Capítulo 5

Antes
{Narra Jane}
La llamada al timbre me sacó de un tirón de entre las páginas de un libro. Suspiré exasperada ya que desde que me había sentado no había tenido oportunidad de poder leer una cara de una de las páginas seguidas a causa de continuas distracciones. 
Al estar sola en casa, como era habitual, me vi obligada a levantarme y a abrir la puerta para ver quién tenía el valor de acercarse a mí después de todo lo sucedido. 
La única que me visitaba era Jess, pero sólo porque era mi amiga, porque el resto de personas que me conocía no me soportarían de la manera en la que estaba en esos momentos. 
Tenía que reconocerlo. Estaba totalmente insoportable. 
Arrastrando los pies, me acerqué a la puerta y con mirada vacilante abrí la puerta, a decir verdad bastante intrigada. 
Relajé los hombros cuando me encuentro a su familiar mirada radiante a la puerta de mi casa. 
-¡Ellen! ¿Por qué has llamado a la puerta? -pregunté bastante desilusionada. 
Ella suelta una risa que suena a disculpa. 
-Me he dejado las llaves dentro de casa. Lo siento. 
Resoplé a la vez que la dejé entrar en casa, con los hombros caídos y los ojos en blanco.
-Entonces, ¿para qué te dimos la llave, si nunca vas a usarla? ¡Tienes un bolso enorme como para no entrarte unas llaves! 
-Lo sé y lo siento. 
A fuera diluviaba de nuevo, como era costumbre y más en estas épocas del año, pero Ellen parecía totalmente seca, de arriba a abajo, como si no hubiera pisado la calle. Seguí sus pasos con la mirada hasta que alcanzó el sofá y se dejó caer con un suspiro de alivio. Ceñí. 
-¿Qué tal las compras? -dije yo, intentando sacarle la información. 
Había algo que no cuadraba del todo. 
Ella vacila al instante, boqueando con la boca para intentar responder algo coherente a mi pregunta, mirándose los pies algo nerviosa. 
-Eh. Bien bien, había un montón de gente en el centro comercial -respondió mientras asentía enérgicamente con la cabeza y con los labios es un mohín-. Por cierto, Yina me ha mandado un mensaje, llegó ayer a Inglaterra, ¿no es genial?
La verdad es que la vuelta de Yina me importaba poco. Por mucho que yo lo intentara, Yina y yo nunca llegamos a ser amigas de verdad, ya que siempre había algún que otro roce entre nosotras. Y suponía que ella pensaba lo mismo. 
Por lo que pasé de su comentario y me centré en cosas que me importaban de verdad.
-Genialísimo. Es martes, ¿por qué tendría que haber gente un martes en el centro comercial? -no entendía el comentario que me acababa de dar, ¿para qué me interesaba a mí cuánta gente había? Incoherente. 
Apartó la mirada rápidamente de mis ojos y la posó en sus zapatos de nuevo, tratando de encontrar una respuesta de nuevo. 
Al final no añadió nada más, sólo se encogió de hombros y me sonrió con inocencia. 
-¿Dónde están tus bolsas? ¿No me vas a enseñar lo que te has comprado? 
-No... si al final no me he comprado nada... 
-¿Y has estado toda la tarde en el centro comercial para luego volver a casa con las manos vacías? -puse los brazos en jarras- Va, dime qué has estado haciendo hasta ahora. 
-Ya te lo he dicho. He pasado la tarde en el centro comercial. Estaba planeando comprarme cosas, pero resulta que tengo la tarjeta anulada....
Levanté las manos y las choqué contra mis muslos, volviéndome a incorporar en el sofá. 
-Está bien. Si no me quieres contar qué está pasando no es problema mío. Ya te las arreglarás, supongo. ¡Pero déjame leer al menos! 
Ellen soltó un bufido exagerado y sin añadir palabra, subió las escaleras pisando fuerte para que escuchara cada uno de sus pasos, como una niña pequeña enfurruñada. Puse los ojos en blanco. 
Coloqué el libro sobre el cojín que yacía en mi regazo y volví a introducirme en la historia que tenía el placer de leer. 
Leer era una de las pocas cosas que podía hacer sin tener necesidad de ponerme a moquear de nuevo, o de que las imágenes se colaran en mi mente sin permiso para hacerme daño, para ponerme mal de nuevo, ya que me metía en una historia que no era la mía, con amigos que no eran mis amigos pero que los quería como si realmente lo fueran, aunque no existiera realmente. Poder imaginarme otras historias de otras personas era simplemente perfecto. Me alejaba de toda la mierda que me rodeaba en esos instantes y me hacían perder la noción del tiempo y del resto del mundo. Me hacía olvidar mis problemas y eso era lo que realmente amaba de leer. 
Estaba a punto de terminar la página, cuando el timbre de la puerta volvió a sonar. 
Fruncí el ceño furiosa. 
Gruñí antes de levantarme con la cabeza echada hacia atrás. 
-¡¿Por quéeeeee?! -grité desesperada, sin realmente esperar una respuesta. 
Dicho aquello me levanté del sofá con los brazos colgando y abrí la puerta ya sin ganas ni curiosidad ni nada. Estaba enfadada con todo el mundo en esos momentos. 
-¡Hola Jane! -me sonríe con su típica sonrisa blanca y perfecta. 
-Me has interrumpido -dije exasperada como nunca. 
Jess relajó la sonrisa un poco, y me miró con algo de preocupación. 
-¿Interrumpirte qué, vida? -adoraba que me llamara “vida”, pero no colaba. 
Levanté el brazo y le dejé ver el libro que tenía entre los dedos. 
-Vaya, lo siento de veras. 
-No importa, entra -le abrí la puerta más para que pudiera entrar y la cerré de un leve portazo. 
-¡Ellen! ¡Ha venido Jess! ¡Será mejor que bajes si no quieres que suba y te pegue! -grito desde el pie de la escalera. 
Sin expresión en el rostro, me acerqué a Jess que ya había tenido ocasión de sentarse en el sofá y de mirarme con su sonrisa de niña buena, como siempre. Al escuchar mis gritos hacia mi mejor amiga-casi hermana, parpadeó confusa. 
-¿Has tenido un mal día? 
-Semana. Mes. Año. Vida en general -le corrijo.
-Oh, vamos, no digas eso. Sólo es un pequeño bache, seguro que lo superas. Seguro que las tres lo hacemos. 
Escuché en el piso de arriba de la casa de mis padres el portazo de la puerta de la habitación que Ellen estaba usando éstas últimas semanas. Bajó las escaleras algo más tranquila y con una sonrisa algo forzada en la cara, como pareciendo contenta por la visita de Jess. 
Después de saludarla y de darle dos besos como siempre hacía Ellen, se sentó a su lado y me dio la espalda, como si la conversación fuera privada y yo no estaba invitada a escucharla. Aún así, me acerqué a donde estaban ellas y me senté en el suelo en frente suya. 
Ellen siempre actuaba de esa manera cuando sabía que yo tenía la razón pero seguía induciendo ella tenía la opinión correcta sobre cualquier asunto. Ellen nunca había cambiado desde que yo la conocí. 
Mientras mi mente andaba en otra parte, ellas dos ya habían iniciado la conversación. 
-Hoy he estado en la firma de One Direction en el centro comercial de aquí cerca. 
Me puse tensa. 
-Oh, espera, que casi prefiero estar leyendo que estar escuchando esta conversación -dije, e hice ademán de levantarme, pero Jess tiró de mí y me obligó a sentarme de nuevo-. Jo. ¡No me interesa Jess! 
-Sí que lo haces. Tú espera. 
Ellen también parecía incómoda, pero no lo dejaría mostrar con tanta facilidad, por lo que sólo se limitó a asentir pareciendo interesada. Conocía a Ellen demasiado bien para saber que estaba casi o más incomoda que yo. Pero hice como si no hubiera notado nada. 
Bufé enseguida. 
-¿Por qué tenemos que hablar de esto? Sabes que es un temo que trato de evitar. Mala amiga. 
-Que te calles. El caso es que llegué bastante tarde, así que tuve que esperar mucho para llegar hasta la mesa. Quería darles una sorpresa así que... Pero justo antes de el descanso que ellos se tomaban, pues una chica morena subió al podio, pasó del resto de chicos, y fue directita hacia Harry. ¡Y le pegó! 
-¡¿Le pegó?! -gritó indignada Ellen- Qué mala fan. Deberíamos de quemarla. 
Jess asintió mirándole con los ojos como platos, como si  estuviera totalmente de acuerdo con ella. Yo me limité a encogerme de hombros. 
-Sigo sin saber por qué me cuentas esto. 
-Sht. Después de eso, la chica se fue sin siquiera recoger su foto y parecía realmente enfadada, indignada o yo qué sé. Pero no se marchó, los guardias le dejaron pasar en una puerta y no la vi salir en ningún momento hasta que me fui de allí. 
-¡Me importa una mierda Jess! 
-¡Que te calles coño! Cuando ellos tomaron su descanso de “media hora”,-hizo el gesto de las comillas con los dedos- que en realidad es más de media hora, entraron en la misma puerta de la que entró la chica. Y al volver, volvieron todos menos Harry. Ninguno de los demás me quiso contar el por qué. 
Entonces sí que estaba enfadada. ¿Qué intentaba decirme Jess? ¿Que Harry ya lo había superado? ¿Que ya tenía una nueva novia? ¿Que ya no le importaba? Echaba humo por las orejas del enfado. 
Decidí no añadir ni una sola palabra más ante el tema. No comprendía la necesidad de la que se suponía que era mi mejor amiga de herirme con ese tema. 
Ellen vacilaba su mirada ente yo y Jess, que no hacía más que mirarme y asentir como si acabara de contar el cotilleo más fuerte de todo Londres, pareciendo orgullosa de su comentario. Al final Ellen acabó de chasquear la lengua y miró con mala cara a Jess. 
-¿Era esto necesario Jess? ¡Sabes que ella está muy sensible con el tema! -exclamó en un susurro. 
Entonces sí que bufé con fuerza exagerada. 
-¿Queréis dejar de hablar de mí como si no estuviera delante? 
Ellen giró la mirada y me miró con el ceño fruncido. 
Jess suspiró. 
-Está bien, Jane. Lo siento, pensé que quizás te hubiera gustado saberlo -se encogió de hombros-. Lo que en realidad quería contaros es que he quedado con Zayn esta noche -se mordió la lengua sonriendo, y dando una visión de excitación y alegría. 
-Aw, pues espero que os lo paséis genial esta noche. Si me disculpáis, creo que voy a ir a llorar a mi habitación -añadí, levantándome del suelo y cogiendo mi libro. 

~

Al final Jess y Ellen trasladaron la conversación a su habitación, posiblemente para no molestarme. La verdad es que no me agradaba demasiado leer en mi habitación ya que me desconentraba con demasiada facilidad y tampoco tenía la luz adecuada para hacerlo, por lo que prefería mil veces leer en el sofá del salón. Por lo que, cuando escuché que la puerta de la habitación de Ellen se cerraba con un sordo golpe, salí de mi habitación con pasos sigilosos esperando que ellas no me escucharan bajar las escaleras, todavía con los ojos rojos. 
No entendía a Jess. ¿Por qué se había propuesto a hacerme daño? ¿Qué ganaba yo conociendo esos datos? Sí, ahora él era famoso y seguramente ya habría pasado página. Incluso ya tendría nueva pareja a la que hacer feliz. Yo sólo pasaría a la lista de ex novias. 
Siempre había pensado que Jess me apoyaría en esto. Recordaba que ninguna de las tres mencionara el tema a no ser que fuera de esencial importancia, y no encontraba la importancia de esta situación y no entendía por qué Jess no lo veía. 
Y, como era inevitable, había pasado los momentos que ellas habían compartido hablando de su futura cita con Zayn, llorando sola en mi habitación con la música baja sonando a través de los débiles altavoces, mientras me repetía a mí misma lo tonta e inútil que era. ¿Es que nunca me limitaba a hacer nada bien? ¿Nada? 
Os echo tanto de menos. A ambos. 
No entendía el futuro que el destino tenía planeado para mí. ¿Qué se suponía que yo había hecho para merecer aquello? No sólo había perdido a una de las personas más importantes para mí, si no también a mi mejor amiga. El último tiempo que había pasado con Lena me había demostrado que ella era luchadora y fuerte, y yo en el fondo sabía que lo iba a conseguir. Me hizo darme cuenta de que las últimas semanas había sido egoísta con el resto, y eso hizo que me centrara más en el resto de personas que me rodeaba, con Lena incluida. Y lo hice. Pasé todas las tardes con ella antes de que la metieran interna, y me sentía orgullosa de aquello. Incluso le confesé cosas que no me sentía a gusto confesandole a otras personas como Ellen, por ejemplo. Y ella me lo agradecía. Y sabía que Lena lo estaba pasando mal, muy mal. Y aún así,  yo nunca dejé de confiar en ella. 
Y fue por eso que la noticia me cayó tan bajo. 
Recordaba el mismo día que mi madre entró por la puerta de casa, y me pidió con mucho cuidado que llamara a Jess, ya que tenía una noticia que darnos. Yo no dudé un segundo en ir hasta su casa para decir que me acompañara a casa. Yo no tenía ni idea de lo que mi madre podría decirnos esa tarde, ni si era algo bueno o malo, por lo que andaba algo preocupada por la situación. Jess mostraba los mismos signos de desconcierto en el rostro cuando la llamé, pero no parecía tan preocupada como yo lo estaba. Mi madre esperó a que las tres estuviéramos sentadas en el sofá tranquilas para dar la noticia. Las tres palidecimos casi al instante, sin saber realmente como tomarnos aquel asunto. La que mejor se lo tomó de las tres fue claramente Ellen, ya que había tenido que soportar otras dos muertes mucho más graves que la de una amiga. Y yo me encerré en mi habitación durante los siguientes dos días. 
En seguida me di cuenta de que estaba volviendo a pensar en negativo, por lo que aparté ese pensamiento rápidamente de mi cabeza. No me sorprendí cuando tuve que apartar algunas lágrimas que aún colgaban de mis pestañas. 
Odiaba tener que enfrentarme a la lágrimas prácticamente cada minuto del día, y tener que encerrarme en mi habitación para llorar tranquila. Sólo esperaba pasar ese “bache” cuando antes posible. 
Con un suspiro, me senté en el sofá y me sentí aliviada. Estuve varios segundos con la cabeza apoyada en el sofá, tratando de tranquilizarme. Cogí mi libro y justo cuando me había acomodado para volver a introducirme en la historia, el timbre de la puerta volvió a sonar. 
-¡¿Pero qué broma es esta?! -grité esta vez mucho más alto que anteriormente. -¡Pero es que ni un minuto me dejan! 
Grité tan alto que seguro que quienquiera que estaba fuera podría haberme escuchado con mucha facilidad.
Escuché cómo la puerta de arriba se habría. 
-¿Ocurre algo? -preguntó Ellen desde arriba. 
Puse los ojos en blanco mientras gruñía. 
-¡Métete en tus asuntos, Ellen! Sólo han llamado a la puerta. 
-¡Pues ábrela y deja de quejarte! 
Bufé desde mi sitio y le hice caso. Con los brazos colgando y con pocas ganas, me levanté del sofá y me acerqué a la puerta arrastrando los pies. 
Tal vez sería Emma, que, como de costumbre, también habría olvidado las llaves. 
Parecía que en esa casa yo era la única responsable desde que papá se fue. 
Abrí la puerta.
-¿Por qué no has...? -comencé diciendo, pero me obligué a mí misma callar al ver que no era Emma la que estaba en mi puerta.
-Hola -dijo demasiado tranquilo y sin ninguna expresión específica en el rostro. 
Fuera seguía lloviendo muchísimo, y una ola de frío me golpeó la cara cuando abrí la puerta, aún llevando mi gordo jersey de punto rojo oscuro, el cabello de mi nuca se erizó. Y no precisamente por el tiempo. 
No sabía muy bien cómo reaccionar. 
-¿Qué.. qué haces aquí? 
Estaba completamente mojado. De su chaqueta negra salían gotas de agua por todos lados, y sus rizos habían desaparecido a causa del agua, las gotas de lluvia resbalaban por su rostro y goteando hasta el suelo por la barbilla. Aunque no parecía tener frío en absoluto. 
-He.. he venido a-
-Por Dios, Harry, entra, vas a coger una pulmonía -le interrumpí, y me aparté de la puerta para dejarle entrar. 
Que hubiera pasado todo aquello entre nosotros no quería decir que no me importara. 
Él me hizo caso casi al instante, con un leve asentimiento con la cabeza, con miedo de mirarme directamente a los ojos. Justo cuando estaba quitándose el abrigo, totalmente mojado, escuché los pasos apresurados de alguna de las dos de arriba por el techo, una puerta abrirse y cerrarse y más pasos bajando la escalera con rapidez. 
Ellen se asomó por el pie de la escalera con una sonrisa llena de curiosidad y con un brillo especial en los ojos, y cuando vio a Harry de pie en medio del salón, su sonrisa desapareció por completo. 
Decidí que no quería estar en medio de la discusión que estaban a punto de enredar, por lo que cogí su abrigo y lo llevé a la cocina para que secara bien, colgándolo encima del radiador.  
Pero, antes de eso, enterré mi rostro en la parte interior del abrigo y lo abracé por un instante. 
Aún no me podía creer que él estaba ahí, esperando para hablar conmigo. Sólo esperaba que no fuera otro de esos estúpidos sueños que había tenido todas las noches de las tres pasadas semanas. 
Me di cuenta de que estaba actuando como una niña, por lo que solté el abrigo y me dirigí al salón de nuevo. 
Cuando volví, una escena que no me sorprendió demasiado se dibujó ante mí. 
Ambos estaban discutiendo como había adivinado, pero sólo Ellen hablaba, él sólo se limitaba a asentir sin prestar demasiada atención. 
-¡Estás loco! 
-Claro que sí, Ellen. 
No pude evitar dejar escapar una sonrisa tonta al verla. Era todo tan familiar, como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Ellos peleaban muy a menudo, siempre estaban haciéndolo por cualquier tontería que a cualquiera de los dos se le ocurría sacar. Y siempre había disfrutado de sus peleas tontas. Y esa vez no fue diferente. 
-¿No podías esperar unos días más? ¡Ahora va a sospechar de mí! 
Harry boqueó para responderla de un modo sarcástico como él siempre hacía, pero yo le interrumpí. 
-¿Sospechar de qué? -ninguno de los dos sabía que yo estaba escuchando la conversación, por lo que se sobresaltaron al verme y a Ellen se le tensó la mandíbula. 
Me crucé de brazos esperando una respuesta, ya que ninguno de los dos parecía dignarse a responderme. 
Seguía sin saber qué era lo que Ellen me ocultaba. 
-Verás, -empezó a decir él- tu querida amiga Ellen ha venido esta tarde a-
Ella le interrumpió con un fuerte resoplido, cruzándose también de brazos y girando sobre sus talones, para mirarme a mí directamente. 
-Ni caso, Jany. No sabe lo qué dice. 
-¡Ellen estoy harta! -grité exasperada, acercándome a ella hasta quedar cara a cara. Ella se sobresaltó- Estoy harta de que me andes mintiendo todo el día, de que me ocultes cosas siendo mi mejor amiga. Que me hagas daño con tus comentarios fuera de contexto de los que sabes que puedes herirme. ¡No eres la única en esta casa, Ellen! Puede que no lo hagas a posta siempre, pero cuando las dices ya es demasiado tarde, ya que el daño ya está hecho. Y puedes decirle a Jess lo mismo. Vale que tú nunca te hayas enamorado, ¡pero deja de reírte de mí como si fuera una niña pequeña! 
Después de decirle aquello, me sentí totalmente liberada, como si una fuerte presión se bajara de mis hombros por fin. Pero aún sentí cómo las lágrimas me subían por la garganta. Respiré hondo para intentar evitar romper en llanto. 
Cuando Ellen intentó responderme con cualquier excusa que le podía servir, pero la interrumpí levantando la mano. 
-Vete a ver a Jess. Seguro que te necesita mucho más que yo. 
Ella, con el rostro desencajado y melancólico, me dedicó una última mirada y se apresuró a subir las escaleras. 
Antes de darme la vuelta para hacer frente a Harry, atrapé unas pocas lágrimas que ya habían salido de su sitio sin que yo les diera permiso. Me aseguré de que no había ninguna más que seguían a estas. 
Cuando me di la vuelta me sorprendió mucho encontrarme con la cálida sonrisa de Harry que hacía sentirme desconcentrada. 
-¿Os peleáis mucho? -dijo, con las manos hundidas en los bolsillos, con la sonrisa torcida todavía presente en su rostro. 
-Bueno. Ahora resulta que soy su nueva “madre”. 
Ambos estábamos a dos pasos cortos. Él parecía no tener ya casi ningún reparo por mirarme a los ojos directamente, pero yo aún no me sentía del todo tranquila. 
Me sentía demasiado culpable. 
Decidí romper el hielo antes de que aquello se volviera violento de verdad. Me aclaré la garganta antes de empezar a hablar. 
-Qué... ¿Qué querías decirme, Harry? -dije temblando tanto que temí que mis rodillas no lo soportarían mucho tiempo y que caería al suelo por ello. 
-En realidad no he venido a decirte nada, Jane -dije, dejándome más perdida que antes. 
Con movimientos rápidos y antes de que yo pudiera responder cualquier cosa a aquello, él dio unos pocos pasos hacia delante, sacando las manos rápidamente de sus bolsillos para enredarlas con movimientos suaves al rededor de mi cintura. No me dio tiempo a replicar ya que sentí sus labios sobre los míos con sutilidad. Casi no me enteré de sus movimientos durante segundos. 
En esos instantes me sentí insegura, pero antes de que pensara lo contrario a lo que yo hacía, respondí con un beso mío también. Sentí su sonrisa a través de mis labios, que entonces ardían bajo su piel extrañamente cálida y suave. Su tacto era mil veces mejor de la que yo la recordaba. Hacía mucho tiempo que no sentía su aroma sobre mis propios labios, hacía mucho tiempo que no me atraía hacia su cuerpo como él hacía. 
Hacía demasiado tiempo que lo veía. 
Y sentí miedo de repente. Tanto miedo, que las lágrimas ya salían independientes de mis ojos, entonces cerrados. Salían a mucha velocidad, y me sentí cohibida bajo la escena. Tuve que separarme de él para tratar de detenerlas. Pero no pude. 
Él no me hizo preguntas, sólo me atrajo hacia sí,  yo hundí mi rostro en su pecho. 
-Lo siento tanto, Harry. Sé que debería de habértelo dicho en cuanto me enteré, pero él me prohibió hacerlo. Me amenazó y no supe qué hacer -mis palabras salían tan rápido como las lágrimas y no había forma de hacerlas parar. 
Harry reaccionó apartando mi cara de su pecho y cogiéndola entre sus manos, apartando las lágrimas con sus pulgares. 
-No tienes que disculparte por nada. No te disculpes. 
No le escuché. 
-Lo siento de veras, no sabía qué hacer y...
-Jane. En serio, no te disculpes. 
Asentí y aparté la mirada hacia el suelo, sin saber qué más hacer para dar a entender de que había esperado ese mismo momento como tres semanas más tarde. 
No supe otra cosa que pasar las manos por su cintura y volver a abrazarlo. Había vuelto a crecer desde la última vez que le vi, y yo seguía estando demasiado pequeña para colgarme de su cuello. 
No sé cuanto tiempo pasó estando nosotros quietos y sin hacer nada más que disfrutando del sonido de la respiración del otro. 
-Te quiero, Jane. 

Capítulo 4

                     Antes.
{Narra Yina}
Edificios y más edificios pasaban con no demasiada rapidez por mi lado. Halos de luz que emanaban las farolas pasaban también con la misma velocidad, haciendo que el pequeño espacio en el que me encontraba se iluminara a intervalos algo cortos. Al principio eran pocas las luces que entraban dentro del vehículo, pero a medida que entraba ya en la ciudad, los edificios, cada vez más altos e importantes, empezaban a hacer acto de presencia, así como también las luces, que ya no nos abandonaban más. El silencio era inminente y casi inevitable en el vehículo.
El chico no quitaba ojo de la carretera, y yo disfrutaba con las vistas que tanto había anhelado durante todo el primer trimestre lejos de mi tierra natal.
Era reconfortante volver a pisar mi hogar.
Pronto empecé a reconocer las calles, las casas y los lugares que antes visitaba con mucha frecuencia, casi todos los días. Me preguntaba si él estaría en casa.
En la ciudad, así como también lo estaba en mi hogar de residencia, estaba decorada con decoración navideña, y yo no podía esperar a que llegara. Quedaban exactamente veintisiete días para Navidad, y yo ya estaba contando los días y los minutos para que llegara.
-Entonces, ¿todo bien?
Aiden tiró de mí sacándome de mis profundos pensamientos al romper el silencio.
Aparté la mirada de la ventanilla y le sonreí con una sonrisa amplia.
-Sí, ¿por qué no iba a estarlo?
Mi hermano se encoge de hombros.
-No sé. Es para hablar de algo. ¿Papá bien?
Tragué saliva y me limité a mentirle. No quería que se enterara por mí.
-Sí. Está deseando verte -siempre había sido una buena actriz, y, no iba a desperdiciar este momento para dar a conocer mis facetas, por algo que se me daba medianamente bien.
-Me alegro. Yo también estoy ansioso por verle.
-Aiden. ¿Tú sabes exactamente por qué acusaron a papá? Es decir, que qué hizo para entrar en prisión.
Se volvió a encoger de hombros.
Traté de evitarlo, pero las palabras de Christian volvían a aflorar en mi mente y se repetían una y otra vez como un eco continuo en mi mente. No podía evitar sentirme totalmente incómoda con la situación.
“Yo soy el editor y tu padre es el profesor asesino. Tu madre se enamoró de mí, pero quedó embarazada de él. Tuvimos que cambiar roles para aparentar normalidad”
Esas palabras habían aparecido en casa sueño que había tenido desde aquel día. Y aún no sabía por qué lo habían hecho, si fue a la cárcel igualmente. No entendía absolutamente nada.
-Mamá me contó que lo acusaron por robo a mano armada y agresión infantil. Aunque también estaba acusado de otros delitos como intento de violación a menores o algo así. No estoy muy seguro.
Asentí sin ser capaz de añadir nada más.
-¿Sabes si mamá va a venir en Navidad?
Volvió a encogerse de hombros, pero ésta vez con una sonrisa pegada al rostro, como si estuviera contento que le preguntara aquello.
-Creo que sí. Quiero decir, ahora tiene claro que si cruza la puerta de casa recibe un abrazo, en vez de un zapatazo en la cara -rió.
Yo no pude evitar reír también.
Hacía unos dos años, mamá decidió venir por Navidades uno de los años para darnos una sorpresa a ambos. Pero yo no la recibí con demasiado entusiasmo. Es más, estaba furiosa e indignada, y acabé lanzandole un zapato para que se marchara. Y la verdad es que conseguí que se fuera.
Y, aunque me costaba admitirlo, tenía ganas de una Navidad en condiciones, con una madre con un suéter rojo puesto y una sonrisa en la cara, con regalos bajo el árbol de Navidad y con una agradable y familiar cena. Nunca había tenido una cena navideña familiar de verdad, y tenía ganas de poder experimentarlo.
A mí nunca me trajo regalos Papá Noel, por lo que nunca entendí el entusiasmo de otros niños por aquel señor tan extraño de la barba blanca y larga.
Aquella misma mañana había salido de Canadá y había cogido el primer vuelo a Londres a primera hora de la mañana. Había pasado todo el día metida en un avión y, cuando tarde por la tarde llegué a la capital inglesa, tuve que coger un tren hacia Cheshire, por lo que estuve otras tres horas viajando de un lado para otro.
Y cuando llegué estaba dispuesta a coger un taxi hacia la ciudad en la que yo vivía, completamente fuera de ganas, vi la silueta de mi hermano esperándome. Juro que fue uno de los momentos más felices que había vivido aquel año.
Un cosquilleo me recorrió el vientre cuando entramos en nuestra calle, donde las casas de nuestros vecinos estaban decorados también con decoración navideña y una sonrisa de nostalgia se coló sin permiso en mi rostro. Me mordí el labio, mirando y observando cada casa que se pasaba por mi ventanilla. En aquellos instantes me sentí la niña más feliz del mundo.
Pero un sentimiento algo confuso se colocó en mi pecho. Deseaba con ganas que él estuviera en casa, que me recibiera con los brazos abiertos. Pero parte de mí tenía miedo.
Estaba casi segura de que mis sentimientos hacia Harry habían desaparecido por completo tras mi estancia en Canadá, pero tenía miedo de que, si lo volviera ver, los sentimientos tan fuertes que había vivido hasta ahora volvieran a salir de mi interior y que yo no pudiera hacer nada al respecto.
Aiden aparcó el coche en frente de la puerta del garaje y, por mi sorpresa, en nuestra casa había luz que emanaba con fuerza desde el interior. Supondría que Aiden se las dejó encendidas al marcharse para ir a por mí, ya que no se me ocurría nadie que podría estar esperándome dentro.
Salí escopeteada del coche con la maleta -casi más grande que yo- en mano, y esperé a que Aiden sacara las llaves de casa impacientemente mientras me quejaba en voz alta de que se diera prisa.
Una vez abierta la puerta, corrí escaleras arriba hacia mi habitación. Me quedé en la puerta, con la gabardina beige todavía puesta y miré la estancia como si fuera la primera vez que la hubiera visto.
Dejé la maleta en la puerta y entré en ella con pasos vacilantes y con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en mi cara.
La habitación estaba como yo la había dejado, incluso con el jersey encima de la cama que me dejé antes de irme. Las puertas de los armarios negros seguían abiertos de par en par. Recordaba perfectamente el día que abandoné ese lugar. Me había levantado tarde y no había preparado las maletas del todo, por lo que no tuve tiempo de doblar la ropa y tuve que meter toda la ropa arrugada y mal puesta en la maleta y salir pitando de ahí o perdería el avión.
Me giré y me dejé caer en la cama con sábanas moradas oscuras y cerré los ojos.
“Por fin en casa”.
Abrí los ojos y miré el techo negro con estrellas de plástico que brillaban en la oscuridad y no tuve otra opción que sonreír, hasta tuve que hacer un gran esfuerzo para no reírme.
Estaba feliz. Muy feliz.
De pronto sentí como si alguien tirara de mis pies para tirarme de la cama. Chillé totalmente asustada y le incorporé con rapidez sobresaltada.
-¡Sorpresa!
Cuando me incorporé para ver lo sucedido, unos familiares rizos me saludaron desde el suelo.
Traté de oprimir un grito de alegría, y le fruncí el ceño. Bajé de la cama.
-¿Tu eres tonto? ¡Casi me matas!
-Yo también me alegro de verte eh.
Y segundos después me vi entre sus brazos, con la cabeza enterrada en su pecho y con su mejilla pegada a mi cabeza.
-Te he echado de menos -susurré al fin, con los ojos todavía cerrados y disfrutando el momento.
-Yo también -pude escuchar su sonrisa detrás de las palabras-. Por cierto, me gusta más cómo te quedan los rizos que el pelo liso, que lo sepas.
Ignoré su comentario.
-¡Me tienes que contar un montón de cosas! -exclamé, separándome al fin de él-. He visto fotos tuyas en twitter todos los días y he leído noticias tuyas totalmente incoherentes que me tienes que explicar y...
Sus carcajadas me interrumpieron. Levanté la vista y le vi con una mano en la cintura y la otra frotándose los ojos y riendo bajo.
-¿De qué te ríes ahora? -dije cruzándome de brazos y arqueando las cejas, tratando de sonar exasperada.
-Tienes un aspecto horrible.
Por su tono de voz, sabía que estaba bromeando, pero decidí seguirle el juego.
Ahogué un grito haciendo como si me sintiera ofendida con sus palabras, y me llevé la mano al pecho, dramatizando.
-Siento no ser demasiado buena para ti, señor ahora-soy-famoso -eso hizo que sus carcajadas subieran de intensidad, y seguía sin mirarme.
Ahora que él no miraba, agarré un cojín de encima de la cama y le di fuerte contra su hombro, lo que hizo que las carcajadas se callaran drásticamente y me mirara sin sonrisa en el rostro.
-¡Uy!
Antes de que yo pudiera hacer nada al respecto, él ya estaba a mi lado y me agarraba de los brazos y la cintura para inmovilizarme. Más tarde me cogió las piernas y me sostuvo en brazos. Yo me agarré a su cuello para evitar caerme.
-Se te ha olvidado que sigo siendo más fuerte que tú -me sacó la lengua y yo puse una mano en su mejilla, y le aparté la mirada de encima mía, riendo como había echado de menos hacerlo.
Después de ese gesto, me soltó las piernas y la cintura y caí con un golpe sordo sobre la cama.
Aunque el colchón era blando, me hice algo de daño en la caída.
Pero yo lo exageré un poco.
-¡Auch! ¡Eres un bruto Styles! Sigo sin entender cómo consigues gustarle a tantas chicas -levanté la barbilla con los ojos cerrados, pareciendo así estar indignada.
Y ahí estábamos. Peleando somos si fuéramos dos críos pequeños.
-Ya. Es que a las demás chicas hago otras cosas para gustarles -me miró con las cejas encarnadas.
Esbocé una mueca de asco.
-Puaj, encima de bruto un guarro. Me acabas de cortar todo el rollo.
Rió de nuevo, y algún minuto más tarde me tendió la mano.
-Vamos, Gemma está abajo y tu hermano estará soportando toda charla que seguro que le está dando.
Yo la cogí.
-Claro. No quiero que mi hermano tenga que sufrir de esa forma tan horrible -puse la mano en el pecho para dramatizar de nuevo, y le hice pucheros con los labios.
-Eres la peor actriz que conozco -dijo entre risas de nuevo.
-Eres el peor hermano que pueda tener una chica. ¿Cómo puedes hablar así de tu hermana?
-Porque es mi hermana, lo acabas de decir.
Cogidos de la mano bajamos las escaleras para llegar hasta el salón, donde, en efecto, estaban mi hermano y Gemma sentados en el sofá. Y, como Harry había dicho, Gemma no paraba de hablar y de hablar.
-¡Gemma!
Solté su mano a la par que la chica se ponía de pie para recibirme y yo me lancé a su cuello para abrazarla con fuerza.
-¿Soy yo o as crecido? Estás como más alta -me dijo, con una sonrisa también.
-Es por los rizos.
-Será eso.
Aiden se levantó del sofá.
-Yina, Gemma y yo hemos pensado que vamos a dar una vuelta para hablar un rato, ¿te importaría quedarte aquí con Harry?
-¡Me vas a dejar sola con el pervertido de Harry! Eres el peor hermano que conozco -dije con una sonrisa sarcástica.
Harry me señala con el dedo amenazante sonriéndome también, como queriéndome decir “cuidado con lo que dices”.
Aiden se rió con mi comentario.
-No, no te preocupes Aiden, tenía planeado dormir con ella de todos modos -dijo él en respuesta, poniéndose a mi lado y pasando un brazo por mis hombros.
Yo sonreí con alivio.
-Está bien. Pero Harry, recuerda que mañana tienes que estar a la una en la estación de tren. Mañana es un gran día, ¿recuerdas?
-¡Es verdad! -dije yo, cayendo en cuenta- Mañana tienes tu primera firma y concierto para el tour del factor X. Casi me emociono yo más que tú.
-Créeme, no lo haces.
Mientras tanto, Gemma y Aiden ya habían avanzado hasta la puerta.
De pronto un recuerdo inundó mi mente.
Harry y yo tendríamos al rededor de once años y, como siempre, habíamos pasado el día juntos bajo el tobogán del parque. Hablábamos de algún tema irrelevante, y los dos callamos de pronto cuando escuchamos voces provenir desde el otro lado del parque. Los dos bastante alarmados, salimos de debajo de nuestro escondite y fuimos a ver qué sucedía.
Vimos como Gemma le gritaba cosas no muy agradables a Aiden después de que él le hubiera lanzado un globo de agua. Entonces lo recordaba, estábamos a mitades de verano. Ella parecía muy enfadada con él, pero Aiden no mostraba ningún signo de arrepentimiento hacia sus actos, y eso no parecía arreglar las cosas. Entonces Gemma tendría como trece años, y Aiden tendría catorce, o algo así.
Y entonces pensamos que ellos dos se odiarían de por vida.
Pero días más tarde, nosotros íbamos camino de nuevo hacia nuestro tobogán cuando vimos a Aiden pegado a la pared de la casa de uno de sus amigos. Harry y yo nos miramos y decidimos ir a ver qué estaba pasando realmente. Cuando nos acercamos más, vimos que Gemma estaba pegada a la pared y que Aiden estaba en frente suya, pero sus labios estaban juntos.
Yo, lo único que recuerdo, es que fue la imagen más espantosa y asquerosa que vi nunca.
Cuando vi aquello, salí corriendo de donde estaba para ir hacia el tobogán y así poder borrar esa imagen de mi inocente cabeza. Cuando me senté en el suelo, descubrí que Harry me había seguido todo el rato y se sentó en frente mía.
“¿Qué pasa?” me preguntó, sin saber muy bien qué sucedía.
“¡Tu hermana le estaba comiendo la cara a mi hermano!” grité yo espantada, al borde de las lágrimas.
Harry, en vez de horrorizarse conmigo, empezó a reírse a carcajadas, como si lo que acabara de decir fuera la mayor tontería que había escuchado. Yo le miraba con el ceño fruncido y sin saber qué era lo gracioso de todo el asunto.
“No le estaba comiendo nada tonta. Se están dando un beso”.
“¿Un beso?”
Para mí en aquel entonces la palabra “beso” nunca había salido antes en mi vocabulario. Pensaba saber más o menos el significado de la palabra, pero aún no del todo.
Harry parecía desconcentrado.
“¿Nunca te han dado un beso?”
¿Darme uno? -pensé yo en seguida.
No, nunca me habían regalado algo parecido a un beso, sea cual sea el significado de beso.
Rápidamente negué con la cabeza.
Harry se quedó unos minutos mirando el suelo, como si estuviera reflexionando sobre algo, con los labios fruncidos. Después, levantó la mirada con una sonrisa y se puso de rodillas.
Yo estaba atenta a sus movimientos, pero cada vez me asustaba más. Puso un puño sobre la hierba para no caerse y acercó su cara a la mía. No sabía lo que estaba haciendo, pero tenía ganas de descubrirlo. Pero se acercaba a mí con demasiada rapidez, y con sus ojos mirando en los míos.
Una vez que su rostro estaba a milímetros de distancia del mío, el chico cerró los ojos, por lo que yo rápidamente también los cerré. Esperé y esperé, y lo siguiente que noté fueron sus labios húmedos rozar los míos, hasta que estuvieran totalmente posados sobre los míos. Ejercía presión sobre mis labios, tanta que acabó gustándome la sensación.
Me sentí vacía cuando la presión mojada sobre mis labios desapareció por completo, pero yo seguí con los ojos cerrados. Al final me atreví a abrirlos y me encontré con un Harry sonriente que me miraba con mirada contento.
“Hala. Ya tienes uno”.
Y las tardes pasaron sin que ninguno de los dos mencionara aquel beso nunca más. Pasábamos las tardes planeando cómo sería la relación entre Gemma y Aiden, cómo se llamarían sus hijos y cómo y dónde se casarían.
Pero lo que él no sabía era que justo desde aquella tarde había empezado a sentir algo por él.
Cuando vimos a los dos salir por la puerta principal de mi casa, ambos nos miramos con mirada cómplice. Parecía que Harry había pensado lo mismo que yo en el mismo momento.
Cuando la puerta principal se cerró, Harry y yo chocamos puños.

Capítulo 3

                      Antes.
{Narra Harry}
-Gracias, Harry. Tú y los chicos llegaréis lejos -la chica sonrió y cogió el póster de encima de la mesa.
Yo le devolví la sonrisa, algo atónito.
-Gracias a ti por venir.
Sentí el codo de Louis clavado en mis costillas. Me quejé y le miré con el ceño fruncido.
-¿Qué mierda te pasa?
Él alzó las cejas mientras señala a la chica morena que acaba de bajar al podio en donde se encontraba nuestra mesa para firmar con la barbilla. Luego vuelve a mirarme.
-Le gustas.
-¿Y? Has dicho eso con las últimas cinco que han pasado.
Se encogió de hombros y miró cómo sus dedos jugaban con el rotulador negro permanente, alzando las cejas.
-Sólo quiero distraterte jo -sonaba como si estuviera ofendido. Apartó la mirada e hizo un mohín con sus labios.
Yo sólo suspiré y lo ignoré lo mejor que pude.
Louis estaba muy pesado últimamente y si no paraba pronto tendría que pegarle.
Llevábamos firmando pósters y fotos más de dos horas y sólo esperaba que nos dieran el descanso pronto. No pararíamos hasta que todas las personas se hubieran ido, y, al ver la cola que quedaba, nos quedaban varias horas más. Era nuestra primera firma, en Londres, y los chicos parecían muy emocionados al respecto. Yo, en realidad, también lo estaba, sobre todo al principio. Pero a medida de que las horas empezaban a pasar y la cola no disminuía, las ganas se me iban agotando.
En esos instantes, sólo quería estar en casa.
Era ya una rutina. Saludo, foto, abrazo, firma y despedida. Y todo eso en menos de veinte segundos. Intentaba desconectar, sólo pasarlo bien y disfrutarlo. Lo intentaba con todas mis fuerzas.
-Hola, Harry -dijo una voz femenina y una foto pequeña mía se deslizó por la mesa.
-Hola. ¿Nombre? -pregunté sin mirar a la chica a la cara mientras daba la vuelta a la foto para poder firmarla de frente.
Se me cortó la respiración al ver que en la foto no estaba solo.
Jane.
Adiós concentración.
Levanté la mirada para ver quién era la causante con el ceño fruncido y me encontré con una cara demasiado familiar, con una sonrisa sarcástica pegada al rostro, y con las cejas alzadas.
-¿Te has olvidado de mi nombre, Harry? Vaya. Pensé que tendrías más clase.
Carraspeé para asegurarme de que la voz no me temblara al hablar.
-Ellen, qué sorpresa -me levanté de la silla.
Lo siguiente que vi fue su mano chocar contra mi mejilla y todo sucedió demasiado deprisa. Las chicas de las colas empezaron a revolucionarse, chillándole cualquier cosa con rabia, el resto de los chicos se levantaron para ver qué sucedía y los guardaespaldas que cuidaban de la mesa agarraron a la chica de los brazos.
La boca de Ellen se abrió de la impotencia.
Y yo unos segundos no supe cómo actuar. Me quedé de pie mirando al suelo sin saber qué hacer para mantener la calma. Respiré hondo y miré a Ellen a los ojos.
-No pasa nada chicos. Podéis soltarla, no hay ningún problema -dijo Louis por mí, y yo enseguida se lo agradecí con la mirada.
Los hombres la soltaron sin quitarle un ojo de encima, y volvieron a sus sitios con la mirada aún clavada en ella.
Ella, con la barbilla alta, se cruzó de brazos.
-¿Podemos hablar? Creo que es bastante urgente, ¿no crees?
-¿Sobre qué quieres hablar, Ellen?
Puso los ojos en blanco.
-Mi abuela. Está enferma y quisiera saber si podrías hacerle una visita. ¿Eres tonto?
Sarcasmo. Por lo menos tenía delante a la Ellen de siempre.
-Ahora no puedo, no sé si te has dado cuenta. Y no sé si quiero hablar sobre aquello ahora mismo, no sé si me explico -dije, volviendo a sentarme en la silla.
Ella, con el ceño fruncido todavía, puso las manos en la mesa con fuerza y acercó su rostro al mío.
-Escucha. Has arruinado la vida de mi mejor amiga y no lo voy a permitir, ¿está claro? -habló bajo, pero sentí como si toda la sala lo estuviera escuchando.
Sólo esperaba que no fuera así.
-Sigo siendo el malo yo, ¿no es cierto? Te recuerdo que no fue por mi culpa todo esto. Y, por favor te lo pido, hablemos esto más tarde.
Se incorporó y relajó el ceño unos segundos.
-Puedes quedarte con la foto.
Y sin añadir ni una palabra más, se cruzó de brazos y abandonó el pequeño escenario improvisado.
Enseguida las ganas de que nos dieran el descanso desaparecieron por completo. No me apetecía nada estar a solas con ella y menos para hablar de todo eso.
A partir de ese momento la firma se hizo más pesada y más difícil de controlar, ya que todas y cada una de las chicas me preguntaba si estaba bien, y Louis no volvió a dirigirme la palabra hasta que la primera parte de la firma hubo terminado.
No pude hacer otra cosa que esconder la foto, por lo que la doblé y la guardé en el bolsillo trasero de mis vaqueros.
-Sentimos decirlo -habló Liam con una sonrisa dibujada en su rostro, y su voz se escuchó a través de los altavoces colocados al rededor de la sala-, pero vamos a tomarnos un descanso de media hora, y más tarde continuaremos.
Zayn dejó escapar una pequeña risa al escuchar las quejas de entre las filas, y yo no pude evitar sonreirle divertido con la situación.
Niall agarró con fuerza el pomo de la puerta y chirrió al abrirla. Yo, al ser el último en entrar en la sala de descanso, la cierro detrás mío.
Ellen, sin ser sorprendida, estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá ojeando una revista con las piernas cruzadas. Levantó la vista al escucharnos entrar.
Sonríe a todos exceptuando mi mirada, de la que pasa. Me sorprendí ante su actitud, aunque no tanto como hubiera esperado. No entendía demasiado por qué me trataba de esa forma.
-Por fin puedo hablar con vosotros sin chicas berreando a mi espalda.
Liam y Zayn sueltan una carcajada relajada, y Niall se le queda mirando sin hacerle demasiada gracia su comentario. Yo me apoyo en la pared y me mantengo al margen de su conversación.
-Oye, un respeto hacia ellas, eh.
Ellen levantó las manos con inocencia y sonrió, sin darle demasiada importancia a su comentario.
-Va, ¿hace cuánto que no dormís sin gente a vuestra ventana? Yo pondría vuestra dirección bajo llave, para que os dejen en paz en casa.
Desde mi perspectiva, pude ver a Ellen sentada en el suelo, y los chicos sentados en el sofá de cara a ella. Pude ver a la misma Ellen de siempre, con el mismo peinado y las mismas formas de vestir. Incluso con las mismas posturas, gestos y palabras que ella decía. Claro, ¿qué esperaba, si tan sólo habían pasado nada más que tres semanas? No tendría que haber cambiado.
Aún así, yo la seguía observando en silencio. Miraba sus ojos al moverse y su mirada brillante al hablar con ellos, cuando se suponía que yo tendría que estar sumido en mis pensamientos sin tener que importarme la conversación que estaba manteniendo con mis compañeros. Pero no sé qué sucedió, fue por algo que uno de los chicos dijo, que su mirada alegre y pícara de siempre, cambió en oscura y triste. Sólo fueron unos segundos, pero fue algo que me dejó sorprendido. Había bajado la mirada al notar ella misma que no estaba bien lo que mostraban sus ojos, y así ocultó la mirada llena de tristeza que proyectada. Luego, la volvió a levantar y eran los mismos ojos de siempre.
Por suerte, yo la vi, aunque no pude descifrar directamente lo qué quería decir aquella mirada.
Seguramente, si le preguntaría, me tomaría como un loco o algo parecido.
Parpadeé varias veces y simplemente intenté borrarlo de mi mente.


{Narra Ellen}
Estúpido cerdo egocéntrico y creído de mierda.
Intentaba pasar desapercibido, hacer como si no escuchara la conversación apoyado en la pared mirándome como si pudiera ver a través de mí.
Trataba de ignorarlo lo mejor que podía, mirarle lo mínimo posible y así poder establecer una agradable conversación con el resto de ellos, con los que en realidad sí quería hablar.
En realidad, me había visto obligada a venir a hablar con él. Jane lo necesitaba. Tal vez no volvieran -que, en realidad, yo quería que sí-, pero por lo menos que arreglar su amistad, que era lo que contaba realmente.
Pero sólo el hecho de que él decía que la “quería” cuando no ha querido escucharla para intentar arreglarlo, me parecía una perfecta razón para dejar de confiar en él.
Estaba claro que Jane no sabía de nada. Ella pensaba que yo estaba comprando. ¿Comprando? Sí, comprando. Era esencial que no me equivocara más tarde al hablar con ella al respecto.
Su madre había permitido que yo viviera con ellos, ya que una de las habitaciones seguía sobrando y preparada para mis visitas. Yo había aceptado sin vacilación alguna, claro está.
Jane no era la única que lo estaba pasando mal.
Mi visita no había sido agradable en absoluto. Había tenido que soportar las llorosas y gritonas fans en la cola y en la espera. Era desesperante. Por cada palabra que cualquiera de ellos pronunciaba, la chica de delante mía chillaba desconsoladamente cosas que ojalá no hubiera escuchado nunca, mientras gruesas lágrimas corrían por su cara, haciendo que los nombres escritos en sus grasientas mejillas resultaran ilegibles tras el paso del salado líquido. Era casi triste verla en esa situación. Y el resto no andaba mucho mejor que ella. Unas llevaban camisetas, pulseras, banderas, de todo que pudiera habido imaginar en chicos como Justin Bieber o cualquier otro ídolo adolescente del momento. Pero no lo hubiera imaginado con el chico que mi mejor amiga conoció en un autobús urbano de Londres. Era desconcentrante.
En realidad todo estaba saliendo a la perfección, hasta que la chica llorona de delante mía se dio la vuelta sonriente, aún con chorretes negros atravesándole las mejillas. Me saludó con la mano, como si estuviera al otro lado de la acera.
Yo, desconcentrada, y con el teléfono en la mano, levanté la mano y la saludé desganada e incómoda, con una sonrisa falsa.
-¿Vas happenin'? -exclamó entonces, lo bastante alto para que toda la cola la escuchara.
Encarné una ceja, sin entender ni una palabra de lo que me acababa de decir.
-¿Qué?
La sonrisa que tenía en los labios entonces desapareció tan rápido como había aparecido, y una mirada sombría era la que me iluminaba. Bajó la mano con brusquedad.
-No serás una directionator, ¿verdad?
-Perdona, pero, ¿puedes hablarme en ingles? No estoy entendiendo nada de lo que estás contando.
-¡OH DIOS MÍO! ERES UNA DIRECTIONATOR. FUERA DE LA COLA.
Me sobresalté de lo alto que me estaba chillando, y toda el resto de las chicas me miraron también con mala cara, como si intentaran matarme.
Rápidamente me inventé algo para evitar que todas se avalanzaran sobre mí.
-Erm... ¿qué? No no, no soy dire... eso que tú has dicho. Soy uh... -miré a mi alrededor buscando una palabra clave para que me sacase del apuro.
Bajé la mirada al rededor de la chica, que me miraba furiosa, con los puños tan apretados que sus nudillos se tornaron blancos. Escrito en sus gordos y blancos brazos estaban los nombres de los chicos escritos con lápiz negro. Entorné los ojos para poder leer mejor.
-Soy directioner. Sí, eso soy ¿no lo ves? -chasqueé la lengua, como si fuera obvio, poniendo una mano en la cintura y mirando hacia arriba con superioridad, imitando al resto de chicas, que ya no me prestaban atención.
-Ya, seguro que sí.
Fue la primera vez que realmente tenía ganas de pegar a alguien tanto hasta romperle la nariz, o un brazo. Bueno, la segunda vez. El enfado que sentí cuando vi a Jane ahí sentada totalmente empapada y pálida como un trozo de papel no se superaba a muchos otros casos.
Nadie hace daño a mi mejor amiga.
Y mucho menos un chico.
-Siento deciros chicos, pero yo en realidad no he venido a hablar con vosotros, aunque lo prefiera mil veces.
Casi escuché cómo Harry ponía los ojos en blanco y yo sonreí satisfecha.
-Ahí me he perdido -señala Louis, mirando al resto de sus compañeros.
-Sí, he venido a hablar con Harry, aunque prefiera hablar con vosotros sobre cualquier otra cosa, no me mal interpretéis.
-No hay nada que hablar, Ellen -me dijo Liam, con toda la tranquilidad del mundo.
Echo atrás la cabeza casi divertida ante lo que me acababa de aventurar Liam. Entonces sí estaba desconcentrada del todo.
-¿Que no hay nada que hablar? ¿Qué es exactamente lo que os ha contado?
-Liam tiene razón, Ellen. Mejor deja que lo arreglen ellos -como era natural, Zayn fue a defender a su compañero.
-Oye, ¿podéis dejar de hablar como si no estuviera yo aquí? -Harry se incorporó y miró al resto, que levantaron la mirada para mirarle.
Yo, como hizo él, también me levanté del suelo.
-Siento deciros, amigos míos, que si pensáis que no hay nada que hablar es que os han informado mal. Sé todas las razones por las que ella no quiere hablar con él, y la entiendo perfectamente.
-No fue culpa de Harry, Ellen -insiste Louis, mirándome con mirada penetrante.
-Si no hubiera sido su culpa, ¿estaría yo aquí? Sigo insistiendo que os han informado mal. Así que, si me disculpáis, tengo que arreglar esto, ¿de acuerdo?
Con rapidez, un gran nudo se había instalado en mi garganta, dejándome con unas ganas terribles de llorar. No sabía la razón de por qué justo en esos momentos, pero ahí estaba.
Me aclaré la garganta y tragué con fuerza, intentando aguantar las lágrimas. No iba a llorar delante de ellos en ningún concepto.
Dicho aquello y sin más rodeos, me acerqué a Harry. Agarré su muñeca sin mirarle a la cara y lo arrastré a una sala más pequeña que la anterior. En el momento que había estado esperando, había inspeccionado bien el lugar para que no hubiera mal entendidos. No había sofás esta vez, por lo que Harry se apoyó con poco interés en la pared blanca, con las manos unidas tras la espalda. Me miraba con ojos vagos, esperando a que yo dijera algo. Yo, en cambio, me quedé de pie con los brazos cruzados mirándole con mirada dura.
-¿Y bien? -preguntó impaciente.
-Quiero que te disculpes.
Abrió la boca indignado, como si no se creyera lo que acababa de decirle. Pero yo hablaba muy en serio. Creo que nunca en la vida había hablado tan en serio.
-¿Que me disculpe yo? -emitió un sonido parecido a una carcajada, pero no era precisamente de alegría, es más, percibí algo de indignación en su voz-. Yo no soy el causante de esto Ellen, no sé qué obsesión tienes.
-No la dejaste terminar. Ella tenía una clara excusa que yo misma he visto suceder, y tú no quisiste escucharla.
-Estaba harto de sus mentiras constantes. Jugó conmigo.
-No me estás escuchando, ¿verdad?
-La verdad, Ellen, no lo hago con demasiado interés
Entonces fui yo la que puso los ojos en blanco.
Pasé de sus palabras.
-Harry, ¿no has notado que ciertas fotos circulan últimamente por internet? Puedo asegurar que yo no he sido. ¡Haz memoria Harry! Pensaba que eras más listo que eso.
No dijo nada, sólo miraba el suelo con los labios fruncidos.
Como no parecía querer replicarme, seguí dándole datos que podrían darle pistas.
-¿Recuerdas cuando pasaste la primera noche con ella? Ella te confesó que Ethan estaba enamorado de ella.
Levantó la mirada con demasiada rapidez, pero noté que él prefiriera que no lo hubiera visto, por lo que volvió a bajarla como si no le interesara lo que le acaba de decir.
-Eso es privado.
Reí por primera vez en toda la tarde de verdad, ya que me hizo gracia su observación.
-Harry, en una relación de amiga a amiga no hay “privados”. Sé hasta la marca del condón que usasteis las tres veces -remarqué la palabra tres- ¡Hasta sé tu talla! Bueno, no ha querido decírmelo, pero me lo puedo imagin...
Entonces sí que parecía incómodo.
-¿Qué me quieres decir con todo esto Ellen?
-Que lo está pasando mal.
-¡Ya lo he superado! -dijo, como si ignorara las palabras que le acababa de decir- No necesito que nadie venga y que me diga que debo arreglar nada. Yo tengo una nueva vida y me gusta, y, la verdad, estoy mejor sin ella. Ya no la necesito como lo hacía antes.
Ahí me decepcionó muchísimo. Mentía fatal.
-Lo está pasando mal, Harry -insistí.
Sabía que él estaba al borde de las lágrimas.
-¡Me da igual Ellen! Ella no es la única que lo está pasando mal, si es eso lo que piensas. Yo tengo que aguantar las noches solo sin ningún hombro en que apoyarme ya que los verdaderos amigos que yo tenía no están a mi lado. Claro, están ellos, pero en realidad ellos siguen siendo desconocidos para mí, no me siento a gusto pasándolo mal a su lado. No me siento comprendido. Es duro para mí, ¿sabes? Ella por lo menos tiene a sus amigas a su lado, tu le cuidas todos los días, y seguro que Jess y Lena también lo hacen. ¿Me equivoco, Ellen?
Ya está. Lo había dicho.
Antes de que yo pudiera evitarlo, la vista se volvió borrosa por las lágrimas que empezaban a acumularse bajo los párpados. Intenté evitarlo una y otra vez, pero la masa se volvió más amplia, y las lágrimas empezaron a resbalarme por la cara, empapándome el cuello de la camiseta. Ya no había vuelta atrás. Sólo quería desaparecer, volver atrás en el tiempo, borrar las palabras que él acababa de decir. Su nombre caía pesado sobre mi pecho, y rebotaba continuamente por mi cabeza y no podía zafarme de él.
-Te han vuelto a informar mal, Harry -dije por fin, dándome cuenta de que no me estaba prestando atención. Deseaba que no lo hiciera.
Cuando volteó para mirarme, oculté mi rostro tras mis manos y me apoyé en la pared, tratando de limpiar las lágrimas con el dorso de las manos e intentando tranquilizarme a mi misma, aún sabiendo en el fondo que la muerte no tiene remedio alguno.
“Seguro que Lena también la cuida todos los días”.
-¡Deberías de informarte más a menudo sobre las cosas para no hacer daño a la gente, Harry!
Parecía desconcentrado, ya que no decía nada.
-Lena no la cuida todos los días como tú dices. No puede.
-¿No puede?
-¡No! ¡Porque está muerta! -lágrimas y más lágrimas caían cada vez más deprisa por mi rostro. Sabía que en realidad eso no era para informar a Harry, si no para convencerme a mí misma de aquello, ya que seguía sin parecerme coherente.
Pero yo misma la había visto. Con su pálida piel y su pelo perfectamente peinado sobre sus hombros mientras descansaba sobre una blanda y blanca sábana. Preciosa, como siempre. Nunca dejaría de ser hermosa. Ojos cerrados, labios pintados y juntos en una fina línea rosada, como si fuera un dibujo esbozado sobre un lienzo en relieve.
Yo siempre la recordaría como la chica alegre que ella era, como la chica que reía por todo, sonreía hasta cuando estaba enfadada, ya que nunca estaba realmente enfadada con nadie más de veinte minutos. La chica que veía las películas de miedo con su dedo meñique metido en la boca y con la otra mano enredada entre su pelo enmarañado. Como la chica que daba más que ofrecía, aún cuando ella no tenía suficiente.
Siempre estaría aquella visión en mi cabeza.
Harry no añadió nada, sólo se acercó a mí y me arropó con sus brazos, poniendo con cuidado su barbilla sobre mi cabeza. Yo no me alejé. No porque quisiera, si no porque me sentía demasiado débil para separarme y de replicarle. Por el silencio que había, sabía que él también sentía su pérdida. Tanto, que él también lloraba.
Pasaron los instantes en silencio absoluto. Yo no quería romperlo.
Hasta que él dijo:

-Sigo queriendo a Jane, Ellen. Nunca he podido olvidarla. 

Capítulo 2

                   Ahora.
{Narra Jane}
La luz demasiado amarilla del sol recién despierto me da la bienvenida a través de la cortina que cuelga frente a la ventana. Entrecierro los ojos y trato de adaptarme a la brillante luz, aún sin despertar del todo. Me incorporo despacio para no hacer demasiado ruido e inspecciono la habitación en la que me encuentro. De hotel. Sonrío débilmente y trazo mi trayectoria hasta la puerta para intentar no llamar la atención.
Por suerte la noche anterior bebí suficiente agua para no sentir dolor de cabeza, pero sí me siento algo mareada a causa del rastro del alcohol, aunque esté mejor de lo que yo me hubiera esperado.
Aparto despacio la manta que me cubre y descubro que conservo la ropa interior puesta. Bajo las comisuras de los labios por un escaso segundo y vuelvo a sonreír.
“Un chico con clase” -pensé.
Con pasos sigilosos recojo mi ropa, esparcida por la habitación y me meto la baño para vestirme lo antes posible y marcharme. Me miro al espejo y resoplo e intento arreglar mi pelo con los dedos, ya que no había peine por ningún lado. Antes de salir, me aseguro de que no me deje nada que pueda desvelar mi identidad.
Salgo del baño y, sobre las puntillas, me desplazo hasta la puerta. Me detengo en seco cuando el chico se remueve en la cama y me pongo nerviosa, hasta dejo de respirar para no hacer ruido. El chico vuelve a dormirse y yo corro hasta la puerta. Respiro tranquila y sonrío mientras paseo por el pasillo del hotel, del que desconozco el nombre.
No conozco el nombre del chico. Ni él el mío. Así es mi vida ahora.
Suerte que semanas antes de irme a vivir ahí, en el centro, me aprendí mas o menos las calles para no perderme si quería salir o tenía que hacer algún recado.
Salgo a la calle y me pongo las gafas de sol, también para el sol, pero las uso más para ocultar mis ojeras de resaca.
Saco mi móvil cuando noto que vibra en el bolsillo de mis pantalones cortos vaqueros. Miro la pantalla y sonrío al ver su número.
-¿Dónde estás? -me pregunta con voz enérgica.
-Estoy cogiendo el coche, ahora llego, no te preocupes.
-Está bien. ¿Segura que a Zoey no le importará que me quede?
Resoplo bajo y sonrío.
-No seas tonta. Vamos, comemos a las doce y media, ¡no llegues tarde!
-Jane, ¿puedes coger el coche? Quiero decir, si estás en condiciones. Si quieres voy yo a recogerte, estoy cerca de donde estás tú y no quiero que-
Pongo los ojos en blanco y suspiro.
En parte le doy la razón.
-Ellen -le corto-, estoy bien, no te preocupes. Sólo un poco mareada, pero nada importante. Suenas como mi madre.
-¡Es el peor insulto que podrías haberme hecho, Jane!
Ambas reímos.
Meto la mano en el bolso y voy en busca de las llaves del coche. Maldigo en voz baja por haberme comprado un bolso tan grande, y suelto un pequeño gemido de alegría cuando noto el frío metal de las llaves chocar contra mis dedos. Contenta, pulso el botón y, cuando las luces del Volvo rojo parpadean, pongo el coche en marcha. Decido no encender la radio. Tengo la suerte de que la cabeza aún no me duele y prefiero que eso me dure todo el día.
En realidad el coche no es mío, es prestado de mis padres, pero como ellos no lo usan y la gasolina la pago yo, es como si fuera mío.
Conduzco despacio por las calles, que por suerte hay menos gente que de normal. Me cuesta bastante concentrarme para saber el camino hacia nuestro apartamento, pero al final reconozco el buzón rojo que da comienzo a nuestra calle y respiro aliviada de al fin estar en casa.
Seguro que Zo me mata si se entera que he venido conduciendo.
Aparco lo más cerca posible para que me fuera más fácil de encontrarlo la próxima vez que lo cogiera.
El barrio en donde se encuentra nuestro apartamento es de los más acogedores de todo el norte de Londres. El bloque de pisos en el que vivimos se encuentra al fondo de la calle, que está rodeada de árboles y flores, por lo que hay mucha sombra.
Camino contenta hasta el portal y abro la puerta pesada de madera. Llamo con los nudillos la puerta de madera también de nuestro piso.
-¡Jane! -me saluda contenta mi compañera de piso y de estudios- ¿Qué tal ayer?
-Hola, Zoey -esbozo una pequeña sonrisa y me dejo caer en el sofá-. Ahora no, más tarde, ¿vale?
Levanto la mirada y la veo mirándome, con los puños sobre sus caderas y son una sonrisa sobre su rostro. Asiente y vuelve a desaparecer en la cocina.
Zoey y yo nos conocimos en clase de psicología avanzada en nuestro primer curso de universidad. Entonces aún vivía con mis padres, pero no me sentía del todo cómoda, por lo que fui en busca de un apartamento. Más tarde descubrí que el alquiler era demasiado caro para pagarlo yo sola y con un salario mínimo que me ofrecía mi puesto de camarera en The Duke, un pub inglés cerca de Oxford Street. El trabajo no está nada mal, es más, me encanta. Durante el verano trabajo los lunes , miércoles y viernes, pero al dueño le he caído bien, por lo que quiere que conserve el trabajo también durante las clases. Aún no he decidido qué voy a hacer.
Durante el primer curso, Zoey y yo nos hicimos bastante buenas amigas, y ella me dijo que estaba buscando un piso, y también una compañera. Y decidimos juntarnos las dos. Y, el pasado mes de mayo, cuando las clases estaban casi finalizando, alquilamos un piso ambas, para que estuviera listo en el verano.
-Zoey -grito desde el sofá para que ella me escuche desde la cocina- ¿te importa si viene Ellen a comer?
A los pocos segundos aparece ella con las manos en las caderas y con el ceño fruncido.
-¿Ellen? ¿Es la chica de la que dices que tiene tu virginidad?
Suelto una carcajada.
-Esa misma.
Al momento sonríe ampliamente.
-Claro, ¡me hace ilusión! Hablas tanto de ella y yo ni siquiera la conozco.
-Bien. Viene en 5 minutos.
Mi compañera me lanza La Mirada. Consiste en ladear la cabeza y subir una de las comisuras de los labios, y la lanzaba sólo cuando no está de acuerdo con algo, o cuando se decepciona.
-¿Por qué me miras así? -pregunto, ya que no sé a qué viene.
-Así que ya lo tenías planeado, ¿eh? ¡Eres un fenómeno, Jane! ¿Y si digo que no? ¿Y si no hay suficiente comida? ¿Qué hubieras hecho, lista? -en sus ojos veo que está bromeando, aunque lo dice lo más seria que puede.
-Sabría que ibas a decir que sí-sonrío inocentemente.
Ella no es la típica chica, y eso es lo que hizo que me fijara en ella. Su pelo es lo más fascinante que puedas ver, le llega hasta el final de su espalda y es marrón claro ondulado, y su piel es color café con leche. Sus ojos son pequeños y verdes, aunque de su rostro, en lo primero que te fijas son sus finos labios rosados y pequeños. Desde el primer día que la vi, no ha habido un sólo día en el que he pasado envidia por ella.
-Oye, Jane -mientras tanto, ella ya ha vuelto a la cocina, y ahora me chilla desde ahí-. He pensado que igual podemos meter a otra chica aquí. Las cuentas nos saldrían mejor.
El alquiler del piso está a mi nombre.
-¿Otra chica?
-O chico -juega con sus cejas y me mira con una sonrisa.
-¿Para qué? Dos es más que suficiente, ¿no crees? Aunque no descarto la idea.
-Sería para antes de que empezaran las clases, si antes de entonces no encontramos a nadie mejor esperamos al año que viene. Así que tenemos que darnos prisa...
-¡Prisa! No corras, queda más de un mes para que terminen las vacaciones, tenemos tiempo de sobra.
Ellen, como era de esperar, se presenta con una botella de champán bajo el brazo, y se cuelga en mi cuello con energía, mientras chilla mi nombre en mi oreja.
Rápidamente le presento a Zoey, y Ellen pone la misma cara que puse yo al verla por primera vez. Me alegro cuando veo que se llevan bien enseguida.
-Oye, Ellen -Zoey llama su atención una vez sentadas en la mesa-. Una pregunta, ¿cómo es que tienes la virginidad de Jane?
Me llevo una mano a la frente.
Ella responde mirándome con los ojos como platos y los labios fruncidos. Suelta un grito ahogado.
-¡No se lo has contado! Qué fuerteeeee.
-Ellen, cállate. Zoey, en serio no creías eso, ¿no?
Ella suelta un resoplido y aparta la mirada.
-Tonta no soy. ¿Por qué no me lo quieres contar? ¡Yo te lo he contado!
Tengo que reír al ver su aspecto ahora mismo. Parece una niña de cinco años rechistando contra sus padres por algo que ha hecho. Con los puños en la mesa y todo.
-No quiero hablar de ello.
-Yo te lo cuento. El caso es que Jane se enamoró de un-
-¡Ellen!
-¿Qué?
Ellas dos han puesto los codos en la mesa y se han arrimado para que Zoey la escuchara mejor.
Nadie es más cotilla que Ellen.
-Ya se lo contaré, pero otro día. Es una larga historia y no tengo ni ganas, ni razones, ni tiempo, así que...
Dejo la frase en el aire. Y así también dejamos el tema enseguida.
No he dejado de contarle todo aquello porque no lo haya superado, ni mucho menos. Es más, lo superé la misma semana. Una ruptura no estaba en el mismo nivel que una muerte, y eso me hizo mucho más fuerte. Él ya no iba a conseguir hundirme más.
Tenía miedo de que podría juzgarme, ya que ahora él era super mega hiper famoso por el mundo entero, y, por supuesto, ella conocía la banda, y sólo conseguiría que se riera en mi cara y que no me creyera. Así que, ¿para qué malgastar el tiempo, para sólo conseguir desencadenar una pelea sin sentido?
En ese poco tiempo he conseguido conocer a Zoey mucho, y sabía que si se lo contara, ella vendría con la escusa de que “Yo siempre te lo cuento todo, no sé ni por qué te pregunto si luego te vas a reír de mí diciéndome estas tonterías”. Casi escucho las palabras salir de su boca.
-Jane, ¿qué piensas hacer para tu cumpleaños? -me pregunta Ellen, después de varios minutos.
Casi me atraganto con el agua, ya que no me espero la pregunta para nada.
-¿Cuándo es mi cumpleaños? -me aventuro a preguntar, lo que hace que las dos rían bajo.
Ellen también ríe, pero sé que no le hace demasiada gracia mi pequeña ironía.
-Eres tonta.
-Nada -respondo.
-¡Nada! -gritan las dos a la vez, y pongo los ojos en blanco.
-Jane, ¿eres consciente de que cumples diecinueve años? ¡Tienes que preparar una fiesta!
-¿Tengo? Creo que no. Tengo dos maravillosas amigas tan fiesteras como yo que pueden prepararme una perfecta fiesta sorpresa. Ah, la tarta que sea de chocolate pero que no engorde demasiado, ¿de acuerdo? Invitar a algún famoso o algo -cierro los ojos arrepintiéndome de mis últimas palabras.
Ya la he liado de nuevo.
-Ya sé a quién invitar pues -Ellen me mira con picardía.
La miro con desaprobación.
-¿A quién? ¡Podemos invitar a MIKA!
-Conozco a alguien mejor; One Direction.
Zoey esboza una mueca.
-¿Te gustan esos? Nunca lo habría pensado. ¿A ti también te gustan, Jane?
-Bueno...
-Ya te digo -responde Ellen por mí, mirándole a Zoey levantando las cejas.
-¿Y tienes contacto con ellos?
-Ah, pero que estáis hablando en serio -digo en seguida.
-En realidad no -dice Zoey convencida, y vuelve a mirar a su plato de helado.
-Hablando de fiestas. ¿Qué tal ayer, Jane? ¡Me dejaste plantadísima! Espero que valga la pena, o si no es la última vez que te llevo de fiesta. Eres incluso más puta que yo.
No puedo evitar reírme.
-Sólo me gusta pasarmelo bien, eso es todo.
-Va, quiero detalles, cómo es, qué tal es, ya me entiendes.
Apoyo la barbilla en la mano y miro el techo, tratando de recordar.
-Hm. Creo que su nombre empieza por R.... . Mediana, y normalito. Nada especial. Aunque bastante subido de tono, no sé si me entiendes. Se pensaba que aquello era una cobra o algo así.
Zoey hace una mueca de desaprobación, sin mirarme directamente.
-Esos son los peores. ¿No había nadie mejor o qué? No soporto a ese tipo de personas.
Ellen la apunta con el dedo asintiendo, dándole la razón
-Eso es relativo. Mientras esté la luz apagada y esté bien calladito, no me importa demasiado -digo yo.- Y mientras haya orgasmo, no hay problema, esto es así.
-Si tu hermana te escuchara.... ¡eres incluso peor que ella! Se quedaría flipando.
Me encojo de hombros.
-Su opinión se la puede contar a quien le interese. Ella no me manda, por lo tanto, hago lo que yo quiera con mi vida y vagina. Punto.
Ellen levanta las manos con inocencia.
-¿Cuántos van este verano?
-Catorce. Creo -me vuelvo a encoger de hombros.
Zoey me mira espantada.
-¡¡¿Catorce?!! ¿Pero tú? Más que yo en toda mi vida...
-Y lo que queda...
-Oye, tu me preguntas, y yo te respondo. Luego no me juzgues.
Ellen, en vez de enfadarse, se ríe sin tomárselo a pecho, que es lo que yo he pretendido.
La quiero demasiado.
De pronto, cambia de tema radicalmente.
-He hablado con Jess.
Me pongo tensa al instante.
Hace años que no hablo con ella.
-Ah -respondo al no encontrar otra respuesta mejor-, ¿por teléfono?
Niega con la cabeza.
-La vi ayer por la calle. No he hablado mucho con ella, pero bueno..
-¿Quien es Jess? -pregunta Zoey, entrando el la conversación.
-Una conocida mía. La conozco desde hace tres años.
-Está super cambiada tía. Se ha teñido de morena.... y está como menos delgada. No es que esté gorda, pero no es el palo que era antes. Me ha dicho que dejó la academia para centrarse en su carrera de filologa. Parecía muy segura de si misma, más que antes.
Bebo un trago de agua y lo vuelvo a colocar en la mesa, no muy interesada.
-Está bien, y eso es lo único que me importa.
Ellen se revuelve nerviosa en su silla.
-Dice que te echa de menos.
-Seguro que si ella me conoce como soy ahora, no demasiado.
Yo no la echo de menos. Ni un sólo poco.