veintiuno

Cher Lloyd me ayudaba a poner los vasos de plástico encima de la mesa, y yo tenía que hacer acopio de todas mis fuerzas para no ponerme a chillar cada vez que me dirigía la palabra. Cher también se pasaba ocasionalmente por el piso algún que otro viernes, y ya había hablado con ella más de una vez de una forma totalmente natural, pero aún así, había veces que mi subconsciente me recordaba de forma totalmente arbitraria que mi nuevo círculo de amigos incluía gente que salía por la tele y de las que hablaba la gente en sus cotilleos.

En el minuto uno en el que Harry y Yina entraron por la puerta yo ya estaba sirviéndome una copa de vino de lo nerviosa que estaba. No tenía ninguna razón en particular por la que ponerme nerviosa, pero mi estómago estaba extrañamente inquieto. Tal vez era porque hacía mucho que no estaba con Yina en una misma habitación y compartiendo de nuevo la noche con ella, y no estaba del todo segura de cómo habían acabado las cosas entre nosotras, aunque sospechaba que no demasiado bien, ya que los besos que me dio en las mejillas al saludarme fueron secos e incómodos. De todas formas no me dio demasiado tiempo a rallarme por aquello ya que el abrazo que me dio Harry segundos más tarde me dejó sin respiración, por mucho que no tuviese nada en particular, era el simple hecho de volver a sentir sus manos bajarme por la espalda, que provocaba una ola de imágenes que me resultaba difícil de controlar. Como pasaba usualmente.

Las personas estaban rodeando la mesa de la que habíamos guardado las sillas en la habitación de Louis para crear más espacio, hablando entre ellos animadamente mientras yo me encargaba de la música dando sorbos a mi vaso de plástico. Ellen como siempre estaba hablando con Cher y con Jess alzando la voz más de lo que debería, aunque parecía que estaban disfrutando las tres de la conversación. Sujeté mi vaso y decidí acercarme a donde estaban Aiden y Harry hablando apoyados contra el sofá mientras Yina soltaba sus características carcajadas estridentes, y la cara de Louis al escucharla reírse de esa manera hizo que tuviera que reírme yo también. Liam acariciaba el borde de su vaso con un dedo mientras me miraba acercarme a ellos dando un sorbo al mío.

—Qué raro verte bebiendo ya tu segundo vaso tan pronto —apuntó Liam con una sonrisa.

Yo fingí una risa mientras el grupo reía con el comentario, sobre todo Harry, que me pellizcó una mejilla juguetón. Yo le aparté la mano mirándole con las cejas alzadas y una sonrisa.

—Qué graciosos sois, de verdad —respondí.

—Yo ni siquiera he empezado a beber y tu ya arrastras las palabras —añadió Harry con una risa.

Le puse mi vaso en la mano y con una sonrisa desafiante, me metí el dedo en la boca para luego meterlo en el vaso que ahora sujetaba Harry, y removí el líquido con él.

—Para ti, mi regalo de cumpleaños —dije con una sonrisa satisfecha cruzándome de brazos.

La gente a mi alrededor rió, y las carcajadas de Louis y de Harry se entremezclaban entre ellas.

—¿De verdad piensas que esto me molesta? —respondió segundos antes de llevarse el vaso a la boca y dar un trago sin separar sus ojos de los míos.

—Literalmente te ha comido la boca —añadió Louis y yo tuve que soltar una carcajada, sin evitar ponerme colorada.

Se rieron todos de nuevo y hasta Yina soltó una carcajada, que me sorprendió.

—Tienes razón. Dame eso—dije alargando el brazo para quitarle de nuevo el vaso y darle un trago yo.

Harry soltó una carcajada y me desafió con la mirada antes de volver a quitarme el vaso de las manos, y darme un beso en la mejilla. Yo aparté la cara juguetona y le saqué la lengua para burlarme. Sus ojos brillaban al no dejar de sonreírme, apoyándose de nuevo en la pared y cruzándose de brazos.

—¿De dónde es ese acento? —preguntó Aiden cambiando sutilmente de tema.

—Ugh no le preguntes por el acento, por favor —se quejó Zayn.

—No soy americana si eso es lo que te preguntas. Soy española —respondí pasando de él.

—Sí que suenas americana.

—Lo sé. Es la mayor desgracia que me ha pasado.

Me acerqué al grupo de chicas y le puse el brazo por encima a Jess, cuyas mejillas estaban algo sonrojadas.

—¿No ha podido venir Lena? —pregunté.

Bajó la mirada y negó con la cabeza algo decaída y se encogió de hombros.

—Oh. No te preocupes, ya vendrá otro día.

Ella de nuevo me lo agradeció con la mirada como si le acabase de salvar la vida.

Para intentar calentar el ambiente, decidimos jugar un beer-pong encima de la mesa de la cocina en distintos grupos de tres personas. Naturalmente Ellen, Jess y yo formábamos un grupo, mientras que Liam, Zayn y Niall formaron otro, Aiden, Harry y Louis formaban el siguiente y por falta de gente, Yina y Cher tuvieron que conformarse la una con la otra. Hacía un rato que estábamos jugando, y el equipo de Harry ya había conseguido eliminar el primer grupo de chicos, y mientras tanto colorar las mejillas de Niall después de alcoholizarle.

Ellen se estaba colocando delante de la mesa con la pelotita naranja en las manos, frotándola entre ellas y soplando repetidas veces dentro de su puño para tener suerte. Era una exagerada, se estaba sacando las tabas del cuello y todo, aunque después de un par de vasos de cerveza, la cosa tenía gracia. Aiden apoyaba la mano en el otro lado de la mesa, con la espalda curvada y mirándola a los ojos para tratar de ponerla nerviosa, con los ojos entrecerrados y los labios curvados en una sonrisa. Aún así, Ellen no subía la mirada hacia él, sino que seguía haciendo sus rituales con la pelota.

—Tira de una puta vez —decía Louis, expectante.

Ellen soltó una bocanada de aire dramáticamente y tiró la pelota con cuidado, para que rebotase contra la mesa y después contra el borde de uno de los vasos, aunque no dentro como era el objetivo. Los tres chicos soltaron gritos de victoria mientras nosotras tres otros gritos de derrota, y Ellen se llevaba las manos a la cabeza con un gemido de frustración.

—Tenéis que beber —dijo Harry señalando nuestros vasos.

Con una pequeña carcajada, sujeté mi vaso y bebí un trago. Harry sujetaba la pelota esta vez, y yo con dos pasos ágiles, me puse en el otro extremo de la mesa, poniéndome cara a cara con él. La luz caía desde arriba, y la cara del chico quedó medio sombreada por su pelo, aunque yo no tardé nada en encontrar sus ojos. Tenía mi estrategia perfecta; tenía que ponerle nervioso. Le miré directamente a los ojos, mientras él sin ningún signo de dirección planeada, comenzó a estudiar los vasos en los que tendría que encestar la pelotita. Me coloqué el pelo bien y apoyé los codos en la mesa de modo que enseñaba justo lo que necesitaba del escote para ponerle nervioso. Él se aclaró la garganta y esbozó una pequeña sonrisa, aunque en ningún momento subió la mirada hacia mis ojos. Con dos movimientos, la pelota rebotó en la mesa y entró de lleno en el vaso que tenía delante de la cara.

Me incorporé mientras de nuevo el equipo de enfrente celebró su victoria con gritos, mientras que el resto miraba y aplaudía sus habilidades.

Sin añadir nada, sujeté el vaso de encima de la mesa, saqué la pelota de ella y sin separar mis ojos de Harry, que ahora ya sí me miraba, bebí el contenido de un trago. Cuando aparté la mirada pude ver por el rabillo del ojo cómo aprovechaba para sonreír y colocarse bien el pelo.

Sequé la pelota en mis vaqueros.

—Me toca —dije, y sin siquiera darle tiempo a colocarse para ver cuál era mi resultado, lancé y con elegancia, la pelota rebotó en la mesa y entró limpiamente en el vaso de plástico.

Harry se quedó atónito por mi rapidez y sin dejarle tiempo a reaccionar, alcé mis brazos en victoria y dejé que el resto de chicas me abrazaran. Sinceramente no sabía cómo había hecho aquello, pero había conseguido que la sala saltara en chillos de incredulidad ante lo que acababa de hacer, y hubiese pagado lo que fuera por volver a ver la cara de Harry, visto que su chulería no había funcionado.

Aún así, esta vez sin mirarme a los ojos, sujetó el vaso y tuvo que tragar su contenido de una, para después soltar una carcajada.

Louis y Jess se colocaron en sus sitios y como era de esperar, Louis no tuvo ningún problema en encestar la condenada pelota en uno de los vasos, que Jess tragó con un ojo cerrado por la fuerza del ron que habíamos decidido servir para el juego. Tampoco fue ninguna sorpresa cuando Jess no encestó la suya y de nuevo como penitencia tuvimos que beber las tres bajo, de nuevo, sus celebraciones.

—Y ganamos, de nuevo —enfatizó Louis de nuevo, frotándose la pelotita en el pecho con chulería.

Niall estaba rojo de la risa.

—Ya veremos —dijo Cher, acercándose a la mesa y arrebatándole la pelota de la mano.

Yina soltó una carcajada y ambas se colocaron en el sitio que habíamos ocupado nosotras, mientras que los tres chicos aprovechaban la pequeña pausa para servirse más cerveza en sus vasos.

—Bueno, como sois dos, dejaremos que los chicos elijan entre vosotras por turnos —dijo Zayn, que se había declarado árbitro al perder la primera ronda.

—Empiezo yo —dijo Harry, dando un paso al frente.

Segundos más tarde, Cher le lanzó la pelota con ojos desafiantes, y Harry la sujetó con elegancia por mucho que posiblemente no se lo hubiese visto venir, aunque resolviéndolo con agilidad.

—Elige —no sólo la mirada de la chica era desafiante, sino que el tono que usaba en la voz era claramente una declaración de reto.

Harry no separaba sus ojos de ella, y después de una pequeña pausa en la que parecía que estaban ellos dos solos en la sala, dejó salir una pequeña risa aspirada y cruzó los brazos.

—Está bien. Quiero jugar contra ella.

La garganta se me estaba cerrando por momentos. No sabía muy bien qué era aquello que estaba pasando entre ellos, pero me sentí horriblemente desplazada, como si de pronto yo sobrase del todo, viendo cómo las chispas entre sus miradas casi podían empezar a arder en cualquier momento.

Harry se humedeció los labios y apartó la mirada de la chica, que sonreía satisfecha con el resultado que había conseguido. Yo sacudí la cabeza por acto reflejo, borrando todos los pensamientos malos que mi subconsciente me lanzaba en mi dirección. La vista se me nubló por unos segundos y entonces es cuando me di cuenta de lo borracha que estaba. Respiré hondo por un segundo, y cuando me quise dar cuenta, Harry ya había encestado la pelotita en el vaso del lado de Cher, como de costumbre. Ella con una sonrisa ladeada, aunque no dejándose intimidar, bebió siguiendo las instrucciones como una buena chica, y después de secar la pelota, se dispuso a lanzarla.

Decidí que aquello no quería verlo, de pronto. Mi cuerpo se movió con una rapidez estratosférica hasta el baño más cercano que encontré y simplemente me quedé allí hasta que mi cuerpo decidiese que ya era suficiente.

No entendía muy bien qué era exactamente lo que estaba pasando y sobre todo, desde cuándo estaba pasando. Los titulares de las revistas que mencionaban su nombre cada vez que el mío era mencionado me salpicaron la mente con crueldad, y cómo Jess me decía con voz suave que todos aquellos rumores se los inventaban para dar más publicidad al programa me retumbaba en los oídos. Sabía muy en el fondo que el rumor de Cher podía ser otra cosa más que un rumor y mi instinto siempre me había dicho que probablemente no fuese una mentira. Sabía que podría haber algo. Aunque, de pensarlo a verlo con mis propios ojos, fue como si alguien me hubiese dado una patada en el pecho con todas sus fuerzas. Su forma de mirarla y cómo eran capaces de evadirse del resto de gente por mucho que estuviesen rodeados de personas y fueran el centro de atención en tan sólo un momento minúsculo. Cómo lo hacía delante mía. Cómo se esperaba a que yo pudiese soportarlo, o como si le diese igual que lo hiciera o no.

Tenía que relajarme. Posiblemente no estaba pasando nada. Posiblemente estaba muy borracha y mi mente había decidido simplemente hacerme ver cosas para hacerme daño. Posiblemente estaba exagerando.

Respiré hondo un par de veces y salí de baño ahuecándome el pelo con los dedos.

Cuando llegué los chicos ya habían ganado y estaban celebrando su victoria, como yo había supuesto desde el principio.

Con una sonrisa en la cara y pretendiendo que los celos que estaba sintiendo no estuviesen ahí, sujeté la pelota y señalé a Zayn con el dedo.

—Contra vosotros no he jugado. Quiero jugar contra vosotros.

Harry, Aiden y Louis se estaban moviendo hasta el sofá para continuar con su conversación con Cher y Yina, que hablaban con volumen y muchas carcajadas.

—Tía, yo quiero estar un rato con Aiden —me dijo Ellen, poniéndose a mi lado.

Gruñí. Dirigí mi mirada hacia los sofás e ignoré lo mejor que pude el salto que dio mi estómago cuando vi que Harry y Cher se habían sentado juntos en el sofá.

—¿Yina? —dije llamándola, y automáticamente giró la cabeza para mirarme—, ¿quieres jugar otra ronda?

La chica asintió con efusividad y se acercó de nuevo a la mesa.

Niall frotaba la pelota entre sus manos para continuar con el juego, aunque yo estaba demasiado centrada en el sofá de detrás del grupo de chicos que estaban al otro lado de la mesa. Naturalmente estaban hablando los cinco entre ellos, aunque pude ver cómo ella reía con cada comentario que hacía el chico de rizos, y cómo él se esforzaba para que ella se riera. Como hacía conmigo.

Tuve que centrarme bien, Yina me tendía la pelota, aunque me importó poco cuando no encesté y tuvimos que beber las tres de nuevo. Jess me estaba mandando miradas con motivo de venir en mi ayuda, aunque pude esquivarlas con agilidad, llevándome el vaso a la boca más veces de lo necesario.

No podía dejar de mirarlos, por mucho que mi mente me dijera que sólo me estaba imaginando cosas, yo sabía que la manera en la que le estaba acariciando el brazo no lo eran, yo había estado alguna vez en su situación, intentando no doblarme bajo su roce. Justo como estaba haciendo ella, a juzgar por la mirada que le dirigía.

Estaba tan enfrascada en ellos dos que ni siquiera me había dado cuenta de que Yina se había puesto extrañamente cerca mío. Sacándome de mi ensoñación de un tirón, descrucé los brazos mientras le dirigía una sonrisa a la chica de rizos, que me miraba expectante.

Ella, sin decir ninguna palabra todavía, señaló a la pareja con la barbilla y me miró como si el momento que más había ansiado acabase de llegar.

—Ahora sabes lo qué se siente.

Parpadeé un par de veces sin saber qué era exactamente lo que tenía que responderle. Como una estúpida y sintiendo el alcohol darme una patada en la espinilla de pronto, empecé a titubear, costándome pensar de pronto, dejando las palabras amontonarse en mi garganta. Ella también lo estaba viendo, lo que lo hacía horriblemente real.

—No tienes que decirme nada —me interrumpió—. Sólo que sepas lo que duele.

De pronto mi mente hizo un clic y me incorporé de la encimera en la que estaba apoyada. Dando un último trago a mi bebida, llené mi vaso de cerveza y valentía. Al darme cuenta de que el juego había concluído hacía un rato, sujeté el vaso que acababa de llenar y me acerqué al resto del grupo, tratando de pasar del nudo de mi garganta al sentarme en el suelo, justo en frente del sofá en el que estaban sentados Harry, Cher, Ellen y Aiden. Trataba de no mirar recelosa el sitio en el que estaba sentada Cher, ya que ese hubiese sido mi sitio si no fuese por ella. Simplemente me crucé de piernas y dejé el vaso de plástico en la mesilla que nos separaba. Jess se sentó al lado mía y me sonrió para darme apoyo moral, aunque yo ya sabía lo que estaba haciendo, por lo que aparté la mirada y la ignoré.

Hasta ella lo estaba viendo.

Mis pensamientos quedaron interrumpidos cuando Ellen se incorporó de pronto con el teléfono en la mano y con una cara de horror en el rostro que, curiosamente, me hizo estallar en carcajadas cuando la vi.

—Jane, no te rías. Esto te concierne —me dijo, levantando la mirada de su móvil para dirigírmela con seriedad.

—¿Concierne? —dije todavía con risas colgando de mis labios, notando que la sala estaba riendo con mi felicidad repentina.

Harry incluso colocó el brazo que tenía en el respaldo detrás de Cher en su regazo. Ellen seguía con su rostro serio.

—¿Qué pasa? —respondí, tranquilizándome un poco.

—Es un artículo que habla de ti y de Dan.

Resoplé y Jess a mi lado soltó una carcajada.

—¿Y qué dice? —preguntó ella por mí.

—Prácticamente, no se cree nada de lo que estais haciendo —dijo, esperando a que aquello fuera todo.

Notando cómo todas las miradas en la sala, ahora en silencio, se posaban en mí, decidí que era un buen momento para mantener la atención centrada en mí.

—Léelo —dije sorprendentemente.

Mi cabeza decidió que era un buen momento para que el gato saliera de su jaula una vez por todas.

Ellen me dirigió una mirada de nuevo, advirtiéndome de lo que estaba a punto de hacer, aunque yo se la devolví dándole todo mi consentimiento. Se aclaró la garganta dándome un último aviso, aunque yo no la paré.

—"Supongo que todas nos acordamos de Jane, la chica que no lo tuvo muy difícil en supuestamente robarle el corazón a nuestro Harry. Sabemos que últimamente, para nuestro desconcierto, la hemos pillado más de una vez del brazo de un desconocido, que según nuestras fuentes más cercanas se trata de un antiguo novio que tuvo la rubia. De todas formas, nos extraña lo cariñosos que se muestran en las siguientes fotos que os adelantamos", ¿quieres verlas, Jane?

Acababa de dar un trago a mi vaso, por lo que traté de no reírme muy fuerte por miedo a que la bebida se me fuese por otro lado.

—Creo que voy a pasar, gracias.

Jess de nuevo se hizo cómplice de mis risas, aunque Ellen, como el resto, pasó de nosotras y siguió leyendo el artículo:

—"¡Demasiado pegajosos para nuestro gusto! De todas formas, no temáis (¿o sí?), que sabemos a ciencia cierta de que esa relación es ¡totalmente falsa! Lo sabemos gracias a que pillamos a nuestra rubia de nuevo saliendo del complejo de apartamentos de Harry con una sonrisa de oreja a oreja. No os preocupéis, nosotros sabemos que es falso, ¡y vamos a darte todos los detalles paso a paso y foto a foto! La prueba número uno que nos demuestra que esta relación es falsa es la cara que pone Jane en cada una de las fotos que tenemos de ellos dos cuando están juntos. Quiero decir, ¡miradle! Parece que acaba de salir de una dolorosa depilación láser!" —Ellen tuvo que hacer una pausa para soltar una carcajada, mientras inclinaba el teléfono para enseñar a Harry la foto que posiblemente la página había facilitado.

Después de que todo el mundo se hubiese acercado a ella para ver la maldita foto, la cual a mí no me hacía especialmente ilusión ver, ya que podía imaginarme la cara que llevaba, Ellen siguió leyendo, ahora con un humor algo más ligero:

—"Cosa que nos lleva a la prueba número dos: la cara que pone cada vez que está con Harry. Esto puede que escueza un poco, pero no podemos negar que parece perfectamente feliz cada vez que le mira, ¡y nosotras no podemos estar más de acuerdo! Sabemos que esa es exactamente la cara que pondríamos nosotras si Harry nos mirase de esa forma." —De nuevo Ellen le enseñó el teléfono a Harry, y yo tuve que apartar la mirada cuando él me la quiso dirigir a mí—. "La prueba número tres no es más que otra de las afirmaciones que todo el mundo nos ha señalado, y es el hecho de que el chico desconocido no es nadie menos que su ex, posiblemente haya historia entre ellos, ¡pero eso es todo! La prueba número cuatro nos parece algo redundante destacados los hechos, aunque no hemos podido evitar compartirla con vosotras las lectoras; ¡Jane está completamente enamorada de Harry! Otra cosa está por ver si es correspondido o no...".

Menos mal que Ellen y Jess ya habían estallado en risas para facilitarme el trabajo, que pude ocultar lo colorada que me había puesto con unas cuantas carcajadas. Incluso Niall estaba rojo de la risa, aunque no fui capaz de escuchar sus risas por encima de las de Yina, que estaba hasta dando palmas del ataque de risa que le estaba dando. Trataba de no mirar demasiado a Harry, pero también pude verle reír levemente, cosa que quisiera que hubiese sido un alivio. Lo cierto es que verle reírse ante aquello no ayudó a que mi corazón recompusiera su postura, sino hizo que se hundiera algo más en mi pecho. Tuve que dar otro trago del alcohol para distraer la mente.

—Qué adorable —dije, esbozando la mejor sonrisa falsa que me salía cuando estaba borracha.

—¿Lo estás? —preguntó Liam de la nada, y el corazón se me subió a la boca por unos segundos.

Tragué saliva antes de responder.

—¿A qué te refieres?

—A lo de la relación. Si lo estás falsificando, quiero decir.

—Oh —tuve que reírme, ya que estaba horriblemente aliviada—. No hay ninguna relación, para empezar. Es un amigo —hice una pausa para suspirar—. Sólo quiere hacer que lo parezca.

Zayn esbozó una mueca con las cejas.

—¿Por qué?

—Porque es gilipollas.

La gente de la sala me miraba con incertidumbre en las miradas, a excepción de Ellen, que se la escuchaba reírse por el fondo suavemente.

—No entiendo nada —dijo Niall, incorporándose en el sofá en el que estaba sentado.

Hice un gesto con la mano para restarle importancia. Harry ni siquiera me miraba.

—No quiero hablar del tema, es una gilipollez.

—Ugh —Cher gruñó, y yo me di cuenta de que no la había visto reaccionar hasta entonces—. Putos periodistas, son lo peor. Un día te quieren y al día siguiente te dejan en bragas.

—Sí, bueno. No son los periodistas los que me suelen lanzar la mierda, en realidad. Son unos pesados, pero por lo menos hablan bien de mi, los días que voy depilada —respondí.

Por suerte dejaron el tema zanjado y volvieron a la conversación anterior, donde de nuevo volví a distanciarme de ellos por completo, ahora preocupada por las consecuencias que tendría después de que ese artículo se hubiese publicado. Casi notaba el icono del twitter temblar en la pantalla de mi teléfono cuando Ellen me mandó el enlace de la página para que se la pudiese enviar a Dan, el cual no tardó ni dos minutos en contestarme.

Dan: ....de acuerdo

Dan: entonces tendremos que hacer que se lo crean


Yo: yo creo que ya vale, no?


Dan: no

Dan: lo único que vas a tener que hacer es hacerlo más creíble

Dan: tienes que esforzarte más

Dan: cuando quedemos puedes besarme, por ejemplo

Dan: creo que ya es hora

Puse los ojos en blanco y dejé el teléfono en el suelo sin responderle. Me levanté del suelo para llenarme el vaso y tuve que esforzarme por no caerme al levantarme tan de golpe.

Aquello era lo último que necesitaba en esos momentos. Parecía que por mucho que intentase pasármelo bien a pesar de todo, el destino se había propuesto joderme la noche, por alguna u otra razón.

Yina se puso al lado mía mientras terminaba de servirme, y antes de que pudiera acomodarse, yo ya estaba poniendo los ojos en blanco y dando un trago enorme.

—Vaya, menuda noche estás teniendo, ¿eh? —preguntó con el puño en su cintura y una ceja alzada.

—Tú no lo estás mejorando —murmuré antes de dirigirle la mirada y una sonrisa falsa.

Ella se encogió de hombros.

—Déjame disfrutar un poco, ¿quieres?

Fruncí los labios y me crucé de brazos al ponerme en frente suya. La rabia me subía por la garganta.

—¿Sabes una cosa, Yina? Yo nunca te he hecho nada malo —solté, intentando no gritar demasiado, ya que prefería que la conversación fuera privada—. Ni siquiera te conocía y ya estabas mirándome mal. Está bien si quieres que tu excusa sea que los dos os conocéis desde que sois pequeños y que tenéis una relación rara de cojones, pero deja de ser tan desesperada, por dios. Estoy harta de tus niñerías, supéralo de una vez.

Tenía todavía esa mirada de superioridad en los ojos, como si a pesar de que yo tuviera razón y ella lo supiera, no quitaba el hecho de que él seguía haciéndole caso a otra chica que no fuera yo, cosa que la satisfacía enormemente.

De todas formas, se esforzó para dejarlo claro.

—A mí no lleva ignorándome toda la noche.

Solté una pequeña risa.

—Mira, Yina. La gran diferencia que hay entre tú y yo ahora mismo, es que yo voy a terminar la noche con él.

Sujeté el vaso todavía mirándole a los ojos y me separé de ella para volver a mi sitio de antes, con una sonrisa de satisfacción en la cara después de verle la cara desencajada al decirle aquello.

Como si me hubiesen chutado la adrenalina por vena, fui capaz de no dirigir ni una sola mirada al sofá infernal de enfrente mía y de pasar directamente a mi teléfono, donde Dan me había escrito unas tropecientas veces.

Ni siquiera leí lo que me había puesto, simplemente tecleé con rapidez.

Yo: Dan, querido

Yo: vete a la mierda

Yo: estoy harta de ti

Sabía que aquello acarrearía consecuencias y posiblemente severas, aunque mi yo borracha estaba muy orgullosa de la decisión que había tomado en aquel momento. El móvil vibró un par de veces en mis manos todavía, aunque lo ignoré super bien.

Al alzar la mirada con una sonrisa restaurada, Ellen tenía la lengua tan metida hasta el fondo de la garganta de Aiden que no pude evitar soltar una carcajada. Les lancé un papel que encontré en el suelo.

—¡Id aun hotel o algo! —les grité, y Ellen me lanzó la peor mirada de odio que le había visto.

Dan: no puedes hacer eso

Dan: sabes que lo voy a hacer

Me acerqué a Jess a gatas por el suelo, que hablaba con el resto de chicos en el otro sofá del salón. Me quedé sentada en el suelo. No les estaba escuchando, aunque me reía a veces para que pareciera que estaba siguiendo la conversación, cuando lo cierto es que estaba haciendo esfuerzos extraterrestres para ignorar el teléfono vibrar una y otra vez en mi bolsillo. Me estaba llamando.

Alguien me había dado unos golpecitos en el hombro y cuando miré hacia arriba, Harry me tendía una mano. La cogí para ayudar a levantarme.

—¿Qué pasa? —dije, poniéndome un mechón de pelo detrás de la oreja.

No estaba haciendo ningún esfuerzo por soltarme la mano, por lo que yo tampoco la moví ni un centímetro, disfrutando secretamente de su roce de nuevo.

—¿Podemos hablar un momento?

—Claro —respondí, y segundos después tiraba de mí para que le siguiera hacia la entrada del piso.

Me apoyé en la pared y mi seguridad de hacía unos segundos se estaba esfumando por momentos. Me sujeté el codo. Él me miraba con una sonrisa.

—¿No estaré interrumpiendo algo, no? —pregunté al notar su silencio.

No sabía muy bien por qué dije aquello, pero sólo quería dejar constancia de que les estaba viendo hacer manitas desde que ella había llegado. De todas formas no se lo tomó a malas y se rió levemente.

—Deja de decir gilipolleces.

Me uní a sus risas y tuve que morderme el labio con sutileza.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—En realidad no quería hablar de esto ahora mismo. Pero no dejo de darle vueltas.

—Está bien.

—Se trata de Dan.

—Ah —puse los brazos detrás mía contra la pared y bajé la mirada durante unos segundos—. Vale, sí. Dime.

La verdad era que con todo aquello que estaba pasando no me había dado cuenta de que no había recibido una reacción al tema de Harry, y el hecho de que me hubiese apartado para hablar de ello me resultaba satisfactorio cuanto menos, por mucho que tuviese los oídos taponados y la cabeza embotada por el alcohol. No pude evitar sonreír un poco.

—Bueno, yo sólo quiero saber si lo que dice el artículo es verdad...

—Ya sabes que sí. Quiero decir, sabes que Dan y yo sólo somos amigos y que no hay nada.

Me vi interrumpida cuando volví a sentir el teléfono vibrar en el bolsillo trasero, al sacarlo para silenciarlo de nuevo, ignoré como pude la llamada entrante del pesado de Dan y rezando porque Harry no se hubiese dado cuenta.

—¿Te está llamando?

Solté un gruñido.

—Sí, le he pasado el artículo.

—¿Está enfadado? —preguntó con cuidado.

Me encogí de hombros.

—Suele enfadarse cuando le mando a la mierda.

Nos reímos los dos y comencé a sentir cómo las palabras empezaban a pesarme en la boca. Suspiré.

—La verdad es que... bueno. No me gusta pasar tiempo con él. Es demasiado doloroso.

Apoyó la mano en la pared detrás mía y traté de no ponerme nerviosa al tenerle de nuevo tan cerca mío. Me lazaba dudas con los ojos, y cuando estuvo a punto de preguntarme, le interrumpí.

—Me está chantajeando.

Hubiese hecho lo que fuera necesario por mantenerlo tan cerca de mí todo el tiempo que pudiese, sentirle respirar contra mi piel y su pelo casi rozándome las mejillas. Aunque aquello que dije sólo hizo todo lo contrario, y mis entrañas sabían perfectamente que aquella iba a ser la consecuencia. Mi teléfono comenzó a vibrar de nuevo dentro de mi mano.

—¿Qué?

—Está bien, ya está. Ya me va a dejar en paz, en serio. Sólo está así porque ha visto que no funciona.

—¿Cuánto tiempo lleva haciéndolo?

Suspiré.

—No lo sé, mitades de noviembre, igual algo más tarde.

—¡Mitades de noviembre! Jane, ¿por qué no me lo has contado?

—Estabas centrado en el programa, no te quería distraer con tonterías así. Además, pensé que no iba a funcionar. Luego terminó y las cosas se calmaron para mí, y hasta hace unos días me había dejado en paz porque pensó que se habían olvidado de mí. Ha vuelto a acosarme desde que me sacaron esa estúpida foto el viernes pasado. Pero ya está, me he cansado y le he mandado a la mierda. Ya está.

Se cruzó de brazos.

—¿Con qué te estaba chantajeando?

—¿Qué?

—Que con qué te estaba chantajeando. Tiene que haber sido algo gordo si te hacía pasar tanto tiempo con él.

Negué con la cabeza.

—De verdad que da lo mismo, Harry. Posiblemente sea un farol, no tiene importancia, de verdad.

Solté un gruñido enorme cuando volví a ver cómo Dan estaba llamándome por tercera vez en lo que llevábamos de minuto. Antes de que pudiera hacer algo al respecto, Harry me quitó el teléfono de las manos y contestó por mi.

—Sí, hola, ¿Dan?

Me llevé la mano a la boca.

—Sí, sí, soy yo. Escucha... ¿te quieres callar un momento? Gracias. Entiendo que estás teniendo problemas de comprensión. La forma en la que Jane me lo ha contado, me queda lo suficientemente claro que sus intenciones con sus palabras son que te vayas a la mierda y que la dejes en paz de una puta vez. Yo no tengo ningún problema en repetírtelo las veces que haga falta, así que ¿quieres dejar a Jane en paz o necesitas más información adicional?... Sí, bueno, tu opinión me da bastante igual, así que hasta luego, un placer conocerte.

Le miraba con la boca abierta en una sonrisa mientras me tendía el móvil de vuelta, aunque él no parecía del todo divertido, se pasaba la mano por el pelo y fruncía el ceño al alzar la mirada para mirarme. Quise retenerme, aunque luego me di cuenta de que no tenía por qué hacerlo, mordiéndome el labio. Tardé dos milisegundos en meterme el móvil de nuevo en el bolsillo y en rodear su cuello con mis brazos para besarle con una sonrisa en los labios. Parece que le pillé de sorpresa, aunque a pesar de ello él tampoco tardó en poner sus manos en mi cintura y apretar mi piel bajo sus dedos.

—¿De nada? —dijo cuando me separé algo de él, sin soltar mis manos detrás suya.

—Oh, no te estaba dando las gracias, sólo me has puesto muy cachonda.

Nos reímos los dos a centímetros el uno del otro, y a mí me costaba a horrores no volver a sonreírle en la boca.

Por desgracia, Jess se materializó de la nada cruzando la esquina en la que nos habíamos escondido con una sonrisa picarona en los labios y sin parecer tener ningún reparo en interrumpir. Aún así, rebajó la sonrisa un poco y se aclaró la garganta.

—Perdón. ¿Interrumpo?

—No.

—¿Qué pasa?

Ella volvió a ampliar la sonrisa y se puso las manos detrás de la espalda.

—Vamos a jugar a algo. ¿Queréis uniros?

Después de aceptar y haciendo amago de volver al salón a hacer vida social algo más, Harry me dio un último apretón en la mano y un beso en la mejilla.

Me volví a sentar en el suelo donde estaba antes junto a Jess. Ellen pareció que me estaba esperando, ya que en el momento en el que senté el culo, se puso a mi lado con brillo en los ojos.

—¿Qué ha pasado? ¿Has hablado con Dan?

Fruncí el ceño y negué la cabeza mirándola incrédula.

—Ellen, déjalo ya. Todo está bien.

Parecía algo decaída cuando le respondí aquello, aunque en seguida volvió a incorporarse y a sentarse en el sofá de donde venía.

Mientras tanto, Cher ya había empezado a explicar las reglas del juego, con Harry de nuevo a su lado.

—Todos vuestros nombres están puestos en la aplicación de mi móvil, y cada vez va poniendo distintos retos, preguntas y cosas así. Si alguien decide no responder o no obedecer a lo que dice la aplicación, hay un número de tragos en penitencia. Habéis entendido, ¿no?

Después de que todo el mundo asintiera, colocó bien el teléfono para aclararse la garganta y empezar a leer. Aunque, antes de que siquiera abriera la boca, ya se había atragantado con su risa.

—Si alguna vez han publicado un artículo sobre ti en el periódico bebes tres tragos —dictó.

La sala estalló en carcajadas. Era realmente irónico, aunque por suerte nos lo tomamos todos con humor, y prácticamente cada uno de los presentes de la sala tuvo que cumplir con lo que decía la maquinita.

Cher soltó una carcajada antes de leer el siguiente.

—Harry, enseña fotos de personas desnudas en tu teléfono o bebe dos tragos.

El chico frunció el ceño y se llevó el vaso a los labios sin pensárselo dos veces.

—No tengo ninguna —aclaró encogiéndose de hombros—. Pero si tuviera, tampoco las enseñaría, psicópatas.

—Mentiroso —dijo Ellen a su lado.

—Las suyas propias no cuentan —comentó Liam entre risas.

Solté una carcajada, aunque quedó camuflada por el resto de risas que llenó la sala. Harry ni siquiera parecía afectado ante las acusaciones, sino que reía junto a nosotros.

—Vale —continuó Cher—. Las chicas tenemos que beber nuestra talla de sujetador. O sea, si tienes una A bebes un trago, si tienes una B bebes dos, etcétera.

Vi a Ellen haciendo cuentas con los dedos para después beber tres tragos y tuve que soltar una carcajada. Puse los ojos en blanco.

—¿Qué se hace si no tengo? —pregunté en un murmullo, completamente en serio, aunque con una sonrisa.

Pude ver cómo Harry soltaba una carcajada, aunque Ellen puso los ojos en blanco.

—Tu sólo bebe.

—Ellen —siguió Cher con el móvil en alto, después de beber—, tienes que juzgar a todos los que estén peor vestidos que Yina y tendrán que beber dos tragos cada uno.

Ellen se rió.

—Literalmente, nadie —dijo mi amiga con segundas intenciones, aunque Yina lo único que hizo fue soltar una carcajada—. No, ahora en serio —continuó Ellen pasando de ella, paseando la mirada por la sala—, no creo que nadie vaya mal vestido hoy, la verdad. Pero Aiden, esa chaqueta podrías haberla dejado en casa.

El chico la sonrió y le sacó la lengua burlón antes de beber dos tragos al que le había condenado. Sabía que probablemente Ellen no pensara de esa manera, sino que se trataba de otra de sus muchas maneras de ligar y tontear con él. Ella le lanzó un beso en el aire.

—Cada uno que beba tantas veces como personas se tirarían en esta sala —rompió el silencio de nuevo Cher.

Puse los ojos en blanco y di un trago. La verdad es que esas preguntas tan clichés me estaban aburriendo un poco, aunque me di cuenta de que todo el mundo bebió de su vaso —a excepción de Liam y Niall— por lo menos una vez.

Louis, al poner su vaso sobre el regazo después de beber, analizó el panorama con una carcajada.

—Así que nadie puede hacer un trío aquí —comentó.

Solté una carcajada antes de ver cómo Jess a mi lado bebía sutilmente dos tragos.

La miré con interrogantes en la mirada, aunque ella me la esquivó con una sonrisa en los labios y un pequeño baile con los hombros para acomodarse el pelo detrás de la espalda. Puede ser que estuviese un poco distraída con el hecho de que Harry tan sólo había bebido una vez también, y no dos como yo me habría esperado. O incluso tres. Era bastante abrumador la situación en la que me encontraba. Aunque muy satisfecha con el resultado, para qué mentir. Mi autoestima se vio complementada con un subidón y no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa.

—Jane —continuó Cher, levantando la mirada para mirarme—, estás en un aprieto. Tienes que elegir verdad o reto. Elegimos nosotros.

Gruñí y acerqué mi vaso a los labios.

—Verdad —dije antes de beber un trago.

—¿Con cuántas personas te has acostado? —preguntó ni dos segundos más tarde de comentar mi decisión.

Ni siquiera me había dado tiempo a tragar mi bebida.

—Qué rapidez —solté una carcajada.

Titubeé por un segundo sabiendo que no debería estar tardando tanto en contestar si la respuesta no era tan difícil, aunque con algo de miedo de decir en voz alta. Realmente no necesitaba que nadie se empezase a preguntar quién era esa tercera persona y cuándo había ocurrido tal suceso, sobre todo ciertas personas en la sala.

—Tres —dije a pesar de todo aquello que me rondaba la cabeza.

—¿Tres? —preguntó casi chillando Yina, aunque segundos más tarde se volvió a apoyar en el sofá pretendiendo que no había dicho nada.

—Pareces muy sorprendida, Yina —comentó Louis, probablemente recordándole acerca de todo lo que me dijo en Cheshire.

Se puso colorada y yo solté una carcajada, ignorando como podía a Jess sentada a mi lado, haciendo preguntas mudas. La ignoré del mismo modo que ella me ignoró a mí.

—Ugh, me aburro un montón —dijo Ellen interrumpiendo, gracias a dios, lo que estaba sucediendo—. Juguemos a otra cosa.

Louis en seguida se levantó del sofá como si alguien lo hubiese llamado y fue en dirección a la cocina para volver segundos más tarde con una botella vacía en la mano. La dejó encima de la mesilla del salón y la señaló con una sonrisa en el rostro como si hubiese descubierto América, alzando las cejas orgulloso.

—Vamos a jugar a la botella.

Gruñí de nuevo.

—¿En serio?

—Sí, Jane. Y no estoy preguntando —me guiñó un ojo y se dejó caer en el sofá.

Le sonreí y le saqué la lengua.

Ellen se incorporó del sofá al ver que nadie quería dar la iniciativa y puso los dedos sobre el plástico.

—Yo empiezo.

Miró a Louis para su aprobación, que asintió levemente. La castaña bajó la mirada a sus dedos y giró la botella con elegancia. El morro, cuando dejó de dar vueltas, apuntaba sin ninguna duda a Liam.

Ellen le dedicó una seductora mirada con las cejas algo curvadas y se acercó a él para darle un pequeño beso en los labios. Al separarse, Louis la miraba con el ceño fruncido.

—¿Qué coño ha sido eso? Dale un beso en condiciones, ya no somos niños.

Ellen, en vez de molestarse, soltó una carcajada, y antes de dedicarle una mirada a Aiden, sujetó la cara de Liam entre las manos y enredó la lengua con la suya de tal manera que hasta pude verlo.

Aparté la mirada metida en un coro de gritos de los chicos alrededor suya, y algún que otro aplauso.

Ellen se separó de él y volvió a sentarse. Liam ni siquiera se veía afectado por lo que acababa de pasar, aunque tuvo que secarse los labios con los dedos y no dejaba de sonreír, ignorando las risas y burlas de Niall y Zayn que estaban sentados a su lado.

—No quiero besitos de niños, ¿ha quedado claro? —recalcó una vez más Louis.

Aiden sujetó la botella, que acabó apuntando a Cher.

Ella soltó una carcajada y se levantó del sofá al mismo tiempo que lo hizo el chico, y de pie, ambos juntaron los labios casi tiernamente. Ella tiró de su cuerpo para ponerlo contra el suyo y enredó los brazos en su cuello hasta ponerse de puntillas, haciendo que los gritos y los aplausos volviesen a reinar la sala. De nuevo, tuve que apartar la mirada.

Odiaba ese tipo de juegos. Pero si algo odiaba más, era ver a gente besarse.

Yina sujetaba la botella entre los dedos hasta que llegó a parar en frente de Louis. Dejé escapar el aliento que sin saber muy bien por qué había retenido en los pulmones, aunque aliviada cuanto menos. No me apetecía volver a tener que pasar por aquello, y muchísimo menos quería que la morena tuviese algo que echarme en cara.

De nuevo, tenía que andar de puntillas para no acabar con el corazón rajado. Alerta ante todo.

Louis paseó la mirada entre los componentes de la sala.

—Ah no, no, pero yo no juego —dijo sin preocupaciones, con un tobillo encima de la rodilla observando el juego con tranquilidad.

Los abucheos le llovieron de todos los lados, hasta que al final sonrió y levantó las palmas de las manos para relajar a la gente.

Cuando llegó el turno de Jess llevaba una de las sonrisas más pícaras que había visto en nadie. Giró la botella y estratégicamente volvió a caer en Cher, que ni siquiera estaba prestando atención.

—Tira otra vez —dijo Yina.

Jess le dirigió la mirada sin decir nada, aunque Ellen en seguida se incorporó con los brazos en jarras.

—¿Por qué? —casi gritó.

—Somos muchos, es imposible que no caiga de vez en cuando con alguien de nuestro género. No se va a caer el mundo —dije yo, algo más calmada.

Yina le dirigía la mirada exclusivamente a Jess, que permanecía callada en todo momento.

—¿Tú qué dices?

—Yina, vas a tener que besar a chicas y nosotros vamos a tener que besar a chicos —intervino Louis—. Bienvenida al 2011.

Ella parpadeó y se encogió de hombros.

Jess, cuando por fin todo el mundo se hubo calmado, se levantó del suelo con una mirada triunfal en los ojos y caminó hasta donde estaba sentada Cher, que no se lo vino venir. Con una sonrisa, Jess apoyó una mano en el respaldo del sofá antes de colocar los dedos en el mentón de Cher y darle un tierno beso en los labios, aunque sin dejar de ser apasionado, y más sincero de lo que pensé que sería.

Cuando se separó, Cher realmente parecía ensimismada, aunque Jess ni siquiera le dirigió la mirada cuando volvió a sentarse a mi lado en el suelo.

Me puse de rodillas en el suelo al ver que mi turno ya había llegado. Nunca había jugado a ese juego en mi vida, si soy sincera, y estaba algo nerviosa. Cuando por fin empezó a girar, la idea de tener que besar a alguien no me atraía para nada, ya que consideraba a todos los que estaban en la sala —o por lo menos a la mayoría— demasiado amigos como para querer comerles la boca.

Puedes adivinarlo si quieres. En serio. Apuéstate algo.

Efectivamente. Los chicos del sofá al lado mía soltaron carcajadas cuando vieron que la botella apuntaba directamente a Harry, que ya empezaba a sonreír.

—Venga ya —se quejaba Ellen.

—Ella sí que debería tirar de nuevo —comentó Liam, señalando la botella.

Louis se estaba descojonando.

Alcé la ceja y lancé una mirada a todos los que me estaba mirando antes de levantarme del suelo y rodear la mesilla que estaba en medio.

—Callaos y observad. Tal vez podáis aprender algo —dije.

Sin separar mi mirada de la de Harry, que bajaba la suya por mi cuerpo, apoyé las rodillas en el sofá en el que estaba sentado para poder estar más cerca suya, casi sentándome encima. Puse los dedos en su nuca antes de atraerle hacia mí para presionar mis labios sobre los suyos, tardando menos de dos segundos en dejarle entrar de esa forma que ya tan acostumbrada estaba. Sentí su mano apretándome la cadera, sabiendo perfectamente qué es lo que habría planeado pellizcar en el caso de no haber estado tan rodeados de gente. Clavé sutilmente mis uñas en su cuello, deseando que captara el mensaje; lo muchísimo que deseaba que pudiese hacer todo aquello que estaba dibujándose en su mente. Pellizqué su labio inferior con los dientes antes de separarme de él. Su mirada estaba encima de la mía cuando me levanté del sofá, viendo la lujuria soltando chispas por sus ojos.

Me volví a sentar en el suelo algo temblorosa, sintiendo lo que estaba pasando a mi alrededor con una bruma, sin realmente escuchar lo que estaban diciendo. Sabía que Ellen se estaba riendo a pesar de todo lo que se había quejado, y que Cher compartía las risas con Louis sentado a su lado en el otro sofá. También sabía perfectamente que Harry todavía no había conseguido apartar la mirada de encima mía, y que ya no me la dirigía de forma tan inocente.

Ni siquiera le presté atención a Niall cuando tuvo que juntar los labios con Yina, en la habitación no quedaba otra cosa más que él en frente mía y las luces difuminadas con el ambiente tenso que casi podía rozar con los dedos. Sus ojos vacilaban entre mis ojos y mis labios, deteniéndose en cada detalle de mi cuerpo, y en cómo se ajustaba mi ropa a él. Yo le dejaba que disfrutara de mí a distancia, mientras de nuevo colocaba un brazo en el respaldo del sofá, no sin antes pasarse una mano por el pelo. Casi inconscientemente tuve que morderme el labio. Era perfectamente consciente qué es lo que acababa de hacer y por qué, con un objetivo bastante claro en mente. Lo estaba consiguiendo casi a la perfección.

Sutilmente, aunque con una pequeña sonrisa en el rostro, el chico me apuntó con los ojos a la puerta de su habitación. Tuve que apartar la mirada para evitar soltar una carcajada, y pude transformarla en una pequeña risa. Cuando volví a alzar los ojos, pude ver que él también reía ligeramente, aunque luego bajó la barbilla para dejarme claro que no estaba bromeando.

Había pulsado el botón adecuado, sonreí satisfecha.

Nos comunicamos los siguientes segundos a base de miradas, hasta que yo asentí para que supiera que me estaba muriendo por encerrarme en esa habitación con él.

Aparté la mirada cuando se incorporó en el sofá y se bajó la camiseta antes de levantarse. Murmuró algo para el grupo que no pude escuchar y caminó hasta la puerta para cerrarla detrás suya.

Cuando se marchó fue cuando me di cuenta de que Ellen me estaba mirando. Me levanté del suelo para sentarme a su lado, y ella me apretó el brazo nada más sentarme con una sonrisa.

—Anda, ve.

—No vengo a pedirte permiso.

Las dos nos reímos y me dio un beso en la mejilla.

—Protección, señorita. Que nos conocemos.

Puse los ojos en blanco con una sonrisa antes de levantarme del sofá. Choqué la mano con Louis cuando pasé por su lado y me guiñó un ojo, mientras sentía la mirada de Yina clavada en mi espalda. Ni siquiera me paré a mirarla, ella sabía que yo llevaba la razón.

Sabía cómo hacer que me desease con tan sólo mirarle y humedecerme los labios.

Ahora ella lo sabía. Ella y toda la sala. Nadie se estaba preguntando por qué.

Fuera lo que fuese lo que tuviese con Cher, el poder lo tenía yo. En la punta de los dedos, en la punta de la lengua, de mis pestañas y mis labios.

Nada más cerrar la puerta detrás mío, él ya había puesto los puños contra la puerta para atraparme con su cuerpo contra la madera. Ni siquiera me asusté, bajé la mirada inmediatamente a sus labios, y conforme me besaba escuché cómo cerraba el pestillo.

Sin separar sus labios de los míos, me sujetó de los muslos y me obligó a subirme a su torso para que pudiese transportarme como había hecho otras veces hacia su cama. Me abrió las piernas con sus caderas al subir por encima mía, con una mirada juguetona en los ojos y preparado para recorrer sus labios por mi cuello.

—¿Por qué has tardado tanto? —preguntó con voz ronca, mientras tiraba de mi camiseta por mi cabeza.

Me reí suavemente antes de que mi voz quedara interrumpida por un gemido que me arrancó al notar sus labios por mis costillas. Repartía poco a poco sus mordiscos por mi piel, sujetándome las muñecas contra el colchón para impedir que me moviera.

Sus rizos me tocaban la frente cuando de nuevo subió su mirada para estudiarme los ojos, escucharme más de cerca, con el ceño fruncido y su nariz rozando la mía.

—¿Tanto me quieres? —ronroneé contra sus labios.

Esbozó una sonrisa segundos antes de volver a entrelazarse conmigo, volviendo a presionar el play y dejando por fin que bajase las manos por su pecho hasta luchar con el cinturón de sus vaqueros, sin dejar que su lengua parara de jugar con la mía.

Con dedos ágiles, mirada predecible y lengua juguetona, consiguió inmovilizarme durante unos cuantos minutos mientras hacía conmigo todo lo que llevaba soñando desde la última vez que pude tenerle entre mis piernas. La tensión sexual se deshizo en un hilo moldeable a nuestros cuerpos, él dejando sus marcas por mi piel, yo tratando de no arañarle demasiado fuerte cuando decidía susurrarme en el oído.

El juego que me propuso no tenía reglas y un sólo objetivo que los dos estábamos muriendo por cumplir a base de risas. Sus dedos cada vez apretándome más las caderas contra él. Su aliento contra mi cuello, mis dedos clavados en su espalda y su pecho, mi pelo enredándose con el suyo. Las carcajadas intercambiadas por gemidos. Desató toda una odisea por mi piel, las olas subiendo y bajando conforme se curvaba bajo su roce, con suavidad y ferocidad a la vez, su voz grave en mis oídos terminando el trabajo de ponerme en punta por completo. Me juraba con la voz quebrada y esbozada en una sonrisa que se encargaría él mismo de cortarme las uñas, mientras hacía lo posible por que mi carcajada saliera en forma de suspiro, cerrando los ojos con fuerza y pasándole un dedo por los labios. Antes de volver a sonreír satisfecho y morderme la clavícula.

Borró de mi mente con sus caderas las miradas que había compartido con ella escasos minutos antes, que tanto me habían desencajado, para de nuevo sujetarme la cara y obligarme a centrarme en lo que estaba sucediendo. No me importaba, sólo quería que pasara sus dedos una vez más por mi cintura y me hiciera curvar la espalda de placer. Valía la pena, me mordía el labio al verle cerrar los ojos con una mano en mi pecho y una sonrisa torcida y disfrutando de mí, rompiéndose en un gemido. Nos deshacíamos entre sus sábanas y le dejaba que enredara sus dedos en mi pelo, escuchando su aliento calmado entremezclado con los latidos de su corazón en su pecho, tranquilizándose poco a poco, como la nana perfecta para quedarme dormida.

parte iii: veinte

Fue doloroso, el final. La sensación de la brisa suave entre el pelo pronto se transformaría en vientos huracanados sin ningún control. Ahogándome en el agua que me rodea, mientras me tiran hasta abajo miles de dedos, y el agua helada empieza a clavarse en mi piel como cuchillas afiladas. No es un final feliz.

El 2011 comenzó con un agradable sabor de boca, a pesar de todo. Los chicos habían aprovechado el mes de enero para instalarse en sus nuevas casas en Londres, y yo no quería admitir lo feliz que eso me hacía. Aquello significaba que podía visitarles todas las veces que quería y pasar el menor tiempo posible en mi casa. Mis padres se estaban divorciando, por lo que en casa el ambiente era, desde luego, evitable. Así que, sobre todo los viernes, iba directa al apartamento de Harry y Louis después de clase, sin ni siquiera cambiarme el uniforme, y nos pasábamos la tarde jugando a videojuegos. Ellos estaban muy liados con la preparación del tour que empezaría a mitades de febrero y otros compromisos que sólo su nombre y su marca les permitía hacer. Aunque, por lo menos, los fines de semana los tenían libres, permitiéndome a mí pasar tiempo con ellos.

Las cosas habían mejorado para mí. No mucho, no voy a decir que del todo, pero sí que sentí que el aire entraba en mis pulmones, y no se quedaba atascado en mi garganta. Cuando terminó el programa parece ser que hasta los medios de comunicación se habían tomado un descanso de unas cuantas semanas, dando la oportunidad a los concursantes de descansar en sus respectivas ciudades con sus familias. Y por tanto también a mí, de la que dejaron de hablar en seguida. Sabía que aquello probablemente no duraría mucho y que el oasis de tranquilidad pronto se vería envuelto en una tormenta de arena, por lo que trataba de disfrutar al máximo. Además de que los ataques de ansiedad habían disminuido considerablemente y me había bajado la regla.

Hasta Dan se había dado cuenta de que ya no valía la pena segur haciendo lo que estábamos haciendo, ya que nadie nos prestaba atención, lo que fue un gran alivio para mí, así podría dejar de sentirme culpable cada vez que me lo pasaba mínimamente bien cuando estaba con él, cosa que pasaba más habitualmente de lo que quisiera admitir. Aún así el chico, que parecía que también estaba disfrutando de mi compañía como nunca, seguía mandándome mensajes diarios, a los cuales no tardaba tanto tiempo en contestar. De todas formas, una vez empecé a pasar más tiempo con Harry esa sensación se fue como había venido, ya que por fin mi cuerpo tuvo un buen repaso después de no verle durante casi un mes y mis sentimientos se acordaron por qué ese chico conseguía ponerme tan en punta cada vez que estaba con él.

Febrero se acercaba con rapidez y Louis llevaba una semana entera mandándome mensajes acerca de la fiesta sorpresa que le quería hacer a Harry por su cumpleaños, incluso cuando estábamos los tres juntos tirados en el sofá.

🌻👽Louis🌻👽: Crees que le gustará la tarta de chocolate?

Yo: no sé

Yo: las tartas de chocolate no decepcionan nunca, de todas formas

🌻👽Louis🌻👽: Pregúntale

Me aclaré la garganta y presté atención al juego que estaba jugando Harry en la pantalla, concentrado en sus actos. Tuve que esforzarme en no distraerme con sus dedos en el mando de la consola.

—¿Harry?

—Hm —respondió sin separar los ojos de la pantalla.

—¿Te gusta la tarta de chocolate?

Tardó unos segundos en responder, tratando de no perder concentración y sin dejar de jugar. Ambos esperamos pacientemente.

—Sí, está bien, ¿por qué?

Me encogí de hombros por mucho que supiera que no me podía ver.

—Curiosidad.

🌻👽Louis🌻👽: Gracias

🌻👽Louis🌻👽: He hablado con Yina para invitar a algunos amigos suyos de su pueblo

🌻👽Louis🌻👽: Pero me ha dicho que ellos ya lo van a celebrar allí la semana que viene

🌻👽Louis🌻👽: Así que estaremos los de siempre

Yo: pero Yina viene

Yo: no?

🌻👽Louis🌻👽: Sí

🌻👽Louis🌻👽: Me lo confirmó ayer

🌻👽Louis🌻👽: También vendrán Aiden y Cher

Yo: genial

Harry pausó el juego y yo solté el móvil para devolverle la mirada que me estaba dirigiendo con una sonrisa.

—No iba a decir nada —comentó—, pero ya sé que estáis organizando una fiesta.

Louis y yo soltamos unos gruñidos de decepción, aunque sonrientes. La verdad era que muy sutiles tampoco habíamos sido.

—¿Cómo lo has sabido? —preguntó Louis mientras yo me reía.

Harry le dedicó una sonrisa llena de reproche, y alzó una ceja como si fuera obvio.

—Porque no soy estúpido —dijo y volvió a colocar las manos en el mando para continuar con su jugada.

Louis y yo nos miramos y él se unió a mis risas.

Por casualidad, miré mi reloj y me levanté de un brinco del sofá, distrayendo a Harry que me dedicó una mirad rápida.

—Mierda, me tengo que ir —dije mientras tiraba de la falda del uniforme.

Le di un beso en la mejilla a Harry y otro a Louis, que estaba sentado en el otro sofá.

—¿A dónde vas? —preguntó extrañado, ya que normalmente los viernes me quedaba hasta tarde.

Me coloqué la mochila en la espalda y me dirigí hasta la puerta.

—Ethan me está esperando en la puerta de mi casa, y tengo un cuarto de hora en metro antes de llegar.

—Deberías decirle que se pasase alguna vez por aquí, hablas mucho de él y ni siquiera nos has presentado —sugirió Louis cuando ya había abierto la puerta para marcharme.

Hice una mueca con los labios.

—Ya veremos. Nos vemos el viernes, ¿vale? Harry, sorpréndete aunque sea, ¿eh? —dije, y cerré la puerta antes de que pudiesen responder.

Personalmente no tenía ningún problema en tener que presentarles a mi amigo, pero simplemente sabía que no se iban a llevar bien. Sabía por alguna razón que posiblemente serían amables los unos con los otros, aunque lo harían porque estaba yo de por medio, y de lo contrario, nunca serían amigos. Además que a mí me ponía en una situación incómoda, ya que Harry no conocía mi historia con Ethan y realmente prefería que aquello quedase así. Ethan por su parte también me decía muchas veces que quería conocerle, pero sabía que muy en el fondo lo hacía sólo para hacerme feliz, ya que de ninguna manera iba a querer conocer al culpable de que no estaba con él en ese preciso momento.

Pensaba que la pausa que habíamos hecho el uno del otro iba a ser mejor sobre todo para él, pero sabía que estar en su ausencia no me había aportado nada positivo a esos últimos meses infernales que había vivido. Al reencontrarme con él en ese corto periodo que tuve de tranquilidad, sentí que volvía una parte de mí. Él juraba que había superado todos los sentimientos que tenía hacia mí y yo le creía, aunque le había pillado más de una vez mirándome esperando que no me diese cuenta.

No le podía culpar. Superar a alguien es lo más duro que he tenido que hacer.

Prácticamente corrí desde la salida del metro hasta mi casa, maldiciendo los estúpidos zapatos que nos obligaban ponernos y las medias que estaban continuamente bajándose. Llegué sin aliento hasta la puerta de mi casa, donde tuve que apoyarme en las rodillas para poder respirar bien de nuevo.

Ethan se rió al verme.

—Eres una exagerada.

—Cállate —dije, incorporándome y sacando las llaves de casa de la mochila, todavía recuperando el aliento.

Me miró con el ceño fruncido.

—¿Vienes ahora de clase?

Abrí la puerta y dejé caer la mochila en el descansillo, sin esperar a quitarme esos zapatos infernales.

Negué con la cabeza.

—Tenía que hacer una cosa antes de venir, y se me ha pasado por completo que había quedado contigo —mentí conforme subíamos las escaleras hacia mi habitación.

No me gustaba particularmente hablar de Harry cuando estaba con Ethan, por mucho que sabía que probablemente no le importaría que lo hiciese, pero de alguna manera pensaba que le haría daño innecesariamente. Sabía que el día en el que podría hablarle de él de nuevo estaba próximo, y cuando llegase lo sabría.

Me tumbé en la cama y tiré el teléfono lejos de mí.

—Ugh, necesito un móvil nuevo —me quejé.

—La verdad es que llevas años con esa blackberry.

—¿Crees que debería aprovecharme de que mis padres se estén divorciando para conseguir uno nuevo?

El chico se sentó en la cama y soltó una carcajada.

—No seas hija de puta.

Me encogí de hombros.

—¿Qué tal lo llevas, por cierto?

—En realidad estoy bastante contenta de que por fin se hayan decidido en hacerlo, porque los últimos meses han sido infernales.

Yo lo recordaba mucho más caótico de lo que había sido en realidad por todo lo que estaba pasado al mismo tiempo en mi vida, si encima le añadía que mis padres se comportaban como críos cuando estaban en la misma habitación. Sabía que mi padre había tenido que dormir en la habitación de invitados durante un tiempo antes de que le pidiera el divorcio a mi madre. Realmente estaba contenta, ya que mi madre se había ido a vivir temporalmente con una amiga hasta que por fin se decidía si quedarse en Inglaterra o marcharse de nuevo a España, por lo que había mucha calma en la casa. Emma estaba en trámites de irse de casa para ese verano, por lo que sólo quedaríamos mi padre y yo, así que era bastante seguro de que mi madre se bajaría al sur.

—Y así dejo de ver a mi madre por fin, últimamente está insoportable.

No me llevaba nada mal con mi madre, al contrario. Pero estaba pasando por una fase difícil con ella, después de años enteros pensando que era una persona distinta a la que ellos estaban acostumbrados que fuera. De pronto tuvieron que convivir con alguien que no conocían, y la máscara que me ponía de chica buena al estar en su presencia dejó de hacer efecto. Tuve que enfrentarme a charlas enteras acerca de que yo fumase y todo eso, después de que ella tuviese que enterarse mediante programas de cotilleo y por las fotos que enseñaban de mí en ellos. Mi madre estaba muy decepcionada conmigo, ya que parecía que no le entraba en la cabeza que era una adolescente como otra cualquiera, que me acostaba con chicos y fumaba marihuana de vez en cuando.

De todas formas tuve que tener cuidado al decir esa frase, ya que Ethan tuvo que criarse con su padre abusivo y con una madre dada a la fuga. Sabía que esa frase podría hacerle mucho daño.

—Bueno —dijo, cambiando de tema con rapidez—, ¿has estado con Harry últimamente?

Me senté con las piernas cruzadas y apoyando la espalda en el cabecero de la cama.

—¿Por qué? —pregunté.

Él se encogió de hombros.

—Por saber, hace mucho que no te oigo hablar de él.

Me encogí de hombros yo también y aparté la mirada.

—Bien. Quedamos de vez en cuando, se acaba de mudar a Londres, así que...

Me sonrió.

—¿Al final te lo tiraste o no?

Hice una mueca con la nariz con desaprovación de lo que acababa de decir, ante lo que tuvo que reírse.

—¿Qué? ¿Cómo quieres que lo llame si no? ¿Hacer el amor?

—¡Ew, no! Eso es todavía peor —dije haciendo gestos con la mano y empeorando mi cara de asco mientras reía incómoda.

Él soltó también una carcajada.

—Responde a la maldita pregunta.

—¿Por qué quieres saberlo?

Alzó las cejas.

—Porque soy tu amigo y siempre me contabas estas cosas, quiero asegurarme de que ya no es raro para ti —insistió mientras le miraba sonriente.

Suspiré.

—Está bien. Sí, al final me "lo tiré" —respondí, haciendo las comillas en el aire con los dedos—. ¿Por qué me lo preguntas, de toda formas? Pensé que ya lo sabías.

—Ya lo sabía, sólo quería ponerte incómoda.

Le pegué en la rodilla.

—Gilipollas.

Se rió.

—¿Cuántas veces?

Resoplé.

—No lo sé, no mantengo la cuenta...

—Eres una mentirosa...

Gruñí y eché la cabeza hacia atrás en frustración sin dejar de sonreír.

—Vale, está bien. Tres veces. Creo.

—¿Crees? —pronunció en una risa.

—Digamos que han habido tres sesiones, ¿vale? Así es más fácil.

Soltó otra carcajada. Asintió en aprobación y frunció los labios en señal de orgullo hacia mí.

—Guay, ¿y planeas más "sesiones" o estás ya satisfecha?

—¡Satisfecha! Creo que no voy a estar satisfecha nunca, Ethan.

Los dos rompimos en carcajadas y yo tuve que hacer que ignoraba el hecho de que me había puesto rojísima sólo en pensar en la siguiente oportunidad que tendría. Ethan había soltado una carcajada tan potente que tuvo que continuar sus risas tumbado sobre mi cama.

—Bueno —dijo sin incorporarse—, ¿y qué clase de relación tienes ahora con él?

—¡Ethan, deja ya de interrogarme!

—¿Qué pasa? He tenido que saber de tu vida a través de las malditas revistas los últimos meses, quiero que me pongas al día.

—Ugh —gruñí.

Esas preguntas realmente me incomodaban bastante, ya que no quería admitir en voz alta que no teníamos ninguna clase de relación, y que ninguno de los dos se había atrevido a preguntar al otro. Ni se había hablado del tema después de la charla que ambos tuvimos en los estudios, ni había indicios de que se hablaría en el futuro, por mucho que cada viernes que pasaba en su casa me dirigía miradas que no me eran difíciles de descifrar, y subía su mano por mi rodilla cada vez que Louis salía de la imagen. Después de eso, simplemente lo dimos por concluido y zanjado, y preferíamos pasárnoslo bien sin necesidad de ponernos una etiqueta. Por lo menos así me lo dejaba ver él, y yo no me permitía a mí misma darle más vueltas. Me lo estaba pasando horriblemente bien, no tengo por qué mentir, aunque poco a poco, por mucho que hubiese querido evitarlo, me empezó a saber a poco. Por mucho que tenía claro que probablemente me tendría que conformar con lo que teníamos. Si ignoraba todo lo malo y lo fatal que lo había pasado últimamente.

La blackberry vibró encima de la cama donde lo había lanzado, casualmente al lado donde estaba Ethan tumbado. Sujetó el teléfono y antes de tendérmelo, miró la pantalla y esbozó una mueca extrañado. Se lo arrebaté de las manos e hice como si no hubiese visto el mensaje.

—¿Te vuelves a hablar con Dan? —preguntó, y el tema le pareció tan serio como para levantarse y mirarme a los ojos.

—Acabas de decir que te has tenido que enterar de mi vida privada por las revistas, ¿y me estás diciendo que no te has enterado de que vuelvo a hablarme con Dan?

Ethan me miró sin responder, lo suficientemente serio como para saber que no me dejaba hacer bromas al respecto. Suspiré y me encogí de hombros.

—Es una larga historia.

—Cuéntame, yo no tengo prisa, ¿tu tienes prisa?

Dejé caer los hombros en rendición.

—Mira, te lo cuento sólo si me súper prometes que no vas a hacer nada.

Se me quedó mirando un rato incrédulo ante mis palabras, listo para cualquier cosa que le podría decir acerca de Dan. Fuera lo que fuere, no le iba a hacer gracia.

—Jane, no puedo hacer eso, sabes que—

—Pues entonces no te lo cuento —dije, volviéndome a encoger de hombros.

Ethan gruñó y se pasó las manos por la cara.

—Prometo escucharte hasta el final, si eso te vale. No puedes hacer que te prometa algo que posiblemente—

—Vale, ¡vale! Está bien —cogí aire y me preparé para lo que viniese—. Mira, hace unos meses, esto seguro que lo sabes. Hace unos meses me empezaron a perseguir los periodistas. En plan, fue una locura, ¡periodistas en la salida de clase!

—Jane —me interrumpió Ethan, al verme subirme por las ramas.

—El caso es que Dan llega un día a mi casa y me dice que ha leído los artículos y todo eso, y me enseña unas fotos mías y de Harry y me dice "seguro que las revistas me pagan bien de dinero por esto", o algo así, no me acuerdo muy bien. Él también quería salir en las revistas y que la gente hablase de él. Yo pensaba que lo sabías... —en ese tipo de situaciones, donde me ponía incómoda y nerviosa al mismo tiempo, tendía a ponerme a hablar sin parar y generalmente no tenía sentido.

Ethan me miraba incrédulo. Saboreó unas cuantas palabras en su boca antes de decidirse cuáles eran las más adecuadas para la situación.

—¿Ese hijo de la grandísima puta te está chantajeando?

—Bueno, técnicamente ya no. Porque, bueno, los periodistas ya me dejan en paz.

—Jane —dijo y yo me mordí la uña nerviosa.

—Ethan, escúchame. No puedes hacer nada, ¿de acuerdo? Déjale en paz, no me quiero arriesgar a nada. Haz como que no sabes nada y listo.

—Si yo con él no tengo nada que hablar, hace mucho que no lo veo —añadió, bajando la mirada para que no pudiese ver que se había puesto rojo del enfado.

—Entonces déjalo, ¿vale? Esto es algo que lo tengo que arreglar con él, son mis asuntos. Tú sólo podrías empeorarlo.

El chico suspiró y se quedó callado un momento, que yo aproveché para mirar el mensaje que me había enviado hacía unos momentos.

18:47 Dan: cuándo quieres volver a quedar?

18:47 Dan: podríamos ir a patinar sobre hielo

18:47 Dan: creo que todavía está en el centro

Tuve que quedarme callada durante unos minutos y observar la foto que venía encima de todos los mensajes con los que me había bombardeado. La foto era de esa tarde, con mi pelo recogido en una coleta ondeando detrás mía por las prisas que llevaba, cerca del complejo de apartamentos donde vivían los chicos.

Habían vuelto. Estaban de nuevo escondidos en los arbustos, activándose con el movimiento, presos de su ambición y listos para escribir sus artículos y asegurarse de que todo el mundo hablase del mismo tema; de cómo yo había vuelto a la imagen y a pasearme de la mano de la publicidad. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaban fotografiándome de nuevo, posiblemente por mi culpa, que había vuelto a cruzar la calle sin mirar hacia los dos lados.

Sin quererlo solté un gruñido, a lo que Ethan volvió a prestarme atención y me quitó el móvil de las manos, cosa que no le resultó difícil, ya que prácticamente lo dejé encima de la cama para ponerme una mano en la frente.

—Jane, tienes que parar. Te está utilizando, te está haciendo daño. No está contigo porque quiera estar contigo.

Sabía que todo lo que estaba diciendo era cierto. Lo sabía demasiado bien. Ethan tenía razón, tenía que haber alguna manera para salir de ahí lo antes posible, antes de que volviese a encerrarme en su red pegajosa llena de cadáveres de anteriores víctimas, mientras me decía al oído que nadie me iba a querer como lo hacía él.

Realmente enero había sido un cacao de emociones no mucho mejor que los anteriores meses que había vivido. Esos sentimientos que pensaba haber enterrado con mucha tierra hicieron lo que pudieron para empezar a escarbar entre ella para intentar salir, mientras yo hacía lo posible por saltar encima de la tumba con cada vez más fuerza y esfuerzo, para que de pronto Harry me tirase del brazo para distraerme con sus caricias y sonrisas, ayudándome a regar las flores que había conseguido que plantara. Seguía total y rematadamente enamorada de él, de eso no cabía ninguna duda. No conseguía que pensara en cualquier otra cosa cuando estaba con él. Pero con tantas distracciones, no me estaba dando cuenta de que las raíces que había enterrado, empezaban a mostrar sus primeras hojas. Y tenía que hacer lo que hiciera falta para que aquello parara, con algo más que distracciones.

—¿Lo sabe Ellen?

Fruncí el ceño.

Estaba harta de que cada vez que pronunciaba el nombre de Dan, apareciera Ellen de la nada. Como si estuviese involucrada de alguna manera que yo no estaba viendo. O que me estaban ocultando.

Me crucé de brazos.

—Sí. Pero, ¿qué tiene Ellen que ver aquí? —dije algo a la defensiva.

Ethan se encogió de hombros y apartó la mirada de la mía.

—Pensé que si lo sabría ya habría hecho algo para pararlo.

—Le pedí que no lo hiciera. Como te estoy pidiendo a ti. Déjame solucionarlo a mí, ¿vale? —dije al final, poniendo los ojos en blanco y dejando el tema ir.

Yo: ughhh

Yo: de verdad dan?

Yo: otra vez

Yo: la gente se está cansando ya, no se lo traga

Yo: deberíamos dejarlo estar

Yo: si no se van a cansar de mí nunca

Yo: ya has conseguido tu minuto de fama, pues ya está

Yo: déjame en paz de una vez

Dan: es una pena que no dependa de ti nada de esto

Dan: buen intento

Dan: te parece bien el sábado?

Yo: *sigh*

Yo: vale, bien

Yo: pero el sábado no puedo, tengo una fiesta el viernes y no quiero estar con mala cara

—Prométeme que tendrás cuidado —me dijo después de esperar pacientemente a que dejase de hablar con él.

Sonreí y me acerqué a él para darle un abrazo, dejándome que me besara la cabeza.

—Siempre lo tengo.

Diecinueve

No me sorprendí cuando el lunes por la mañana recibí una llamada de Harry.

Ese día me había quedado en casa y mi madre estaba de acuerdo conmigo que no sería buena idea que saliese a la calle en ese momento.

Con el corazón en la boca respondí el teléfono, los dedos temblando sin remedio.

—Hola, Harry —dije, intentando sonar alegre.

—¿Qué tal estás, Jane? —preguntó en un suspiro, sin poder ocular el cansancio en su voz.

Tuve que morderme el labio cuando respondí, aunque traté de sonar tranquila, haciéndome la loca y pretendiendo que era ajena a todo aquello que estaba pasando ahora mismo en las redes sociales.

—Genial, ¿qué pasa?

—Um, había pensado que tal vez te gustaría quedar un rato hoy.

Mi corazón había estado bombardeando con fuerza todo el rato, pero en cuanto dijo aquello me castigó con fuerza y la preocupación salió disparada hacia todos los rincones de mi cuerpo con rapidez. Sabía que aquello no lo podía ignorar y que tarde o temprano iba a tener que enfrentar el tema, pero sólo deseaba que el rumor dejase de difundirse con tanta rapidez y que simplemente la gente se olvidase de mí y de mi existencia.

De todas formas, dos horas más tarde me sorprendí cuando un coche negro sé plantó delante de mi casa. Mi madre intentó no hacer ningún comentario, cosa que le agradecí, aunque eso no quitaba el hecho de que incluso yo me había quedado sin palabras.

Ni siquiera habían ganado; ya sabía que sus vidas ya no volverían a ser las mismas.

Dejé que el coche me llevase hasta la localización en la que estaban, que nadie me había dejado claro. Era estupenda esa sensación que tenía en el pecho; como si todo se fuera a derrumbar ante mis pies con calma mientras alguien me sujetaba de los brazos para evitar que hiciese algo al respecto, aunque dejándome que lo viese como un castigo. Que nadie confiaba en mí. Como si hubiese sido yo la que dio la patada final para destruir el castillo de arena. Lo peor de todo aquello es que tal vez fuese cierto. Intentaba relajarme mientras caminaba por un pasillo eterno, con las uñas clavadas en mis manos, controlando mi respiración.

Justo antes de llegar, una puerta se abrió y vi cómo Simon salía de una sala seguido por los chicos, que hablaban entre ellos calmados y con los ánimos bajos. Quise sonreír al instante. El hombre pasó por mi lado y casi vi el tiempo pararse. Se ponía las gafas de sol despacio mientras pasaba por mi lado, después de dedicarme una de las miradas más frías que alguien me había dedicado nunca. Zayn pasó también dirigiéndome la mirada, aunque no me sorprendí cuando no me saludó. Niall y Liam me sonrieron con debilidad, aunque el único que se detuvo para cogerme de la mano y saludarme fue Louis. Harry no estaba entre ellos.

El chico me dio un apretón en la mano con una sonrisa tierna y yo me detuve para suplicarle con la mirada que me diese respuestas. Qué es lo que estaba sucediendo, qué era aquello que iba a pasar. Qué había pasado con Hannah y por qué el tiempo pasaba tan condenadamente rápido. Qué iba a pasar conmigo. Si estaban enfadados.

—Tranquila, todo va a ir bien, ¿vale?

El hombre que me acompañaba me estaba insistiendo a que entrase en la sala. Le ignoré sonriendo a Louis con los ojos brillantes. El nudo en la garganta se hacía cada vez más apretado, y antes de poder responderle, Louis soltó mi mano y siguió a sus compañeros.

Tenía la puerta a mis espaldas, me di la vuelta despacio tragando saliva y controlando mis impulsos. No me dio tiempo a agradecer a la persona encargada de guiarme por aquel laberinto, ya que en el minuto en que crucé el umbral, la puerta se cerró de golpe a mis espaldas. Me quedé extrañada unos segundos, aunque, como era usual, mis nervios se apaciguaron dos puntos cuando escuché la risa de Harry calmada a mis espaldas.

Me di la vuelta y me acerqué a él con una sonrisa mientras me quitaba el abrigo.

—¿Por qué siempre te ríes cuando me ves? —pregunté caminando hacia un grupo de sofás colocados frente a un gran ventanal que permitía la luz gris entrar en la estancia.

Dejé el abrigo encima de uno de ellos y observé cómo también él se acercaba a mí con una sonrisa. Se encogió de hombros.

—Un mecanismo de defensa, me imagino —comentó.

Siempre era igual. Sabíamos que el tema del que íbamos a hablar a continuación era serio, y el ambiente siempre era tenso cuando se daba el caso. Aún así, no sabíamos enfrentarnos a aquello sin hacer primero un par de bromas para relajar el cuerpo y afrontarlo con más calma, y aunque sea después de un abrazo.

Nos quedamos un momento de pie, y de nuevo él tenía esa mirada en los ojos que me resultó difícil de descifrar, aunque sabía que su propósito era ponerme nerviosa. Quería hacerme hablar.

Yo me aclaré la garganta.

—Eh, mira lo que tengo —dije apartando mi mirada de la suya venenosa.

Él se cruzó de brazos sin apartar la mirada de mí, atento a cómo reaccionaba ante sus ojos, empezando a fruncir el ceño poco a poco, analizando la situación, mientras revolvía en los bolsillos de mi chaqueta con dedos temblorosos. Estaba demasiado nerviosa y la tensión que emanaba su cuerpo no ayudó a que pudiese ocular lo muchísimo que estaba temblando. El nudo en la garganta ya me estaba haciendo daño. Por fin saqué mi cartera y de ella lo que estaba buscando. Me di la vuelta y con una sonrisa fingida, me abaniqué con el papel en la mano.

No me podía creer lo buena que me había hecho en mentir y en ocultar mis sentimientos.

—Mi madre me ha regalado entradas para ir a veros en Londres —dije acercándome a él y tendiéndole mi entrada.

Él bajó la mirada por fin y de nuevo pude ver su sonrisa sincera mientras sujetaba el cartoncito entre las manos.

—Yo podría haberte dado unas.

Se la quité de las manos y me la metí en el bolsillo trasero del vaquero.

—¿Y cómo vais a producir el disco entonces? —bromeé.

Se rió suavemente y me sujetó de la mano para arrastrarme al sofá donde estábamos apoyados. Se sentó a mi lado y su mirada empezó a vacilar. Ya no me miraba y yo aproveché la oportunidad para analizarle a él. Podía ver cómo se había aprendido la teoría de cabo a rabo, todas y cada una de las palabras del guión que habían escrito por él bailaban en su mente, aunque la práctica conseguía hacerle temblar el labio y titubear con ojos inseguros.

—Harry.

Apoyó los codos en las rodillas a mi lado y comenzó a enredar con los dedos.

—Harry —repetí—. Mírame.

Con las cejas alzadas giró la cabeza y me miró con una sonrisa torcida e insegura.

Le miré a los ojos durante unos segundos y luego negué con la cabeza con una risa suspirada.

—Harry, no estoy embarazada —le dije incorporándome y empujando su hombro para que rompiera su barrera corporal.

Rompió su contacto visual del mío y de nuevo se rió despacio y negando la cabeza. Aunque poco después recobró la compostura y se apoyó en el respaldo del sofá con los brazos cruzados.

—Ya lo sé.

—No. No lo sabes.

Bajó la mirada y comenzó a mordisquearse el labio.

Chasqueé la lengua.

—Mira, es todo un malentendido. Ni siquiera fuimos a comprar el test para mí. Era para Ellen —mentí rápidamente.

No sabía muy bien por qué había dicho aquello, aunque así no tendría que dar excusas de por qué le había mentido. Con otra mentira. Poco a poco se iban amontonando y ya no sabía qué hacer con aquella montaña de mentiras que parecía tener muy poca estabilidad y que se me iba a caer encima en cualquier momento.

Harry se pasó una mano por el pelo pareciendo aliviado, aunque había perdido el poder de mirarme para ponerme a raya y ahora sólo se centraba en mantenerse a sí mismo en compostura.

—En serio, relájate. Estoy bien. ¿De verdad pensabas que podría estar embarazada?

Me miró a los ojos y soltó una carcajada.

—En realidad no, pero... lo hacen parecer muy creíble.

—Y que lo digas. Yo esta mañana me lo estaba planteando en serio, porque tiene sentido.

Nos reímos los dos y al ver que la tensión ya estaba más o menos disipada, le sentí tirar de mi cuerpo con la atracción del suyo, que poco a poco estaba más cerca. Seguía estando un poco raro, aunque lo clasifiqué con que estaría nervioso por esa semana de semifinales, o con todo lo que estaría pasando en su vida ahora mismo, de lo que raramente me sentí desplazada. Hasta casi sentía nostalgia por los días en los que nos contábamos absolutamente todo. Ahora ambos nos estábamos ocultando cosas mutuamente. Aún así, siendo muy consciente de que aquello lo estábamos sintiendo los dos, puso una mano en mi rodilla y me atrajo hacia él sutilmente, lo suficiente para que yo me diera cuenta.

—Siento haber roto el internet —dije para distraer la mente e ignorar su mano en mi rodilla y subiendo, alzando la mirada. Él me miraba la pierna que por suerte no temblaba, y sonrió ante mis palabras.

—Está bien —alzó la mirada y su nariz casi rozaba la mía cuando lo hizo.

Me ruboricé hasta las orejas, aunque pareció que le dio igual, o que tal vez fuera aquella su intención. Sentí frió en la pierna cuando apartó la mano durante los pocos segundos que tardó en colocarla en mi mandíbula para acercar mi cara a la suya y darme un beso tierno. Me acerqué a él para dejar que deslizara una mano por mi cintura y poder enrollar mis brazos en su cuello sin separarme ni un segundo de él. Los escalofríos castigaban mi piel bajo sus dedos, que se habían colado en el interior de mi jersey y exploraba sitios que todavía no habían tocado sus labios, como si planeara besarlos en sus siguientes movimientos, pellizcando con cuidado aunque deseoso mis muslos, tal vez para hacerme temblar, o para acercarme más a él de lo que ya estaba. Me miraba con cuidado, intentando memorizar cada fracción de mi cara y todos y cada uno de los detalles de mi pelo, bajando por mi cuello y mis hombros. Yo estaba teniendo problemas para respirar, aunque dejé que me besara la clavícula con cuidado, mientras yo cerraba los ojos controlando mis impulsos, enredando mis dedos en su pelo. Cuando subió la mirada de nuevo, otra vez se detuvo con cuidado en mi piel, acariciando todo a su paso con un dedo, por mi frente, mis cejas, mi nariz. Mis labios, que repasó una segunda vez con el pulgar antes de volver a besarme y enrollar su lengua con la mía. Mordiéndome los labios que acababa de acariciar con suavidad. Como si fuera la última vez que fuera a hacerlo, me agarró con fuerza las caderas para subirme encima suya mientras sonreía mordiéndose los labios al verme al borde del gemido. Apartó un mechón de mi pelo de delante de mis ojos y yo le devolví la sonrisa. Casi pude ver tristeza en sus ojos antes de cerrarlos una vez más y disfrutar de mí como si no lo hubiese hecho nunca, como si no se fuera a cansar de la suavidad de mi piel contra la suya, ambos con el vello erizado y susurrándonos en el oído.

Era demasiado obvio, aunque me daba igual que él ya se hubiese dado cuenta de que me tenía completamente comiendo de su mano, a los pies de su cama, a su completa disposición. En ese momento hasta podría haberme hecho rogarle si me lo hubiese pedido, después de mordisquear mi cuello hasta hacer romperme en suspiros mientras enredaba sus dedos en mi pelo.

El teléfono no dejaba de vibrarme en el bolsillo trasero del vaquero, que tiraba de mis ensoñaciones con intención de derrumbarme. Con las manos de Harry todavía sujetándome la cintura por debajo de mi jersey, saqué mi teléfono y antes de que abriese el mensaje que me había enviado Ellen, Harry tiró de mí para apoyarme en él antes de pasar un brazo por mis hombros. Me dio un beso en la cabeza.

Ellen™: ¿Quieres que te mate?

Ellen™: Me tienes que avisar de estas cosas

Ellen™: Te lo digo en serio

Ellen™: Te mataré si no.

Antes de que pudiese siquiera pensar en nada, abrí la foto que me había mandado. Pude sentir mis dedos temblar de pronto al verme reflejada en la pantalla con la cara de Dan a centímetros de la mía en aquella foto, mirándole a los ojos con una mirada brillante y una sonrisa casi oculta por sus labios, en un beso que fui lo suficientemente rápida para evitar. Harry se removió algo incómodo a mi lado cuando pudo ver de reojo lo que mi amiga me había mandado, y yo tuve que morderme el labio, sin saber qué decir, esperando a que tal vez él tuviese valor para comentarlo.

Giré la mirada con la poca valentía que me quedaba para enfrentarme a él, que miraba hacia delante con sus dedos recorriéndose los labios. Sabía que lo había estropeado todo, su mano había dejado de jugar con el pelo que caía encima de mi hombro. Intenté decirle algo, pero me interrumpió aclarándose la garganta y quitando su brazo de mi lado, haciendo ademán de levantarse del sofá que compartíamos.

—¿Quieres algo para beber? —me preguntó mientras se dirigía a una elegante encimera que recorría toda la pared de nuestra izquierda.

Negué con la cabeza y le observé cómo sacaba un vaso de cristal del armario y se lo llenaba hasta arriba de agua del grifo.

Con un leve suspiro, decidí que la responsabilidad recaía en mí en aquella conversación, por lo que me levanté despacio y me acerqué a donde estaba él, apoyándome en la pared para mirarle. Me crucé de brazos.

—Harry —le llamé.

Alzó la mirada dejando el vaso ahora vacío en el fregadero. Se dio la vuelta y se apoyó en la encimera con los brazos cruzados.

—Sí, dime —dijo después de un rato.

Me acerqué un poco a él hasta quedar enfrente de él. Suspiré de nuevo.

—Mira, lo siento. Debería habértelo contado. Dan sigue siendo amigo mío, lo echaba de menos —dije.

Sabía que aquello era otra mentira, por mucho que en mis labios no sonara como una. Harry resopló y apoyó las manos en la encimera tras suya.

—Lo siento —repetí—. De verdad, lo siento—

—Jane, no te tienes que disculpar conmigo, ni que darme explicaciones.

Ahora fui yo la que se cruzó de brazos.

—Entonces, ¿por qué siempre siento que debería? ¿Por qué me siento mal cuando me pillas con mi ex? —dije mirándole directamente a los ojos.

Él los apartó en seguida. Se frotó los ojos con los dedos de una mano y se apartó, dirigiéndose hacia otro lado de la habitación, donde no estaba mi mirada punzante apuntándole.

—Lo digo en serio, Harry —insistí, dándome la vuelta y siguiéndole con la mirada—. Siempre dices que no te debo explicaciones cuando está claro que sí quieres que te las dé. Cuando te incomoda verme con él.

—Me incomoda porque te ha hecho daño.

Solté una risa suspirada mientras negaba con la cabeza, sin creerme que todavía siguiera con esa excusa. Hice una pequeña pausa para ordenar mis pensamientos, pero no me costó en absoluto hacer la siguiente pregunta:

—¿Tanto te cuesta admitir que te gusto más de lo que pensabas que lo haría?

Me acerqué a él un paso. Él sonrió para defenderse, aunque de nuevo se dio la vuelta para no tener que enfrentarse a mí. Me acerqué a él todavía más, hasta estar a un palmo de sus brazos todavía cruzados. Me aseguré de mirarle a los ojos con una mirada seria, asegurándome que captara el mensaje y que no estaba bromeando.

—¿Tan difícil es? —dije, costándome a horrores que mi voz no se rompiese al hacerlo.

Me miró por unos segundos sin dejarme entrar con los brazos, que seguían cruzados sobre su pecho. Su mirada vacilaba entre mis ojos, suave y brillante, confirmándome todo aquello que acababa de decirle, dándome la razón. Suspiró y no pudo controlarse para, de nuevo, apartar un mechón de mi pelo detrás de la oreja para poder mirarme a los ojos con mayor facilidad.

—Jane —dijo y apartó con rapidez la mirada, sintiéndose expuestos a sentimientos que al juzgar por el brillo de sus ojos, ni él había tenido tiempo de analizar con profundidad—. Hannah y Louis han tenido que romper —dijo despacio y con cautela, midiendo sus palabras centímetro a centímetro.

Sabía lo qué iba a decir y por qué iba a hacerlo. Quería advertirme de que no todo iba a ser un cuento de hadas, que el paseo estaba lleno de piedras, unas más grandes que otras, que me impedirían el camino hacia mi meta. Por alguna razón, no quería que lo dijese.

—Simon le ha pedido que lo haga —finalizó por fin, y tuve que romper mi contacto visual con él cuando lo dijo. Su tono de voz me estaba pidiendo perdón.

Lo sabía. Sólo estaba confirmando aquello que en mis entrañas siempre había sabido que era cierto. Me lo estaba diciendo para avisarme de que tuviese cuidado con lo que decía, y lo que pactaba con él. Descifré sus palabras enmascaradas. "No podemos estar juntos". Eso era todo lo que podíamos hacer. Reírnos mutuamente el uno con el otro con electricidad en las miradas que nos dedicábamos, sentir chispas cada vez que me rozaba para atraerme hacia él y rematarme con sus besos, que dejaban quemaduras en mi piel. Para luego ponernos la ropa y marcharnos, llamándonos mutuamente amigos y presentarlo como tal a las demás personas, ajenas a todo aquello que en mi mente se luchaba tan a fondo. Porque no podíamos ir más allá; decir nuestros sentimientos en alto era tan arriesgado como ponerse de puntillas en un acantilado, peligroso por las consecuencias, aunque sin ninguna otra salida más que una caída muy dolorosa. Siempre habría alguien acechando el lugar dispuesto a arruinarnos todo aquello que podríamos construir juntos. Simplemente no estaba en nuestros planes, tan sólo pensar en ello ya era doloroso por lo inalcanzable que era.

Al final dejé de morderme el labio y me giré para enfrentarme a su mirada.

—¿Por qué no me lo habías contado?

Apartó la mirada y alargó el brazo para cogerme la mano entre la suya. Titubeó unos segundos para encontrar las palabras exactas.

—Tenía miedo de perderte.

Vio que no reaccionaba, por lo que tiró de mi brazo para atraerme hacia él y me arropó con sus brazos.

Me estaba constando muchísimo no llorar.

—Simon y yo tuvimos que hablar ayer por la mañana por todo lo que estaba pasando... ya sabes —asentí, aunque dejé que hablara sin interrumpirle, ya que notaba en el tono de voz lo mucho que le estaba costando decir aquello, sin siquiera querer enfrentarse a mi mirada—. Estaba asustado porque los votos bajaran de golpe por eso, pero por suerte la mayoría de los votantes ni siquiera lee lo que pasa en internet, y teníamos suerte de que los domingos no hay periódicos. De todas formas, quedamos entre él y el resto de chicos que, pasara lo que pasara, tendríamos que dejarnos de ver en público hasta que, por lo menos, se termine el programa —me sujetó de los hombros y por fin me miró a los ojos con una pequeña sonrisa—. Son sólo dos semanas.

Ni siquiera me había dado tiempo a responderle, aunque tuve que devolverle la sonrisa. Asentí.

—Me harás una visita antes de volver a Cheshire por Navidades, ¿no?

Se rió, aliviado por lo bien que me lo había tomado.

En parte porque entendía perfectamente el hecho de que tuviese que pasar desapercibida por esas dos semanas que nos separaba de la final. Además, si aquello era lo único que tenía que hacer para que todo que había hecho se esfumase, no era muy difícil convencerme. La mejor parte sería en que por fin me dejarían en paz, y que mi pesadilla había terminado antes de lo que esperaba.

—Sí, no te preocupes.

—Sabes dónde vivo, sabes dónde encontrarme.

Nos reímos los dos, aunque sabíamos que la situación era dolorosa para ambos. Me despedí con un abrazo, y sentí sus dedos hundirse en mis costillas como clavos que me dejaban sin respiración, mientras intentaba que no me viera los pelos de punta al sentir su aliento en mi nuca.


Dieciocho


Hacía todo lo posible por mantenerme positiva ante todo, diciéndome a mí misma que todo iba a estar bien. La verdad es que simplemente tenía días malos que empeoraban con la noche, pero me obligaba a mí misma morderme la lengua y sonreír cada vez que tenía que salir de la habitación. Lo estaba haciendo bien al parecer, hasta Ellen estaba creyéndoselo. Desde luego así fueron mis días siguientes. Las cosas sólo fueron a peor, después de haberme visto ya tres veces públicamente con Harry ya no hacía falta ninguna otra excusa para que la gente no me dejase en paz. Por suerte, al ver que la locura siempre era peor en el exterior de los sitios públicos a los que iba, el colegio decidió hacer algo y después de que hablasen con mis padres, consiguieron que ya no hubiese más periodistas a la salida de clase cada maldito día durante esa agonizante semana siguiente. De los cuales yo llegaba a casa cada día peor; no comía y me pasaba el día durmiendo o intentando no llorar demasiado. Distrayendo la mente. Ni siquiera me estaba centrando en mis estudios, y recordaba con pena lo emocionada que estaba a principio de curso por poder empezar por fin la última etapa que me llevaría al trabajo de mis sueños. Mi madre incluso tuvo que sentarse en mi habitación y me amenazó con mandarme a un psicólogo si no cenaba. No fue del todo así, pero yo lo vi como una amenaza. Sólo estaba preocupada por mi salud mental.

El problema era que me daba igual. Todas las conversaciones que tenía con él valía la pena esperar sufriendo las consecuencias más brutales. Contaba los días. Quedaban dos semanas para que ese concurso del demonio terminase, y que por fin fuera a haber paz en mi vida. Iba a valer la pena; lo iba a conseguir.

Ellen pasaba muchas tardes en mi casa. Sabía que mi estado mental no estaba del todo bien, aunque no lo sabía todo.

Así es como funcionaba. Era un maldito ciclo que se repetía constantemente en un intervalo de tiempo demasiado corto, lo suficiente como para volverme literalmente loca. Hasta sentía que me perseguían por la calle cuando posiblemente no hubiese nadie viéndome. Después de pasarme la mayor parte de la tarde intentando controlar los ataques de ansiedad, me despertaba al día siguiente con intenciones de volver a intentarlo, centrándome en que tendría un buen día, y el mensaje de buenos días de él me ayudaban bastante. Me pasaba la mañana riendo y haciendo bromas. Luego, me encontraba con la pared de fotógrafos haciendo preguntas hirientes y empapelando las redes sociales con mi cara. Gracias a dios que eso ya no pasaba, ya que era uno de los momentos en los que mi felicidad momentánea estaba en peligro. Después de comer y con un poquito más de fuerza, abría Twitter con seguridad recargada. Pensando que esa vez no me iba a afectar y que tenía que luchar contra mis miedos. Siempre estaba equivocada. Casi siempre acababa vomitando. Esa semana había adelgazado como cuatro kilos. Me pasaba dos días enteros sin entrar en las redes sociales. Después; vuelta a empezar.

Pero luego sentía mi corazón tan grande en el pecho el sábado por la noche cuando ponía la televisión para verle la cara de nuevo, con una sonrisa sincera y con el orgullo que se me escapaba por los poros al no poder contenerse. Siempre me llamaba después del programa por muy tarde que fuese, porque yo se lo pedía. Esa sensación hacía que todo lo malo que había pasado a lo largo del día se me olvidase por completo. Eran momentos muy cortos en los que podía escuchar su voz intentando calmarme. Hacía que durmiese bien de nuevo, con esa sensación caliente en mis costillas y una sonrisa en los labios.

Merecía la pena, me repetía una y otra vez.

Esa tarde de jueves, casi una semana después de haber quedado con Dan, Ellen de nuevo estaba metida en mi habitación, mordisqueando un regaliz mientras las dos leíamos las revistas que había traído. Era gracioso, ya que antes de que toda esa locura me reventase en la cara, solíamos leer revistas de cotilleos todo el tiempo, era uno de nuestros pasatiempos favoritos de las tardes de después de clase. Eso mismo estábamos haciendo, aunque con una dinámica completamente distinta. Por alguna razón, ese día estaba de buen humor.

Estaba sentada encima de la cama leyendo un artículo acerca de los consejos que daba Cher Lloyd para tener el pelo así de fabuloso (ignorando mi foto de la esquina aconsejándome que siguiera sus pasos). En mi opinión mi pelo también era fabuloso, por lo que el artículo me estaba haciendo mucha gracia, teniendo en cuenta que era la misma revista que la había puesto a parir en su edición anterior.

Ellen volvió del baño y se tumbó de nuevo en la cama con un suspiro.

—Qué contenta estoy de que haya pasado, por fin. Todavía tengo secuelas —dijo con la cara mirando al techo y los ojos cerrados, con los brazos estirados por mi cama.

Fruncí el ceño sin saber muy bien de lo que estaba hablando. Ese día era el día oficial en el que mis padres habían conseguido que los reporteros dejasen de perseguirnos allá donde íbamos. Sabía por cómo eran las cosas que, estando tan cerca de las semifinales, estarían atentos a cada uno de mis movimientos que por alguna razón siempre sabían cuáles iba a ser. Sólo tendría que pasear cerca de los estudios o lo que fuera, no tardarían en volver a acosarnos. Aunque en esos momentos para mí ellos eran lo de menos. Lo que realmente me aterrorizaba eran ellas.

—Está a puntito de empeorar —respondí volviendo a bajar la mirada a la revista.

Se incorporó mirándome con los labios torcidos y el ceño fruncido.

—¿Qué quieres decir?

—¿De qué estabas hablando? —le pregunté, sintiéndome confusa.

—¿De la regla? —dijo como si fuera obvio—. He tenido la peor de mi vida. Me ha durado como una semana.

—Ah —dije simplemente.

Ellen se rió de mí.

—¿Qué tal la tuya, por cierto? No te has quejado nada de nada...

Parpadeé un par de veces todavía mirando la revista, pensativa.

Ellen tenía un ciclo idéntico al mío, ya que se acopló al mío hacía unos años atrás.

—Espera. ¿Ya te ha bajado?

—El lunes. Me bajó el lunes.

Dejé la revista encima de la cama y descrucé las piernas.

—¿Te bajó el lunes?

—Jane, ¿eres imbécil? ¡Te he dicho ya cinco veces que sí!

Me levanté de la cama y me acerqué al calendario que colgaba encima de mi escritorio. Efectivamente, una estrellita roja estaba apuntada con rotulador el día 15 de noviembre. Siempre me fiaba de mi yo del pasado, porque mi ciclo era como un reloj, sólo tenía irregulaciones muy inusuales. Siempre me bajaba el día que estaba apuntado en el calendario.

—Tengo un retraso.

—Bueno. El primer paso es admitirlo.

Me giré con brusquedad.

—¡Ellen! ¡Cállate de una puta vez! Tengo un retraso. No me ha bajado nada.

Se calló y me miró a los ojos, pude ver cómo el color abandonaba sus mejillas. Su mirada empezaba a vacilar entre el suelo y mis piernas, con rapidez, como si estuviese buscando un pensamiento al que aferrarse de todos los que se le pasaba por la cabeza. Extendió las manos.

—A ver, tranquila, seguro que no es nada.

Me senté a su lado.

—¡¿Cuándo he dicho yo que fuera nada?!

Estaba perdiendo los nervios.

—Jane, relájate. En serio. Esperamos un par de semanas, a ver qué pasa, y sino vamos al ginecólogo, ¿vale? Seguro que son los nervios y la ansiedad.

Pude ver que intentaba tranquilizarme, pero hasta yo pude escuchar el tembleque de su voz. También estaba tan nerviosa como yo. Todo tenía sentido. Los vómitos prácticamente diarios, el estrés que estaba sintiendo, los mareos constantes, la bajada de tensión al salir a correr con Dan. Nunca antes me había desmayado.

—Dios mío. ¿Y qué pasa si estoy preñada?

—Joder, ¡no estás preñada! ¡Relájate!

Respiré un par de veces dramáticamente, inspirando por la nariz y expulsando por la boca, mientras Ellen se llevaba las manos a la cara buscando algo a lo que aferrarse.

—Vale, vale, no puedes estar preñada si usasteis protección. ¿Usasteis protección?

Comencé a tartamudear como una gilipollas, mientras las imágenes de la noche de Halloween pasaba por mi mente, y buscaba con desesperación el momento concreto, queriendo poner mi mente en pausa y tranquilizarme. No lo encontraba por ningún lado, no estaba en ningún momento en mis recuerdos.

—Eh, eh...

—¡Jane! ¡¿Usasteis protección sí o no?!

—¡DEJA DE DECIR ESA PALABRA!

Ellen gruñó y se levantó de un brinco. Se acercó a mi mochila y con movimientos bruscos sacó mi cartera de uno de los bolsillos. Literalmente, se acercó a mí en dos pasos con fuerza, y me tiró el preservativo a la cara. Me rasqué la nariz e ignoré mi corazón bombardeando en el pecho tan bien como pude.

Ellen sopló para tranquilizarse.

—No te doy una hostia por si estás embarazada. Pero que sepas que quiero pegarte.

Comencé a tartamudear de nuevo.

—A ver, igual él tenía uno. Seguro que él tenía uno, no tiene por qué... No tiene nada que ver... además, es muy viejo, lleva mucho tiempo ahí, seguro que...

—Cállate.

Sujeté mi teléfono.

—Voy a preguntarle.

Aunque Ellen fue más rápida que yo y me lo arrebató de las manos.

—¿Estás loca?

—Él no estaba bebido como estaba yo, él seguro que se acuerda.

De nuevo, me miró como si fuera estúpida.

—Jane, cariño —se sentó al lado mía—. ¿Crees, sinceramente, que Harry tiene que preocuparse ahora, a una semana de la puta semifinal, que igual te haya dejado embarazada?

Puse la mirada en blanco y me dejé caer en la cama. Tenía ganas de llorar, de gritar, de dar un puñetazo a alguien. Era lo último que necesitaba en ese momento.

—Tienes razón. ¿Sabes? Puedo hacerlo sola, podría no decírselo, y fugarme a España, y así no lo sabría nunca nadie. Lo puedo criar sola, puedo buscarme un trabajo de cajera y pagarme el alquiler en España que es mucho más barato, así le dejo en paz. Tal vez mi madre venga a visitarme después de los cinco años que va a estar sin hablarme. Y tal vez hasta me ayudaría. Vale, tendría que irme de aquí a cinco meses antes de empezar a crecer tripa y—

—¡Jane! ¡No estas preñada! ¿De acuerdo?

—Sí, sí, seguro que es el estrés. Seguro que es el estrés, también puede ser eso, ¿no? Será el estrés, seguro que sí. Sólo estoy muy estresada. Esto no me está ayudando, Ellen, ¡no me está ayudando!

Ellen se sentó encima mía sobre la cama y me cruzó la cara con la palma de la mano en un tortazo. Me quedé callada.

—¿Esto ayuda?

Suspiré.

—Sí.

Me tapé la cara con las manos.

—¿Cuándo vamos al ginecólogo, has dicho?

Se rió con suavidad y la sentí rebotar sobre mi vientre.

—Tenemos que esperar un poco más, ¿vale? A ti una semana te parece mucho, pero tenemos que esperar mínimo dos semanas.

—¡Dos semanas! Ellen, si estoy preñada, llevaré preñada más de un mes.

Ellen me alzó las cejas.

—Quieres. Relajarte. De una puta vez. Jane. Me estás poniendo de los nERVIOS.

Al ver que no había forma, bajó a la cocina y quince minutos más tarde volvió con una tila.

Cuando la taza ya había bajado hasta la mitad, en mi habitación reinaba el silencio, y con la taza entre mis manos, observaba mi colcha de la cama con los ojos bajos y los hombros caídos. Ellen me trenzaba el pelo. Había dejado de gritar hacía unos minutos, ya sólo estaba en silencio contemplando la vida y poniéndome en el peor de los casos. De pronto tuve mucho sueño. Y muchas ganas de llorar. Así que lloré encima del hombro de Ellen durante al menos dos horas. Me di cuenta de que hacía mucho que no me sinceraba con ella, que todos mis sentimientos los había dejado amontonarse uno encima del otro, pensando que mis problemas se solucionarían solos, o que simplemente se esfumarían con el paso del tiempo. Aunque estratégicamente dejando a un lado el tema de los mensajes a Dan. Todavía no estaba del todo preparada para tener esa conversación. Hablé de lo muchísimo que echaba de menos a Ethan. Ella sólo me escuchaba mientras me acariciaba el pelo. Me quedé dormida en su pecho.

☔️🎥🧬

De todas formas, Ellen me prometió que iríamos a ir ese mismo sábado al centro comercial después de llamar a la ginecóloga para una pedir cita, ya que no era posible hasta pasadas dos semanas. Decidí que Jess podía ser una buena aliada, así que fuimos las tres el sábado por la mañana, yo con el corazón en la garganta y los dedos de mi mejor amiga enredados en los míos en el autobús que nos llevaría hasta Westfield Stratford City, el centro comercial de mi barrio. Como ya me imaginaba, el sitio estaba abarrotado de gente por mucho que el sitio no llevaba abierto más de media hora.

—Tranquila, Jane. Lo has pasado muy mal estas últimas semanas, seguro que estás bien —me tranquilizaba Jess al acercarnos más a la farmacia.

Ellen pidió el test por mí, ya que yo estaba demasiado pálida y nerviosa para ello. Incluso cuando me tendió la cajita rectangular, me temblaban tanto los dedos que no pude guardarlo en mi bolso hasta que estuve fuera de la tienda.

Cuando salí todo fue a peor. Ellen se paró en seco y Jess se chocó con nosotras cuando nos quedamos ambas de piedra a la salida.

—¿Qué coño pasa?

Había un grupo de cinco o seis chicas de más o menos nuestra edad o incluso más jóvenes, con los móviles en alto aunque alejadas de nosotras esperando a que saliésemos.

Las chicas nos miraban tímidas y con unas sonrisas amplias en sus caras, como si no se estuviesen creyendo que estábamos ahí delante. Escuché que nos saludaban después de unos segundos de silencio incómodo por ambas partes sin salir de su zona de confort. Yo, todavía con mi sonrisa falsa en la cara, tratando de borrar el semblante de terror que llevaba, saludé de vuelta con la mano, y creo que no he estado tan incómoda en mi vida.

—¿Qué hago? —pregunté en un susurro a Ellen, que las miraba también aterrada.

—Deberías acercarte a saludar —dijo, sin apartar la mirada de las chicas.

No estaban demasiado lejos, aunque pude ver que estaban intentando acercarse a nosotras hablando nerviosas entre ellas en murmullos. Cogí aire y di dos pasos hacia ellas esbozando de nuevo una sonrisa.

Sabía que la que tenía que ser valiente era yo, no tenía que dejarles ver que tenía miedo y llevar las riendas de la situación con orgullo y seguridad si no quería que me pisotearan, por mucho que tal vez tuviesen catorce años, y que aquello no era mi responsabilidad. Aún así, lo hice.

—Hola, chicas —dije una vez estaba ya en frente suya, ignorando el hecho de que me mirasen como si fuera un mono de feria.

—Hola, Jane —dijeron todas a la vez.

Pude ver que había una chica que parecía estar a punto de desmayarse, sujetando la mano de su amiga con muchísima fuerza. Intenté no reírme, pero verlas así de emocionadas sólo por verme y tan tiernas entre ellas realmente me calentó el corazón durante los escasos minutos que estuve hablando con ellas. Incluso olvidé por poco tiempo que eran ellas mismas las que escribían conspiraciones y que me odiaban por alguna razón.

—¿Qué tal estáis? —pregunté.

—Bien —dijeron de nuevo en coro.

—Nos preguntábamos si podías hacerte una foto con nosotras —preguntó la chica que sujetaba la mano de la chica rubia, con el teléfono en la mano.

Fue lo más raro que me habían preguntado, y tuve que asimilarlo un par de segundos ignorando la carcajada que había soltado Ellen a mi espalda.

—Sí, claro —dije, y orgullosa de lo firme y natural que había pronunciado mi respuesta, sujeté el teléfono para que Jess me lo quitara de las manos al instante para sacar ella la foto.

Me coloqué al lado del grupo de chicas y después de unos agonizantes segundos posando, Jess devolvió el móvil a la chica morena con una sonrisa.

—¡Gracias! —dijeron y yo me despedí de ellas con una sonrisa.

—Pasad un buen día.

Ellen no podía dejar de reírse cuando volvimos hasta donde estaba ella.

—Cállate de una vez —dije sonriendo.

—Es que es increíble. De verdad, surrealista.

Jess no decía nada y yo simplemente me quedaba callada, por mucho que quisiese decirle que le daba toda la razón.

Por alguna extrañísima razón aquello me había calmado, las manos ya no me temblaban y el peligro de que pudiese estar embarazada ya no estaba en primera pantalla en mi mente, sino en un pequeño rinconcito. Sólo podía pensar en esas chicas tan adorables que parecían estar agradecidas conmigo después de haberme acercado a ellas. Por unos momentos ignoraba lo malvadas que eran conmigo y me parecía inverosímil que todas y cada una de ellas me odiasen por razones completamente arbitrarias. Tendría que haber una excepción, aunque fuera tan sólo un pequeño porcentaje.

Nos sentamos a comer en el mismo centro comercial después de estar paseando un par de horas por las tiendas. Hablo muy poco de mi relación con mis amigas, pero aquella misma tarde me di cuenta de que tenía un maldito tesoro en mis manos. Habían cancelado ambas sus planes para aquel sábado para acompañarme a mí a por un maldito test de embarazado, y estaban haciendo todo lo posible por distraerme la mente con sus bromas y chistes, siendo conscientes de lo débil que estaba mi autoestima y mi salud mental en esos momentos. Desde luego, las preguntas inapropiadas de Ellen siempre hacían reírme.

—Jess, oye, ¿qué tal con Zayn? Eres la única persona que conozco que guarda tan bien sus secretos, zorra —dijo dando un sorbo a su sopa.

Yo solté una carcajada y Jess sonrió.

—Bien, la verdad. Es un chico muy tierno.

Suspiré.

—Te tengo un montón de envidia —dije jugando con mi servilleta.

—¿A qué te refieres?

Puse los codos encima de la mesa y junté las manos.

—Bueno, tú no sales en las portadas de las revistas, ni en artículos, ni la prensa te sigue allá donde vayas.

Se rió y dio un trago a su vaso de agua.

—Eso es porque Zayn y yo sólo somos amigos. No pueden perseguir a todas las amigas que tenga.

Puse los ojos en blanco.

—Yo y Harry también somos amigos.

Ellen y Jess ambas explotaron en carcajadas, Ellen incluso golpeó la mesa con el puño con la boca llena de sopa y luchando contra su cuerpo para no atragantarse. Jess se reía más de ella que de otra cosa, pero sus carcajadas también eran altas. Yo las miraba con las cejas alzadas con una pequeña sonrisa en los labios.

—Lo digo en serio —añadí.

—Jane, por favor. Ese barco ya zarpó, ¿vale? No nos lo creemos —dijo Jess.

—No me estuve tragando una hora entera escuchándote hablar de los tres orgasmos que tuviste para que ahora me digas que sois amigos —me amenazó Ellen con el dedo cuando fue capaz de tragar lo que tenía en la boca.

Jess me dirigió una mirada asombrada y yo me puse colorada. Por suerte lo ignoró.

—El caso es que habéis sido demasiado cariñosos en público. Yo no entré de la mano de Zayn cuando fuimos al club en Halloween, porque somos amigos.

—Luego os enrollasteis en el baño —comentó Ellen.

Me reí y ella se quedó callada.

—Sí, porque estaba borracha. Además, también me enrollé con el camarero —añadió después de pensarlo un rato.

—¿Te enrollaste con el camarero? —pregunté asombrada.

—Sí, cuando te estabas tirando a Harry en el garaje —me reprochó Ellen.

Fruncí los labios.

—Escúchame, coño —Jess estaba perdiendo la paciencia—. La diferencia entre Harry y tu y Zayn y yo es que nosotros no nos gustamos mutuamente. No como vosotros. Os coméis con la mirada cuando estáis juntos y la gente lo nota.

—¿Puedes culparla? —dijo Ellen masticando un cacho de pan y señalándome con el pulgar—. Tres malditos orgasmos. La pobre no se había corrido nunca antes, pues normal.

—Ellen, cállate ya. También había rumores de que Zayn estaba con la chica de Belle Amie —dije excusándome y tratando de quitarme la culpa.

Jess me miró con las cejas alzadas.

—También hay rumores de que Harry está con Cher Lloyd, y con la otra chica de Belle Amie, y con no sé qué bailarina... Jane, eso no tiene nada que ver.

Me puse colorada al escuchar la lista que acababa de redactar mi amiga, sintiendo el corazón pesado en el pecho. Tragué saliva.

Jess continuó hablando.

—Se inventan tantos rumores porque ven que no funciona. Con Zayn funcionó. No hablaban de mí de todas formas, pero Simon pensó que sólo por si acaso sería buena idea difundir el rumor. Pero contigo y con Harry es mucho más difícil porque es real.

Nunca lo había analizado de esa manera, por lo que estaba un poco confusa. Siempre había leído los artículos en las que salía él con un nudo en el estómago y con la Señora Celosa aclarándose la garganta en mi mente, mirándome y advirtiéndome de que me ya me había avisado de todo aquello, de que no todo iba a ser un cuento de hadas.

—No estoy entendiendo nada —dijo Ellen, ya que yo tenía la boca demasiado seca para hablar.

—¿No has hablado con Harry de esto?

Negué con la cabeza, enredando en mi plato de pasta con el tenedor. Jess suspiró.

—Mira, ninguno de los rumores que salen en las revistas son cien por cien reales. Zayn me cuenta que para Simon la publicidad es lo más importante, si consigue que los medios hablen de ellos significa que tiene más posibilidades de votos. Eso lo sabes. Para él que los chicos estén "accesibles" es muy importante, pero al ver que con Harry no lo está consiguiendo por tu culpa, para él es mejor que esté con alguien de la industria o que "haya tonteo" con gente de dentro de la casa, o simplemente con alguien que sea importante, por así decirlo. Zayn nunca estuvo realmente con Rebecca de Belle Amie, simplemente ambos pensaron que así se hablaría de ellos, porque justo después de Halloween las chicas fueron echadas de la competición, así que fue interesante sobre todo para ellos.

Me quedé callada y analicé todo aquello. Todo tenía horriblemente mucho sentido. Aún así, era todo demasiado, y había muchas cosas que todavía no las podía entender del todo. Esa industria desde luego que no estaba hecha para mí, ni yo para la ella.

Me aclaré la garganta y me dispuse a cambiar el tema de conversación.

—Bueno. ¿Qué tal con Lena?

Pude ver cómo Jess apartaba la mirada antes de que pudiese ver cómo se había ruborizado ligeramente ante mi pregunta. Ellen esbozó una mueca extrañada.

—¿Quién es Lena?

—Una amiga mía que va conmigo al conservatorio.

—Deberías traerla alguna vez. Parece maja.

Jess me sonrió sinceramente y casi pude ver la gratitud en su mirada cuando no quise indagar más en el tema de su amiga. Aunque feliz por haberla mencionado y por incluirla. Asintió con los ojos brillantes.

De todas formas, por mucho que cambiase la conversación, el tema anterior seguía rodando en mi cabeza sin poder evitarlo. Yo sabía con seguridad que algunas de las personas que figuraban en la larga lista de chicas que me atormentaba por las noches eran ciertas. Sabía que para Harry yo no era la única, y por alguna razón hasta ese momento no me había molestado demasiado. Claro que intentaba evitar leer los artículos donde de nuevo deliberaban acerca de las chicas que, según el artículo, me hacían "competencia", trataba no pensar en ello demasiado.

Aunque, todo aquello quedó en el fondo de mi mente cuando por fin llegamos a mi casa.

El predictor estaba encima de la mesa de estudio y yo lo miraba desde mi posición sentada con las piernas cruzadas en mi cama. Después de beber mucha agua y de luchar con el cacharro durante por lo menos diez minutos fui capaz de hacerlo sin llorar o vomitar de los nervios. Ellen daba vueltas por la habitación en silencio y Jess estaba tumbada a mis espaldas con su teléfono en las manos. La alarma de mi móvil sonó y me tapé la cara con las manos. Jess se incorporó de un brinco y Ellen dejó de moverse por unos segundos. Se movió hacia la mesilla despacio.

—No quiero mirar —dije todavía con las manos en la cara.

Sabía cuál iba a ser el resultado de aquello por culpa de lo rápido que me iba el corazón. Lo sabía perfectamente. Lo sabía dolorosamente bien. El vientre me latía con fuerza bajo mi mano, y mi respiración era irregular, mientras yo hacía todo lo posible por no centrarme en lo sudadas que tenía las manos de los nervios, ni en los picores en la nuca que me hacían revolverme en el colchón incómoda.

—¿Quieres que mire yo? —me preguntó Ellen despacio.

Asentí.

Pasaron unos larguísimos segundos en silencio, todavía sin atreverme a mirar. Escuché cómo Jess y Ellen susurraban entre ellas algo que directamente no quería entender y cómo enredaban con la caja de cartón para mirar qué era exactamente lo que tenía que salir para que fueran buenas noticias.

—Jane... —comenzó a decir Jess—. Jane, está bien. Es un menos.

Aparté las manos de golpe y las miré con los ojos muy abiertos.

—¿Un menos? —dije sorprendida.

Me levanté de la cama de un brinco y me acerqué a ellas. Miré el aparato y en efecto pude ver un menos clarísimo en azul.

—Esto no puede estar bien —dije y sujeté como ellas habían hecho la caja rectangular, comprobando que realmente no estaba embarazada.

—¿Qué quieres decir? ¡Son buenas noticias, Jane!

Yo seguía mirando el test con el ceño fruncido sin siquiera creérmelo. No podía ser real aquello, estaba completamente segura de que era un error, y de que de ahí a nueve meses tendría que dar a luz con dieciséis años.

—Pero esto tiene margen de error, ¿no? —pregunté todavía incrédula.

Jess negó con la cabeza.

—Es mucho más probable al revés; que te diga que estás embarazada cuando no. No suele equivocarse si da negativo, es muy inusual.

Respiré hondo.

—No estoy embarazada.

—¡No estás embarazada! —gritó Ellen y comenzó a dar saltos.

Yo empecé a sonreír y de pronto sentí una gran losa de cemento caerme de encima de los hombros de golpe. Me dejé caer en la cama más aliviada de lo que he estado en mi vida.

Jess de nuevo volvió a su sitio inicial y continuó enredando con su teléfono. Ellen se sentó a mi lado.

—Iremos al ginecólogo igualmente, ¿de acuerdo? Nunca has tenido un retaso tan grande y a lo mejor pasa algo.

Asentí, aunque me sentí rematadamente feliz.

Segundos. Tal vez un par de minutos. Eso es lo que duró la calma.

Jess se sentó en la cama de golpe con los ojos como platos mirando el teléfono.

—Jane —dijo con urgencia en la voz.

Me giré en la cama hasta quedar boca abajo apoyada en los codos para mirarla. Estaba casi pálida y me asusté sólo de verla.

—¿Qué pasa?

Jess me dirigió una mirada antes de tenderme su teléfono. Lo sujeté sin apartar la mirada de sus ojos antes de bajar la mirada para ver qué me quería enseñar.

No fue una sorpresa para mí cuando me enseñó un twit de una cuenta fan de One Direction, aunque lo que ponía consiguió helarme la sangre en un microsegundo.

Ellen me arrebató el teléfono y leyó en voz alta:

—"Sé con seguridad de Jane está embarazada y que el padre es Harry. Tengo pruebas y pienso demostrarlo. Pondré más información más adelante, estad atentas. No sé vosotras, yo estoy harta de que nos mientan" ¿Pero esta chica qué se cree? —dijo con una mueca de asco.

Mi corazón estaba bombeando en mi pecho de nuevo con preocupación. Ese twit ya contaba con más de cien respuestas y más de quinientos retwits. Como si la adrenalina se hubiese hecho con el poder de mi cuerpo, me levanté de un brinco de la cama y acerqué el portátil a la cama.

Twitter estaba literalmente revolucionado. Mi nombre estaba en la lista de tendencia de momentos y de nuevo, había fotos de las tres saliendo de esa estúpida farmacia, mías sujetando la caja entre los dedos. Esas chicas que a mí me habían parecido tan tiernas no habían tardado ni veinticuatro horas en mandar esas fotos a las cuentas fans más grandes del momento. Cuentas escribiendo artículos enteros dando sus razones para pensar que realmente estaba embarazada; el incidente del desmayo del otro día como prueba número uno.

Quería deslizarme bajo la primera piedra que encontrase. No me podía creer que eso estaba sucediendo. Lo fácil que se lo estaba poniendo a todo el mundo para que hablasen así de mí, tiñendo el espacio con mis fotos y creando historias de las que no estaban tan alejadas. Ni el FBI trabajaba tan duro.

Pensaba que las cosas se calmarían con las horas, pero mi nombre no tardó en subir a la primera posición de las tendencias del momento, seguidos por Harry por detrás mía, y ahí siguió durante toda la noche y buena parte del día siguiente. Había conseguido romper internet. En cualquier otro tipo de situación hubiese estado orgullosa de tal título, pero la verdad es que estaba aterrada, sobre todo por saber cuál iba a ser la reacción de Harry al enterarse de todo aquello, después de habérselo ocultado a conciencia. De nuevo el hecho de que la historia fuera real o no no era lo importante. Lo importante era que tal vez había conseguido que los votos que estaban a su favor hubiesen caído en picado. No pude estar más aliviada cuando, a pesar de todo aquello, los chicos habían conseguido pasar a la semifinal ese domingo que en internet sólo salía mi nombre y mi ficha de sanidad, con una sentencia de muerte escrita en cada publicación.