tuve otro remedio, ya que compartíamos habitación y la veía todos los días. Siempre conseguía arrancarme una sonrisa de la cara, por muy oscuro que estuviera el día. 
Y, con respecto a Nathan, simplemente, me ignoraba. Desde esa noche sólo me esquivaba por los pasillos y no hacía ni saludar. Y, aunque en este caso Brooke era la mala por hacerle eso a su novio, él no tenía ningún derecho a reprocharle nada. 
Había pasado un mes y medio desde lo ocurrido y aunque quedara más de un mes para Navidades, el baile ya estaba organizándose. Y no tenía pensado ir. Y, sinceramente, no tenía excusas y ganas no me faltaban. El problema era que era obligado ir acompañado por una pareja. Y así eran las cosas. No me apetecía en absoluto encontrar a más cerdos que sólo pretendían usarme. 
-Madre mía -murmuró Leo a mi lado, sumergiéndome de nuevo en el mundo-. Qué bueno está -balbuceó, mirando fijamente al frente. 
Levanté la mirada para mirar al profesor que acababa de entrar, y así lo hicieron Adam y Brooke. 
Adam se levantó de un brinco y se fue directo al pupitre libre de primera fila. 
De pie, observando la clase e iluminándola con sus ojos azules y los brazos cruzados, estába él. 
Juntó sus manos y sonrió a la clase. 
-Buenos días. Soy Christian Forrest, para vosotros Christian o señor Forrest, y soy vuestro nuevo profesor de Literatura hasta que la querida profesora Madelaide se recupere por completo. ¿Alguna pregunta?
La clase se quedó muda. 
-Muy bien. Pues empecemos la clase -cogió su libro de Literatura y lo sostuvo en brazos.
-Espera -le interrumpió Leo-. ¿Vamos a dar clase? 
Christian levantó la mirada y miró a Leo.
-¿Qué prefieres que hagamos,  señorita...?
-Leo. Leo Joyce. 
-...Joyce?
-No sé... Podríamos... conocernos más.
-¿Y cómo habría pensado en ponerla en práctica?
Leo puso la mirada en blanco. 
-Pues... cada uno podría contar un poco de su vida.. lo básico... tampoco hace falta más... podríamos empezar por usted -una sonrisa se formó en sus labios y se apartó un rizo naranja que le caía por la cara. 
-Muy bien. Pero mañana clase intensiva -apartó la mirada y enseguida la descansó en mis ojos. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro y dejó el libro de texto encima de la mesa. 
-Señorita Joyce, usted es la primera.
-¿Yo porqué?
-Tú has dado la idea, tonta -murmuró Brooke. 
El profesor sonrió de nuevo, se quitó la chaqueta y se sentó en la silla. 
Leo cerró los ojos y soltó un pequeño gemido, más parecido a un suspiro.
-A ver. Nací en Canadá, más concretamente en Calgary pero me mudé aquí a Vancouver cuando tenía 14 años, cuando mi madre se divorció de mi padre. Soy hija única y desde entonces no veo a mi padre. 
-Suficiente -le dedicó una bonita sonrisa, lo que hizo que Leo se sonrojara y se mordiera el labio. Asintió.
-Ahora le toca a usted, señor Forrest -dijo Brooke, intentando contactar con sus ojos. 
-Esta bien. Tengo 28 años, nací en Vancouver, tengo seis hermanas mayores y vivo en las afueras de la ciudad. Y ya vale. 
-¿Tiene novia?
-¿Está casado?
Bajé la mirada ante esas preguntas que algunas compañeras habían soltado sin pensar, que ahora ocultaban la boca bajo sus manos, con las mejillas ardiendo.
-No. 
Leo y Brooke suspiraron aliviadas. 
-Me lo pido -susurró Leo.
-¡Qué huevos! 
-¡Es un profesor, burras! -susurré al respecto, mirándolas con el ceño fruncido. 
-Señorita Wilde, su turno -levanté la mirada y me tropecé de nuevo con sus ojos azules. No pude evitar sonrojarme.
Las dos me miraban con las bocas abiertas.
-S-sí -carraspeé-. Nací en Cheshire, Inglaterra. Tengo un hermano mayor. No veo a mi padre desde... -resoplé-. No he visto a mi padre en mi vida y apenas conozco a mi madre, que nunca está en casa. He vivido en mi casa sola toda mi vida y...
-Ya vale -me sonrió con ternura y yo fruncí el ceño, extrañada y aliviada a la vez.
No había nada más intimidante que contar mi pasado en medio de la clase, a pesar de que la mayoría ya lo conocía al ser seguidor de los libros de mi madre.
Su mirada seguía clavada en mí y la mía era casi imposible apartarla de él. 


{Narra Ellen}
Recogí la ropa de la silla nerviosa, doblando la limpia y tirando al cesto la sucia. 
Estaba nerviosa e impaciente, y no podía dejar de mirar el móvil cada minuto. 
¿Cuántas llamadas le habría dejado? Muchas. Eso estaba claro. Tampoco quería agobiarle demasiado. Estaría muy liado y no quería ser una carga más para él. 
Agarré la cesta y me dirigí a la terraza para poner la lavadora. Me volví a la habitación y descubrí que más recogida no podía estar. 
Se veía que estaba más nerviosa que nunca. Ya que no quedaba ningún rincón de la casa que recoger o limpiar. 
Sabía que lo que estaba a punto de hacer estaba mal. Y muy mal. Pero lo hacía por el bien de todos y sobre todo de ella. Si no lo hacía, puede que ella nunca se diera cuenta de las cosas y que no todo era un cuento de hadas. Y, puede que ella me diera las gracias después de todo. 
Sólo si tenía suerte. 
Inquieta como estaba, me paseaba por la casa mordisqueando mis dedos con el móvil pegado a mí. Cuando escuché la familiar melodía procedente de él, vibrando entre mis dedos, mi corazón comenzó a latir con fuerza y las piernas temblaban más que antes. 
Opté por sentarme antes de descolgar el teléfono. 
-Harry.
-Hola, Ellen, ¿me has llamado?
-Sí, varias veces. 
-Perdona. He estado ocupado. 
-Tranquilo, lo entiendo. 
-¿Por qué me llamabas? 
Tragué saliva.
-Es... no es nada importante... es sobre Jane. 
No lo tuve que pensar más veces. Tenía que hacer esto y no había vuelta atrás.
Respiré hondo. 
-¿Le pasa algo?
-Oh, no, no. Está... está perfectamente, como siempre.
-Ah... ¿qué ocurre, entonces?
-Harry, quiero que la presiones. 
-¿Qué?
-Ya me has oído. 
-Ellen, sabes que yo no puedo hacer eso. 
-Yo no te lo pediría si no fuera por su bien. Tiene que aprender que no todo es un cuento y que ese momento tiene que llegar y cuanto antes mejor. 
-Yo sólo... -suspiró-. Si ella no está preparada yo no puedo obligarla a nada. Es su decisión y no la mía. 
-Harry, Jane te quiere. Y estoy segura de que ella quiere hacerlo contigo, solo tienes que empezar y ella se dejará hacer. Hazme caso. 
-¿Y si no es así? ¿Y si sale mal y piensa mal de mí? No quiero eso, Ellen. 
-No pasará eso. Créeme, ella me lo ha dicho. 
Suspiró y silencio. 
Oh, Dios, se lo estaba pensando. 
-¿Y cuándo? ¿Donde? Por que aquí en la casa no....
-Hmm.. ¿no os dejan salir?
-Sí, pero de vez en cuando y solo para hacer la compra y tomar un poco el aire. 
-Pues ya está. Algún día de estos, quedas con ella y ¡zas!
-No sé, Ellen...
-Prométemelo. 
-No. 
-¡Oh, vamos! Sabes que ella no sabrá dar el paso.
-No puedes hacer..
-Sí puedo. Es mi mejor amiga. 
-Y mi novia. 
Suspiré.
Tenía razón y toda la del mundo. 
-Vale. Estoy de acuerdo contigo. Pero tienes que entenderme. 
Suspiró de nuevo.
-Está bien. Pero no voy a prometerte nada.

{Narra Jane}
Me odian por salir con un miembro de la banda 

Suspiro. Vuelta. 

¿Podrías poner en peligro One Direction?

Suspiro. Gemido. Otra vuelta.

¿Vais en serio o eres un rollo más?

Me daba por vencida. No podría volver a conciliar el sueño. 
Ya habían pasado otras dos largas semanas y todo marchaba bien. Los chicos cada vez actuaban mejor y recibían más votos y atención. Y lo mismo ocurría con las fans. Cada vez había más gente fuera de los estudios día y noche aguardándoles. 
Y eso hacía que cada noche durmiera menos, rondándome por la cabeza esas malditas frases. Desde entonces no había ocurrido mucho, seguía entrando a mi cuenta de twitter con normalidad y nunca había pasado nada que valiera la pena mencionar. 
Exhalé un nuevo suspiro y decidí encender la luz. 
Me levanté torpemente de la cama y dando tumbos, bajé a la cocina en silencio y volví a la habitación con una manzana en la mano. 
Abrí la ventana, apagué la luz y me senté en el alféizar, observando la ciudad a lo lejos. 
Eran mitades de noviembre y hacía frío, pero realmente me daba igual, solo me centraba en ver todas esas pequeñas luces danzantes de la ciudad manchando las nubes, tan bajas que, sólo levantando la mano, podía casi acariciarlas, tintadas de un tono anaranjado por la contaminación lumínica, lo que hacía imposible ver a las estrellas y a la luna. 
Descubrí que estando sentada cruzada de brazos no me mantendría entretenida, por lo que opté por conectarme un rato al ordenador. 
Esperé los minutos necesarios para entrar pacientemente. Me sorprendí bastante al ver el número de seguidores, que me había subido muchísimo desde la última vez. Me alegré bastante al ver la preciosa V azul en cada una de las cuentas de los chicos, que verificaba que era la real. 
No podía estar más orgullosa. 
Esa sensación de felicidad y tranquilidad se esfumó casi al instante cuando leí mis menciones, que cada vez eran más y más. La mayoría de ellas no se cortaban. Había insultos, amenazas, intimidaciones y mucho desprecio presente en cada una de las frases. Gritos y exclamaciones. Y muy de vez en cuando, unos muy bien camuflados que expresaban todo lo contrario, aunque mis ojos no se fijaban en esos. 
Me arrepentí al segundo de haberme despertado y haber cogido el portátil. Deseaba que no hubiera visto aquello. Y, lo más importante, deseaba que no me importara todo lo que decían. 
Hannah tenía razón; todas esas chicas me odiaban. 
Y no tenía ni idea de la razón. 
Cerré el portátil de golpe y puse los ojos en blanco, con un nudo en la garganta. Me obligaba a mí misma borrar esas imágenes, las frases que seguramente no cesarían en breve. 
Pero sabía muy bien que eso era imposible. 
Cerré la ventana y volví a la cama, sabiendo que por el resto de la noche no volvería a dormir ni una sola hora seguida. 
¿Por qué me odiaban? Yo no les había echo nada. Sólo salía con uno de sus ídolos y nada más. Puede que yo les quitaba toda esperanza de que se fijaran en ellas, y que él sólo tendría ojos para mí. Sabía que en parte podían tener razón, pero, después de todo, ellas eran las seguidoras y la razón por la que ellos estaban en donde estaban, por lo que ahora ellos estaban tan alto. 
Y, aunque ellas me odiaban a muerte, yo las quería por ello. Ellas eran la razón de todo esto y no solo por que ellas me odiaban, yo tendría que sentir lo mismo por ellas.
Yo sería incapaz de odiarlas. 

38~

Capítulo 38:
{Narra Jane}
Las semanas fueron pasando rápido y sin ninguna novedad. Era tan feliz con todos los acontecimientos que ni me daba cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo. No me había dado cuenta de nada, pero ya estábamos en un adentrado octubre cuando los chicos ya habían echo más de tres espectaculares actuaciones. Las tres semanas as habían superado y no podía estar más feliz por ellos, pero ahora las cosas se ponían cada vez más difíciles y la competencia era casa vez más fuerte. Y me sorprendía mucho lo buenos que eran la mayoría de concursantes.
Realmente era un año bien cargado y preparado.
Y, acorde con los acontecimientos, el amor de las inglesas por ellos era cada vez más fuerte y en su última actuación las había vuelto prácticamente locas por ellos.
Justo esa noche, Jess y yo íbamos juntas al programa para verlos en directo y con pases al camerino que Zayn nos había conseguido, semanas atrás.
No podía estar más emocionada.
Justo cuando había terminado de vestirme con unos pitillos color beige, unas botas militares del mismo color y un jersey de lana, el timbre de la puerta sonó.
-¡Yo abro! -grité mientras bajaba las escaleras.
-Joder, avísame antes de levantarme del sofá -se quejó entre murmullos Emma.
Rodeé los ojos y abrí la puerta.
Jess, con una preciosa sonrisa y con dos tickets en las manos, me miraba en el exterior.
-¿Lista?
-Lista. ¡Amá, me voy! ¡Volveré tarde!
Agarré el abrigo y cerré la puerta detrás de mí.

~

-¡Hola, Sam! -saludó alegre Jess al ver al guarda de seguridad.
-Señoritas -respondió él, sonriendo y dejándonos pasar-. Pasar un buen día.
Atravesamos el pasillo hasta llegar a camerinos, donde ambas esperábamos a que todavía estuvieran allí. Habíamos ido prácticamente todas las semanas, hasta el guarda de seguridad ya nos conocía.
-¿Los has avisado de que veníamos?
-No. ¿Tú?
-Pues no.
-Pues muy bien. ¡Será una sorpresa!
-Corre, que si no nos damos prisa igual ya se han ido a la casa y todo.
Avanzamos unos cuantos más hasta llegar a una puerta blanca, tal como el resto, con un cartelito en el que ponía “One Direction”.
Llamé a la puerta sin vacilación y Jess se puso a mi espalda cuando abrí la puerta.
-Bu.
Los cinco, divididos entre la habitación y hablando vivazmente, me miraban sorprendidos y sonriendo casi al instante.
-¡Sorpresa! -gritó Jess entusiasta.
Harry se levantó de la silla nada más entrar nosotras y cerró la puerta detrás nuestra, después, besó mi mejilla.
-Hola, vampiros. Oye, qué guapos estáis con los ojos pintados.
-Oops -murmuró Louis, frotando sus ojos.
-Tranquilo, que os queda a todos muy bien. Podría acostumbrarme a que sea Halloween -afirmé.
Niall rió abiertamente y el resto rió al respecto.
-Chicos, voy a felicitaros por la actuación de esta noche. De verdad, espectaculares.
-Bueno, como siempre.
Los cinco sonrieron tímidos, hasta Niall y Zayn se sonrojaron un poco.
-Tenemos buenas noticias -dijo Liam, captando nuestra atención, sobre todo Jess y mía-. Hoy nos han dejado la noche libre.
-¿Libre? ¿Qué significa eso?
-Que, si queremos, nos dejan salir a la calle.
-Con uno o dos guardias.
-¡Qué bien! Me daba vergüenza pedíroslo...
Solté una pequeña risa, casi inaudible.
Unos sordos golpes en la puerta interrumpieron las risas de los chicos, que dirigían sus miradas llenas de dudas hacia la puerta.
-Será Simon -murmuró Harry, con algo de inseguridad en la voz, mientras habría la puerta.
Louis sonrió.
Una chica rubia con ojos marrones con algún que otro destello verde sonreía al otro lado del umbral de la puerta.
-Hola, Hannah -saludó Harry sonriendo.
-¡Hola! -respondió ella y entró el la habitación-. Ui cuanta gente -nos sonrió a Jess y a mí.
-Hola -dijimos las dos a la vez, sonriendo también.
La chica se acercó a nosotras y se autopresentó.
-Hannah -besó mis mejillas-. Novia de Lou.
-Ah -reí tontamente-. Jane. Novia de Harry.
-¡Por fin te conozco! Oigo tanto hablar de ti que ya tenía curiosidad.
Reí de nuevo mientras miraba a Harry, que apartó la mirada sonrojado. No pude evitar sonreírle.
-Yo también me alegro de conocerte.
Apartó la mirada y miró a Jess, que sonreía tímidamente.
-Yo soy Jess. Y, bueno, no soy novia de nadie -y soltó una risita.
-Encantada -Hannah se incorporó tras darle otros dos besos-. Madre mía. Tres rubias. Las fans van a pensar mal.
Risas de nuevo.
-Bueno. ¿Estáis listos para salir? -dijo, después de acercarse a Lou y besarle.
Aparté la mirada.
-Estábamos a punto de vestirnos, pero habéis venido vosotras y... -dijo Zayn tímido, bajando la mirada.
-Pues nos vamos, vosotros vestiros tranquilos.
Hannah se juntó con nosotras y salimos de la habitación.

~

-Chicos, enhorabuena en serio. Un gran trabajo y un gran espectáculo. Estoy orgulloso. Os lo mereceis. Sam y Ronan están en la puerta esperándoos, pasaroslo bien. Nada de alcohol, ¿de acuerdo? -los chicos asintieron con amplias sonrisas las palabras de Simon.
-Bien. Os quiero aquí antes de las 3 -su mentor se dio la vuelta y desapareció en el pasillo.
-¡Yupi! -Niall daba literalmente saltos de alegría.
El resto lucía una preciosa sonrisa en sus caras al acercarse a nosotras.
Y yo no podía evitar sonreír también.
Lo habían conseguido. Éste era su sueño y estaban cumpliéndolo. Ya daban por perdidas sus vidas de personas normales, con una vida normal. Y recibían, con los brazos abiertos, a su nueva visa, a la vida de la fama. A la vida de las fans locas y a ser conocidos por toda Inglaterra.
Todo eso, estaba haciéndose realidad.
Al acercarse, Harry y Louis se dirigieron una mirada cómplice sonriendo, y acto seguido apresuraron el paso hacia nosotras. Harry, al llegar, me besó enseguida, con ternura y dulzura. Como siempre hacía y como a mí me encantaba. Cerré los ojos y me dejé llevar por él.
-Vale. Me parece muy bien que os queráis y todo eso, pero... ¿hola? Yo también estoy aquí.
Me aparté de él, y sin dejar de abrazarle, le dirigí una mirada desafiante a Jess, que me respondió rodeandi los ojos y sonriéndome.
Con las manos unidas, nos dirigimos a la puerta principal, en donde dos grandes hombres fuertes vestidos de negro aguardaban con los brazos cruzados. Jess saludó animadamente a uno de ellos, a lo que él respondió con una leve sonrisa. Pasamos por su lado, abrimos la puerta y enseguida los guardas nos siguieron.
Al salir, me paralicé al ver a la gente en la calle. Por suerte, el edificio estaba rodeado por vallas para que la gente ajena no pudiera entrar.
Había al menos 50 adolescentes pegadas a las vallas y, cuando salimos, los gritos que comenzaban eran atronadores. Casi no podía escuchar mis propios pensamientos.
Harry apretó mi mano para que me tranquilizara un poco, ya que estaba tensa y perpleja por la multitud de ahí fuera.
Y esta, sólo era la cuarta semana.
En cuatro semanas habían conseguido reunir a tanta gente.
-¡Wow! -exclamó Jess-. ¿Todas están aquí por vosotros?
-No lo creo -respondió Liam-. En la casa hay más gente con más votos y seguidores que nosotros.
-Siento decirlo, pero no creo que Storm tenga fans adolescentes.
Niall rió altamente, como siempre hacía.
-Es ahora o nunca. Tenemos que cruzar por ahí e intentar salir vivos. -dramatizó Louis.
Tragué saliva.
Es sólo una broma, Jane. Ya sabes cómo es Lou suspiré.
Apretando cada vez más fuerte la mano de Harry, nos íbamos acercando a las vallas, cuando uno de los guardias la abrió. Las chicas no podían consigo mismas, no podían creérselo y los gritos rugían en mis oídos fuertemente.
Al salir, la gente se pegaba a nosotros, gritando en nuestras caras y sin importar si nos molestaba o no. Algunas de ellas no hacían nada, seguían pegadas a la valla esperando a que otro de los concursantes, pero la mayoría de ellas se lanzaba sobre nosotros, gritando el nombre de cualquiera de la banda o incluso, de vez en cuando, el de Hannah.
Los flashes de las cámaras de fotos y de los móviles me impedían centrarme más todavía en mi camino. El agobio era tan grande que mis ojos, tratando con fuerza a adaptarse a las luces aleatorias, no se mantenían dos segundos quietos, viajando por cada una de las caras de las chicas que no dejaban de gritar. Mi mano se aferraba fuertemente a la de Harry, con miedo a que me soltara y a quedarme sola entre la multitud.
Por suerte, un coche negro de detuvo delante nuestra y pudimos entrar en él para poder perder de vista a toda la gente que había esperado a la salida de los cinco chicos del programa del momento.
Suspiré aliviada cuando Zayn entró el último y cerró la puerta tras él. El coche se puso en marcha.
-¿Qué. Coño. Era. Eso? -consiguió pronunciar Jess algo temblorosa.
-Hay unas 20 más que el otro día -dijo todavía perplejo Niall.
-Qué agobio.
Yo estaba muda. No tenía palabras. Tenía la garganta seca.
Harry pareció darse cuenta y me apretó la mano con suavidad, e hizo que le mirara a los ojos. Conseguí articular una sonrisa.
-Creo que no he visto a tanta gente pegada a mi a la vez en mi vida -dije con voz entrecortada.
Me apoyé en el respaldo del sillón para tratar de tranquilizarme.
-A mí me encantan. Son tan monas -decía Niall emocionado.
-Eso es porque a ti no te desean arrancarte los pelos y los ovarios de cuajo -murmuró Hannah.
-¿Qué quieres decir con eso? -preguntó Jess, con el ceño fruncido.
-Bueno. La mayoría de las chicas de ahí fuera me odian y bastante. -suspiró- Y sólo por salir con Lou.
No quería oírlo. No quería.
Noté como mi cara palidecía cuando todas las miradas se centraban especialmente en mí. Exceptuando la de Harry, que mirada a Hanna serio.
Aparté la mirada enseguida, intentando con todas mis fuerzas ignorar el comentario de Hannah, que también tenía la mirada clavada en mí.
-Oops. No era mi intención asustarte, Jane.
Sonreí lo mejor que pude hacia ella.
Demasiado tarde.
-Tu... hmm... cierra twitter y ignóralas. Eso es lo que hago yo.
Eso, sólo consiguió que me asustara más.
Dejé escapar un leve suspiro.
-Bueno -dije por fin-. ¿A dónde vamos?
Harry me sonrió y entendió mis ganas de cambiar de tema.
-El conductor sabe hacia dónde. No está muy lejos según Simon.
-De mientras diré que nos vamos al Starbucks del Big Ben -Louis sacó el teléfono-. Eso conducirá las fans directamente hacia allí.
Jess soltó una risita ante la estrategia.
-Qué bueno.
-Me ha informado que estará la prensa de algunas revistas a la entrada. Así que, ya sabeis, ignorar las preguntas e ir directamente hacia dentro. Así no meteremos la pata.
-¿Más flashes? Voy a volverme loca -protestó Hannah.
Estaba de acuerdo con ella.
Jess miraba con curiosidad el interior del coche, acariciando los cómodos sillones de cuero marrón.
Liam miró a través de la ventana, intentando orientarse.
-Creo que casi estamos.
-¿Cómo se llama?
-No sé. Pero es bastante conocido..
Niall observó el reloj.
-Tenemos 4 horas para pasarlo bien. Hell yeah!
El vehículo paró suavemente y el chófer nos abrió la puerta.
Ésta vez había más seguridad, un guardia a cada lado de la puerta de entrada y del coche. Zayn bajó del coche el primero y seguida de Jess, que enseguida empezó a sonreír a la gente. Y después bajó Harry y a su lado, aún con las manos entrelazadas, le seguí. Los demás nos siguieron de uno en uno.
No había tantos periodistas como había imaginado, pero había por lo menos diez a cada lado de la puerta de entrada, cada uno con sus cámaras profesionales, con, evidentemente, mil veces más de potencia en sus flashes. Intenté acostumbrarme lo más rápido posible, atravesando el pasillo y sonriendo, mostrándome feliz lo mejor que pude.
Entonces, fue como si todo ocurriera a cámara lenta. Mientras todos andábamos en el interior, los periodistas hacían muchas preguntas, y sobre todo a mí, ya que yo era la “nueva”. Y aunque trataba de esquivarlas, muchas de ellas se clavaron en mí.

¿Quién eres tú?

¿Qué hace agarrada de la mano de Styles?

¿Estáis juntos? ¿Cuánto tiempo?

¿Qué piensan las fans de esto?

¿Vais en serio o sólo eres un rollo más?

¿Podrías ser un peligro para One Direction, quitándo la fama a Styles de “el ligón?


37~

Capítulo 37:
{Narra Yina}
Mi sorpresa no podía ser mayor. 
Con la chaqueta aún en la mano y paralizada por completo, observando a Brooke y a Nathan discutir por algo que no entendía en absoluto. 
-¡Eh! -chillé, interrumpiendo su fuerte discusión. 
Los dos me miraron con expresiones totalmente distintas. 
-¿Se puede saber qué pasa aquí? -pregunté, cruzando los brazos.
-Que te responda el ligón este -espetó Brooke, sentándose en la cama y cruzando los brazos también. 
Él suspiró y se acercó a mí.
-No es nada importante. ¿Te lo explico de camino? 
-Oh, no. Esto se lo explicas aquí y delante mía -levantó una ceja. 
Nathan suspiró de nuevo.
-A ver, dónde empiezo -murmuró, agarrándome de la mano y sentándome en la cama. 
Se sentó a mi lado. 
-Hace unos años, tu querida amiga Brooke yo yo eramos muy amigos.
-Quizás demasiado -interrumpió Brooke.
Nathan le dedicó una mirada no muy amable, pero no dijo nada al respecto. 
-Y, bueno, cada uno teníamos nuestros rollos y nuestros novios y así. Hasta que, bueno, Brooke empezó a salir con un buen amigo mío y yo, pues, no me hizo demasiada gracia el tema. Y nos distanciamos mucho el uno del otro, ya apenas nos hablábamos cuando mi mejor amigo me vino y me dijo que habían roto. Que la había pillado con otro -murmuró, apretando los dientes-. Y que por eso dejaba la universidad. 
-Te ha dejado la parte en la que te tiras a todo! -chilló bastante indignada. 
-Estaba enfadadísimo con todo -continuó, ignorándola por completo-. Así que fui a ver a Brooke días después de que él se fuera. Discutimos mucho durante mucho tiempo, y, bueno, creo que ninguno de los dos sabemos cómo paso pero acabamos acostándonos. 
Mis ojos se abrieron como platos.
-¿Qué?
Brooke apartó la mirada cuando la miré.
-¿Y eso que tiene que ver conmigo?
-El caso es que ambos lo olvidamos e hicimos como si nada hubiera pasado, pero ella acabó odiándome así que perdimos todo contacto. Y, hace unos meses ella volvió a mi diciendo que iba a tener una nueva compañera de habitación. 
-Y yo le dije que tuviera discreción, que si quería algo contigo que me lo diría y así poder evitar conflictos. Y él, no solo dijo que si pasara me lo diría, si no que ¡me dijo y me prometió que no iba a intentar nada contigo! ¡Nada! -de furia, Brooke ya estaba de pie gritándole. 
Nathan se levantó también. 
-¡¿Cómo podría saber que estaría tan buena?!
Solté un resoplido.
-¿Buena? ¿Qué soy? ¿Un caramelo?
Se giró y me dirigió una mirada de disculpa mordiéndose el labio. 
-Perdón. Guapa. ¡Es muy guapa joder, Brooke!
-Pero me lo prometiste.
-Alto, alto. ¿Y no habéis pensado que igual esto a mi también me interesaba? ¿Que podía comentar yo también?
-Yina, yo sólo quería una buena amiga en la que poder confiar sin que este te pusiera la mano encima. Sólo causaría dolor y sé que él te va a hacer daño. 
-¿Y cómo puedes saberlo, Brooke? Ni siquiera has intentado confiar en mí.
-Sí que lo hice, Nathan. 
-¿Ah, sí? Cuando empezasteis a salir tú y Ron no parecía que confiaras en mi en absoluto. Y muchísimo menos después. 
-¿Sabeis qué? Nathan, fuera. Mañana hablamos. Y Brooke, siento decirte esto pero me duele mucho que hayas pensado que podías decidir por mi, y mucho más en el tema de chicos. Sabes muy bien que lo estoy pasando mal y que esto podría haber sido una oportunidad para poder olvidar a Harry ya de una vez por todas. Ahora mismo no quiero ver a ninguno de los dos.
Con un resoplido, cerré la puerta de golpe detrás mía. Indignada. Eso es lo que estaba. Realmente indignada. Con mucho sigilo atravesé la entrada esquivando la sinuosa mirada del vigilante y poder escabullirme al exterior. Con éxito, me puse la chaqueta y escondí las manos en los bolsillos. Puede que fuera verano, pero aquella noche no era la más calurosa de todas. 
Atravesé el parque por un camino de piedras. Las farolas sólo rociaban su luz en los rincones más oscuros del parque, y había alguna aleatoria por el camino, pero sólo me encontraba con una muy de vez en cuando. Así que, medio a oscuras, me dejé guiar por mi instinto.
Necesitaba despejar la mente con tanto lío. 
No estaba enfadada, estaba disgustada. No por Nathan, sino por Brooke. Ella había ignorado que quizás a mí me podría gustar él y que quizás sí que quería algo. Simplemente fue egoísta y sólo pensó en sí misma. Y me había decepcionado. 
Con un suspiro, me senté en uno de los bancos de madera, con una farola en frente mía que alumbraba notablemente menos que las demás.
Con la mirada baja pensé en el día de hoy, de que estaba en Canadá y que, seguramente, Harry estaría pasando un buen rato con su estúpida novia, Jane.
No, estúpida no- me recordé a mi misma.
Me prometí que Jane era una buena chica y que sabría cuidar a Harry. Sabía que lo haría.
Pensaba en qué hubiera pasado si me hubiera quedado en Inglaterra. Seguramente, nada. Mas que empeorar las cosas. No hubiera soportado que tuviera novia, como si fuera Jane o cualquier otra. Simplemente no podría.
-Vaya, vaya –una voz de hombre me sobresaltó y di un pequeño brinco-. Una alumna fuera de la cama, eh? -sonrió.
-Eh.. bueno.. es que.. -no se me ocurrió ninguna excusa convincente. 
Era alto, con el pelo corto y oscuro, sin afeitar y con grandes ojos azules. Llevaba un libro bajo el brazo y me miraba a los ojos. Era joven para ser profesor.
Me volvió a sonreír y, en vez de mandarme a la cama, se sentó a mi lado. 
-Qué buena noche hace... ¿no crees?
-...Erm... -aparté a la mirada.
-¿Cuál es tu nombre?
-Y-Yina Wilde.
-Bien. Sé que a ti no te interesa, pero yo soy Christian Forrest, y soy profesor de Literatura. 
-Ah...E-encantada.
-Igualmente, señorita Wilde. ¿Y qué hace aquí a las 11 de la noche?
-Y-yo... yo sólo quería desconectar unos segundos del mundo, ¿sabe?
-Vaya. Veo que coincidimos en eso. También puedo notar un precioso acento británico en su acento. Inglesa, ¿me equivoco?
Negué con la cabeza, bajando la mirada.
-Soy nueva en el centro.
-Lo sé.
Fruncí el ceño.
Qué raro era este chico.
-He oído hablar de tu madre, señorita Wilde. Una gran escritora, ciertamente.
-La verdad es que no me gusta hablar de mi madre y mucho menos ahora, si fuera tan amable..
-Oh. Le expreso mis más sinceras disculpas, no sabía que el tema estaba tan rasposo actualmente.
En otras circunstancias, si alguien me hablara de esa manera, le hubiera pegado en la cara y le hubiera dicho que me hablara con palabras normales.
Pero realmente me gustaba; hacía mucho que no me trataban con tanto respeto.
-Tranquilo. Estoy bastante acostumbrada a todo esto.
-Yina, ¿me permite que te llame así?
-Sí, por favor.
-Yina, no tengo ningún derecho a meterme en su vida ni mucho menos darte consejos, pero pido que consultes todos esos problemas que le rondan con la almohada, y no en un sitio solitario, frío y umbrío en medio de la noche. 
Suspiré.
-S-sí. Será mejor que sí.
Los dos nos levantamos simultáneamente. 
-No voy a delatarla esta vez, señorita Wilde. Pero que sea la última vez, ¿de acuerdo? -me guiñó un ojo, sonriendo. Me tendió la mano.
-D-de acuerdo -con la primera sonrisa de la noche, estrechamos manos durante un largo rato.
-Que descanses.

~

La lluvia en la calle no dejaba de caer y las pequeñas gotas resbalaban por el vidrio de la ventana. 
Es como si Londres no me esperaba tan pronto de vuelta, ya que cuando me marché hacía relativamente calor y el sol no dejaba de resplandecer y calentar la tierra. Parecía que el tiempo también estaba disgustado y decepcionado como yo. Y también liado y desconcentrado con los hechos, ya que muy de vez en cuando, el sol saludaba desde las nubes con sus rayos dorados y hacían aparecer un precioso arcoiris, pero a los segundos volverían a desaparecer y las nubes oscuras volverían a reinar. 
Suspiré y tragué otro trago de té mientras seguía mirando tras la ventana. 
Mi cara se iluminó al ver a Jess acercarse a mi casa. De un brinco me levanté del alféizar de la ventana y me acerqué a la puerta antes de que ella pudiera siquiera llamar a ella.
-Anda. Hola, Jane -sonrió.
-Pasa
-¿A tu madre no le importa que me quede? -preguntó, quitándose el abrigo.
-Para nada -cerré la puerta y nos dirigimos al salón.
-¿Estás sola? -nos sentamos en el sofá.
-Sí. Bueno, Emma está arriba en su habitación, pero como si no estuviera. 
Agarré una taza con las manos temblorosas. Sólo deseé que Jess no se diera cuenta.
-¿Quieres té? Está recién hecho y puede que queme un poco, así que cuidado al bebér de un trago, no quiero que se te...
-Jane -me interrumpió-. ¿Te pasa algo? Hablas muy rápido y estás temblando...
Tragué saliva al mirar a mi mejor a miga a los ojos. 
Apoyé la taza en la mesilla al caer silenciosamente la primera lágrima. La atrapé con rapidez para que Jess no se diera cuenta y pudiera pasar desapercibida. 
Fue en vano.
-Eh, Jane, ¿qué ocurre? -preguntó con voz suave y tranquilizadora, acercándose a mí, poniendo una mano en mi rodilla.
-No sé qué me pasa, Jess. Estoy muy confusa.
-¿Confusa sobre qué? 
-Por eso te he llamado, para que me convenzas de que está todo bien. Y sé que tú sabes hacerlo.
-Sigo sin entender por qué estás confusa. Si todo iba sobre ruedas, estabas muy feliz ayer cuando te marchaste. 
-Lo sé -susurré-. Pero parece que las cosas ya no están tan claras ahora..
-¿Cosas? ¿Qué cosas?
Suspiré.
-Le conté lo de Ethan.
Los ojos de Jess se abrieron como platos.
-¿En serio? ¿Y qué te dijo?
-Nada. Me agradecía mucho por habérselo contado y que podía confiar en mí.
-Bueno, todo eso es bueno. No sé qué pasa.
-Y me dijo que me quería.
Su expresión se heló y me miró asombrada.
-¿Y eso qué tiene de malo? ¡Es perfecto!
-Pero me asusté, Jess.
-¿Que te asustaste por qué? Tú le quieres, ya está. No hay nada de qué preocuparse.
-Es que ahora mismo no sé si le quiero o no -dije con un hilo de voz, vacilante.
-¡¿Qué?! ¿Qué estás diciendo?
Me encogí de hombros de nuevo. Después, sacudí la cabeza con violencia.
-Quiero decir, sí que le quiero. Y mucho. Pero no sé a qué llegará todo esto. 
-A ver, a ver, a ver. Vamos a poner las cosas en orden. Primera pregunta: ¿tú hubieras hecho el amor con Harry o no?
Suspiré.
-Supongo que sí.
-¿Supones?
-Supongo. No estoy segura, Jess. Su madre nos interrumpió y eso me dio bastante en qué pensar.
Esta vez, fue Jess la que suspiró.
-¿Pensar en qué?
-¿Y si el destino me estaba mandando una señal? 
-¿Una señal? Jane, esto no es uno de tus libros, esto es la realidad. No hay señales.
-Piénsalo Jess. A lo mejor ese no era el momento ni el lugar o igual piensa que no estoy preparada.
-Jane. Eso sólo fue una coincidencia y ya está, no fue ninguna señal ni el destino que te habla y ninguna de esas deliraciones que tu tienes. 
-Yo no creo en las coincidencias. ¿Acaso crees que cuando Harry se dejó el teléfono en el autobús fue una coincidencia que yo lo recogiera? ¿Coincidencia que me emborrachara y acabara en su misma cama medio desnuda? ¿Coincidencia que, después de varias semanas me volviera a llamar para pedirme que pasara las dos mejores semanas de mi vida en la que, casualmente, me besó? No, Jess. Todo eso eran señales del destino diciendo que debería de estar con él. Y ahora me está diciendo que ese no era el momento. Y no sé si me arrepiento de no haber hecho nada.
Jess se quedó atónita.
-B-bueno. Estoy de acuerdo contigo en eso. Y creo que Harry es perfecto para ti. No tienes por qué sentire así, de verdad. Y hmm.. si tú no quieres hacer nada con él por ahora, no lo hagas. Y ya está. No tienes por qué romperte la cabeza ni sentirte mal por ello. Y si él te quiere como él dice, te respetará y ya se las apañará sólo -soltó una risita.
Yo no pude evitar hacerlo también.
-¡Mal pensada! -me pegó en la pierna.
-¿Mal pensada yo? ¡Eres tú la que se ha reído!
-Vale, vale. Mal pensadas las dos. 
Sonreí.
-Entonces, ¿todo aclarado?
-Creo que sí.
-Bien -me sonrió.

~

{Narra Lena}
El teléfono no había dejado de sonar desde aquel día. Y ya habían pasado dos desde lo que ocurrió. Y todas las llamadas de una misma persona. 
Liam.
Él sólo empeoraba y complicaba las cosas. Mis sentimientos no podían estar más enredados y cada vez era más difícil  entenderlos. Byron y Liam. Mi cabeza iba a explotar.
En estos días Byron y yo apenas nos dirigíamos la palabra y el ambiente era frío y distante. 
Y tengo que admitir que no me gustaba. Echaba de menos todas esas tardes en las que íbamos al parque de enfrente y volvíamos peleados. Y cuándo él venía con un chocolate caliente para arreglar las cosas. Y yo, le respondía seca y mal pero él seguía insistiendo, hasta que al final arreglábamos las cosas. Echaba de menos las peleas de espuma cuando fregábamos los platos. Lo echaba demasiado de menos. Todo ello. Tanto, que hasta me iba a la cocina y recreaba los hechos una y otra vez mientras yo estaba sentada en una silla y Byron encerrado en su habitación. 
Ya no podía más. Tenía que contárselo.
Justo cuando iba a subir las escaleras e interrumpir sus estudios sólo para decirle que sentía todo esto, el móvil sonó por quinta vez en el día. 
Liam otra vez.
Suspiré y descolgué el teléfono. 
-¿Qué?
-Hola a ti también. 
Me mordí el labio. 
Sólo su voz ya enamoraba.
-Perdón. Es que me has llamado tantas veces que...
-Y tú nunca me has cogido.
-Lo sé. He estado.. liada. ¿Qué querías?
-Sólo estaba preocupado por ti. No viniste a verme al aeropuerto...
Me quedé muda. 
No. No fui al aeropuerto. No fui a verle. Y puede que esa ocasión podría haber sido una de las últimas veces que le pudiera ver. 
Pero no quise. No quise porque sólo ayudaría a complicar las cosas.
Y mucho no había ayudado.
Y no sabía si me arrepentía o no. 
-L-lo sé, Liam. Y la verdad es que no estaba en un estado adecuado para ir a verte. Es más, sigo sin estarlo.
Escuché como Liam suspiraba al otro lado del teléfono. 
-Lena, yo... no sé que me pasa, ¿sabes? Nunca he hecho antes eso de tener un rollo pasajero en dos semanas. Yo siempre he tenido novias serias y estoy bastante acostumbrado a eso. Y yo sé que para ti sólo fui eso. Un rollo pasajero. 
-No, no, Liam, yo..
-No te molestes. Yo entiendo eso y no estoy disgustado ni mucho menos enfadado por ello. Y sólo te llamaba para aclarar las cosas.
-Oh... Bueno, erm, ya veo que lo has aclarado muy bien tú sólo. Yo no he dicho nada, así que...
-Ya -rió suavemente-. Quería que lo supieras.
Me mordí el labio de nuevo. 
Mi cabeza iba a explotar.
Cuando colgué el teléfono y lo apoyé en la encimera de la cocina, aparté mis planes de subir a hablar con Byron a un lado. Me dejé caer en el sofá.
Todo esto habría acabado en miserables tres días. Byron habrá dejado de vivir aquí y ya habría empezado de nuevo las clases. Todo habría vuelto a la normalidad y ya no tendría ese gran lío en mi cabeza. 
Pero yo no podía dejar las cosas así con Byron. Tenía que arreglarlo. Y pronto. No permitiría que se fuera son haber hablado con él.
Con ese último pensamiento, me levanté de un brinco del sofá y con pasos fuertes y decididos, subían las escaleras y atravesé el pasillo. Me detuve en frente de su puerta y, después de respirar hondo, llamé a la puerta.
La abrí y me asomé:
-¿Se puede?
Byron se giró en su silla y me miró con una sonrisa que se borró al segundo. No llevaba la camiseta y las bonitas gafas que usaba habitualmente para estudiar lucían preciosas en su rostro. Me mordí el labio.
Esto iba a ser más difícil de lo que esperaba. 
-Claro, pasa. 
Entré en la habitación y cerré los ojos al cerrar la puerta. Respiré hondo de nuevo.
Me acerqué a su mesa de estudio y me senté en un taburete cercano y crucé las piernas nerviosa. Byron se quitó las gafas y me miró a los ojos, receptivo.
-Byron, escucha. No he sido del todo sincera contigo. Lo primero, siento muchísimo todo lo ocurrido las semanas pasadas. He sido una borde y te he tratado como no te mereces. No te mereces todo esto, Byron, no te mereces mis insultos, mis locuras y sobre todo como te he tratado. Tú siempre me has tratado excepcionalmente bien, ignorando todo lo que te hacía. Siempre te has mostrado atento y muy amable conmigo mientras yo te daba todo lo contrario.
-Lena, yo entiendo todo esto que me..
-Déjame terminar. Por favor -suspiré-. Jamás me olvidé de nuestra noche de escapada, pero ese no es el caso. El caso es que hice como si no me acordara porque no sabía que hacer ni qué decir al respecto. Y sigo sin saberlo, la verdad. Lo único que sé es que no me arrepiento de nada si es eso lo que piensas. 
Byron parecía aliviado. Me miraba sonriendo.
Intenté ignorarlo y seguí hablando:
-Y espero que me entiendas, pero no pido que me perdones porque no me lo merezco. Yo sólo venía a …
Byron me interrumpió besándome en los labios. 
Me quedé atónita al principio y después le seguí el beso. Nos separamos los dos casi sin respiración, aún con los brazos rodeando mi cintura y mis dedos acariciando su espalda desnuda. 
-Tú me gustas, ¿vale? Me da igual todo lo que me hiciste, me da exactamente igual. 
Sonreí y le besé yo esta vez a él. 
El me levantó y enredé mis piernas alrededor de su cintura, sin perder el contacto con sus labios. Apoyó mi espalda en la pared y siguió besándome. 
-No estas borracha, ¿verdad? -me preguntó, mirándome a los ojos. 
Dejé escapar una risa.
-Verdad -susurré, mordiendo su labio inferior, mientras su mano ya viajaba por mi espalda y desabrochaba mi sujetador.
Sonreí una vez más.

~

-¿Y ahora qué va a pasar, Byron? -pregunté con miedo, aún deslizando mi dedo por su pecho.
-¿Con qué?
-Con nosotros. Recuerda que en tres días ya te vas. 
Suspiró. 
-Francamente, no lo sé.
Entonces, la idea más loca que jamás había tenido se cruzó en mi mente. No sabía si podía funcionar o no, o sin nuestros padres podían estar de acuerdo. O si a él mismo no le parecería una locura y una tontería de la idea tan repentina que tenía en mente. 
Pero eso sólo me invitó a creer más en ella:
-¿Y si vienes a vivir aquí?